Siete años después.
Una Andaria de veinticinco años salía de las fauces tétricas de los erguidos trocos. Su aspecto mayor, cabello crecido hasta la cadera, vestido casi intocable, nos dice que como llegó está sin un solo roce de magulladura o atisbo de cansancio. Rejuvenecida, parecía tener la apariencia juvenil que la caracteriza. Con lo labios cosidos adelanta los pasos hasta el centro del lugar, el búho de plata se detiene en el antebrazo levantado tal cual un palo. Silba una tonada dulce y despega de pronto.
Mientras esperamos que el ave vuelva, haré un resumen para que no te tome de sorpresa el aprendizaje de la nueva Andaria.
Durante los años aislada del mundo, el ancestro se encargó de pulir la educación y conducta am principio. Procedió luego a desicarse a enseñarle a controlar la magia al grado de alcanzar la perfección. Sabiendo despertar el estado Alfa y traspasar la barrera divina al estado Omega sin dificultad. No nos compete saber su esfuerzo arduo para alcanzarlo, me extendería páginas y páginas para explicar solamente un hecho que verás en las batallas siguientes. Los conjuros se reforzaron con nuevas combinaciones: Zonariom, Absorga y Proteus. Cada una tiene un efecto distinto que como recalco veremos en acción más adelante. Aprendió a controlar los cuatro elementos primordiales, sabe ejecutar hechizos elevados fuera de su elemento principal como: Fulgora, Electraria, Aquairus, Lukor, Darklor, Temrra, Ventora y Exploiter. Por último, supo controlar los conjuros en serie y hechizos seguidos con los queridos: duo, tri, tetra y penta.
Causar estados alterados no era su especialidad, así que dimitió en el proceso de aprendízaje de las artes mágicas neutralizadoras.
Teniendo en cuenta esto, mencionaré el detalle que Andaria aprendió a conectarse con las naturaleza, quiere decir que el búho plateado le pertenece y es fiel hasta la muerte. Ella puede estar en al otro lado del planeta, pero su búho se convertiría en ojos y oído de manera casi omnipresente.
Continuemos con la historia que el búho llegó portando noticias no tan alentadoras y quizá algo irritante. Andaria supo que habían profanado el trono, los cuatro duques eran llamados «Su Eminencia», caso poco común y que en nuestra realidad se les conocía así a los cardenales. Nustredam mejoró ciertamente, pero la repartición de territorios de los duques ocasionó disgusto en la población. Literalmente la ciudad estaba fragmentada en cuatro partes que se regían en las normas que ellos quisieran e impartían estúpidas leyes. Andaria asintió, al menos reconstruyeron el imperio, prosperaba la economía también. Tuvo la ligera sensación de no querer volver y dejar definitivamente el reino a manos del ducado mortificado que goza en el trono. Sin embargo, su linaje había mandado durante generaciones, y la última información del búho que la desalentó mucho es que las islas Aquaria cayeron en manos del Zorro de Mar.
El búho no había llegado tan rápido como se supone, se acercaba la noche y había pasado el día. Callada se aleja fundiéndose en la nieve borrosa que la rodea, revolotean sus cabellos y los volados del vestido se agitan. Mundiosis atrás observa, desaparece al cabo de unos segundos en partículas lumínicas.
Desciende el Monte Delkhor, ¿no llevaba un sable? No tiene arma en sus manos desnudas y casi huesudas, no se alimentaba bien.
La película grisácea del cielo seguía cubriendo el alejado horizonte que se perdía con cada bajada. El búho planeaba tranquilo y ululaba a veces. Se encontró de pronto con la tierra y el lúgubre paraje.
El tramo fue corto, un inquietante silencio embargó el área, sonando los grillos y el rumor de un riachuelo lejano. Secas, muertas y siniestras se proyectan las ramas como puntiagunas manos retorcidas en el firmamento crepuscular. Andaba despacio, visualizó el pueblo e ignoró lo encontrado.
El pueblo Delkhor abandonado completamente o casi, porque oyó un sollozo. Con una seña detuvo el búho, este reposó en una chimenea de piedra mohosa. La putrefacción a madera vencida, perforaba sus sentidos del olfato. Abrió la puerta del hostal donde despertó aquella vez, en un rincón estaba un señor irreconocible, rodeado con harapos. Retrocede llevando una mano a la nariz, el olor era insoportable.
