Capítulo XV: "RECUERDO"

2733 Palabras
"HADES" Miro disimuladamente al muchacho, tiene los mismo ojos que su madre. Me di cuenta que se miraba incómodo, ansioso, trató de ocultarlo pero en sus ojos puede ver miedo. No creí que él representaría una amenaza, pero viendo las cosas parece que sí. ―Encárgate del niño ―le digo a la mujer en la barra―, haz que se aleje de esto, bórrale la memoria, yo qué sé, pero sé discreta ―le mando comenzando a irritarme―, y deja de mirarlo fijamente, lo incomodas ―susurro en tono burlón, el pobre no sabe qué hacer ante la mirada constante de la mujer. ―Como quieras, yo me divertiré un poco ―responde sonriendo maliciosamente, giro los ojos y asiento con la cabeza para que se vaya. ―Recuerda, discreción ―susurro antes de ver como una pareja se acerca a mí, maldita reunión solo para atraer al chico. ―No prometo nada ―la escucho murmurar mientras se aleja en la dirección que vemos al muchacho salir al exterior. SAMUEL Después de ser presentado unas cuantas veces más, nos sentamos en una de las mesas que hay distribuidas por el lugar, el ambiente es elegante pero me parece aburrido, y parece que los pocos jóvenes que veo también piensan igual, ya que sólo miran las pantallas de sus celulares, podría estar haciendo lo mismo pero papá me echaría la bronca. —Papá —lo llamo—, voy a ir a dar una vuelta ―digo sintiéndome un poco agobiado aquí dentro, me siento observado, mis hombros tensos y la sensación molesta de mi hombro. Él me mira siguiendo riéndose de algo que habrá dicho el hombre con el que charlaba, percibo en sus ojos duda. ―Hum… ―se lo piensa un poco―, claro, pero ten cuidado, y responde el celular cuando te marque ―me advierte accediendo a mi petición. ―Sí, ahora vuelvo ―le digo para alejarme de la mesa donde continúan conversando. Paso entre algunas personas que están de pie charlando amenamente, todos parecen estar disfrutando la noche, menos yo. Salgo al exterior, comenzando a rodear la casa hasta llegar a un gigante jardín, me sorprende lo bien que se ve, los arbustos y plantas que aquí hay están distribuidos simétricamente; siento la brisa nocturna en el rostro, respiro profundamente, caminando a través del jardín hasta divisar una fuente casi al centro de este, me acerco y me siento en una banca de cemento que está a los pies de la gran fuente. A ver, recapitulemos las últimas semanas: desaparezco misteriosamente, según mi padre, ya que no recuerdo nada de lo sucedido; despierto con una símbolo misterioso en mi hombro, parecido a un tatuaje, el cual parece detectar energía extraña; adoptamos a un perro, el que, por alguna razón, tiene la misma marca que yo, y además puedo entender lo que dice; puedo ver y hablar con fantasmas, quienes me piden ayuda para trascender, según una nota misteriosa aparecida de la nada “debo tener cuidado con Hades y Hécate”, sigo sin entender ese mensaje, no se trata de los dioses verdaderos, ¿verdad?; luego una criatura casi demoníaca y perturbadora me atacó pero un Arconte, una criatura celestial enviada para cuidarme, aparece para destruirlo; papá a veces actúa extraño, lo dejo pasar, sí él no quiere contarme lo que le pasa no voy a presionarlo; y ahora su jefe y la mujer extraña me dan mala sensación en el cuerpo, mis instintos me gritan que no confíe en ellos, que tienen algo raro. ―¿Tomando aire fresco? ―escucho una voz femenina, comienzo a sentir de nuevo el ardor en mi hombro, está vez es más fuerte y casi dolorosa la energía que sale de esta. Aguanto las muecas de incomodidad y algo de dolor para girarme a ver a quien me ha hablado, encontrándome con la mujer que me ha estado mirando fijamente allá adentro. ―Sí, yo… necesitaba aire ―respondo intentando no ser descortés con ella, a pesar de que quiero alejarme lo más posible. ―También yo, toda esa gente me agobia un poco ―dice acercándose más a la fuente, recargando su bebida en esta. Me mantengo en silencio, no sé qué decir, las pequeñas punzadas me desconcentra un poco, quiero irme pero no quiero parecer grosero. ―Así que, Samuel ―la miro algo sorprendido, ¿cómo sabe mi nombre si nunca nos presentaron?