Después del incidente, Joseph se encontró con Lina por la noche en el Betsy’s. Ella estaba colocándose su chaqueta y tomando sus cosas cuando él entró por la puerta de la parte trasera.
―¡Hey, hola! ―saludó él acercándose a ella para dejar un repentino beso en sus labios tomándola por sorpresa.
―Hola. Estaba por irme.
―¿Tiempo extra?
―Sí. Shonda otra vez.
―Entiendo, ¿te acompaño? ―Se ofreció y ella asintió despidiéndose de sus compañeros.
―Oye, gracias por el desayuno ―dijo él pensando cómo explicarle la situación; de Coral, no la de su enfermedad.
―¿Te gustó? ―preguntó entusiasmada por la respuesta.
―Bien, sobre eso… ―habló rascándose nervioso la nuca―. Es que, yo no estaba en la estación, y cuando volví encontré que alguien más se lo había comido.
―¿Adam?
―No, para nada. Él me dijo que estuviste ahí. Fue alguien más que no le importó el hecho de que tenía mi nombre.
―Ya. Quisiera creer que no se trata de tu compañera.
―Lo lamento… debí estar ahí.
―No ―calmó ella―. Estoy segura de que te tomó de sorpresa también, Descuida.
―apuesto a que estaba delicioso.
Lina no dijo nada, no quería hacerlo sentir mal. Pero realmente se sintió saboteada. Era algo que no iba a dejar pasar, esa chica le estaba declarando la guerra y la próxima batalla no la iba a perder ella. O eso se propuso.
[…]
―Tu novio trajo compañía, Lina ―avisó Mandy entrando a la cocina.
―No es mi novio, ¿pero quién…? ―Las palabras quedaron al aire cuando vio en una de sus mesas a Joseph con Adam, otro compañero y Coral―. No puede ser. Mandy cámbiame la mesa.
―¿Por qué?
―Ayúdame. Esa tipa es una maldita perra. Si los atiendo estoy segura de que no lo voy a soportar y Travis me va a correr.
―¿Por qué le dejarías así nada más a tu hombre? O sea, claro que te ayudo, pero no vas a ganar puntos de esta manera.
―No intento ganar puntos, Mandy. Intento no romperle la cara a esa perra.
―Vale… ―aceptó y se encaminó para atenderlos, pero de pronto se regresó―. Uuuh… parece que no es tu día, Lina.
―Carajo… ―Se asomó por la pequeña ventanilla y miró a Mandy―. Entonces, no. Olvídalo. Yo me encargo de ambos.
―¿Segura? No tengo problema.
―Sí, descuida.
―Esto va a ser una batalla desastrosa.
―Ni lo menciones ―Una vez que Mandy se fue a la cocina, Lina se acercó a la mesa de Joseph―. Hola, ¿qué les sirvo?
―Yo lo de siempre, preciosa ―dijo Joseph―. Por cierto, él es Marco, de la estación.
―Un gusto Marco.
―El gusto es mío, Joseph te ha mencionado tantas veces que ansiaba conocer a la famosa Lina.
―No tenía idea. Pero me halaga saberlo, ¿qué te sirvo, Marco? ―preguntó tomado su orden.
―Yo no sé que es lo que pide siempre Joseph ―habló Adam―, pero suena a que lo pide por algo. Igual lo quiero.
―Claro ―Asintió escribiendo en su pequeño block de notas y miró a Coral esperando que captara.
―¿A mí no me vas a pedir la orden?
―Estoy aquí parada esperando, es algo obvio y no se tiene que pedir ―Coral viró los ojos y ordenó al igual que el otro chico.
―Enseguida traigo sus órdenes ―avisó y se acercó a Henry.
―¿Todo bien, preciosa? ―inquirió mirando a Joseph cerciorándose de que tenía su atención.
―Sí, todo bien.
―Muero de hambre… ―dijo Coral en voz alta para fastidiar a Lina, lo cual le funcionó.
―Te dijimos que tardaríamos ―señaló Adam―. Tú fuiste la que insistió.
―¿Día libre, chicos? ―preguntó Lina a los oficiales.
―Día libre, y tu hermana trabajando ―mencionó Dylan.
