Cuando llegaron a la casa, Azul se despidió de Clara. El chófer ya estaba esperándola para llevarla de regreso a su hogar. Azul observó cómo su amiga se marchaba antes de entrar a la casa, sintiéndose cansada pero intranquila. Esa sensación no la dejó en paz, incluso después de ducharse y cambiarse. Antes de irse a dormir, decidió hablar con su madre. —Mamá, ¿puedes hablar conmigo un momento? —pidió, asomándose al despacho donde Mía revisaba algunos documentos. Mía dejó a un lado sus papeles y se giró hacia su hija, con esa mirada cálida y atenta que siempre la caracterizaba. —Claro, amor, ¿qué sucede? —preguntó, indicándole que se sentara a su lado. Azul se dejó caer en el sofá, abrazando un cojín contra su pecho. —Es sobre Clara —respondió después de un momento, su voz cargada de pr

