―Mi jefe va a hacer una reunión hoy por la noche ―me comenta papá durante el desayuno.
―Oh, qué bien, ¿te pondrás traje y todo? ―me burlo comiendo mi huevo con salchichas.
―Nos pondremos más bien dicho ―me corrige haciendo que me quede quieto con la mano extendida hacia Seth con una salchicha en la mano, miro a papá analizando sus palabras.
―¿Cómo? ―pregunto confundido.
―Sí, vendrás conmigo, es un evento familiar ―dice tan tranquilo comiendo su desayuno.
―Y, ¿por qué me lo dices hasta ahora? ―le pregunto desconcertado.
―Lo lamento, lo olvidé ―se disculpa mirándome apenado.
―Bueno ―digo pensando en decir una excusa pero conociéndolo no aceptará un “no” como respuesta, además no hemos pasado mucho tiempo juntos, él con su trabajo y yo ayudando a los fantasmas―, está bien, pero no tengo traje ―murmuro haciendo una mueca divertida.
―Pues iremos a comprar, uno para tI ―me apunta― y otro para mí ―se apunta con el pulgar―, me dieron el día libre ―dice sonriendo.
―Que bien ―digo alegrándome de verdad, él necesita ese descanso, o por lo menos una vez a la semana, siento que lo presionan demasiado.
―Bueno, iremos… ―mira el reloj de su muñeca― al medio día―dice decidido, asiento con la cabeza de acuerdo―. Y de paso te compro un celular, no he tenido tiempo de buscar uno, ya sabes, el trabajo ―hace una mueca de disculpa.
―Está bien ―me lanza una mirada amenazante―, no está bien, quieres mantenerte comunicado ―me corrijo rápidamente fingiendo un tono serio. Ríe y lo sigo después de unos segundos de seriedad.
―Bien, entonces te preparas para irnos ―me dice tranquilo.
―Claro ―miro el reloj en la pared, las nueve de la mañana―, tengo tiempo ―le digo restándole interés.
―Y, ¿cómo van tus vacaciones?, ya falta poco para que terminen ―cambia de tema, tomando un sorbo de su café.
―Ni me lo recuerdes, ―Bufo pensando sobre eso, no sé cómo le voy a hacer, a veces los maestros se ponen pesados con los trabajos, más el ayudar a los fantasmas, será complicado, pero ya acepté brindar mi ayuda, y según sé, han hablado sobre mí, que puedo verlos y escuchar lo que tienen que pedir―, pues he salido un par de veces con Keyla, a Seth lo llevo conmigo cuando salgo, ―Lo miro y este levanta la cabeza al escuchar ser nombrado―, ha estado tranquilo. ―Miento con lo último, ha sido de todo menos tranquilo.
―Me alegro ―dice mirándome con atención―, ¿sabes?, el otro día me pasó algo loquísimo, ―Comienza su noticia con intriga―, estaba en mi oficina y miré como una carpeta se arrastraba por mi escritorio ―cuenta con los ojos abiertos, sonando muy sorprendido, yo lo miro fingiendo sorpresa.
―Vaya, ¿estás seguro que no fue el viento? ―le pregunto sacando mi lado lógico, fingiendo que puede tener una explicación más terrenal, sabiendo que sí es posible que alguien del “más allá” lo haya movido.
―No es posible que lo haya movido el viento ―confirma muy seguro―, las ventanas estaban cerradas, estaba el aire acondicionado pero estaba muy bajo, en verdad busqué una respuesta pero no la encontré ―Se muestra perturbado, aunque no sé si lo está fingiendo para hacerme asustar.
―Que loco ―respondo dudando sobre si contar lo que me ha pasado mucho antes de poder ver a los fantasmas.
―Lo sé ―casi exclama, está exagerando mucho sus expresiones, algo pasa aquí―, nadie quiso creerme, estuve a punto de pedir la grabación de las cámaras de seguridad, pero decidí dejarlo estar ―dice un poco más tranquilo, le está dando muchas vueltas, ¿será que ya sabe lo que sé?
―Será un fantasma que quería jugarte una broma ―digo en tono burlón, disimulando mi conocimiento sobre la existencia de ellos.
―Puede que sí ―me mira fijamente, usando un tono burlón, continuando con mi broma.
Finjo que me es indiferente el tema para que lo deje pasar, no creo que él deba saber todo lo que sé sobre lo que veo y lo que estoy haciendo para ayudar a los fantasmas y sus luces, se moriría si se entera lo que he hecho, muchas cosas no son muy legales que digamos.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
―Ese te queda bien ―dice mirando el traje que me he probado. Me miro frente al espejo, sí me queda bien, debo admitirlo.
―Lo sé, ―Me he probado un par, hubiera tomado cualquiera, pero este traje gris me gusta―, ¿y el tuyo? ―le pregunto al no haberse probado ninguno.
―Ya miré un par ―dice haciendo un gesto con la mano, restándole importancia―, ¿elegirás ese? ―pregunta por mi opinión,
―Creo que sí, me gusta, me queda bien ―digo haciendo una mueca de casi indiferencia, no soy muy minucioso o exigente con mi vestimenta, me gusta vestir sencillo, pero debo admitir que me siento bien con este traje.
―De acuerdo, iré a probarme un par yo, busca alguna camisa que combine ―me dice mientras se dirige a ver los trajes.
―Bueno ―le respondo al aire. Me muevo hasta donde hay camisas perfectamente organizadas por color, comienzo a mirar tonos, no estoy muy seguro qué color le queda a este tono gris claro del traje.
―Prueba con un azul muy claro ―habla alguien a mi lado, me sobresalto por un momento antes de darme cuenta de quién se trata, volteo a ver al chico de ojos morados recargado sobre un mueble, me mira de la cabeza a los pies mientras sonríe―. Te queda bien ese traje ―agrega alagándome, intento controlar mis nervios ante ese cumplido pero mi cuerpo hace lo que quiere.
―Gracias, es para una reunión del jefe de papá ―le respondo divagando un poco, mirando el conjunto que llevo puesto.
―Oh, qué divertido ―dice en tono burlón.
―Me invitó y no pude negarme ―digo en medio mentira, miro a mi alrededor para descubrir si alguien me está mirando―. Oye, pueden verte, ¿verdad? ―le pregunto paranoico de que me miren hablando solo.
―Esa mujer te está mirando hablar solo ―me dice apuntando a mis espaldas, abro mis ojos y me giro para mirar a mis espaldas, no hay nadie, volteo para mirarlo mal, su sonrisa se expande burlándose de mí.
―Eres malo ―le murmuro tomando rápidamente una camisa del tono que me ha sugerido para dirigirme a los vestidores.
―Lo siento, vi la oportunidad y la aproveché ―lo escucho decir siguiendo mis pasos.
―Ajá ―le digo ignorándolo. Entro al cuarto y entro en uno de los cubículos, mirando cómo Zander me sigue hasta aquí―. Oye, oye, ¿a dónde vas? ―lo detengo, ¿pensaba entrar conmigo?
―Ay, por favor, ya te vi desnudo ―dice burlón, esperando a ver mi reacción, mis ojos se abren al igual que mi boca, sin que salgan las palabras.
―Shh ―lo callo mirando alrededor―, olvidemos eso, por favor ―me ruborizo de recordar ese suceso, lo miro mal para que sepa que hablo en serio.
―Bien, bien, pruébate la camisa ―me empuja dentro del vestuario y cierra la puerta, suspirando le pongo el seguro a la puerta por dentro y comienzo a quitarme el saco.
―¿No te han buscado? ―pregunta, sé que está recargado afuera, esperando que salga. Me cuesta entender a qué se refiere.
―Ah, no ―le digo reaccionando. Abotono la camisa, mirándome en el espejo que tengo enfrente. Pues sí combina.
―Bueno, parece un día tranquilo entonces, no necesitarás mi ayuda ―dice en tono calmado. Me quedo callado pensando que quizás sí será un día tranquilo, y también quizás aburrido. Me acerco a la puerta al no escuchar nada afuera.
―¿Ya te fuiste? ―pregunto hacia Zander en un murmuro, esperando que responda.
―No ―dice detrás de mí, salto y choco con la puerta, me giro para mirarlo boquiabierto, él me mira burlón y algo sorprendido por mi reacción.
―¿Qué haces? ―le pregunto en un grito ahogado.
―Hey, queda bien esa camisa ―evade mi pregunta, me tenso al estar en un espacio reducido junto al Arconte, por lo que me quedo en mi sitio sin saber qué hacer.
―Oh, lo siento, mírate ―dice haciéndose a un lado para dejarme ver mi reflejo. Cambiamos de puesto, él se para cerca de la puerta y yo me pongo frente a él, dándole la espalda pero igual viendo mi reflejo, para mirarme al espejo, pues sí queda bien.
―Sí está bien, salgamos ya ―digo nervioso, girándome para salir pero Zander me detiene.
―Espera, ponte el saco ―apunta la prenda que he dejado en el asiento a un lado. Lo miro por un momento, de mala gana, por lo nervioso que me pone a propósito, tomo el saco y me lo pongo rápidamente.
―Sí, está bien ―me giro para mirarlo y que vea que ya me lo he puesto.
―Sí, te ves muy bien ―dice con una sonrisa coqueta, cruzándose de brazos.
―Zander, abre la puerta ―digo serio, ocultando mi nerviosismo.
―Bueno ―dice sin más, abre la puerta pero se queda en su sitio, me indica con una mano que pase primero, así que paso por su lado, evitando tocarlo.
Avanzo por el pasillo sin detenerme, dirigiéndome de nuevo al gran espejo que hay fuera.
―Lo siento ―susurra llegando a un lado.
Lo ignoro, no porque esté molesto, sino porque estoy confundido. Finjo que miro los detalles del traje que llevo puesto.
―Oh, esa camisa le queda bien ―dice papá llegando hasta donde estoy. Miro a Zander y a papá intercaladamente con rapidez, sin saber qué decir.
―No puede verme ―dice poniendo su sonrisa en su cara. Suspiro cuando oigo sus palabras, centrando la atención en mi padre. Trae puesto un traje n***o sencillo, con una camisa blanca.
―Sí ―le respondo sonriendo nervioso―. ¿Ya decidiste? ―lo miro inquieto, la mirada de Zander me pone así, no puedo controlarlo, no entiendo por qué lo hace, ¿para molestarme? ¿para ponerme nervioso?
―Sí, hay que pagar y nos vamos, ¿te parece? ―propone mirándose en el gran espejo.
―Bueno, me iré a cambiar entonces ―me apresuro para alejarme de nuevo hacia los vestidores, tomando mi mochila en el camino, ignorando la presencia del Arconte.
Llego al vestuario y me giro para decirle a Zander:
―No entres ―Lo apunto con el dedo, advirtiéndole con voz firme.
―Bien ―dice alzando las manos. Entro al cubículo y cierro con seguro, me quedo quieto por unos segundos, ¿estoy esperando que entre? ¡No, claro que no!
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
―¡Samuel, vámonos! ―escucho exclamar a papá en la planta baja.
Durante el trayecto de regreso a casa me mantuve en silencio, papá sacaba temas de conversación y casi me obligó a hablar.
Le estoy dando muchas vueltas al asunto, quizás Zander sólo está jugando conmigo y mis nervios, no debo tomarlo en serio.
―Me dejarán sólo de nuevo ―dice Seth recostado en su cama, con expresión triste.
―Sólo serán un par de horas más, vas a estar bien ―le digo acercándome a él y mire que hablo en serio.
―Lo dejaré si me das de esas frituras que hay en la alacena ―levanta la cabeza fingiendo una cara más triste. Lo miro entrecerrando los ojos ante su chantaje.
―Bien, pero sólo un poco, debo irme ―accedo, levantándome me acerco al escritorio para tomar el celular que me ha comprado papá, no es la gran cosa pero tampoco quise otro muy costoso.
―Sí, déjalos cerca de mi plato ―se levanta saliendo de la habitación.
Niego con la cabeza ante la ocurrencia del can, se que se ha aburrido al estar casi toda la tarde solo en casa, y ahora parte de la noche, le advertí que no hiciera desastre mientras no estamos.
―Ten cuidado ―escucho de la nada, suelto un salto.
―¿Quieres dejar de hacer eso? ―le reclamo al chico serio que tengo delante―, haz ruido para saber que estás aquí.
―Lo siento, pero, en serio, ten cuidado ―su semblante serio me hace olvidar lo sucedido en la tienda, haciéndome preocupar.
―¿Por qué? ―pregunto desconcertado.
―No puedo contarte ahora, sólo actúa como un chico normal y corriente ―dice actuando indiferente, lo miro con las cejas juntas.
―¡Sam! ―me grita papá de nuevo.
―¡Ya voy! ―le digo de regreso―. De acuerdo, actuaré normal ―hago énfasis en la palabra “normal”. Sonrío ante su mirada seria, es raro en él.
―Debo irme ―digo girándome hacia la puerta.
―Oye, espera ―me detiene antes de atravesar la puerta, me asomo rápido al pasillo viendo si papá no viene.
―¿Qué pasa? ―pregunto en voz baja.
―En serio lo lamento ―dice con una media sonrisa, me quedo callado, sin saber muy bien qué decirle―, sobre lo del vestidor…
―Sé a qué te refieres ―lo interrumpo, diciéndole con un gesto que se detenga―, estabas bromeando, así que dejémoslo estar ―digo restándole importancia,
―Ok, ―Asiente con una mueca burlona―, pásatela bien ―dice antes de abrir un portal dorado en el suelo y dejarse caer hacia atrás. Me quedo mirando ese punto, parpadeo un par de veces antes de girarme de nuevo y salir por fin.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
Llegamos al elegante lugar en donde el evento se lleva a cabo, la noche es agradable, el exterior de la gran casa está iluminada, dejando ver el jardín perfecto que la rodea. No me emociona mucho estar aquí, pero lo hago por papá. Estaciona el coche en el gran estacionamiento que hay detrás de la casa, la inmensidad del lugar me intimida un poco.
―¿Listo? ―me pregunta cuando apaga el motor.
―Sí, y ¿tú? ―le pregunto mirándolo con una sonrisa, se le ve un poco nervioso.
―Sí ―dice decidido, abre la puerta y sale rápidamente, imito su acción.
El lugar está repleto de personas, mujeres y hombres vestidos elegantemente, miro a uno que otro joven acompañando a los adultos, pero no tengo la intención de iniciar una conversación.
―¡William! ―escuchamos exclamar alegremente a un hombre mientras se acerca a nosotros.
―¡Sr. Hicks! ―responde mi padre mostrándole inmediatamente una sonrisa.
El hombre de cabello y barba canosa llega hasta nosotros, le extiende la mano a mi padre para estrecharla, lo jala para darle un abrazo amigable, parece que se llevan bien. Me mantengo a un lado mientras se saludan. Una sensación a la que creí haberme acostumbrado aparece de repente, la energía de la marca en mi hombro se siente intensa, oculto mi mueca de confusión cuando el hombre fija su mirada en mí.
―Este es mi hijo Samuel ―me presenta.
―Un gusto ―digo fingiendo una sonrisa, cuando tomo su mano la especie de corriente eléctrica se vuelve más fuerte, el estrecha mi mano firmemente agitándola, pongo mi brazo algo rígido para que no zarandee mi cuerpo. Su rostro expresa agrado, con su sonrisa y apariencia relajada, pero en sus ojos veo algo oscuro, la sensación en mi hombro extendiéndose por mi cuerpo me hace pensar que es él quien lo genera, pero, ¿cómo?
―El gusto es mío ―responde aún sujetando mi mano, mi sonrisa flaquea ante su insistencia.
―Debo ir a saludar a más personas, es barra libre, así que pidan lo que quieran ―Intercala miradas entre mi padre y yo, me guiña un ojo intentando parecer divertido.
―Claro, gracias ―responde papá soltando una pequeña risa. El hombre me recorre con la mirada rápidamente, la energía que siento es pesada, provocando alertas en mi cabeza de que me aleje de él, pero no entiendo la razón.
Lo miro alejándose, dándole vueltas a lo sucedido.
―¿Qué quieres beber? ―pregunta comenzando a avanzar hacia la barra, tardo unos segundos en seguirlo.
―Algo sin alcohol, claro ―digo mirándolo divertido, recuerdo a David de inmediato, y a su vez a Zander.
Miro a mi alrededor, siento una mirada penetrante, busco de donde proviene y me encuentro con los ojos fijos de una mujer, frunzo el ceño confundido, ¿por qué siento tanta hostilidad aquí? Desvío la mirada de ella, sé que me sigue mirando, puedo sentirlo, mi hombro comienza a incomodarme, pero no sé qué hacer para detenerlo.
¿Me estará mirando toda la noche o qué?