—¡Hey!
Su voz era más gruesa y segura.
—¡Reina! —aulló el desgraciado amputado. Andaria no podía dejar de verlo, había evenjecido un siglo, sobre su rostro la miseria y desdicha se figuraban en arrugas pegadas a los huesos, desinflada la piel con costras—. ¡Su Majestad! —Cayó derrochando lágrimas—. ¡Apareció, por fin regresó!
Andaria vio que en el rincón estaban dos c*******s en avanzada descomposición al borde de mostrar la estructura hosea sobre un amasijo de carne negruzca.
—¿Qué ocurrió? —casi podía hablar de la impresión.
—¡Nos abandonaron a nuestra suerte! —Prorrumpió en llantos desconsolados—. El duque prefirió atender las necesidades de la capital, el gobernador en vistas de la decadencia, dejó el cargo para ir a prosperar en un negocio en el centro del imperio. Nos sostuvimos con la fe de su retorno, luchamos contra el invierno y las oleadas de hambrunas consecutivas, lamentablemente cada uno pedecía, los recursos faltaban, ningún hombre, niño o mujer tenían las ganas de seguir viviendo en este maldecido lugar...
—No digas eso...
—... Los únicos en quedarnos a creer en usted fue mi mujer e hijo, como verá están en un rincón esperando su regre... ¡Clavel, Griza! —Regresa a los c*******s, sus ojos salían de las órbitas—. ¡Volvió, ella volvió, miren, allí está, se los dije! —Agitaba los huesos con los romos brazos como si tratara de despertarlos del sueño eterno—. La reina a vuelto... Clavel, despierta... Griza, no me dejen... —Dejó de intentar, y siguió llorando al rendirse.
Andaria que presenció esto, caminó con paso suave hasta el hombre, se agachó y lo abrazó. Compartían el dolor.
—¿Quieres ir con ellos o vendrás conmigo? —susurró.
El hombre sonrió desesperado, la fuerza del abrazo de triplicó.
—Quiero ir con ellos —contestó finalmente.
—Haré justicia, te lo prometo —dijo—. ¿Posees el tahalí?
—El gobernador me lo arrebató para empeñarlo en el imperio —dijo el hombre sin dejar de llorar.
—Será rápido.
—Por favor.
Sostuvo las manos del pobre.
—Absorga —dijo casi inaudible.
El hombre viró los ojos al blanco, borró la sonrisa, el cuerpo pesado sonó en la crujiente madera. Andaria se incorpora. Una ventisca movía las contraventanas, chirriando los goznes, chocando con los bordes. Se posa el búho en la entrada, su sombra se alarga hasta fundirse en la distancia de una casa en ruinas.
—Seguiremos a Celis —dijo con la mirada sombría—. Espero no pidan piedad por sus actos.
***
El regreso de Su Majestad.
Nustredam celebraba los carnavales durante el día con una alegre comparsa. Los duques extasiados se remolcaban en baños de monedas de oro y se sentaban turnandose en el trono, jugando con el cetro finguiendo tener sangre real.
—¡Han pasado siete años! —exclamó el duque de Delkhor—. Debe de estar muerta.
—¿Quién? —burló el duque del clan Darklor.
Se rieron crueles imaginando a Andaria morirse en el Monte Delkhor.
—La chiquilla era patética para asumir el mando —dijo el duque de Narshat, gozando de una uva que tenía un sirviente a su lado en cueco de plata.
—¿Por qué hablamos de espíritus, queridos? —dijo el duque del Armatham—. ¡Es como si algo nos carcomiera por dentro!
—La culpabilidad, ¿tal vez? —ofreció el duque de Delkhor.
—¿Culpa de qué? Gobernamos Nustredam mejor que sus padres y mejor de lo que ella pudo haberlo hecho —dijo el duque del clan Darklor. Tomó una copa de vino—. Deberíamos brindar por nuestro triunfo como servidores del pueblo de Celis.
