Planificación de la Isla Primara.
Se reunieron pasado el invierno en la cámara de ministros del consejo. Andaria oía las planificaciones de los veteranos de guerra —viejos de la época de sus padres— ensarsados en una discusión. Los corsarios experimentados de Lianca sobre el tema de la piratería, hacían oídos sordos a los celistiamos, estaban allí de adorno con las botas encima de las mesas.
—¡Silencio! —Andaria golpeó la mesa levantándose de pronto, la vela casi se apaga—. Deseo conceder la palabra a nuestros invitados, su experiencia y veteranía puede servirnos en la toma de las islas. —Señala a los cordarios.
Un hombre barbudo con trenzas en los cabellos, ojo tuerto y un ojo sano casi grisáceo, delatando la epidermis del marino en hongos calcinados, sostuvo el tricornio en el pecho, hizo una leve inclinación y sonrió mostrando el diente de madera a los veteranos celistianos.
—Hablaré por nuestra corona y nuestra misión. —carraspeó—. Estamos aquí para instruir a la tripulación de la reina Andaria —a esto asintió la reina—, los caballeros deberían tomar asiento escuchando a los diestros, ¡tenemos más de nueve años cazando al Zorro de Mar! Llegan a sus tímpanos nuestras proezas en alta mar, no teman en sentirse inferiores, puesto que los ilustraré con mi exposición de la situación.
»Las islas Aquaria no es propiedad de la corona de Lianca, pero permanecen a la sangre Mesti. En estos momentos se encuentra bajo el dominio de Calvior, siendo un paraíso oportuno y actuando como puente para la piratería en nuestro glorioso continente. —Toma aire y aclara la garganta—. Con la presencia de la reina Andaria, inaugurado el Puerto Phambell, firmamos la alianza en pro de acabar contra los asquerosos vándalos que obstruyen la economía.
»La toma de la Isla Prima es una petición abierta para entrar en guerra contra Calvior; la reina Andaria afrontará las consecuencias y está dispuesta a luchar a favor de la empresa contra la piratería, contando con el apoyo militar de Lianca y el apoyo mercante de Bianca.
»Hace nueve años en este mismo sol, libramos al mundo del malechor Diablo Marino, una peste que no terminaba de despegarse de nuestra suela. Guindada está su calavera en el bastión Hartem por siempre en compañía de su tripulación fallecida en el intento de escapar. El Zorro de Mar preparó su huída y aunque la emboscamos, zarpó hasta las aguas del continente prohíbido.
Hubo una exclamación de los presentes. Andaria no pudo evitar ruborizarse.
—Así es, con pésame en el alma no pudimos acceder a Traint, sus políticas territoriales hubieran causado un quiebre pacífico en el canal comercial. Sin embargo, creíamos que Zorro de Mar no volvería jamás de aquellas tierras, nos equivocamos cuando recibímos la deseñosa noticia que en Calvior se alzó como reina usando poderes inimaginables por cualquier ser vivo.
«Llevaron a Lucian, lo vendieron y regresaron. Miaravich sabía que había un híbrido en Nustredam y sus hombres sabían por boca de la capitana. Todo había sido planeado», rumiaba la reina con los ojos cerrados.
—No sabemos cómo ni cuándo, pero Zorro de Mar atacó sin cesar las islas Aquaria, doblegandolas a su bota. Pasaron años desde que nos enteramos que habían imbéciles usurpadores del trono en Celis; cegados en codicia por el tesoro del arca real, olvidaron el Puerto Phambell a su gracia, porqué la suerte no determinó el futuro resurgir de nuestro fiel aliado hasta la llegada rotunda de Andaria de Mesti.
»La campaña para recuperar las islas será complicada. Primero eliminaremos los planes planteados. —Tiró de la mesa los papeles del mapeado tallado—. ¡Necesito pluma y tinta, ya! Gracias... Segundo, la flota consta de dieciséis unidades, la Isla Prima está fortificada para resistir una invasión directa, perder sería un grave error, cuesta tiempo contruir navíos de tal envergadura en nuestros talleres, no disponemos de tiempo suficiente, debemos actuar cautelosos. Propongo una infiltración de siete a nueve días, soles y lunas suficientes para desmoronar las defensas...
—De acuerdo —interrumpió con vehemencia Andaria, se levanta—. Disculpe, siga planeando el tercer paso con los presentes que rebosan de interés; marcharé durante siete u nueve días, cuando regrese —bordea la mesa, preparada para salir— ejecutarán el tercer paso planificado... Ni una palabra maestre, conocen los demás las anécdotas que preceden mi sombra en Calvior. Al amanecer, dentro de siete o nueve días me verán llegar, alisten lo que tengan.
—Reina Anda...
—Su Majestad —corrigió Andaria sin girarse.
Dejando con las palabras al corsario y a los presentes, salió.
—No podemos hacerlo este mes...
—Maestre, confíe en la reina, ella sabe lo que hace —dijo el almirante celistiano a su lado.
—Deseo que regrese en una pieza, no permitiré un Mesti muerto por mi incompetencia otra vez —murmuró con los puños sobre la mesa—. ¡Siria! —llamó con brusquedad, los almirantes respingaron, de los asientos se levantó una mujer morena con los cabellos trenzados como el corsario, se situó a su espalda—. ¡Sigue a la reina a su expedición s*****a y traela de regreso si es necesario!
La chica sin decir algo, desapareció lentamente, los presentes no paraban de decir anonadados que es una maga ilusoria.
Los magos ilusorios son únicos en Lianca, su educación es estricta. Mentira sería si Siria sigue las reglas del panorama, estaba ansiosa de conocer a la reina Andaria por las historias que había escuchado sobre ella y su relación con Zorro de Mar. Es callada y pronto sabremos su motivo para guardar silencio. Con una casaca negra —poco común en aquella época de Celis—, correa con dos pistolas cargadas cruzando en diagonal sus pechos, alfanje en cinto y botas largas que resaltan sobre el calzón fino de algodón, tenemos a la primera acompañante de la reina.
En sigilo siguió a Su Majestad hasta las puertas del palacio. Anadaria caminaba con garbo y saludando con la expresión suave que la caracteriza. En la bóveda antes de seguir al patíbulo, Andaria se gira de improviso y Siria inmóvil en su estado invisible creyó que la reina percibió su energía. ¡Qué segura estaba cuando sintió el filo de la daga de hielo en el cuello!
—Salomón te ordenó seguirme, decidiste venir afrontando los peligros, ustedes son buenos ocultándose de los normales, pero derrochan energía y son fáciles de detectar para un mago avanzado —explicó Andaria soltandola—. Puedes venir conmigo, por tus latidos siento miedo y emoción en ti. —Andaria sonríe—. Reserva la ilusión para la infiltración, haré los preparativos y saldremos esta noche, puedes esperarme en el pub de la plaza del león.
Dicho esto, Siria salió visible por el arco inmenso del palacio, los guardias se miraron las caras incrédulos al verla, quisieron preguntar, mejor no hacerlo.
—Si la reina no dijo nada, conviene quedarnos sin averiguar —dijo el guardia apostado en el ala derecha.
La maga se entretuvo apostado con los hombres de las mesas, acumuló una pequeña cantidad considerable de minerales solamente con los dados. El transcurso de la tarde a la noche fatigaba. Pateaba una roca cerca del establo del pub, había un grupo de cinco tipos golpeando un borracho que nalgueó una mesera. Hizo un bufido y volvió adentrarse, no podía beber, no podía seguir apostando —podrían descubrir que cambiaba los dados a su favor—, tenía que esperar.
***
Viaje a Primara.
La luna velando a los tomados abotargados de alcohol y las furcias complaciendo la necesidad s****l del animal. Cayó la noche, Siria escuchó alejarse el galope de un caballo. Una sombra se acercaba dando un esquinazo, reapareció en un callejón con un búho argento planeando encima. Una gota de sudor recorrió la sien. Andaria retira el capuchón del hábito oscuro, traía una capa doblada en el regazo.
—Pruébala. —Entrega la capa. Siria desdobla y sus párpados se estiran de par en par—. Sé lo que piensas, pero debemos pasar como uno de ellos.
En efecto, el escudo del fénix de Calvior no hacia chiste alguno para Siria que negaba ponérselo.
—Siete días o nueve días empezando desde hoy —dijo Andaria calmada aunque en su mirada muestran lo contrario—. Zarparé sola como lo planeaba...
—¡Jum! —gimió Siria ajustándose la capa en los hombros.
—No me has dicho tu nombre —dijo Andaria sonriendo con las manos en las caderas.
Siria buscó una ramita cercana del pajar en el establo, en la tierra escribió el nombre.
—Siria, me gusta —asintió convencida. Siria se sonroja—. Iremos a pie, para una corsaria como tú es costumbre... ¡Ah! Je, por poco lo olvido, Lulú nos seguirá hasta embarcar, se quedará siendo mis ojos... Lo sé, no es normal que un búho haga eso —encogió los hombros—, nada es normal en un mundo con magia, tu te haces invisible y engañas a los tramposos cambiando los dados, es una habilidad que nos servirá en la isla. —Mira la posición de la luna ignorando la expresión atónita de Siria—. Marchemos.
Notaran que Andaria habla distinto como suele presentarse en su rol, por los momentos no es una reina, es simplemente Andaria, una cualquiera con el escudo calvarian tejido en el corazón del chaleco carmesí. Siria cavila sobre lo dicho, ¿cómo supo de las trampas que hacía con los dados? Sabemos que ella puede conectarse con su nación y ser ojo espía, cualidad de los Mesti más que común, sin embargo, los extranjeros desconocen esta cualidad cuando los reyes Mesti son superiores en magia. La respuesta la tenemos mas Siria sigue preocupada.
—Es humano, Siria —dijo Andaria, a su espalda iba la corsaria—. Engañamos temerarios porque la vida es una farsa, una percepción de nuestra objeción.
—Hmmm...
«Su Majestad es sabia para la edad que posee», piensa Siria.
—Lo leí en Ilusiones de Lianca, eran aburridas las lecciones de historia, pero del aburrimiento nace el saber, ¿no lo crees? Es en las horas más tediosas donde nos esforzamos por querer hacer algo y del hacer adquirimos experiencia, mencionada experiencia se transforma en saber, un ayer y un hoy.
«¿Por qué está hablando de esto?», la voz de Siria es dulce, no es tosca.
—Disculpa, la noche me trae recuerdos, por esta ruta solía correr con Miaravich hacia la costs —aclaró Andaria saltando una escarpada—. Quisiera cambiar su parecer, es lo que es y es imposible borrar sus atrocidades. —Guardó silencio por un minuto—. Perdonar a la asesina de tus padres, la culpable en destruir tu reino... Es increíble... queremos tanto a alguien que nos negamos a creer que cometa acciones crueles. —Se detiene—. No es la misma, desde aquel día dejó de serlo —continua la marcha—.
«¿Quién es Miaravich?».
—Miravich es Zorro de Mar —contestó Andaria. Siria estupefacta quedó con la mandíbula abajo—. No te quedes ahí, sígueme si no quieres ser engullida por un tiburón de oscuridad —dijo con ligera amargura.
Habían atravesado el sendero forestal armónico en movimiento de hojas, el viento marino saludaba al olfato, oían el restallar de las olas, sumadas al crujir de los bajeles que se alzaban en siluetas colosales en la majestuosidad nocturna. Andaron a paso deslizante en las calles de Phambell, los guardias de turno transitaban a pie con los mosquetes recostados en el hombro. Esperaron a que se marcharan en la profundidad del malecón, salió la sombra de Andaria en las piedras, proyectada por la antorcha en una de las esquinas de los almacenes, siguió la sombra de Siria.
—Esperemos —dijo mirando a la luna—, estamos a tiempo.
Un silbido bajo, casi imperceptible se oyó cerca de la oscuridad del almacén y sus cajas polvorientas.
—Es él, vamos —susurró Andaria.
La reina agachada llegó a la zona trasera del almacén. Una nave de dos palos la esperaba con el almirante barbudo, resplandeciendo la sonrisa a la luz del farol colgado en la punta alargada de la proa. Se saludaron sin hablar, el marinero no preguntó quién era la acompañante. Bajó de la nave, otorgando el mandoo definitivo a la reina. Estaba preparado, las velas izadas con el escudo de Calvior. Las manos gruesas y secas desenredaron las cuerdas que lo atracaban. Fueron alejándose, fundiéndose con la niebla que ciega el horizonte. Andaria se despidió con un gesto, el almirante respondió.
El joven percebe que enseñó a Andaria a nadar, despidiendo al amor de su vida no correspondido. Pues, como bien rememoramos, aquel beso a sus labios que la reina con brío dio, era solamente por el hecho de sentir algo que no fuese el gélido abismo. Él no lo entendía aún.
