Zorro de mar Capítulo VII y fin

4605 Palabras
*** Voto de silencio. Conoceremos las razones de exitir de Siria y el motivo de sus acciones. Rajhan era un ladrón conocido en Lianca. Un bribon insoslayable que gustaba robar de las cestas y lanzar piropos ciegos como una caña de pesca a las doncellas. Lianca es la tierra del algodón, crece una especie rara de planta donde extraes algodón, por ello tienen el «campo de algodón», no esquilan ovejas. Iniciaremos aquel día cuando el ladrón es atrapado por intentar robar a un conde familiarizado con sus padres. Anteriormente, la profesión de Seagan era tejer y Bartrow traía el pan cada día con la ardua faena de la pesca. Tenían para vivir, eran conocidos por su afabilidad. La corona de Lianca guardaba estima a la familia cuando visitaban la provincia. —¡No volverás a huir, ingrato! —exclamó un brigada que lo atrapó antes de poner pies en polvorosa y hacerse invisible. —¡Ah, ah! Es el hijo de aquella familia humilde y bondadosa —exclamó el conde saliendo de la carroza—. ¡Hombre, sí es él! —dijo indignado al reconocerlo. —Llevaba... ¡Ea, quieto! Trató de zafarse con la vergüenza a tope. Otros guardias lo retuvieron por los brazos. —¡Qué actitud! —dijo el conde como si fuera un chiste—. Jovencito, eres sin dudas una proeza mal gastada en artimañas, deberías alistarte en las filas del rey, servir a tu nación y no estar robando, maculando el nombre de tus padres. —Sueltenme, devolveré el fajo —dijo Rajhan jadeando echando ojeada de suplica al temible brigada. —Entregalo —extendió la mano, el conde—, prometo ordenar tu libertad. Entrega el fajo aparentando calma. —Pueden soltarlo caballeros... —¡El cabrón ha cometido delitos, mi señor! —vociferó el brigada. —Robar manzanas y lanzar piropos por ahí... Vale, son delitos estúpidos y detrás de todo delito se halla un motivo para actuar, ¿no es así? —Miró a Rajhan aprensivamente—. Su rostro jovial expresa que es su primer atraco arriesgado, tal vez sería mejor hacerle pasar un disgusto, pero estimo a sus padres y a fe de gentilhombre que herir un joven no está en mis ideales, espero nadie juzge mi bondad. Los espectadores reunidos formando una media luna, murnuraban y lanzaban miradas fugaces a Rajhan, aquellas dedidacas a los delincuentes. —Sueltenlo, llegaré tarde a la reunión con los ministros —dijo el conde abriendo la portezuela, batiendo la capa negra con el símbolo del clan Darklor al aire—. La próxima vez no tendre piedad, quedas absuelto. —Gracias —dijo a secas Rajhan sobando los moretones donde lo habían agarrado. —Deberías mostrar mayor gratitud mas entiendo que falta educación a tu gente —dijo con una sonrisa que enardeció el rostro de Rajhan. —¡Conde Richefort, estamos listos! —anunció el brigada en el caballo. —¡Oh, maravilloso! —dijo el conde apludiendo. El cochero en el pescante restalló la fusta. Partieron a velocidad promedio en el sendero curveado, pasando las cercas que limitan los campos de algodón y al fondo, el ejemplar lago Mialoussi que conecta con Celis y el mar, ofreciendo destellos de las manifestaciones presentadas por el oleaje, refractando la unaminidad del sol. Narré esta parte de la historia anónima porque Richefort no solamente es partidario de SoS, también fue un m*****o destacado en la corte de Lianca. Anduvo relacionado con la familia de Siria como leyeron y vieron en sus proyectores, era distinto a lo que es en la isla. Volvamos a la continuidad del recuerdo. Rajhan fue aprendido por su padre cuando los chismes atravesaron la familia. Pero, ¿por qué roba? ¿Dónde está el motivo real, sincero y honesto del arte de robar? Pues, en su hogar de una sola planta bastante pobre, carecía de ventanas ofreciendo un aspecto ófrico, llevaba las frutas