ARIANA Un estremecimiento me recorrió cuando sentí su respiración cálida rozarme la oreja. Murmuró algo, seguido de una risa baja, justo antes de volver a atrapar mis labios con los suyos. Esta vez, el beso era una batalla sutil, los dos intentando tomar el control. Un sonido suave escapó de mí cuando me impulsé hacia él, mis brazos rodeando su cuello. Me empujó contra la pared helada, y su rodilla se deslizó entre mis piernas sin previo aviso. Abrí los ojos. Su boca aún presionaba la mía, pero pude notar cómo sonreía. No entendía cómo habíamos pasado del calor del club al aire frío del exterior, sin darnos cuenta. Entonces se apartó apenas, y sus ojos me atraparon con un brillo hambriento justo antes de inclinarse hacia mi cuello, besando la piel junto a mi clavícula. La brisa nocturn