***
La Isla Primara.
El espectro del bastión se sostenía en el cabo de Sais. Despunta sobre la tricúspide los rayos solemnes, cacareando las gallinas al canto mañanero. La muralla levantada con la abertura de los cañones apuntando a las aguas, proyecta una sombra ladina que se bificurca con la simetría de los locales cerca de los rompeolas. Palmeras de coco en los alrededores se menean con el viento vespertino.
Retira el capuchón agachada en proa. Dos horas antes, Siria se encargó de reducir la velocidad y armar parte de los palos. La reina llamó a la corsaria con un silbido.
—Tenemos posibilidades escasas de acceso a la isla —dijo con la vista en la bandera de Calvior ondeando sobre la mesquita del puerto—. Antes de ir, ¿qué sabes hacer?
«Replicam Femme», recitó Siria en la mente.
De su cuerpo salió como un espíritu, la replica de Siria.
—Puedes duplicarte, ¿también puedes hacerlo con otra persona y objetos? —De arriba a abajo examinó la replica.
«Replicam Femme Duo», recitó sosteniendo la muñeca de la reina.
Una réplica salió igual a Andaria.
—¿Cuánto tiempo puedes mantener las ilusiones? —Tocaba con incredulidad la replica.
Le indicó con los dedos.
—¿Ocho horas?
Asintió.
—¿Pueden ser tus ojos y oídos?
Negó.
—Será difícil entrar, es sospechoso un bajel con solo dos tripulantes. —Siria señala el blason de la capa—. No, podemos tener un sello, pero la justificación de estar sin tripulación alertará la inspección y la aduana.
»La única vía para entrar es llegar en barcas y montar una pantonima verosímil de haber sido atacadas por la flota de Lianca.
—Hmmm...
—Nos creerán, aunque por tu aspectos y el mío, dudo que acepten a la primera. —Mantiene la expresión seria, mirando al bastión—. A juzgar por las siluetas que patrullan de izquiera a derecha en el muro, cualquier intruso recibirá un disparo a muerte.
Duró unos segundos dubitativa ajustándose el tricornio que le hace sombra a un lado del rostro.
—Siria, ¿valoras tu vida? —preguntó de pronto.
Negó ladeando la cabeza con el entrecejo fruncido.
—Je, lo suponía, para estar dispuesta a morir cada día en alta mar, hace falta valor y no valorar. —Aplaude—. ¡Bien! Creo que está decidido, seguiremos en marcha hasta el puerto. —Siria la mira con reticencia—. No te preocupes.
»Mantén las ilusiones, cuando lleguemos nos ocultaremos, ¿puedes controlar las acciones de nuestras replicas? ¡Bien! Ellos notaran las sospechas, se llevarán las réplicas y cuando inspección llegue con la guardia, nos escabullimos antes del chequeo, es un proceso tedioso, tardarán en hacerlo. ¡Vamos!
Después de palmear la espalda de Siria. La corsaria con apoyo de Andaria hicieron los preparativos y continuaron la trayectoria dispuestas a atracar, aunque serán sus réplicas quienes lo harán.
Estaban a unas cuantas leguas, se ocultaron en el depósito, las ratas corrían ahuyentadas de la presencia humana. Andaria se frotaba las manos como si fuera a hacer una travesura, otra de sus aventuras de infancia y adolescencia con la muerte jugando a los dados. No parecía una adulta de veintisiete años.
Siria se esforzaba por mantener la naturalidad en las acciones de las réplicas que atracaban con fluidez. Tiraron la plancha y Andaria sonrió al oir los pasos de inspección, identificó aguzando el oído, la voz de tres hombres. Al cabo de cuatro minutos a la expetactiva, las ilusiones no podían hablar y seguir actuando, parecían estatuas con las brazos pegados a cada lado.
—No tiene caso alguno señoritas, serán llevadas al bastión hasta que aclaremos el origen del curioso bajel atracado —dijo la voz adusta con cierto lamento—. Espero las torturas sean suficientes para hacerlas hablar.
Escuchó los pasos alejarse y el hombre adusto bajó llamando a la guardia.
—¡Ahora! —anunció Andaria haciendo una seña a Siria.
La corsaria la retuvo por delante.
«Unversa Presens», recitó de inmediato tocando la nariz de la reina.
—¿Qué haces? —susurra Andaria molesta.
Siria hace el gesto de continuar.
—Me lo explicas luego.
Salieron a cubierta. Se ocultaron al bajar por unas cajas al borde de la base, esperaron que la guardia calvarian conformada por catorce hombres entraran. Siria indicó a Andaria silencio y salió al descubierto. Te imaginarás el vuelco en el estómago que sintió la reina con la osadía.
—¿¡Qué haces?! —susurra entre dientes, preparada para combatir.
A medio girar sonríe la corsaria. Las personas pasaban a un lado sin verla y el gordo con peluca al estilo inglés, se veía tranquilo con los papeles en el sobaco, el aspecto inquisidor de su papada repugnante que le otorga un tinte grotesco.
—Lo olvidaba —dijo Andaria saliendo con la mirada arrepentida.
Invisibles se adentraron a la calle concurrida del puerto. Buscaron con rapidez un callejón y encontraron el lugar ideal. Un gato devoraba un delicioso pescado inmenso cerca de los desechos humanos y un borracho tirado sobre su propio vómito.
Siria lucía cansada, suspiró cuando deshizo las ilusiones y la invisibilidad.
—El objetivo siguiente será atravesar la muralla, debemos sabotear los almaneces lo antes posible, tenemos seis días o ocho para regresar y atacar —dijo con firmeza, su rostro adquiría la fiereza confianzuda—. Antes, haremos averiguaciones... ¿Qué estás haciendo?
La corsaria hurgaba el cuerpo desfallecido del borracho. Encontró unos cuantos minerales de poco valor y suficiente para una noche en el hostal. Agarró la botella que tenía entre las tullidas manoplas, de un trago se bebió la reserva de ron. Chascó la lengua y tiró la botella al gato que salió despedido con el pescado como una bala de cañón.
—A veces pienso que estás loca —dijo Andaria anonadada con los sucesos.
La corsaria apuntó con el dedo al otro lado de la calle. El gato armó un escándalo al ser pisoteado por los dos caballos de una carroza. El cochero se bajó blandiendo la fusta para espantar al felino malogrado. En la ventana con cortina, saca la cabeza un cráneo con nariz ganchuda y cabellos pardos como algas.
—¡Sigue aunque te lleves al gato por delante! —Ordenó.
—¡Fuera bestia de cuatro patas! —gritaba el cochero lanzando patadas al aire.
Los traseuntes y mercaderes seguían el espectáculo con la vista, Andaria también estaba atenta.
—¡Maldita sea! —Se baja el hombre con una pistola—. ¡Lo mataré! —El acento calvarian delataba su procedencia—. ¡Quitate malnacido! —Empuja al conchero haciéndolo caer.
Antes de disparar al herido gato con una pata fracturada, un disparo fantasma estalla los sesos del hombre a quemarropa, cayendo con la masa encefálica manando del hueco, su mandíbula quedó desencajada del estallido. El mundo se paralizó, vio agitarse la casaca del c*****r durante la conmoción del público, luego unas huellas se acercaron y apareció Siria como un camaleón a espalda de Andaria. Le dio un tirón de cabello.
—¡Auch! —exclamó. Respingó cuando los ojos negros de pantera satisfecha se conectaron con ella.
Con elegancia, hizo el ademán con la cabeza de seguirla. Andaria echaba miradas furtivas, un círculo de gente estaba rodeando el c*****r, la guardia aún no había llegado.
Distracción creada, Siria miró la mezquita y posó la visión en las torres de la muralla. Guió a Andaria por la calles casi desiertas, hablaban los paisanos en comedores —pues, pueblo imprudente vocifera los chismes— sobre el disparo recién escuchado. La noticia no había corrido aún por allí.
—¿A dónde vamos? —preguntó Andaria ligeramente asustada.
Condujo a la reina por una rambla, doblaron a la izquierda por otro callejón, esta vez más sombrío. De vez en cuando Siria veía la muralla, su figura al desplazarse por las calles era imperceptible.
Andaria comprendió la gravedad del asunto, nunca había estado realmente en peligro. Siempre contó con sus padres, la protección de los criados y con la asistencia de Miaravich. Ahora estaba sola corriendo en las calles de una isla dominada por enemigos que querrán descuartizarla en bandeja de oro. Espabilaba las lágrimas, enfrentar seres humanos no es igual a enfrentar animales en un campo abierto. Su corazón latía como el caballo que murió en los valles hace nueve años.
—¡Siria, basta! —dijo con el pánico en la garganta.
La corsaria deteniéndose, mira el temor en los mares cristalinos de la reina. Respira hondo buscando algo para escirbir en el suelo, en vano resultó pero Andaria hizo una daga de hielo y se la entregó. Procedió a escribir después de admirar la creación de Su Majestad.
Vamos a casa.
—No hemos terminado —dijo Andaria calmandose.
Puso los ojos en blanco y volvió a escribir.
Vamos a mi hogar.
—¿Tú hogar? —preguntó sorprendida.
Asintió y siguió corriendo. Andaria volvió a confiar en ella.
La fachada tétrica no podría llamarse «hogar». El techo tenía agujeros donde los rayos de luz desvaídos, vislumbran las partículas de tierra en la atmósfera. Olía a soledad, paredes descascarilladas por la humedad presentaban madrigeras de ratones en agujeros pestilentes. Habitaciones vacíos con cenizas manchando el suelo, revelaba en el pasado una posible hoguera. La reina entró mirando los detalles. Siria giró y se sentó en el centro de la sala, extrajo los saquitos con minerales y otro con balas. Recargó la pistola.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó.
Ella se levantó, buscó algo en las paredes de las habitaciones. Andaria estaba limitada a observar. Oyó una cadena, luego un clic, después enfiló los pasos a la habitación del final. Allí encontró a Siria extrayendo un baúl de la compuerta secreta en la pared. Sentándose, secó el sudor de la frente con la manga. Tomó tres misivas que se las llevó a los pechos. Juntó las manos entrelazando los dedos y duró unos minutos que parecían eternos, sumida en un rezo. Repitió la operación pero esta vez para guardar el baúl. Al finalizar, miró a Andaria.
—No tengo nada que decir —dijo Andaria.
«Estás hablando, dices algo», pensó Siria con una risa amarga.
—¿En qué ayuda todo lo que hiciste? —preguntó.
Le indicó que esperara.
—Creo que debo dejártelo —dijo Andaria.
Negó.
«Su Majestad, solamente soy un peón en la campaña, usted hará lo demás», pensó Siria con una sonrisa alentadora.
***
Entrada a la ciudadela.
Siria volvió a conducirla por callejones estrechos y calles con cruces repentinos. Regresaron donde estaba la carroza. Los lugareños no paraban de hablar del tema y un posible infiltrado. Las celdas de hierro n***o estaban alzadas en la entrada arqueada al interior de la isla. Asomándose en el borde de una taberna alegre, escudriñó la entrada atestada de guardias.
«Será fácil entrar allí».
Recitó el conjuro tocando a Andaria y esta entendió por el gesto de Siria que eran invisibles. Fueron despacio para que las huellas no se notaran. Esperaron un carromato que venía lleno de provisiones en arcones.
—¡Alto! —dijo el guardia a a un costado de Siria.
Un infarto y resucitar es la respuesta correcta a su reacción.
—Sus papeles sellados por la aduana y autorización de enteada firmada por el gobernador —dijo el guardia al conductor del carromato.
Avanzaron agachadas. Andaria contó veinte hombres armados conversando sobre los infiltrados.
—Un bajel atracado a horas del alba transportaba dos mujeres de dudoso aspecto, deben estar atentos a cualquier comportamiento anómalo de los habitantes, hay rumores de un posible alzamiento por independizar la isla —explicó el capitán al mando, un casaca carmesí con meritos en el pecho—. Maten a cualquiera que parezca sospechoso, si hay terror la población permanece sumisa.
—Dicen los habitantes que eran fantasmas, las vieron desaparecer cuando se dirigían al bastión con la guardia costera —dijo un soldado.
—Pueden ser magos de Lianca, son duchos en crear ilusiones y réplicas; la muerte del archiduque no pasará por alto a la corona, nuestros magos están atentos para detectar a los infiltrados —informó el capitán.
Andaria y Siria agradecieron la información.
Siguieron adelante hasta que dieron la orden de dejar pasar al carromato. Atravesaron la boca arqueada de la tiranía con éxito. Pues, pisaban el adoquín de la ciudadela.