Zorro de mar Capítulo 4

4434 Palabras
A los dieciocho años recibe el acto de coronación en las ruinas del palacio. Sus padres murieron cuando El Galeón fue interceptado por la flota fantasma. El cuerpo del rey y la reina desaparecieron. La nueva reina tenía el dedo índice amputado, por suerte, el tiro cerca del riñón no causó complicaciones. Mientras Andaria permanece en la única torre existente, acostada en la cama con el dosel corrido, observando el crepúsculo asolador en compañía de las cataratas através de la tela difusa; viajaremos un año atrás cuando Andaria queda en el mar. *** E l destino anunciado. La flota fantasma zarpa, la batalla contra los corsarios de Lianca era inevitable, tenían meses cazando a los ufanos piratas y no los dejarían escapar. Tronaron los cañones, hombres y mujeres pugnaban la definitiva contienda, impregnaron el ambiente del acre perfume a metal y pólvora. Los hechizos de los magos ilusorios eran potentes, en respuesta los magos exiliados que tripulaban en el navío del Zorro de Mar, arremetían contra todo en una gala de fuego, viento, explosiones y rayos. En una barca remaba acelerado el marinero que adoctrinó a Andaria, rescató a la princesa con una red de pesca, esta se sostuvo con las fuerzas restantes. Resistiéndose a la muerte. Los pocos duques esperaban en Phambell, tenían espadas en ristre y sus rostros curtidos de polvo gris. Un carromato de madera podrida sirvió de transporte, mientras un médico del boticario más cercano atendía las heridas con su fiel aprendiz. La recuperación de la princesa era lenta, psicológicamente estaba traumada y el físico yacía paralítico. Dificultaba la tarea a las criadas para comer, los sirvientes y lacayos estaban desogarnizados, más de uno robó en el palacio, marchándose luego a Bianca donde tendría mejor fortuna con el botín. Nustredam hecha añicos, padres quedaron varados en las calles, niños comían de las carnes decompuestas, las enfermedades no tardaron en azotar al imperio recién destruído. Hay que entender que a diferencia de la época de A través de la muralla de papel, la capital era pequeña y a duras penas había tenido tiempo de crecer entre la guerra de los doscientos años; más atrás durante el mandato de Armedia, era un pueblo sin vida u esperanza de convertirse en algo mejor. No sabían que hacer, los duques tenían los pensamientos en otro sitio. En el fondo vociferaba la campaña de Lianca, un imperio aliado que actua por sus intereses propios. Una luz disiparía la oscuridad, nadie creyó que la mano destinada a salvar Nustredam sería Calvior. Los reyes se presentaron un mes después del asalto, aunque recibidos fueron con abucheos y bravatas, los duques a cargo estaban al tanto de la visita. El rey aclaró que Miaravich ejercía la piratería por cuenta propia, el ataque contra Celis no fue previamente planificado y ellos no tenían idea sobre los planes de Miaravich, resultó una sorpresa la martíngala montada. Presenciaron el estado febril de la princesa Andaria, y el rey de Calvior hizo un gesto que también marcaría la historia de la nación. Retiró su corona y se la dio a Andaria, la reina retiró su corona y la dejó a un lado, partieron en silencio. Meses después, la noticia del s******o del rey y la reina desataría la guerra civil presagiada en Calvior. Doloroso es, pues, Miaravich invadió su propia nación al enterarse de la muerte de sus padres, reclamó la corona mediante la violencia y los tripulantes infiltrados. Cuentan que Zorro de Mar invocó un fénix que calcinó a los opositores del capitolio. Se funda como capital del imperio de Calvior la provincia Muzannich, restando territorio a Erzkia por ser los primeros en rebelarse contra el régimen instaurado, contra la nueva reina Miaravich Calvarian. Sería la reina en legalizar la piratería y convertirse en señora del archipiélago. Su meta era conquistar las tres islas del triángulo Aquaria, pertenecientes a Celis desde la guerra pasada. No le costó mucho hacerlo, previamente estaban asediadas por ella, sin embargo, adquirir Calvior a temprana edad, supuso la derrota definitiva a la resistencia de las islas. *** Volviendo a la actualidad, Andaria se convierte en la reina más joven del imperio. No tenía noción de ser un gobernante; despachó la corona de su cabeza, guardándola en un cofre