Los Milkovich

1201 Palabras
―Lina, ¿estás segura? ―preguntó Henry siguiéndola a la entrada. ―Sí. Solo, deja que se vaya ―dijo despreocupada. ―Deberías al menos solicitar una orden de restricción ―sugirió y Lina lo miró con interés. ―Eso sí lo puedo considerar. ―Vamos, entonces. Te diré quién te asesorará, porque no puedes dejar que se salga siempre con la suya. Primero son agresiones, Lina. ¿Después qué pretendes esperar? ―De acuerdo, Henry. Carajo. ―Me preocupas, Lina. No me culpes por hacerlo. ―Vamos por esa supuesta orden de restricción ―dijo y ambos caminaron fuera del departamento. Una vez que llegaron a los juzgados, le informaron a Lina sobre una solicitud que tenía que llenar, y debido a que el juez no se encontraba de momento, le dieron una fecha para la primera audiencia, y una hoja con los requerimientos, así como una copia de la solicitud. […] ―Lina, ¿dónde estabas? ―preguntó Ginger en cuanto su hermana cruzó la puerta del apartamento―, ¿y qué te pasó? ―preguntó al verla hecha un desastre. ―Han pasado cosas, ¿qué haces aquí? ―Aquí vivo también, ¿o no? ―¿Es sábado? ―inquirió desorientada. ―Sí, Lina. ¿Qué está sucediendo contigo? ―cuestionó extrañada observando a su hermana sentándose con desgano en el sofá dejando la carpeta que llevaba en su mano sobre la mesita de centro. ―Solo, he tenido una mañana muy difícil. ―Debe serlo, para que estés aquí desde muy temprano ―mencionó tomando la carpeta para ver su contenido―. ¿Solicitud de orden de restricción? ¿Qué carajo está sucediendo, Lina? ―exigió saber dejando la carpeta en su lugar. ―Hay una tipa que en un par de ocasiones me ha perjudicado. ―¿Por qué no me habías dicho nada? ―cuestionó molesta. ―Porque conociéndote, la que terminaría con un una orden de restricción serías tú. ―Pues claro. ¿Quién es la tipa? ―Te lo diré nada más porque no habrá necesidad de que te acerques a ella, eso sería generar más problemas y no me ayudaría en la audiencia con el juez. ―¿Una audiencia? ―Sí. Me dieron una fecha de audiencia para dentro de tres días. Henry dijo que sería demasiado raro si me la negaran. Mientras tanto, ya está el trámite y en cuanto emitan la orden, Henry se encargará de notificar a la mujer esa. ―Okey, supongamos que me quedo quieta… ―Supongamos, nada ―interrumpió dejándoselo claro―. Tienes que quedarte quieta o no me darán la orden. ―Entonces empieza por decirme quién es ese grano en el culo ―exigió molesta―. Sabes perfectamente que nadie se mete con los Milkovich. ¿Acaso no sabe quiénes somos? ―Nadie de su nivel, por supuesto. Es de la zona norte. ―Pues le vamos a presentar quienes son los Milkovich. Tendrá que aprender a respetarnos, porque si es irrespetuosa contigo, conmigo también. ―Es la exnovia de Joseph. ―Una despechada, ¿qué más? ―Bien, primero hizo que una jarra de café caliente me cayera encima, y ahora fue a la cafetería a agredirme y vaciarme una jarra de jugo encima. ―¡¿A agredirte?! ―Sí, a agredirme. Llegó y me empujó. Henry y Dylan estaban llegando a la cafetería cuando vieron todo, y la arrestaron. Pero retiré los cargos. ―¡¿Por qué?! ¡¿Qué carajo…?! ―Ya la han suspendido del departamento de bomberos. A demás, con la orden bastará para deshacerme de ese problema. Se lo expliqué a Travis también. ―Pero, Lina. Es una mujer despechada y no tienes idea de lo que pueden ser capaces cuando están en esa etapa. ¿Hace cuanto que terminó con Joseph? ―No lo sé, meses creo… ―Ambas se quedaron en silencio cuando la cerradura de la puerta hizo ruido, ambas voltearon con una sonrisa. ―¡Braulio! ―exclamó Ginger levantándose de pronto para abrazarlo, seguida de Lina. ―¡Hola chicas! ―¿Estás bien? ―preguntó Lina. ―Sí, todo bien. Muy bien. Más que excelente. ―¿Dónde te habías metido, hermanote? ―cuestionó Ginger. ―He estado haciendo algunos trabajos, con un amigo. ―¿Qué amigo es ese? ―inquirió Lina con sospecha, pues Braulio no siempre andaba en buenos pasos. ―No lo conocen. Tal vez un día. ¿Cómo van las cosas por aquí? ―preguntó y los tres tomaron asiento. ―Lina está tramitando una orden de restricción para una acosadora despechada ―anunció Ginger. ―¿Quién carajo te está molestando y por qué? ―quiso saber su hermano con la misma actitud que tenía Ginger cuando lo supo. ―Okey, tranquilos los dos. Aquí no correrá sangre. Ya me estoy encargando, dejen que lo haga a mi modo. Mejor enfoquémonos en cosas buenas, como por ejemplo que Ginger ya está trabajando. ―¿En serio? ―Volteó Braulio interesado, en dirección a Ginger. ―Sí. Es una casa del lado Norte. Travis, el jefe de Lina nos dio una mano. Y hasta ahora todo marcha bien. ―¿Y qué hay de ti? ―preguntó Lina―. ¿Por qué no nos cuentas más de ese supuesto amigo? ¿En qué andas metido? ―Nada malo peque ―respondió con calma―. No hagamos de este momento algo amargo. ―Si no es nada malo, entonces no tendría por qué ser amargo, ¿no crees, Braulio? ―Lina ―suplicó Ginger, esperando que Lina dejara de cuestionarlo. ―Carajo… Bien. Solo disfrutemos. Hace mucho no nos reuníamos. ―¿Pedimos pizza? ―preguntó Ginger. ―No ―respondió Braulio―. Mejor vamos con el viejo Frank. Pasamos por la pizza de camino. ―¡Es una excelente idea! ―exclamó Ginger―, pero primero que Lina se vaya a quitar ese desastre. ―Vale, ya regreso. No se vayan sin mí ―pidió Lina levantándose de su lugar para ir a la habitación y cambiarse. Una vez que regresó, los tres se encaminaron fuera del apartamento. Llegaron por una caja de pizza de camino y entraron los tres al bar. ―¡Viejo Frank! ―saludó Braulio tras entrar; Lina y Ginger dejaron la pizza sobre una de las mesas al fondo, y se acercaron a Frank y Braulio que se daban un gran abrazo. ―¿Dónde estabas metido? ―Ya sabes, viejo. Soy alma de viajero. ―Es bueno verlos a los tres reunidos ―dijo Frank con nostalgia. ―Pues a ver por cuanto tiempo nos regala esta dicha el alma de viajero ―dijo Lina. ―Pero vamos, la pizza se enfría ―dijo Ginger y tomó de la mano a Frank―. Y tú vienes con nosotros, Frank. Estoy segura de que Susy te puede echar una mano por un rato en la barra. ―De acuerdo, de acuerdo ―Aceptó el hombre riendo con ellos acercándose a la mesa. Los cuatro rieron y bromearon que se les pasó la tarde muy rápido poniéndose al día.
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