robadas como regalo a su pequeña hermana. Reciente denoté que el padre llevaba el pan cada día, pero no especifiqué, realmente es un pan por día. Las ventas del tejido de Seagan eran prósperas en temporadas mas la piratería desfasada del continente hicieron que las temporadas de mercaderes cesaran. Parecerá irónico que Siria siendo una corsaria es alérgica al pescado, lamentablemente no podía comer pez de ningún tipo, tampoco mariscos. Esto ponía en aprietos a la pequeña que chillaba cada noche con el estómago vacío. Sus padres dejaban de comer sufriendo las consecuencias. Rajhan tenía la posibilidad de alistarse a las filas del rey, pero dejar a su hermana y madre sola a merced de las tragedias que vive Lianca por culpa de vasallos marinos; sería injusto. Por ello robaba, perfeccionando los conjuros de invisibilidad, adquiriendo una complexión atlética aunque delgada, su cara era huraña y lo conocían por hacer trampas en las apuestas con dados además del robo mencionado. Una Siria con falo, querido lector. De tez morena y trenzas, tenía a veces anillos o un zercillo en el lóbulo. La mascota en aquel entonces, era un conejo esmeralda, ¿lo recuerdas? Los seres que danzaban para invocar Manos Blancas en los bosques de Celis. Era el favorito de Siria, jugaba con él, dando saltos en los campos. Una niña sin sentir el peso de la maldita realidad que sufría su nación, sin sentir la angustia de sus padres, sin sentir la frustración de su hermano. Cada noche Rajhan traía algo distinto aunque el padre no lo consentía, no oponía resistencia, la madre lo agradecía, daba de comer a Siria. La niña fue creciendo viendo el panorama de los años, disipando la neblina infantil que todo lo cubre, entrando a la razón de la adolescencia para entender el tergiversado mundo. Era conocida por la comarca y los reyes supieron de su existencia por Richefort, quien apoyaba constantemente a su padre con la pesca cuando podía estar presente en el castillo de la ladera. Nos situamos el año y sol de la generación de los corsarios liancanos, autorizados por la corona para devastar a los piratas y quedarse con los botines. Solicitaban tripulantes, cada mes auspiciaba el servicio de los corsarios un hombre de tez bronceada, alto y ceñudo con casaca negra, ataviado con las pistolas, portando alfanje a un lado, dispuesto a reclutar quien desease ir en pos de fortuna. Algo similar a lo ocurrido durante la era de Edward Tatch, el famoso Barbanegra, previamente corsario a la orden de la corona británica para luego volverse al final de la guerra que no permitió hundir más barcos legalmente, convirtiéndose en pirata. Nuestro Barbanegra es Black Sails, un famoso corsario y rival del Demonio Marino, otro corsario calvarian que sí se volvería pirata con la flota fantasma que conocemos. Sin embargo, en aquella época, eran unos don nadie, necesitaban tripulantes con urgencia. —Deberías alistarte, Rajhan —dijo Bartrow sacando lanzando la red de pesca en el muelle, los peces daban saltos, chapoteando y salpicando—. El conde Richefort no dudaría en recomendarte, ayudarías sirviendo a la corona a seguir robando y estafando. —Siria necesita de mi y madre no puede quedar sola —dijo Rajhan dando una dentellada a la manzana, su fruta favorita. El ladrón de quince años masca degustando el fruto, sentado en una de las cajas. Voces en el fondo celebran la venía de Black Sails. Grupos de jovenes deseosos de servir al país se congregaban alrededor del corsario riendo a carcajadas como un San Nicolás, enseñando el hueco donde debería estar un diente. —Piensa en el futuro, ¿cómo pretendes ayudar a Siria y tu madre? No soy eterno, hijo; vivir del hurto y robo te acarreará la horca más pronto que tarde, deseo no estar vivo cuando suceda, ningún padre quiere ver a su hijo morir. —Tomó la soga para tirar de la red. Rajhan lo apoya halando hacia atrás. Sabias palabras con el lamento de un padre hacia su hijo en caminos viles, ahondaron en el rasocinio del adolescente. Doce años tendría Siria, ¿qué crees que estaría haciendo? No está tejiendo con su madre, te lo aseguro, mucho menos estará jugando u orando en la capilla de la comarca. Aprovechó la oportunidad de saquear los hogares, las familias ofrecían a sus hijos, dejando la puerta abierta. Poco se podía extraer, unos minerales y objetos de valor inútil. La comarca cada día se acercaba al abismo, en cualquier luna caerían en hambruna y de un día para tal vez no volver, partirían a poblados mejor asentados. El conde Richefort con catatonicos esfuerzos, solventaba la escases de provisiones en la comarca, intentó en vano, convecer a los reyes de importar algodón por tierra y cancelar los envíos a la mar. Así pues, regresaba Siria con un mantel a modo de saco diminuto en la espalda, trayendo minerales ajenos, suficientes para comprar pan en la panadería que aún trataba de sobrevivir debido al pago a la corona elevado. —¡Oh, mira Judith! La pequeña hija de Bartrow —dijo el panadero. Un hombre delgado como una rama con bigote polvoriento. —¡Siria, la pequeña Siria! —exclamó la señora glotona, salió sacudiéndose la harina de las manos con el mantel y procedió a besar ambas mejillas, causándole risa a Siria. —Quisiera dos panes, por favor —dijo entregando el saco. Judith lo recibió, empezó a contar los minerales—. ¿Cómo está el negocio? —Digamos —el panadero hizo una mueca— que puede ir mejor, la falta de temporadas de mercaderes genera entradas nimias y es insuficiente para alivianar el pago de la materia prima. —¿Y cómo están ustedes? —preguntó sin entender muy bien la explicación del panadero. —Intentando domar el hado, tengo fe, los corsarios pondrán fin a esta tragedia —dijo apesadumbrado el panadero. —¡Listo, iré por los panes! —dijo Judith sonriente, enjugándose el sudor. —Ella sonríe aunque por dentro llore, ¿sabe usted? —dijo el panadero, diez años se sumaron al rostro demacrado. —Lamento las circunstancias, espero pueda resultar de utilidad lo poco aportado —dijo Siria inclinándose. —¡Lo poco! —Agitó las manos al techo de yeso—. ¡Lo poco es mucho siendo pobres! Judith regresó con los panes en una cuba rasgada, recién salidos del horno. —Gracias, Judith —dijo Siria, solemne. Recibió los dos panes. —¡No te preocupes, hermosura! Un saludo a tu padre y abrazos eternos a tu madre —dijo Judith sonriente. La niña feliz regresa a su casa con los dos panes. Como sabemos, domina el conjuro básico de invisibilidad. Aún estaba Black Sails entregando recomendaciones, inspeccionando los efebos de arriba y abajo, pero sin quererlo, miró a Siria y ella sintió el escozor de su mirada de águila. El corsario apartó al chico y siguió viendo a Siria con los ojos entornados. «Lo traerá loco el mar», pensó Siria con cierto desdén y siguió el camino. —¡Capitán Black! —llamó un hombre de familia. —¿Conocen a la niña? —preguntó tan serio que los demás no dudaron en responder. —¡Sí! —respondió una señora—, es la hija de una señor Baltrow y la señora Seagan; una familia modesta. —¡Su hijo es un canalla! Ladrón de oficio —espetó un viejo arrugado. —¿Un ladrón? —preguntó, rumiando. «La niña desborda energía teniendo doce años. Su hermano mayor debe poseer el don de la magia, dos magos ilusorios en este pueblucho es mejor que cualquiera de estos blandengues», caviló Black. Volteándose el corsario, se disculpa y prosigue escudriñando el catálogo. Devora el ocaso las horas constantes del día. Rajhan regresa al pueblo con su padre. —Ve a casa, hijo. Llevaré los pescados al castillo. —Vale. Rajhan cuando abre la puerta, encuentra una escena que lo exalta al primer contacto, reconoció no solamente el poder de energía alrededor de la casaca, también el rostro de tiburón riendo con su madre en el taburete. —¡Aquí está su hombre! —dijo la madre orgullosa. Black como todo marino tosco, abrupto se levanta con la típica sonrisa. —¡Muchacho! Ven acércate, tengo buenas noticias para ti. Los pies vacilaron por un instante, pero logra acercarse. —No tengas miedo. —Rodea el cuello con el hombro. Toda expresión de alegría se marchita, un denso rayo gris vierte la realidad en un tintero aceitoso, creando figuras inertes en el exterior—. Es una réplica del universo, un conjuro avanzado, leve demostración del poder adquirido en batalla, no me afecta en lo más mínimo mantener la mentira. »Verás Rajhan, mientras mi réplica habla con tu madre, tú estás aquí. En el pueblo hay una multitud furiosa porque les han robado ciertas pertenencias y tú eres ladrón... Lo sé, estabas en el muelle, pero tu hermana también domina la magia ilusoria, parece que siguió tus pasos. —Miró con preocupación a Rjahan, este temblada de miedo, el último linchamiento público lo había pasado mal, casi al borde de la muerte. »Tienes oportunidades chico, veo talento en lo que haces y me hacen falta hombres como tú. —Le dio un toque amistoso en el pecho, la severidad y adultez de la voz de Black, eriza la nuca del chico, la voz de un bucanero, un pirata, un corsario—. Si vienes conmigo, te salvaré y enseñaré lo que sé, de lo contrario, si deseas quedarte moriras bajo la furia de los muertos de hambre. —Mi hermana y madre, no quiero abandonarlas... —Las abandonarás en la muerte si deseas quedarte. Deja atrás el sentimentalismo muchacho, morirás de todas formas si no vienes y tu hermana verá a su hermano morir por su culpa. —Apreta el hombro de Rajhan—. Te ayudaré a mejorar, crecer y tener fortuna, los piratas tienen excelentes botines y si estalla una guerra alguna vez, tendrenos mayor fortuna. ¿Quieres venir?, última pregunta. Una vida por delante, sentenciada a la humillación pública, una oportunidad de empezar desde cero como corsario, redimir los errores y traer fortuna al hogar, un sinónimo de paz. Pasó la risa de Siria, los mimos de madre y la seriedad de padre. Había negado unirse a las filas del rey en el pasado, esta vez será diferente. —Iré con usted —dijo Rajhan con lágrimas en los ojos—. Quiero despedirme de mi hermana y madre. —Tú madre lo sabe de sobra, tú hermana está asustada en la habitación abrazando al conejo esmeralda —dijo el corsario señalando a la alcoba—. Puedes ir, esperaré aquí. Se acercó a la entrada rectangular practicada, la puerta era nula y no había cama, ellos dormían como podían en la paja que traían de los establos. Allí acurrucada aguantando la lluvia de una nube impuesta, está Siria sollozando, maldiciendo en murmullos. Silencioso se agacha. El conejo alza las orejas y destellan los ojos acristalados. Siria se gira y lo ve a través de los vidrios empañados. —Discul... —No lo hubiera hecho mejor, hermana —dijo Rajhan sonriendo con cierta picardía y a la vez ocultando la tristeza sin éxito. Ella esperaba el reproche, soltó al conejo que se hizo a un lado para actuar como onservador, abrazó a Rajhan con las fuerzas de una pantera, cual pantera como habíamos visto, se parece a ella. Respondió el abrazo, palpó la espalda delicada, recorrió la columna con el dedo índice y le sacó una risa ahogada. —Partiré lejos de aquí, ¿sabes? —dijo Rajahan sintiendo que la marea había bajado en los lagrimales de ella. —Lo escuché, el hombre está sentado con mamá y realizó un conjuro para atraparte en otro espacio —tenía un deje en la voz—. Es lo mejor hermano, para nosotros y todos, nadie sabe que robo o hurto... —Son diferentes —mantiene la sonrisa pícara—; quizá se te de mejor el hurto que el robo, conseguiste dos panes por ti misma y jamás se me ocurrió entrar en cada hogar a saquear. »Al irme —miró fijamente— enviaré cartas donde quiera que esté, así sabrán de mi paradero y mi retorno. Prometo enseñarte lo que aprenda, pues esto me hará crecer y el mundo nos empuja a un precipicio que nos negamos a aceptar hasta caer; solamente en las oscuridad vemos las intenciones y acciones que pudimos haber remendado, es tiempo de remendar las mías, no creo tener otra oportunidad para salir del precipicio en el que he caído. —Tendré tus palabras en el corazón, querido hermano. —Lo vuelve a abrazar—. Y tu presencia en el altar de mis recuerdos. —No seré un recuerdo aún, hermana. —La aparta a un lado, palpa al conejo en el lomo—. Cuída de ella. Impelido por las causas del hado, pues vemos como actua para empujarnos a seguir la corriente de nuestro rol en el mundo. Se marcha con Black, salen del hogar, deshace el conjuro al encontrarse en la ladera, lejos del tumulto que planeaba lincharlo. Transcurrían los días y noches, soles y lunas, tomentas e invierno, nubarrones y flores, Siria esperaría el regreso de su hermamo, perfeccionando el hurto, nadie sospechaba de ella, nunca supieron detrás de la máscara inocente quién era la culpable de las desapariciones de los minerales en cada arcón, mesa, alfombra y demás. Vaticinaciones verídicas, resultaron precisas, los pueblerinos se marchaban de uno en uno, luego familias enteras abandonaban sus moradas en pos de un futuro mejor en la capital. Algunos morían en el sendero, los monstruos se veían multiplicados por la falta de cazadores. Piratas asaltaron cuatro pueblos seguidos, apabullando la economía del reino. Rajhan con las enseñanzas de Black Sails, ganó un puesto como capitán de un navío, convirtiéndose en alma confidente. El cambio en el muchacho en tres años fue notorio como exitoso. Antes de las Islas Aquaria ser sitiadas por Calvior —era imposible advertir la traición de Miaravich—, compró dos casas en la isla Primara, después reunió fortuna sificiente y lo guardó en una de ellas. Escribió misivas antes del final invernal, cuando empezarían los acontecimientos que conocemos. Negoció con Black para transportar a la familia, pues compró la casa extra a nombre de sus padres. —¡Claro, enviaremos a nuestros mejores hombres! ¡Ea, otra cerveza por acá! —vociferó un día en la taberna del puerto Phambell durante la primavera. El reencuentro después de tres años alejado de su hermana, jamás lo olvidaría Siria. Abrazó a su Rajhan con las pocas fuerzas que tenía, había adelgazado de una forma alarmante. Rajhan se encargó por muy poco tiempo de mantener a su familia, sería llamado a zarpar cerca del inicio veraniego. Para ese entonces, Siria tenía quince años, repuesta de la miseria —porque la panadería había cerrado y su padre permanecía reticente a mudarse por los peligros—, recibió instrucción intensiva de su hermano e incluso compró un barco de un palo para enseñarle lo básico. El dragón atracaría cerca del bastión, que tenía otro dueño y no vivía el conde Richefort allí. Dicho buque de guerra, lo comanda Black, desciende en la plancha encargando al armador las responsabilidades pertinentes. Sus ojos estaban rojos, olía a ron y parecía haber sobrevivido a un naufragio. Rajhan dejó sola en el malecón a Siria. —Esperame —dijo llevándose los dados. Le estaba enseñando a engañar en las apuestas. —¡Capitán! —dijo y se detuvo en seco, viendo el buque que como no he descrito, es hora de decirte que regresó de un conbate—. Mierda... ¡Capitán Black! —gritó acercándose al pobre hombre que cayó de rodillas con los puños ensangrentados—. Capitán, ¿qué ocurrió? —preguntó al agacharse. Black alzo el rostro demacrado con infinita paciencia, trémulo y pintando la derrota en sus rasgos. —Nos emboscaron —masculló, sus ojos no sabían a donde dirigir la mirada—, murieron los reyes de Celis... —Halló una dirección: su fiel Rajhan. Aquel chico que rescató del linchamiento y vio la oportunidad de tener un tripulante digno—. Tatch está devastado, atracó en Phambell... Demonio Marino no está solo, tiene una hija de puta al mando de un navío peligroso, fue aquella maldita mujer que hundió el barco de los reyes —dijo antes de desmayarse, la conmoción de ver El Dragón en ese estado era tal que prefería quedarse saboreando la madera. —¡Capitán! —sostuvo a Black en sus brazos. Israel había nacido, gozaba de ser todavía un bebé. Mientras El Dragón y los navíos eran reparados, quedaban la flota al mando de Rajhan, compuesta por cuatro fragatas. Explicó a sus padres el hecho de su despedida en un mes, debía hacer los preparativos, se difundió el rumor que en Celis preparaban un asalto fantasma. Rajhan estaría listo junto a Black y Tatch para vencer a la flota fantasma en un combate definitivo en el lago Mialoussi, cerca de la costa de Phambell. El corsario Black Sails, se recuperó de la conmoción y se preparó para el combate decisivo, no permitiría más muertes. Recibieron epístolas de Tatch, estaban listos y habían zarpado a Lianca. El plan consistía en bloquear el norte, después, atacar en el oeste arrinconando a Demonio Marino y la nueva capitana. Días antes de partir, Rajhan escribió tres cartas dirigidas a sus padres, indicándoles dónde está el tesoro que había guardado y la fortuna que los esperaba, agregando una larga disculpa por sus acciones pasadas. Guardó los papeles en el baúl y los escondió en el agujero secreto. En el último día, habló con su hermana en el atardecer, cerca del bastión, el último atardecer, lo compartió con Siria sentados en la arena. —¡Has mejorado con el alganje! —Felicitó a su hermana acariciando la mejilla abultada, había comido mejor con él cerca. —Tengo al mejor corsario de Lianca como hermano, ¿qué puedes esperar? —dijo sonriendo dandole un golpecito con el codo. —¡Ja, ja, ja! —rio fuerte, rio hacia el cielo, su corazón latía como un tambor. A Siria se le hizo raro la actitud, muy pocas veces reía—. ¡No me mires así! —dijo con los ojos vidriosos, conteniendo las lágrimas. —¿Qué te ocurre? ¡Me asustas, tonto! —dijo burlándose. —¿No puedo reírme? Mejor disfrutar como loco la vida a morir sabiendo la miseria del mundo. —Vale, eres un caso perdido. —Negó con la cabeza, encogiendo los hombros. —Tal vez. —Respira profundo—. Debo confesarte algo. —¿Seré tía? —Arqueó una ceja. —¡Ni hablar! Le huyo al compromiso, mi corazón está comprometido con ustedes, mi familia. —Pellizcó el cachete de ella, siguiendo un «¡ay!»—. En mi hogar, cuando sea el momento adecuado, irás a la habitación del fondo, busca en las paredes y hallarás un baúl... ¡No, no te diré que contiene! Pero debes prometerme —tomó las manos de ella, apretándolas como si estuviera a punto de morir al día siguiente—, pase lo que pase, abrirlo en el momento oportuno. —Hermano, vamos, estás bromeando —dijo sepultando la extraña sensación de ser su última petición con una ligera risa nerviosa. —Hermana, prometelo. —Si tu me prometes regresar —dijo Siria con el meñique levantado. —Está bien, está bien —dijo enlazando el meñique—, considerando tu infantilidad, lo prometo, pero has lo que digo, pase lo que pase, ¿vale? —Lo prometo —se pavoneo victoriosa, burlaría al destino con una promesa. Pensarás que su muerte es evidente, «ya lo sabemos», dirán mis queridos lectores, pero ¿no has reflexionado acerca de las personas que un día siente que la muerta está a la buelta de la esquina? Es dudoso, Rajhan ríe y se comporta fuera de su línea de personalidad, al día siguiente, el alba será ensangretando por una de las batallas emblemáticas de la era, la batalla naval contra Demonio Marino, el fin de la flota fantasma y el resurgir del Fénix en Calvior. Siria cree burlar la muerte como nosotros nos sostenemos a plegarias, hado, fe, destino, como quieras llamarlo, para salvar alguien a quien queremos. Quizá la actitud está fuera de lugar, pero no, no lo está, viniendo de alguien que lucha por su familia, su corazón puesto en una hermana, transmitiendo sabiduría y siendo el ejemolo de esta, es un lazo único, distinto, pocos personajes y pocas personas, sienten la afinidad suficiente para sentir que aquella va a morir cuando amanezca. En efecto, el mundo es truculento, la guerra, una ansia humana del significado de la vida constante. Siria durmió con su hermano, pero antes de dormir, Rajhan le regaló un mínino que había encontrado hace días en la calle, a falta del conejo esmeralda. Ella lo abrazó, ¿entiendes? Lo sostuvo hasta el clarín, no se despegó, no se alejó, su hermano en silencio se levantó, pero ella mo había podido dormir, tenía aquel infierno en el interior, una zarpa rasgando el presentimiento. —Cada noche brillaré para ti en el cielo y cuando no esté, me encontrarás en el mar —dijo antes de salir por la puerta. —Lo prometiste —dijo Siria. —Y espero no fallar —dijo Rajhan. Un último beso de buenos días, un último paseo. En el puerto esparaba El Kraken navío de guerra con tres palos meciéndose junto a El Dragón. Duraron media hora en despedirse, los padres no acudieron, tenían la esperanza de que él volvería. Las campanas tiñeron la atmósfera del coro anglicano. Las cornamusas tocaban el réquiem y la mirada de Black decía: «volveremos». Estalló entonces la traición de Miaravich. Tatch había partido de Lianca y vislumbraron la flota fantasma al descubierto, era tarde para evitar el daño, pero librarían al contienente del Demonio Marino y con suerte, de su secuaz. La flota de Rajhan bloqueó el norte y prosiguió Black al encuentro. Los cañones retumbaron perdiéndose el eco al paraíso. Gritaban furibundos los piratas alzando los mosquetones, astillas al aire y sangre teñia al mar del tono bermejo. Tatch embistió el barco del Demonio Marino, después lo embistió Black. Estos dos capitanes hartos de su rival, combatieron contra el más temido pirata, repiqueteando los alfanjes, disparando y protegiéndose contra la magia avanzada del mago de agua que Demonio Marino dominaba. El número superior aplastó a la flota fantasma. Demonio Marino se rehusaba a dimitir. Black quedó solo luchando contra su enemigo mientras Tatch partía apoyar al bloqueo en el norte, donde la batalla contra Zorro de Mar había comenzado. Rajhan luchó temerario contra los cuatro barcos enqulenques, sin embargo, Miaravich era poderosa a bordo del quinto navío. Sus conjuros de fuego y oscuridad hundió tres navíos. El capitán embistió al barco de Miaravich, tiraron los ganchos y la batalla fue encarnizada. Lamentablemente, la sangre nexo de Calvior invoca un ser alado de fuego como protector, Zorro de Mar lo usaría para matar. Ella se transforma en la bestia de fuego cuando se ve presionada por la tripulación de Rajhan. —¡Regresen, regresen! —grita mientras dispara a un mago gris, salvando en vano la vida de un marino. Miaravich con un batir de alas calcinó a todo tripulante enemigo a bordo. Lo último que vería Rajhan, sin sentir dolor, es la ráfaga de fuego dejándolo ciego, luego, silencio.
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