―Ya la verás el fin de semana. ¿Les traigo lo de siempre?
―Por favor, hermosa.
Lina se retiró y evitó regresar a las mesas hasta que estuvieran las órdenes para entregarlas.
―Aquí tienen.
―Te tardaste ―quejó Coral.
―¿Puedes dejarla tranquila? ―pidió Joseph, pero Lina negó con la cabeza.
―Es trabajo del cocinero y no es la única mesa que ordena ―respondió Lina.
―Debe ser, supongo. Por cierto, Lina con i latina, gracias por la comida del otro día, aunque debo confesar que le faltaba sabor, ¿tú la preparaste? Espero que sí porque si es del mismo cocinero, dudo que esto me vaya a gustar.
―No tienes que agradecer por algo que no iba destinado para ti, pero gracias por confesarlo. Me da pena saber que se desperdició. Que disfruten su desayuno chico. Por cierto, Coral, a veces el veneno en exceso mata, ten cuidado con eso ―remató para retirarse de esa mesa.
―Que tipa tan maleducada ―dijo Coral.
―Creo que la mal educada es otra ―respondió Henry desde su asiento―. ¿Tienes algún problema con ella?
―No sabía que tenía tantos defensores ―Henry se levantó molesto, pero Joseph hizo un ademán con su mano para dar a entender que se sentara.
―Oye, yo me encargo de esto ―dijo a Henry―. Ya basta, Coral. Ni siquiera sé quién te invitó ―mencionó Joseph. Dirigiéndose a ella―. Al menos ten algo de educación y evita tus comentarios.
―¿Sabes que te has vuelto insoportable desde que la conoces? ―inquirió y empezó a comer negando con la cabeza.
Un rato después, Joseph estaba en el baño. Lina se acercó a una de las mesas pasando por un lado de Coral quien disimulaba mirarse en el espejo de un polvo compacto, y cuando Lina se acercó con la jarra de café caliente, se levantó fingiendo un accidente cuando el líquido caliente se vertió sobre el uniforme de Lina.
―¡Oh, perdón, disculpa! No te vi… ―dijo Coral con evidente falsedad.
Lina no se quejó por las quemaduras, en su lugar desabrochó la parte superior del uniforme dándoles la espalda soportando el dolor. Los presentes se levantaron enseguida, pero fue Henry el que se quitó una camisa a cuadros que llevaba encima de una playera negra y cubrió a Lina.
―¿Estás bien? ―preguntó preocupado. Ella asintió aguantando las ganas de llorar por el ardor más que por la humillación, y entonces Travis se acercó; había visto todo.
―Cuanto lo siento, no te vi… ―continuó Coral acercándose a ella, pero Henry la detuvo.
―¡Aléjate de ella! ―gritó furioso, y Joseph regresó del baño viendo el alboroto, justo en el momento que Henry gritó y se apresuró a llegar.
―¡Oye! ―reclamó llegando sin percatarse de que Lina estaba lastimada.
―Vamos ―Henry escoltó a Lina hasta la parte trasera dejando atrás el alboroto que había por lo sucedido―. Déjame ver, Lina.
―Yo… Es que no… ―murmuró con la voz entrecortada, sin mirarlo a la cara y con las lágrimas brotando de sus ojos.
―Lina déjame ver ―insistió y ella accedió descubriendo su pecho―. Carajo, esto se ve muy mal, preciosa. Hay que llevarte al hospital.
―¡Lina! ―llamó Joseph entrando a la parte trasera. Sus cejas se fruncieron cuando vio a Lina con el brasier color n***o expuesto y a Henry con ella.
―Me parece que tus amigos y tu ya hicieron suficiente ―señaló para sacar a Lina de ahí hecha un mar silencioso de lágrimas.
―Lina, ¿estás bien? ―Entró preguntando Travis. Pero ella seguía un poco en shock.
―La llevaré al hospital, no se ve nada bien ―avisó Henry y Travis asintió.
―Creo que no, iré yo con ella ―intervino Joseph, pero Henry se confrontó a él.
―Dije que ya hicieron suficiente ―repitió y se retiró con ella ´por la puerta trasera.