—¡Estoy de acuerdo! —dijo el duque de Delkhor, tomando una copa también.
—¡Sin duda alguna! —dijo el duque de Armathan.
—¡Brindis por nuestro esfuerzo y por la muerta! —bufó el duque de Narshat.
Rieron sonoramente ante el comentario.
Viajemos a los Valles de Armedia conociendo el cinismo social que los duques mantienen en el palacio. La reina marchaba firme cruzando el peligro de las llanuras, pero no existía un peligro como el de antes, pues las criaturas la obviaban. Pasó cerca de unos TR-4, cerca de Nayades asesinas, cerca de Manos Blancas —Hadas extramademente peligrosas—, ninguna hacia mínimo esfuerzo en ceder atención a la reina, incluyendo a los Golem. Cruzó el bosque devorador y lo mismo ocurrió, ascendió el risco de las Gallinas Maestras y lo mismo, nadie trató de atacarla. ¿Recuerdan que Andaria aprendió a conectarse con la naturaleza? La fauna de Celis, estaba conectada con ella, conocían sus intenciones y no deseaban seguirla, era parte de ellos y ellos de ella. El principio que la misma Celis de Mesti dejó como legado al luchar contra los dioses de la corte Alfa.
Las escenas vividas anteriormente circulaban en el proyector del cerebro, sus padres desaparecidos, la conversación con los duques, el gobernador de Delkhor, la gente que atendió su llegada y la traición de Miaravich... No podía dejar de pensar en Miaravich.
Los ángeles del alba cantaban en coro, surcando las constelaciones desvanecidas en el esplendor rosáceo y narajanda, encendiendo las llamaradas del gigante solar. El fragor de las cataras se esparcía, letanía sonora que orquestaba la presencia citadina. Andaria vio la entrada de Nustredam después de dos días de caminata sin descanso alguno. Nadie reconoció su delgado aspecto, pero indudablemente atraía la atención de muchos. La reina se desvió por las calles laberínticas, se camuflajeó con los traseuntes, logrando salir al mojón que indica la ruta al puerto Phambell. La semana de carnaval permitió la fácil infiltración, entre los desfiles, jolgorio, bailes y espectáculos, nadie se fijó en su antigua reina, la ciudad parecía haberse olvidado de ella y tal vez del mundo.
Llegó al puerto, su garganta hizo un nudo, alzó el mentón, sus ojos brillaron de ira, pero controló la rabia apretando los puños. Las calles derruidas en vagabundos, pobreza y un ambiente tan álguido como Delkhor. Los lamentos, sufrimientos, rasgos indescriptibles que solamente una persona con las costillas sobresalientes tiene, llenaban de coraje a nuestra reina que veía el puerto donde creció con tanta desolación.
Regresó decidida, mataría a quien se atreviera a detenerla, reclamaría el trono a la fuerza o sin la misma. Generó la espada de hielo y de su otra mano, surgió el sable de su padre, el búho volaba detrás de ella.
Un guardia que estaba en la entrada del oeste, reconoció a la reina por la espada de hielo. Este hombre pegó un grito al cielo y soltando las armad corrió. Los demás vieron quien se acercaba y a juzgar el aura demoniaca que la rodeaba, mejor era arrodillarse.
Andaria caminó con paso fuerte, atravesó las calles y el carnaval se detuvo cuando gritaron «¡La reina regresó!», salieron de sus hogares las criadas, niños, ancianos, frenaron los establos de cepillar a los caballos, dejaron de sonar los martillos en las herrerias, panaderos sacudieron las mamos y salieron, todos los que conocían aquella niña que corría por sus calles como una cualquiera de su pueblo, estupefactos quedaron, nadie se oponía, nadie se resistía, se hacían a un lado en silencio. Las piedras levitaban cuando pisaba el suelo adoquinado. Una nube plomiza cubrió el cielo, opacando todo color, su territorio respondía a las emociones de Andaria.
Subió los escalones, partió la puerta con una ráfaga de viento.
—¡¿DONDE ESTÁN?! —gritó sin mover los labios.
Tembló el entorno. Percibió las energías inferiores de los duques y ágil simulando la velocidad de tigre, fue tras ellos en silencio. Los guardias apostados en la doble puerta soltaron los mosquetes rogando piedad, ella los ignoró y congelando la entrada, se fundió con el hielo para aparecer al otro lado con los ojos turquesas brillando. Los duques estaban quietos en sus lugares, temblando de terror.
No tuvo perdón con el duque de Delkhor que estaba sentado en el trono, este soltó un gemido pésimo dejando caer el cetro. Andaria lo congeló, chasqueó los dedos de inmediato y lo partió en pedazos. Los demás soltaron las copas rompiendo el cristal al impacto. La reina con aire altivo despacio se acercó.
—Quiero que cada uno se retire y sus títulos estarán anulados, vivirán en el exilio, serán reemplazados por otros que sean dignos de sus títulos —dijo Andaria palabra por palabra.
—¡Su Eminencia!
Entró un paje del duque de Narshat y al ver a Andaria rectificó.
—¡Su Majestad! —casi fue un alarido y se tumbó en una exagerada reverencia trémula.
—Su Majestad...
—Una palabra más y morirán aquí y ahora —amenazó Andaria callando al duque de Armathan—. Larguense.
—¿A dónde ire...
El duque de Narshat tosió con los ojos abiertos y cayó al suelo muerto. Andaria congeló los pulmones. Los dos duques se inclinaron y huyeron tan pronto como pudieron.
—Levantate —ordenó Andaria al paje con voz severa, este hombre enjuto se levanta en patizambo—. ¿Dónde está el gobernador de Delkhor?
—¿Qui-quién?
—No temas de mi, por tus latidos no sabes su paradero —dijo Andaria descongelando la puerta—. Lo encontraré indagando cuando tenga tiempo suficiente.
***
Un reinado próspero en Celis.
La reina perdonó a los demás por su falta de consideración a los pueblos cercanos, aunque dictaminó que «todos son hermanos de una madre tierra», sabe que la sociedad vela por sus interes propios y el resto que no pertenezca a ella es una fase inexistente en su vida.
El primer mandato fue reestablecer con el dinero del arca y bajo la administración sabia de un erudito experto en números, el orden en Phambell y Delkhor, organizó grupos de expediciones a las demás provincias para realizar un informe de sus estados humanitarios. Reconstruyó en dos un puerto que azotado por el recuerdo del asedio pirata, fue protegido durante su ausencia por los corsarios de Lianca. Se enteró por los minisitros fieles a sus padres que aún quedaban en el reino, pues, permanecían siempre apegados a la corona real; que en efecto, las islas fueron sitiadas por la flota naval Calvarian y además, Lianca declaró la guerra a Calvior, disputando la sanguinaria cacería en busca de erradicar la piratería en el continente. Narraron la situación de Calvior durante los dos años de reconstrucción del puerto; Andaria se tomaría el descanso suficiente para planificar la toma de las islas, ya que resultaban favorables económicamente.
Los motivos de la reina en secreto no era atacar únicamente las islas, quería demostrar a Miaravich que seguía con vida e iría tras ella. Se preguntaba en las noches cuando dormía en la torre del patíbulo «¿Siete años sin ir a la isla espejo?», entonces recordó las palabras de SoS «O te obligaré a hacerlo». Los ecos premonitorios le quitaban el apetito en los banquetes señoriales con los reyes de Bianca y Lianca, sus nuevos aliados. ¿Estará esperando Miaravich el aviso de Andaria?
Una noche en el jardín bajo la luz de la luna a sus veintisiente años, caminaba con los brazos atrás. Había recuperado el chaleco, los calzones cubrían sus muslos jugosos a la vista de los hombres codiciosos, no lleva corona en la cabeza —evoquemos que la reina gusta vestirse diferente—. Respiraba profundo con tristeza, no podía sacar las risas, aventuras y alegría con Miaravich, acarició los pétalos de una rosa blanca, distraída. Las luces doradas de las antorchas en la horquillas, intensas se mostraban iluminando los pasillos al aire libre, sostenidos los arcos en serie del cuadrado formado derredor, los pilares de mármol pulido.
—La magia puede cambiar el mundo pero no a las personas —dijo con el destello de una lágrima, descendió la estrella fugaz hasta reposar en el pétalo como una cúpula escurridiza.
Por una vez quiso que la magia sirviera para algo más útil. Su generación vivía de guerra en guerra, estaba harta de escuchar la enemistad destinada de Calvior con el contienente, deseaba frenar el legado maldito que SoS proclamó. ¿No pudo nacer en una época de paz? ¿No pudo nacer plebeya o en otro continente mejor?
Deseamos tanto y preguntamos tanto que hacemos poco por mejorar como personas. Nacer diferente o nacer en otro sitio, no te hará mejor aunque tus condiciones mejoren. Esta reflexión, no la entendía Andaria, quería seguir fortificando el puerto Phambell para viajar en su propio barco en busca del Zorro de Mar, mantiene que la «amistad» puede traer de vuelta la humanidad en alguien deshumanizado. Ojalá resultara así, quizá nuestro mundo fuera distinto, lamentandolo mucho, sería una estupidez no mostrar las consecuencias de tal creencia.
***
El Navío Basilisco.
Celis era la envidia de los imperios. Sus carreteras limpias todos los días, se volvió famoso el aroma típico del pan Celistiano, rebosaba de vida las rutas comerciales de cada provincia. Delkhor se convirtió en una ciudad sagrada en tan solo dos años de cariño y cuidado. Con la reina Andaria la hambruna no existía, cualquiera podía tener un sueldo digno.
Andaria respiraba el salitre, graznan las gaviotas. Restallan las olas rociando el porvenir sobre su rostro reflexivo. Por mucho tiempo no lo hacia. Estaban por inaugurar el puerto de nuevo, el gobernador de Phambell... ¿Quieres saber quién es el gobernador? ¡Es el niño que Andaria ayudó con la bolsa de dinero! Sus padres permanecieron en Celis a la espera de la reina, se esforzaron en pagar excelentes tutores para el niño que demostró ser un prodigio. El señorial Wallrus Flameling, esperaba en su despacho el aviso de la llegada de Andaria, que no llegaría hasta más tarde.
¡La reina desnuda está disfrutando de un baño en las costas de su niñez! Te dije que la reina no es una reina normal, no nació para serlo, ella nació para el mar. Se zambulle, va en contra de las olas chocando con ellas, nada, bocarriba flota dejándose llevar por el vaivén de la marea, relajándose con la espuma que muere en la orilla y se retrae. Un adulto regresa a su niñez mediante la nostalgia.
Por el lado diferente tenemos al gobernador Walrus calmando la impaciencia del público en la tarima.
—¡Pronto vendrá, ya saben que ella se retrasa! —dijo abanicando las manos.
—¡Vamos, está en el mar! —vocifera un hombre.
Todos ríen, porque la reina ya no es anormal para ellos, ríen por su felicidad, ríen por el trabajo que su señora a hecho. Ninguno era delgado, la mayoría estaban rellenos y comían sendos platos durante las noches. Cuando la hija de Walrus señala a la reina exclamando «¡Allá viene!», la multitud aplaude frenética. Andaria saluda con parsimonia, empapada, chorreando sus tentáculos, se detiene en medio de la tarima elevando la exitación. Se hizo un silencio cuando abrió la boca.
—¡Eleven anclas y zarpemos! —gritó con el puño levantado al aire.
Los cañones retumbaron a lo lejos, acercándose en la lejanía, una flota conformada por quince fragatas y liderada por un navío inmenso de tres palos con las velas cuadrangulares desplegadas, ondeando el símbolo del azulejo, prominente escena exaltó a los espectadores.
—¡Bienvenido sea la flota imperial del reino de Celis! —gritó Andaria con los brazos extendidos.
Retumbaban como truenos los cañones del grupo en sucesiones de espanto y brinco. El navío de guerra Basilisco, omnipotente en su grandeza de ser uno de los barcos más gloriosos de la época de Lobos de Mar, se acercaba con el almirante al mando en proa quien tiene los brazos cruzados; su barba castaña poblaba las facciones, sus bronceado cuerpo robusto nos recuerda a un personaje casi olvidado... Así es, el marinero que enseñó a Andaria a nadar y navegar.