Castigo

1168 Palabras
―No voy a tolerar que ella venga y me perjudique en mi trabajo, Joseph ―advirtió Coral muy molesta mientras Joseph se quedó cruzado de brazos, sentado frente al escritorio de su jefe. ―Ella no vino a perjudicarte, Coral ―respondió despreocupado―, creo que lo tienes merecido, puesto que tú sí la perjudicaste a ella. ―¿La estás defendiendo? ―inquirió incrédula. ―Obvio que sí. Fuiste tú la que tuvo malas intenciones. ―Lo que pasó allá fue un accidente. ―Hay muchos testigos que aseguran lo contrario, Coral ―argumentó el jefe de la estación. ―No es así. Solo suponen que vieron algo, pero no es verdad. Jefe, son años los que tengo trabajando con usted y jamás me ha suspendido. ―Pero esta vez se requiere debido a la queja, Coral. Es tu suspensión, o que paguemos por tu falta y nos retiren los insumos por un mes, eso sería rascarnos con nuestras uñas por un error que nadie más aquí cometió. ―Solo admítelo y ya ―pidió Joseph con fastidio―. Deja de fingir que no lo hiciste. ―Un par de policías vinieron aquí asegurando que no se trato de un accidente, Coral ―explicó el jefe―. El dueño de la cafetería tiene cámaras y me hizo llegar las secuencias. Coinciden con los testimonios. ―Ella no sabe con quién se mete ―amenazó a Joseph. ―No, eres tú la que no lo sabe. Fuiste a buscar problemas, los encontraste, ahora lidia con ellos. ―Dile que se va a arrepentir. ―No soy tu mensajero personal. Díselo tu misma, pero si lo haces, no vengas llorando por el resultado porque yo te lo advertí. ―¡Quítate! ―gritó a Adam que iba entrando tras escuchar los gritos. ―¿Qué le ocurre? ―preguntó confundido, y el jefe le hizo una seña con la mano para que se sentara. ―El jefe la suspenderá un mes ―anunció Joseph. ―¿Por qué? ―Por lo del día en la cafetería. ―Pero no estábamos en horas de trabajo. ―No, pero llevaban los uniformes y eso es peor por la imagen de la estación ―anunció el Jefe. ―Pero estábamos fuera de servicio ―justificó. ―Si lo estaban, ¿por qué no se quitaron los uniformes? ―cuestionó el hombre mayor esperando una respuesta que no llegó―. Hace rato habló conmigo Marco, me dijo lo que sucedió y que obviamente Joseph no estaba, pero como Marco fue testigo me explicó con detalles. De ese modo no hay dudas, ¿ustedes saben por qué la actitud de Coral? ―Porque Joseph comenzó a salir con la chica de la cafetería. ―Eso es entonces personal. ―¿Cómo lo supo usted? ―inquirió Adam. ―Lina Milkovich. Vino directamente a hablar conmigo, y yo no voy a tolerar ese comportamiento de mi equipo. Mucho menos contra un ciudadano. ―¿En serio, Lina se lo vino a decir? ―Sí, y estaba en su derecho. ―Coral lo hizo a propósito ―intervino Joseph. ―Eso no lo sabes, tú no estabas ahí. ―Pero tú sí, y aun así no te consta que haya sido un accidente. No la defiendas cuando sabes lo que pasó y que no hay necesidad de dudarlo. ―No la defiendo, pero ella debería tener derecho al beneficio de la duda. ―Lo tuvo, pero solo se embarró más. ―Joseph, es tu compañera, además, no puede suspenderla sin mi testimonio, jefe. ―indicó Adam. ―Claro que no, por eso estás aquí para tu testimonio, y una vez que lo hayas redactado, le daré a Coral el papel para que lo firme. ―Tienes que ser honesto con lo que pasó, Adam ―pidió Joseph esperando que su amigo fuera partidario de lo justo―. Nosotros combatimos el fuego. Evitamos que las personas se quemen, por el contrario, no andamos buscando que sufran el daño. ―No se me hace que sea justo que tu novia actúe así nada más sin pruebas, está acusando a una servidora pública. ―Lo que pasa es que hay pruebas, Adam. ¿De qué lado estás? Travis tiene cámaras y si es la manera en que Lina se va a defender, la voy a apoyar. ―Eso debo suponer que vendrá con una denuncia sobre lo ocurrido, le puede costar dinero a la estación y ¿Qué pasará con nuestros insumos? ―Tranquilo. Como ya dije, Lina es consciente y no quiere afectar a la estación de bomberos. Solo quiere que se le sancione a Coral ―mencionó el jefe. ―¿Y tú muy feliz de que se peleen por ti? ―acusó a Joseph―. ¿No es así? ―No, Adam. Estás equivocado. ―En eso no estoy de acuerdo ―apoyó el jefe a Joseph―. Ella dejó muy claro que ese asunto de venir y reportar, no ha sido por Joseph. Se está defendiendo, es todo. Entiendo bien esa parte. Cuando le mencioné a Joseph ni siquiera lo involucró en esto como lo hizo Coral. Ahora, te mande llamar porque quiero tu testimonio. Pero será en un rato porque tengo un asunto pendiente y urgente ahora, así que cuando regrese vienes y me darás tu parte de este asunto. Retírense. Ambos chicos salieron de la oficina y se dirigieron a sus labores. ―Creo que deberías alejarte de ambas ―avisó Adam a Joseph con molestia. ―Y yo pienso que deberías ser más comprensivo. Ella se lo buscó y cada quien tiene lo que merece. ―Así como tendrás tu merecido cuando terminen matándose por idioteces, y así como cuando esa enfermedad te vaya terminando poco a poco y ni a Lina le puedas explicar el porqué no dijiste nada. ―¿Por qué tienes que meter una cosa con otra que no tiene nada que ver? ―Ya te lo dije una vez. ¿Y sabes qué? Voy a tomar el ejemplo de Lina y voy a reportarte con el jefe si no acudes a tratarte eso. ―Que fastidioso eres. No dirás una sola palabra de lo que está ocurriendo conmigo, o le diré entonces a Luisa de lo que pasó aquí hace tres meses. ―No serías capaz, no en su estado. ―Pruébame, Adam. ―Piensa en las cosas, Joseph. Estás perdiendo el control de tu vida, a Luisa no le gustará saber lo que te pasa, ni lo que sucedió hace tres meses. ―Entonces piensa muy bien con quien hablas y sobre qué temas tratas, Adam. Eres mi amigo, así que no me traiciones porque sabes muy bien que te pagaré con la misma moneda. Adam no mencionó una palabra más y con evidente desilusión, se retiró por otro pasillo opuesto evitando caminar más con Joseph. Él por su parte, se retiró a darle mantenimiento a las mangueras.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR