Desconocido Estaba tan harto y cansado de la misma rutina que ni siquiera sabía si podía llamarle vida a la forma en la que vivía… bueno, más bien, en la que sobrevivía. Bajé las escaleras del metro a toda prisa, como siempre. Corrí, esquivando a la gente, logrando entrar justo antes de que las puertas se cerraran. Las personas me lanzaban esas miradas incómodas, como si trataran de descifrar si estaba lo suficientemente loco como para no importarme mi propia vida. Las luces parpadeaban en el techo del vagón, zumbando como si estuvieran a punto de explotar. El aire apestaba a humedad, a sudor y a desesperación. A mi alrededor, las personas apenas me miraban, pero cuando lo hacían, sus ojos reflejaban el mismo juicio de siempre. "¿Por qué diablos se ve así?" No me importaba. Nunca lo