que había en la mesita de noche. Casi finalizaba el año, estaría por entrar el invierno. Pasó verano y otoño entregada a los recuerdos de una persona borrosa en la niebla de la amistad. Recuperando la movilidad al son del tiempo, descubrió plumas en el suelo. Se agacha repercutiendo parte de los dolores en el costado del cuerpo, hizo un rictus aguantando y obtiene la pluma entre sus dedos. Es un ejemplar plateado. El ulular de un búho la estremece, vira hacia la dirección del sonido, no hay nadie en la ventana nocturna, pues la noche se presentaba con los últimos destellos rojizos al oeste. Iba a cerrar la contraventana cuando su vista se centró en una bola de papel arrugada. Sintió miedo y un escalofrío en la nuca, nadie había entrado o los goznes de la puerta producir ruido. Tomó la bola y desplegando el papel, lee la última carta que Mundiosis había enviado en Calvior. «Última recomendación: ven a la montaña Delkhor cuando estés en Celis». La mañana siguiente, Andaria pidió a una criada que solicitara la presencia de los duques. Reunidos los cuatro representantes, hicieron la reverencia de costumbre a Su Majestad. —No quiero ser una reina —dijo Andaria con voz queda. El papel lo guardó en la almohada antes de la llegada de los duques. Sus ojos mostraban signos de haber dormido. —¡Su Majestad, el reino necesita de usted! —dijo en voz alta el duque de Armathan. Andaria negó repetidas veces. —Señores, respeten mi decisión, regresaré cuando esté preparada para el título —dijo recuperando el tono de voz. Lo pensó tanto, lloró aceptando en la noche que aún no era digna de suceder a su padre. —¡¿Cómo puede... —Ella tiene razón —dijo el duque de Narshat levantando la mano—. Su inexperiencia nos puede conducir a la desgracia. —Bajó la cabeza palidecido de la situación—. ¿Una reina en la flor de la juventud? Es inverosímil. —Concuerdo con usted, lord Norhat —dijo el duque de Delkhor—. Su Majestad carece de sabiduría para gobernar un pueblo. —¿Dónde irá usted, Su Majestad? —preguntó el duque del clan Darklorian. —Iré al monte Delkhor, necesito visitar alguien —dijo hablando con el suelo—. No sé cuánto tiempo esté allá, pero, prometo regresar para dirigir mi pueblo con mano justa y mente libre de egocentrismo jovial. Los duques se impresionaron por el cambio de voz y dialecto de la reina. Andaria tenía un semblante distinto, la desgracia había cambiado su conducta Dicho esto, acordaron los duques que respetarían el trono, administrarían Nustredam y Phambell, reestableciéndo el equilibrio para su regreso. Nadie discutió, la razón de tener a Andaria con dieciocho años gobernando no era apropiada, desconocía la política y el territorio, era un reina que aunque las clases eran prácticas, la capacidad se medía con los años avanzados entre veinticinco y treinta años de experiencia, estando sus padres seguros de dejar el trono a un legado competente. *** Despedida. Espero recuerden el búho plateado desaparecido por tres años efímeros. Andaria realizó los preparativos pertinentes, salió en un caballo blanco de crines grises, partiendo desde la entrada de la ciudadela que abría sus puertas chirriantes. El búho descansa en el techo de un hogar, destelló su plumaje con el sol y Andaria lo vio. No se acordaba de la existencia del ave por motivos que conocemos. SoS provocó una amnesia colectiva en el pasado. —¡Eh, tú, ven! —llamó a un guardia que se arrodilla ante ella con solemnidad—. ¿Ves aquel búho en el techo de esa casa? —preguntó señalando a la chimenea. Por más esfuerzo que hiciera, no vería el búho. —Disculpe Su Majestad, no veo un búho —dijo el guardia mirándola desconcertado. —Sigue con la guardia y discúlpame, puedo estar alusinando. —¿Necesita compañía en el viaje? Iba a decir «sí» pero el búho hizo el ademán de negar con la cabeza. Frunció el entrecejo. —No, gracias, tendré en cuenta tu gentilidad al regreso —dijo Andaria sin dejar de ver el búho. La cara del guardia refleja los sueños de riqueza en un alto puesto como comandante, se fue con alegría y orgullo por las palabras de Andaria. Al galope suave, el búho vuela deteniéndose de vez en cuando en la distancia, asiente afirmando que lo está siguiendo y continua el vuelo. Andaria comprende que es un guía sin tener atisbo que una vez era su mascota durante un invierno incierto en Calvior. Miradas solitarias producen cuchilleos en masa de los presentes dolientes ultrajados por el huracán maldito que una pirata y sus hombres provocaron en ellos. Un niño comía carne descompuesta de un caballo muerto rodeado de moscas. Andaria le regaló un pequeño saco que contenía dinero suficiente para mudarse a una provincia cercana y vivir por dos años. Haciendo este gesto, espoleó para desaparecer en las calles del sur y no recbir las gracias. Llegó al hogar de la doncella, ella estaba en la puerta con una cara de muerte, su belleza se había esfumado con la miseria en los poros. Desmontó la reina, del fajo a un costado del caballo sacó una bolsa de minerales —recursos con los cuales pagas en Celis—, en su mayoría diamantes y rubíes —los más caros—. —¡Su Majestad! —Se levantó de la escalera con los ojos llorosos. Del fondo oscuro, suponiendo ser una entrada, salió el hijo de siete años, tenía la piel pegada al hueso y el parecido con su padre licántropo es asombroso. —Vete de aquí, sal y busca una vida mejor —dijo entregándole el saco pesado de minerales. Vio al niño y sonrió—. El nombre del niño. —Luzu. —Acaricia las hebras negruzcas, el niño se aferra a la falda de Clavelia—. Tiene los instintos de su padre, está... domesticado por así decirlo, ya no muerde durante la luna llena, aunque le causa mucho dolor convertirse —dijo besándolo en las mejillas polvorientas. —¿Lucian? ¿Dónde está? —Lanza un beso directo al chico desde el aire, el niño rie y se sonroja ocultando el rostro en la tela. El piafar de los caballos vagos sin jinete denotó el silencio prolongado de Clavelia. —Nos salvó a un precio inestimable —dijo mordiendo el pulgar para no perder el control del llanto—. Vio el humo desde el pueblo... Unos hombres querían... querían a Luzu, no sé como lo supieron, pero sabían que era un híbrido dijeron que era una pieza de alto valor en Traint. —Hizo una pausa, aclaró la garganta y respiró profundo, mirando las nubes plomizas—. Lucian se ofreció sin resistencia, eran varios, estabamos acorralados. Ellos sonrieron y lo capturaron... No sabemos nada de él... —Papá regresará, él es nuestro héroe —dijo Luzu con la voz incocente que caracteriza un niño—. No llores mamá. En Traint los licántropos son cazados, ofrecer un licántropo a una familia de cazarrecompensa era tener una fortuna inimaginable. Andaria lo sabía por las clases de historia, el híbrido tenía posibilidades de rechazo, era mejor un auténtico licántropo. —Y no lo dudo, tu padre regresará y volverá a estar con ustedes —dijo Andaria. Era obvio que el niño sufre un engaño. Culminado el diálogo con otros temas de menor importancia, montó y al galope siguió hasta la salida de Nustredam. El marinero se apareció en la salida de Nustredam, hizo un alto pata detener el corcel de la reina. El búho esperaba en una rama del pino que apunta sus ramas al este. —Su Majestad —dijo sonriente y con aquella gallardía distintiva de la clase marina. Andaria desmontó y besó al hombre, era la primera vez que besaba a alguien. El deseo la embriagó entre los brazos musculosos, pero por más que su cuerpo pedía gritos recibir una dosis desesperada del placer, no era el momento ni la ocasión y sus ánimos estaban destrozados, ocultar el sol de nuestros pesares con el amor de alguien, es el error que cometemos mayormente. Se separó y montó el caballo, sostuvo las riendas un rato, reconsideró quedarse por amor, pero ella no sentía amor por él, recordemos que perdió su mejor amiga, sus padres están muertos y un peso agigantado cayó a sus dieciocho con la corona encima. Amar con un torbellino de desgracias es morir en la corriente del engaño. No sentía amor, solamente desesperación por tener a alguien que entienda su dolor, un desahogo. Sacudió la cabeza y partió entre los pinos. El marinero no olvidaría nunca el beso de la reina. *** Viaje a Delkhor. Relinchando el salvaje cuadrúpedo, no se detenía al igual que el búho planeador. Los rayos sagaces pasaban entre los huecos de las ramas al batirse en duelos interminables. La sonata del viento evocaba las hadas, nayades y gnomos en las tierras cercanas al pueblo de los licántropos. Cruzó un sendero, saltó riachuelos y llegó al risco de los Valles de Armedia. Descendió para respirar las extensas llanuras, resplandecía el universo en la sinfonía de las lenguas turbias que caen blancas al río caudoloso, pintado en movimientos temblorosos en el extenso paranorama, la montañas como motas cubiertas de nubes cubriendo las cúspides. Montó de nuevo y al espolear cabalgó libre de las ataduras del destino. Su cabello ondeaba ingrávido en el espacio, las escenas de su vida transfiguraban su visión, encendiendo los ojos turqusas. Monstruos aparecían y no dudada en enfrentarlos. Gallinas Maestras que custodian el sendero aparecieron con sus alas afiladas, mollejas infladas, bipodos de tamaño de casi diez metro de altura, eran varias pero la reina sin miedo desenvainó al pisar campo. Esquivó con elegancia los ataques siniestros de las alas, repiqueteó contra tres filosas plumas, congeló el suelo y chasqueó, clavó los filamentos en las gallinas y murieron hechas estatuas de hielo. Montó el caballo que corcoveó nervioso, acarició el animal y prosiguieron la ruta. Descendieron del risco, adentrándose a los dientes del bosque devorador. Los pixies alarmados, llamaron a los arqueros fantasmas que prepararon dardos venenosos. Andaria espoleó más fuerte y el caballo aumentó la velocidad. Ejecutó una cabriola cuando la raíz de un roble anciano se alzó, rugió el follaje enardecido. Los sauces adyacentes se movieron, las ramas turbulentas con precisión embestían, Andaria agacha la cabeza, agarra la rienda y tira para que el caballo salte el riachuelo plagado de nayades endemoniadas. Salieron del bosque devorador a las llanuras, los peligros no cesaban y sí empeoraban. Las manadas de TR-4 —lobos de trueno gigantes— estaban cazando un pequeño zorro hasta oler la deliciosa energía de un mago. Siete de ellos gruñendo con las fauces abiertas comenzaron a perseguirlos —¡Vamos, no te rindas! —bramó al caballo que mostraba signos de cansancio. Piafando con la sangre y el corazón a reventar, galopó a una velocidad vertiginosa, los golem que custodian las ruinas de sus maestros fallecidos, no tenían el chance de reaccionar ante el intruso. Andaria envainó el sable, con las manos creó dos bolas de hielo. La acción inicia. El TR-4 cercano salta impelido por el hambre, las zarpas descargarían en la pata trasera del caballo a no ser por los filamentos clavados en los ojos, cayó rodando y rebotando hasta morir congelado. Levantando la cola los seis lobos, conectaron la electricidad creando una barrera. Andaria congela la hierba deshaciendo la bola, los lobos rugiendo entierran las garras en el hielo, rompiéndolo para avanzar con lentitud pero seguros. La delantera brinda el escape asegurado a la reina. Siguen y siguen hasta estallar el corazón del caballo. Andaria salta a tiempo, cae aporreándose el cuerpo. El búho ululó sorprendido por la reina magullada cerca de una ruina. Dos golem de magia verde —devotos a la diosa Dubixa, señora del veneno— encendieron los aros luminicos del pecho. Elevaron sus brazos sin conexiones y un líquido burbujeante brotaba de los resquicios. Andaria de soslayo advierte la llegada de los guardianes de alguna maga verde fallecida de antaño, cuando los nómadas necesitaban protectores contra los seres del abismo. Se levanta desenvainando con el brazo diestro herido, de una zanja en el chaleco emergía sangre, manchando la manga de algodón. Clava el sable en la hierba, lo congela y reproduce una espada de hielo, arma que sería la insignia de los Mesti en el futuro. Con dos armas en el poder, corre con los pies adoloridos, suprimiendo las lágrimas, evocó la traición y la muerte de su padres, una herida abierta que no sanará. Sus óvalos turquesas brillaron aún más que antes, emitió un grito de frustración, temblando el espacio por la cuantiosa energía manada del cuerpo, recorriendo un aura azulada, dispersando partículas como luciérnagas al cielo, sus lágrimas no caían, flotaban alrededor de ella, los convertía en hielo. El primer golem atacó, Andaria esquiva, monta el pie en la mano de roca. La reina estaba cegada, quería desahogar su odio. Como una pantera y con la palma abierta, la pegó en el pecho rocoso. —¡Exploiter! Las explosión deshizo al golem, exterminándolo ipso facto. Dibujó un arco y aterrizó, tocando la punta del pie con la tierra, se impulsó a gran velocidad hacia el golem faltante. —¡Exploiter! El segundo estallido dejaría un cráter más