Malas intenciones

1177 Palabras
―La quemadura no ha sido grave ―explicó el doctor tras correr la cortina que aislaba a Lina de los otros pacientes. ―¿Entonces ya puedo irme? ―preguntó con cansancio. ―Sí, por supuesto ―dijo escribiendo sobre unas hojas que posteriormente entregó a Lina―. Solo necesitas ir por este ungüento para la irritación y el ardor, y colocarlo por la mañana y por la noche. Tu piel va a permanecer irritada de dos a tres días, pero con el ungüento no lo sentirás. ―Perfecto, gracias. ―Por nada. Ten más cuidado. En un momento más vendrá la enfermera con la hoja que tienes que firmar para que te puedas ir ―avisó el hombre de bata blanca y se retiró. Cuando Lina pudo salir de emergencias, se encontró con Henry en la puerta. ―¿Todo bien? ―cuestionó con preocupación. ―Sí. Nada más va a estar irritado por un par de días. No pasó a mayores. ―Vamos, te llevo ―ofreció y Lina asintió. […] ―¿Quién carajos era esa tipa? ―cuestionó Henry, en cuanto Lina regresó de la habitación cambiada, para posteriormente sentarse en el sofá. ―¿No era obvio? ―inquirió a modo de respuesta―. Estaba acompañada de Joseph. Es su exnovia. ―Eso me imaginé como mínimo, y no vi que le pusiera un alto. ―Él ni siquiera estaba cuando ella lo hizo. ―Esa tipa te observaba con el espejo, se levantó a propósito. ―Lo sé ―coincidió―. Pero lo noté hasta después de que el café me cayó encima. ―Ese tipo viene con problemas incluidos, Lina. ―Todos venimos con problemas incluidos, Henry. ―Sí, claro. ―Henry ―llamó logrando que él la mirara―, por favor no le menciones nada de esto a Ginger, y dile lo mismo a Dylan; si es que no se lo ha dicho ya. ―Se lo preguntaré. Pero, no entiendo por qué no quieres que ella lo sepa. ―Porque sabes lo que hará. ―Y es lo menos que esa mujer merece por lo que hizo. Para empezar, ¿por qué te quedaste sin decir una palabra? ―Porque no voy a rebajarme a su nivel, tal vez es lo que ella quería. Y no se lo iba a poner así de fácil. Si ella quiere guerra, es lo que va a tener, pero a mi manera. ―Si eso prefieres. ―Quiero que le quede claro que me sé defender, y que si actúo es por mí y no por él. ―Bueno, al menos te escucho decir algo con coherencia. Pero estás de acuerdo en que no se debe quedar así. ―Obvio no ―aseguró y entonces Henry se acercó a abrir la puerta tras escuchar que tocaban con tanta prisa. ―¿Dónde está? ―cuestionó la voz de Joseph, y Henry se hizo a un lado sin dejar de mirarlo con advertencia. Una vez que Joseph entró y vio a Lina sentada en el sofá, se acercó a ella―. Lina, ¿estás bien? ―Ella no tiene idea de con quién se está metiendo, Joseph ―advirtió yendo a la cocina por un vaso de jugo. ―Yo, lo siento. No tenía idea de que haría eso. ―No, no hagas eso. ―¿Hacer qué? No entiendo. ―No te disculpes por ella. ¿O tú la invitaste? ―No en realidad. Pero me siento responsable. ―No deberías a menos que su presencia ahí estuviese involucrada directamente contigo. ―Te aseguro que no lo está ―aseguró y el timbre del celular de Henry llamó su atención. ―Lina, preciosa, tengo que irme a la estación de policía ―anunció acercándose a ella―. Hablaré con Dylan y te avisaré. ―De acuerdo. Gracias ―dijo ella y se despidió de él con un beso en la mejilla. Joseph no mencionó nada, pues era consciente que Henry estaba ahí cuidando de ella. El oficial se encaminó a la puerta no sin quitar la mirada de encima de Joseph a su paso. ―¿Qué te dijeron en el hospital? ―Estará irritado un par de días, pero no fueron quemaduras con gravedad. Le avisaré más tarde a Travis que no iré hasta dentro de tres días. ―Ella está loca. Te aseguro que no se va a quedar así. ―¿No pudiste conseguirte una más toxica? ―cuestionó con ironía regresando al sofá, seguida de Joseph. ―De verdad que no tenía idea de que tramaría algo así. ―Bueno, desde que se presentó a la casa de tu hermana con pretextos disfrazados, es de esperarse cualquier cosa de personas como ella. ―Está pasándose de los límites. ―Pues debiste dejarla muy afectada. Si lo que quería era perjudicarme, debe quedarse intranquila que no pasó a mayores. ―En realidad ella fue la que se afectó sola. ―¿Qué fue lo que hizo? ―Se metió con otro tipo, y los encontré en mi apartamento, en mi cama ―relató con tranquilidad sin que le afectara recordarlo o mencionarlo. ―¡Que descaro! ¿Es verdad? ―cuestionó horrorizada, Joseph solamente se encogió de hombros―. No es tan difícil de creerlo en realidad. Tu hermana, obviamente no sabía que ustedes habían terminado, pero ¿le dijiste el asunto que hicieran que terminaran? ―Así es, y como pudiste ver, se disgustó y ganas no le faltaron de echarla de la casa. ―Hizo bien en no hacerlo. La chica se humilló sola. Es una mala mujer. ―Ciertamente. Y algo bueno surgió de ese evento. ―¿Ah sí? ―preguntó Lina con interés―. ¿Y qué fue? ―Sí. Pues terminé con ella, dejé el apartamento, me mudé al Betsy´s, y te conocí. ―Y ahora ella busca arruinarme la tranquilidad, pero no lo va a conseguir. Se necesita más que café caliente para sacarme del juego. He tratado con gente peor que ella, te lo mencioné aquel día. Pero ya fue suficiente, no quiero hablar de esa mujer. ―De acuerdo. Nada más quería ver que estuvieras bien. ¿Alguna recomendación especifica del médico? ―Solo reposo y colocar el ungüento para calmar el ardor. ―¿Puedo poner el ungüento?―inquirió con picardía y ella sonrió apenada, pero no se cohibió. ―¿Tendrás la habilidad para hacerlo? ―Solo hay una forma de saberlo ―respondió sumándole intriga. ―Tal vez lo comprobemos. ―¿Ya comiste algo? ―preguntó cambiando la conversación, de la cual no hubiera querido parar, pero sabía que solamente estaba alimentando un deseo que en ese momento no podría saciar. ―Vaya manera de cortar la inspiración. ―Primero lo importante. ―No, aún no ―dijo ella con una sonrisa. ―Compraré algo y regreso, ¿de acuerdo? ―Ella asintió con una sonrisa. ―Iré a darme una ducha. No tardes.
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