Nathan Mi pecho se contrajo. Mi estómago se revolvió. —¿Qué? —Lo que oíste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Esta niña no va a pagar por tus errores. Un golpe seco en el estómago. Un balde de agua fría directo al rostro. —Ni siquiera sé si es mi hija. —Si no lo es, lo sabremos pronto —dijo mi madre con calma—. Pero mientras tanto, no la vamos a tratar como un problema. No. No, pero yo sí tenía un problema. Uno enorme. Uno que podría cambiarlo todo. Me froté el rostro con ambas manos, sintiendo el peso del mundo aplastándome sin piedad. No podía hacer esto. No sabía cómo. Pero ahora… No tenía opción. Como si no me estuviera hundiendo ya. Miré a mi madre, quien ahora me observaba con una mirada que no lograba descifrar. No sabía si me juzgaba. Si me compadecía. Si e

