*Eleazar*
—Déjennos solos—digo conteniendo más que nunca a mi Lobo.
Madre de inmediato se lleva a Thea.
La cachorra recibira su castigo luego.
¿O deberia premiarla por lo que hizo?
Yo no me animaba a despertar a la Última Dragona por miedo a los pensamientos que se me cruzaran ante su poder, pero esto.
¿Ella es mi Luna?
¿Es posible?
¿Podria ser un truco del Consejo?
¿Ella también puede sentirme?
Doy un paso al frente y ella se tensa inmediatamente.
Eso a mi Lobo no le gusta.
No debo ser un genio para saber cuanto daño le han hecho.
—Entra y acomodate—digo más gruñendo que hablando normal.
Estoy muy excitado y enojado a la vez.
Ella es mía.
Mikeila se sienta en el borde de la cama.
—¿Como te llamas?—pregunto lo primero que se me viene a la mente.
—Mikeila—responde ella con una voz tranquila y melodiosa.
—¿Ese es tu verdadero nombre?—pregunto intentando entender la realidad.
—Es el nombre que usted me ha dado—responde ella de manera calmada nuevamente.
—Dime cual es tu verdadero nombre—digo cerrando los puños haciendo que mis nudillos queden blancos.
—No tengo nombre, solo el que mi amo me de—respondio ella ahora con más esfuerzo, como si estuviera insegura de sus palabras.
—El nombre que te pusieron tus padres ¿cual es?—pregunto al final poniendome frente a ella de rodillas.
Su rostro no tiene marcas, al igual que es resto del cuerpo.
Lo unico que diferencia su piel son runas por todos lados en un tono más oscuro, pero de lejos no se notan, solo las puedes diferenciar de cerca.
—No lo se—dijo ella luego de unos segundos.
Me puse de pie y empece a caminar en circulos.
—¿Puedes hablar con libertad?—pregunto luego de unos minutos.
—Puedo hablar lo que mi amo desee—dijo ella como respuesta.
Al escuchar esa voz tranquila y ensayada decido desquitarme con la pared más proxima.
Ella no se sobresalta por mi arrebato de ira.
—Mikeila eres libre de hacer lo que desees, puedes andar por la casa con libertad—dije mirandola a los ojos.
Unos ojos perfectamente negros al igual que su cabello.
Ella asintio, pero permanecio en su lugar.
—Ire a hablar con mi madre, si tienes hambre las Lobas te traeran comida—dije saliendo de la habitación.
Una vez senti su lejania mi Lobo empezo a martilllar mi cabeza como si quisiera volver a su lado.
Lo ignore lo mejor que pude y fui en busca de madre.
—Toma—ella me señaló la silla a su lado cuando llegue al comedor.
Ella estaba esperandome con una taza de té.
—Debes calmar a tu Lobo, actuar con imprudencia puede ser muy peligroso cuando se trata de la Última Dragona—sugirió ella mientras me bebía el té.
Mi Lobo fue calmandose y cuando termine la taza hable.
—¿Como lo sabes?—pregunte mirandola a los ojos.
No debia usar mi voz de Alfa con ella, mi madre siempre fue sumisa conmigo.
—Tu olor, tu postura y la conexión inmediata que ningún Lobo puede negar con su Luna—explicó ella mirándome a los ojos también.
Ella sentia lastima por mi.
Su mirada y su olor me lo decian.
—¿Es posible?—pregunte una de mis mayores dudas.
—La mezcla de Razas es común, pero ¿ella? Nunca lo hubiera pensado, la Última Dragona tiene casi cuatrocientos veinte años, Eleazar es mucho tiempo para esperar a su destino—comentó ella volviendo a concentrarse en el libro que leía anteriormente.
La deje alli sola y me fui a mi habitación.
Necesitaba pensar.
Entre en la ducha y el agua fria no hizo nada por quitarme las nuevas sensaciones que mi Luna generaba en mí.
¿Y si fuera una trampa del Consejo?
Algo para hacer que la r**a a la que pertenece la tenga por menos tiempo.
Podria ser una forma de intentar reproducirla.
Diosa Luna tenia demasiadas teorias en mi cabeza.
Cuando sali de la ducha fui a la habitación de Thea.
Ella estaba estudiando, como siempre hace cuando sabe que ha hecho una macana.
—No lo vuelvas a hacer—declare desde la puerta.
Jamás usaria mi voz contra ella, es más queria agradecerle por haber sido tan valiente.
—Ella es increible, la viste alcanzar las nubes en solo segundos—exclamo ella desde su silla sin mirar en mi dirección.
—Si cachorra, pero no vuelvas a tomar el pergamino, puede ser muy peligroso, no sabias si funcionaria en realidad, qué tal si te hacías daño—admiti acariciando su cabeza con delicadeza.
—Lo siento papi—susurró ella con una sonrisa tierna.
Thea era mi debilidad, de eso no tenia dudas, pero no se porque estaba seguro que mi Luna se parecia demasiado a una cachorra.
Una que necesitaba proteccion y seguridad.
Llame a los once Alfas y a sus Lunas a una reunión de emergencia.
Muchos creyeron que se trataba de planes de guerra.
Elliot y Bertran ya sabian de mis planes contra el Consejo, pero nadie se penso por un segundo que mis palabras iban a ser esas.
—Reconocí a mi Luna, ella se encuentra en mi casa ahora—declare cuando todos los presentes se quedaron en silencio.
La felicidad en el lugar no tardo en estallar.
Todos querian lo mismo.
Conocerla y festejar.
—Mikeila, la Última Dragona es nuestra Luna—anuncie con mi voz de Alfa.
De inmediato todos en la sala de reuniones hicieron silencio.
Las Lunas tomaron las manos de los Alfas para calmarlos.
Los Alfas apretaron sus puños en una clara señal de furia.
—No estoy seguro de que ella me reconozca como tal, su estado es sumiso y obediente, no tiene control sobre sus acciones—confirme lo que venía experimentando en los últimos días al intentar hablar con ella.
Mikeila no respondía las preguntas con fluidez y a veces ni siquiera respondia.
—Debemos actuar con calma y ver nuestras opciones—señalo Kaila, una de las Lunas más mayores.
Las demás Lunas la apoyaron.
Mi madre tambien asintio a su idea.
—El Consejo no liberara a la Última Dragona de su control, debemos tener en claro que esta información es muy importante mantenerla en secreto—declaró Elliot con rapidez.
—Eso es verdad, si saben que es nuestra Luna la apartaran de nosotros de inmediato—comentó Bertran siguiendo la conversación.
Al final todos en la sala opinaban lo mismo.
Mikeila debia ser protegida de los miembros del Consejo.
Sea ella nuestra Luna o no, hasta tener la certeza de esa información debiamos tener sumo secreto sobre mi conexión con ella.