―, sí, sé tu nombre, tú padre me ha hablado sobre ti ―dice con una sonrisa tranquila pero perturbadora―, pero no te preocupes, no soy mala ―se acerca intentado parecer amable, siento un fuerte dolor que nace de mi hombro, me quejo sin controlarlo y llevo una mano a ese punto en un intento por detener la energía que emana, para después levantarme del asiento, alejándome de su toque y de ella. ―Oh, es verdad, la marca ―finge unas disculpas que no le creo nada. ―¿Tú la has causado? ―pregunto comenzando a unir los puntos. Ella sólo me mira para soltar una risa contenida, su tono burlón me inquieta más. ―No tuve opción, Sam ―dice en tono apenado y arrepentido, pero ya no le creo. Un dolor de cabeza comienza a aparecer. ―¿Qué quieres? ―consigo decir viendo cómo se incorpora para pararse recta pero sin moverse de su lugar. El ardor y el dolor de cabeza acompañado de un pequeño mareo me hacen inquietarme y ponerme nervioso. ―Gracias por preguntar, ―Sonríe maliciosamente, si en algún punto de la noche pensé que detrás de su mirada intimidante podría haber una mujer agradable ahora lo descarto completamente, sus ojos reflejan puras emociones negativas, además de la energía que siento que emana―, te lo voy a pedir por las buenas, porque no has sido un mal niño, no te interpongas en nuestro camino, puedes seguir ayudando a esas almas que puedes ver, no nos importa eso, pero si vemos que representas una amenaza no seré tan amable como ahora ―su tono baja conforme me transmite su mensaje, la miro perplejo, el ambiente comienza a hacerse pesado, siento una presión en mi pecho―, imagina el dolor que tu padre sentirá cuando encuentre tu cuerpo de nuevo en el bosque ―suelta con expresión seria y oscura. No digo nada, no puedo, conforme se acerca a mi la vibración en mi cuerpo se intensifica, duele su presencia. Entonces, ¿fue ella quien me puso esta marca? ¿Por qué? ―¿Quedó claro? ―susurra cerca de mi cara, asiento con la cabeza, queriendo que se aleje, siento que estoy paralizado, no sé si por miedo y dolor o porque ella está haciendo algo. ―Bien ―cambia su expresión a una sonrisa fingiendo amabilidad―, volveré adentro, diviértete ―dice en tono malicioso, antes de que pueda alejarse de mí es interceptada por un resplandor que aparece de la nada. ―¿Te vas tan rápido? ―pregunta el chico delante de ella, su tono es burlón pero su expresión es intimidante, sí que impone el muchacho. ―Tú… ―susurra en tono asustado, dando pasos lejos del Arconte que tiene delante, toda su valentía ha desaparecido. ―Sí, yo ―Zander se mueve para interponerse entre ella y yo, miro sus alas brillantes, sus plumas parecen suaves, me retengo de estirar mi mano y tocarlas. ―No es posible… ―murmura perpleja, poniéndose en posición defensiva. ―Aquí me tienes ―responde un poco burlón. Dejo de escucharlos cuando siento algo detrás de mí, miro sobre mi hombro para encontrar a un niño mirándome fijamente, parado a unos metros de mí, me giro completamente hacia él, a pesar de tener apariencia indefensa no me da buena espina, no me acerco, sólo le hago frente, regresándole la mirada. ―No le harán daño mientras yo esté con vida ―escucho a lo lejos hablar a Zander, en tono molesto. ¿Qué está pasando? Como sospechaba, algo malo pasaba con ese niño, miro como el infante comienza a retorcerse, escucho sus