profundo. Percibió a los lobos que se acercaban, retiró el chaleco y mostrando los pechos blandió las armas como un bárbaro. Los esperó paciente y la manada la rodeó. Atacaron sincronizados, pero el filo de la reina cortaba las patas, congelaba, estallaba y al cabo de unos segundos terminó empapada de la sangre canina de los lobos. El campo cubierto de miembros, cabezas, colas y retazos de sangre alrededor. Jadeando, derritió la espada de hielo, envainó el sable sorbiendo los mocos con la nariz. Marchó cojeando siguiendo la dirección este, el búho ululó inmutable y siguió guiándola. *** Delkhor, el pueblo olvidado. El sereno santuario forestal enriqueció la paz interior. Semidesnuda la reina de Celis, andaba con los brazos colgando, su tahalí le pesaba a un costado por el sable. Infinito parecía el sendero que conduce al pueblo de Delkhor. Por su mente trajinaban las voces de Miaravich, risas, abrazos, sollozos... Sus padres se presentaban como los acusadores de las conductas impuestas. «Hubieras gobernado si de niña pensaras normal», escuchaba la voz de su padre reprocharla. La madre poco intervenía y atención descuidada brindaba a Andaria, así que no la recordó con tanto cariño como a su padre. ¿Qué era ser normal en un mundo rodeado de magia? Se detuvo cavilando, vio un cardenal despegar hacia a otro árbol. El búho quedó esperando en el copa, después siguió con el paso ralentizado de la reina. —No sirvo como una reina, nunca debí nacer para esto —dijo agotada. Atisbó la entrada del pueblo Delkhor, una neblina espesa rodeaba las casas. Uno de los pueblerinos que regresaba de cacería con el mosquete en el hombro, sobresaltó de la tranquilidad al ver una indigente. Cargó el mosquete y apuntó, pero antes de disparar, miró el sable, al hacerlo bajó el arma y corrió del seto para socorrer a la persona. Reconoció la insignia real de Su Majestad. —¡Reina Andaria! —exclamó el hombre asustado. La reina cerró los ojos y desmayó. —¡Redios! ¡Hombres, mujeres, ayuda, la reina está herida! El respeto por la corona era grande. Obligó el hombre a su hijo cortar las manos que tocaron el cuerpo desnudo de la reina para llevarla al hostal, donde fue atendida por el boticario de turno quien suturó las heridas. Las damas vistieron a la reina con sus mejores prendas, vestido alargado violeta con diseños curvos tejidos; zercillos de diamante que tenía la mujer del hostelero en ambos lóbulos; zapatillas con suelas de madera pero acolchonadas con algodón importando de Lianca —el imperio con el mejor algodón del mundo—. La dejaron descansar durante el día entero. El gobernador de Delkhor fue avisado y este ordenó un mensajero para enviar una carta al duque. A la mañana siguiente llegaría el mensajero avisando al gobernador sobre el viaje que Andaria haría en pro de mejorar sus cualidades de líder. Despertaría la reina refregando los ojos. Ve la habitación adornada con flores de todo tipo, incluso una cajita sorpresa que al tocarla salía de un resorte un muñeco de trapo con el rostro sonriente. Buscó un espejo y no encontró alguno. Salió e identificó el hostal, palpó las vestiduras y el hombre con las manos cortadas se arrodilló ante ella al subir las escaleras. Narró el encuentro y Andaria prometió cuando gobierne, una casa llena de riquezas para él y su familia. Las personas vitorearon su nombre en las afueras, el gobernador —un gordo refinado con monóculo—, esperaba por ella. Habló con cada pueblerino, supo sus inquietudes, situaciones de pobreza y desigualdad de clases sociales. El pueblo Delkhor era olvidado por la corona, recibían de vez en cuando provisiones, las calles hedían a orine y excremento. Nustredam podía oler así, es inevitable pero la pestilencia de Delkhor era fatal. Los piojos estaban en cada niño y mujer, los hombres tenían la cabeza rapada, afeitada con las dagas afiladas. A veces eran atacados por criaturas. Los últimos guardias enviados para resguardar las vidas humanas, murieron en el servicio; los magos y eruditos, desaparecieron sin dejar rastro con los alumnos en las adyacencias de Delkhor. Anotó mentalmente lo necesario para ayudar a su gente, la gente que dio lo mejor por salvarla; cualquiera hubiera abusado de su cuerpo o hubiera sido asesinada confundida con un vagabundo errante escapado de Nustredam. El búho esperaba paciente en el tejado de una panadería. El martillar de las armerías resonaban, decidió pulir el sable y reforzar su resistencia. Como una ceremonia procedieron los herreros a recuperar el aspecto del arma imperial. Después de la larga espera —la cual aprovechó para jugar con las niñas que pedían su presencia—. Pidió un guía que la orientase al camino del monte Delkhor. Se ofreció el hombre con las manos amputadas, su esposa e hijo estaban orgullosos de él mientras acompañaba a la reina, Andaria no los olvidaría. *** Monte Delkhor El búho fue a parar a un mojón que indicaba las señales para los amantes de las travesías. El hombre se arrodilla y despide con un gesto vehemente a la reina. —Gracias —dijo Andaria con una lánguida sonrisa. —Larga vida a Andaria —dijo el hombre inclinando el torso con un brazo en el vientre. —Caballero, ¿usted puede ver el búho? —preguntó Andaria, pues, no puede ser la única en verlo. —El búho plateado es el mensajero de Arcanos Mundiosis, no puede ser visto por cualquiera, solamente quienes tienen el privilegio de verlo —contestó. Andaria suspiró, retiró el tahalí y se quedó con el sable en la mano. —Ten, no lo necesito —dijo Andaria entregando el tahalí de lujo. —Pero... pero... —Acéptalo, cuando regrese, vendrás conmigo —dijo Andaria, se voltea y camina a la entrada de las fauces del Monte Delkhor. El hombre balbuceó de la emoción y honor de tener el tahalí. Para ella no eran personas olvidadas. Ascendió con facilidad al principio, luego se complicó con la caída de la nieve de improviso, arreciando gélido el entorno. Andaria inmutable por su elemento, prosiguió, el búho ululaba seguido y la orientaba por senderos estrechos, con una mirada al vacío bastó para saber que tan lejos había llegado. Un paraíso de ancianos boscosos esperaban danzando. De las profundidades salía la figura turquesa de un viejo ataviado con hábito y capuchón, más allá las fosas de un dragón se encendían en naranja, expulsando humaredas de azufre. El ave se detuvo en el hombro del viejo. La escena es el manto níveo propagado, una ventisca revolotea los cabellos de Andaria y se encuentran separados por unos metros de distancia. El viejo miraba con los ojos tenues de un arcaico color azul a la reina. —Andaria de Mesti —su voz tronó en la atmósfera, Andaria se sintió intimidada—. El hado complace en traer a una hija de la generación oceánica. —Arcanos Mundiosis de Mesti —Se arrodilla ante su ancestro. —No te arrodilles, suficiente respeto muestras al ir campo através de los Valles de Armedia, enfrentado sus peligros siguiendo un búho que solamente puedes ver y los demás no. La vendtisca se hizo más fuerte y ruidosa a los oídos de Andaria. —Anteriormente hemos estado conectados desde la situación de Calvior. Lo sé, por tu expresión no lo recuerdas, permite a Lulú regresar tus recuerdos —dijo Mundiosis. Andaria iba a preguntar, pero la mirada del búho la atrapó en un trance hipnótico. Evocó los sucesos anteriores y en un grito de terror, no pudo creer lo visto. —SoS tergiversó el espacio a su favor, nuestro control está desvaneciéndose y en un futuro lejano será liberado. Pero, su liberación no es el problema, el verdadero mal augurio está en la espada y escudo elemental, armas poderosas que otorgan un poder casi absoluto al que lo posee, siendo invulnerable a cualquier hechizo su portador. »Supe del asedio en Nustredam y la muerte de tus padres. Miaravich está siguiendo la guía y voz de la trama desarrollada por SoS. Si ella logra acceder a la isla espejo, donde caiga el control de la espada y escudo, será miseria y condena perpetua para el portador. —Ella está en la búsqueda, no tengo dudas sobre ello —dijo Andaria aterrada. —Aún no lo está, tienes tiempo de salvarla. ¡Ja, ja, ja! Conozco tu deseo Andaria, perdonarías a la asesina de tus padres, tu bondad será la perdición, es un mal que atosiga al linaje Mesti. Comprendo las ansias de solicitar consejo, pues estoy dispuesto a instruirte, no permitiré que el legado caiga, no es la hora, falta mucho para el fin de los Mesti y tal vez, para el mundo —culminó apesadumbrado. El viejo sonrió ante el silencio de Andaria. «Creemos cambiar a las personas y por nuestra compasión morimos en el camino», pensó Mundiosis.
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