gritos de dolor y sus huesos crujiendo, lo miro perplejo, volteo a ver al Arconte esperando que esté viendo lo mismo que yo, pero sigue de espaldas, no se ha girado ni por los gritos desgarradores del niño. Cuando regreso la vista hacia el frente la criatura está justo delante mí, me sobresalto por la cercanía y aún más por el chillido que ha soltado en mi cara, caigo hacia atrás esperando chocar con las alas de Zander, pero en su lugar caigo en tierra, miro a mi alrededor, ya no estoy en el hermoso jardín, ahora estoy a la orilla del bosque. Me incorporo rápidamente creyendo que la criatura puede atacarme en cualquier momento; mirando a mi alrededor reconozco a lo lejos la calle que uso para regresar a casa, me quedo quieto analizando todo, hasta que veo pasar a… mí mismo, frunzo el ceño confundido. De repente mi otro yo voltea en la dirección en la que estoy, siento que me mira pero no estoy seguro. ¿Es el día que desaparecí? Lo miro avanzar hacia el bosque que tengo detrás de mí, conforme se acerca percibo en su mirada aturdimiento, casi como si estuviera hipnotizado. Lo veo pasar por mi lado, lo miro fijamente, el rostro serio y sus ojos vacíos, ¿esto es lo que pasó? Lo sigo de cerca, simplemente caminamos entre los árboles, la luz de la tarde comienza a desvanecerse, como si estuviera anocheciendo muy rápido, hasta ser cubiertos en oscuridad; aún mirándolo lo sigo rodeado por los árboles, de repente se detiene pareciendo recobrar el control de su cuerpo, se muestra confundido por el lugar desconocido en el que estamos. De repente escuchamos murmullos a lo lejos, mi yo del pasado se agacha para ocultarse entre la vegetación, confundido y sin saber qué hacer imito su acción, parece percibir algo delante de nosotros, quedándose muy quieto, sigo su mirada y abro mucho mis ojos al ver el porqué de su perplejidad. Cuento a siete personas con una vestimenta negra, básicamente parece que están haciendo algún ritual extraño, debido a su formación, los elementos que llevan en sus manos, y el fuego que llega a los tres metros de altura; los murmullos que escuchamos comienzan a inquietarme, al igual que a mi clon, la intensidad de la situación hace que su cuerpo tiemble, quizá por miedo o nervios de ver la ceremonia en la profundidad del espeso bosque. Veo como una de las figuras, iluminada por el fuego ardiente delante de ella, voltea a verme, o sea, a mi yo pasado, este se tensa aguantando la respiración, otra figura que parece ser el líder voltea hacia nuestra dirección, mi otro yo se levanta rápidamente para salir corriendo, regresando por el camino por el que hemos llegado hasta aquí, me levanto mirando sorprendido a la primera figura que le ha visto, cuando pasa a mi lado me doy cuenta que a mí no me ve, los sigo, la figura oculta debajo de una capa con capucha se mueve más lento de los pasos acelerados de mi asustado yo. El persecutor levanta una mano en mi dirección, haciéndolo detenerse y levantándolo del suelo lo regresa frente a él. ―¿Quién eres? ―dice fríamente, y reconozco que es una voz femenina. ―¿Qu-qu-qué? ―escucho responderle, con su respiración acelerada y sus ojos abiertos, reacción por el miedo de estar inmóvil frente a la mujer. ―¿Cómo llegaste aquí? ―pregunta hostilmente. ―Juro que no diré nada, yo no vi nada ―se apresura a decir, suplicando que lo deje ir. No responde la participante del ritual, miro como levanta su otra mano, mi yo pasado comienza a retorcerse, parece que se está ahogando, lleva sus manos a su cuello, intentando respirar, pero la mujer parece estar provocando presión en este, asfixiándolo. ―No ―digo mirando la escena―. ¡No! ―grito corriendo hacia la figura oscura que es la mujer para golpearla y que me suelte, pero sin esperarlo la atravieso y caigo del otro lado de su cuerpo, cuando volteo a mirarlos, veo como mi cuerpo cae duramente sobre la tierra, lo miro atónito. “No, no pude haber muerto. ¿He muerto?”, pienso boquiabierto, la mujer hace un movimiento con su mano y una sombra sale del cuerpo, me ha hecho la marca. Mi vista se vuelve borrosa, por las lágrimas que bajan por mis mejillas y el aturdimiento de saber lo que sucedió en mi desaparición y que no recordaba. ―Pero… ―murmullo, miro mis ojos vacíos, sin vida. La mujer se aleja tranquilamente, dejando el cuerpo ahí. Cuando estoy por levantarme para acercarme a mí tirado en el suelo siento una sacudida, y siento que caigo en un vacío. Aparezco tirado en el césped, miro hacia arriba, el monstruo sigue delante de mí, por mi desconcierto no consigo levantarme pero comienzo a arrastrarme por el suelo tratando de alejarme de la criatura, cuando se lanza hacia mí una luz se atraviesa en su trayecto, ha sido atravesado por una espada brillante, la espada de Zander. La sombra chilla mientras una bruma negra comienza a rodearlo, y explota soltando partículas de luz, me cubro creyendo que me harán daño pero no siento nada. Me quedo quieto en mi sitio, que susto me he llevado al no recordar a la criatura que había dejado antes de ir al recuerdo perturbador. ―¿Samuel? ―me llama el chico, levanto mi cabeza buscando a la mujer pero no la encuentro por ninguna parte―, no está aquí ―me dice deduciendo lo que estaba pensando―. Sólo era una Sombra, tranquilo ―me dice frente a mí en el suelo. ―Yo- ―comienzo a decir, mi garganta se ha secado y siento mi corazón chocar en mi pecho―, yo- ¿morí? ―digo asimilando poco a poco, siento más lágrimas rodar por mis mejillas, junto a mi expresión desconcertada. ―Sam… ―comienza al darse cuenta que lo recuerdo. ―¿Me mató? ―subo un poco mi voz, sin querer creerlo. ―Sí, pero estás bien ―confirma lo que he visto, su tono tranquilo quiere que lo esté también, pero el recuerdo lúcido me ha golpeado. ―¿Cómo-? ―quiero preguntar el cómo estoy aquí, cómo he revivido. Me mira preocupado, suspirando. ―Hablaremos luego, ¿sí? ―suena sincero, lo miro a los ojos. ―Qui-quiero irme ―le digo casi suplicante―, el jefe de papá no me da buena espina, y esa mujer ha estado cerca de él ―digo casi en un hilo de voz. ―Bien, dame un momento, ven. ―Me ayuda a levantarme, caminamos hacia el lugar, subiendo por unas escaleras de un costado de la gran casa―. Espérame aquí ―me deja cerca de una puerta por la que entra al gran salón. Lo miro acercarse a mi padre, él lo recibe y parece que lo presenta a otra persona, frunzo el ceño confundido; mi papá asiente en la dirección de Zander. ―Atención, quiero decir algunas palabras ―habla el jefe de papá, de quien sospecho que está con la mujer que acabo de enterarme que me ha asesinado con… ¿magia?―. Quiero agradecerles a todos por ser parte de esta familia ―comienza su discurso. De repente se gira hacia mí, poniendo toda su atención en mí, me tenso regresándole una mirada angustiada ―Parece que Hécate te ha dado un buen susto, lamento eso, pero es que le gusta jugar con las Sombras ―sólo yo escucho las palabras especiales para mí, ya que no veo reacciones de los presentes―, pero espero que hayas entendido, si me entero que metes las narices donde no te llaman tendré que encargarme de ti, ¿queda claro? ―pregunta después de finalizar su amenaza, asustado asiento rápidamente con la cabeza. ―Por nuestra familia ―levanta una copa dirigiéndose al público que tiene delante, todos aceptan el brindis y alzan sus bebidas. Resoplo parpadeando las lágrimas de ansiedad que quieren salir. ¿En qué lío me he metido?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR