*Mikeila*
Esas preguntas rondaron por mi mente como mariposas en el prado.
¿Cual es mi nombre?
¿Puedes hablar con libertad?
Que fácil hacer esas preguntas.
Cuan dificiles de responder.
Eleazar es el nombre del Alfa de Alfas de los Lobos.
Thea es la pequeña cachorra que viene a mi habitación a jugar.
No me han vuelto a dormir desde que él me hizo esas preguntas, pero lo que no saben es que no puedo dormir.
Los Dragones regeneran sus habilidades durmiendo y el Consejo se aseguro que yo jamas durmiera.
Siempre despierta, siempre atenta a todo lo que pasa a mi alrededor.
Eleazar entra en la habitación mientras cierro mis ojos en las noches.
Él no me toca, no me toma como otros han hecho ya, pero su olor solo me dice que es cuestion de tiempo.
Él me desea, igual que todos.
La cachorra ha traido rompecabezas.
Tiene muchos.
—Vamos a armar este—proclamó ella tomando uno con mil doscientas piezas—ayúdame a armarlo, por favor—pidió ella acercándome la caja.
Sin poder evitarlo la caja floto en el aire y todas las piezas empezaron a girar a su alrededor.
Fueron acomodandose en la mesa hasta luego de varios minutos el rompecabezas ya estaba armado.
—Guau, eres increíble—exclamó ella con alegría.
Eso es solo el comienzo me gustaría responder, en cambio me quedo en silencio esperando una nueva orden de la cachorra.
—Thea ve con la abuela—dice Eleazar desde la puerta de la habitación.
Parece enojado.
La pequeña cachorra deja todo como esta y sale corriendo, al pasar por su lado ella hace un mohin que le saca una sonrisa al Lobo mayor.
—Puedes hablar con libertad—pide Eleazar sentándose donde antes estaba Thea.
Empieza a tomar unas piezas e intenta acomodarlas como mejor le parece.
—¿Te gusta esta habitación?—pregunta mirandome a los ojos.
Su Lobo interior quiere salir al exterior, puedo sentirlo en la superficie.
—La habitación es adecuada para mi, Alfa—digo como respuesta sin poder evitarlo.
—Te pregunte si te gusta, no si es adecuada—aclaró él ahora nuevamente furioso.
—¿Cual cree que deberia ser mi respuesta, Alfa?—pregunto con rapidez, siento como mis mejillas tiran, de seguro estoy sonriendo.
El olor de Eleazar se intensifica.
—Una respuesta sincera—responde él clavando su mirada en el pronunciado escote de mi vestido.
Uno ajustado en el busto que se suelta y llega hasta por encima de mis rodillas, el color es uno rosado pastel.
—No puedo mentir Alfa, mis respuestas siempre son sinceras—afirmó volviendo a sonreír.
Él se pone de pie y duda un momento, pero al final sale de la habitación dejándome sola.
Su olor cambio de la excitación al enojo muy deprisa.
Lo que sea que le este molestando una simple orden y sera solucionado.
Es el punto beneficioso de tenerme en sus territorios.
Hay varias cajas sin abrir de rompecabezas.
Quiero armarlos, tomarme el tiempo de ubicar pieza por pieza y formar esos dibujos, pero esa idea solo queda en mis pensamientos.
Pasan varias horas hasta que una Loba entra en la habitación, ella solo me dirige la palabra para decirme que quitara todo de la habitación.
La dejo hacer su trabajo, aun cuando no puedo evitarlo.
Veo como se lleva todas las cajas y aun asi tengo el mismo pensamiento.
Cuantas veces pense en volar libre.
¿Cuantas veces lo hice?
Ni siquiera reirme puedo.
En mi mente soy libre, en mi mente me rió, en mi mente suceden muchas cosas.
Lastima que solo sea en mi mente.
—El Alfa la espera abajo para cenar—habla una Loba haciendo una pronunciada reverencia.
Automáticamente me levanto de la silla y empiezo a caminar con dirección a las escaleras.
El olor de Eleazar no tarda en llegar a mi nariz y apenas entro en el comedor él se excita sin contenerse.
Quisiera gruñir, quisiera golpearlo.
Solo pensamientos.
Me siento en la silla libre y espero.
—Mikeila, mamá encontro unos libros en la biblioteca, posiblemente te interesen—declaró Eleazar con la voz ronca.
Se esta conteniendo, no necesito ser una Dragona para darme cuenta que su postura esta rigida y sus manos las esta apretando con fuerza.
¿Cuanto más tardara en tomarme?
Pasara, se que pasara.
—Estare encantada de leer lo que al Alfa le parezca necesario—respondo con una sonrisa que no siento realmente.
Aun cuando la idea de poder leer un libro nuevo me entusiasme.
Solo intenta obsequiarme algo para usarme sin remordimientos.
—Existen trece Razas, ¿cual es tu favorita?—pregunta Deyna, la madre de Eleazar.
Una mujer muy hermosa a pesar de tener tantos años.
Bueno pensar eso es ironico de mi parte ya que yo tengo más que muchos Seres.
—Las Hadas—respondo con sencillez.
¿Hadas? ¿De verdad?
Quiero responder que los Lobos, pero mis respuestas como siempre están guionadas.
Y aqui viene el resto de la conversación.
—¿Porqué las Hadas?—pregunta Eleazar con interés.
Su olor se ha calmado un poco.
—Porque son Seres muy inteligentes y hermosos—respondo con rapidez.
Siento mis mejillas tensarse y de inmediato el olor de Eleazar se vuelve a intensificar.
—¿Inteligentes en que sentido?—pregunta Deyna siguiendo la conversación.
—Ellos viven en paz con la naturaleza, no intentan domarla—respondo sin control.
Odio esta conversación.
Las Hadas realmente son Seres inferiores que no llegaron a evolucionar adecuadamente, asi que son una subraza de los Elfos.
—Eso es verdad, jamas veras a un Hada tener un ataque de ira o dañando a alguien o algo—afirmó ella mientras le servían el plato con la cena.
Pasaron unos cinco minutos hasta que Eleazar gruño y me dijo que comiera con libertad.
Asenti y empece a comer.
La carne estaba semi cocinada y con muchos condimentos.
Otra cosa que odio.
El Consejo cree que es divertido decirles a todos que me gusta comer animales vivos, que cuanta mas sangre entre a mi boca es mejor.
Y ni hablar de que nunca me dan verduras.
Cuando termino de tragar el ultimo bocado Eleazar me pregunta si quiero más.
—Si Alfa, está muy deliciosa—afirmó con esa sonrisa que odio.
Inmediatamente me traen un nuevo plato lleno de esa carne mal cocinada y en silencio me lo termino todo.
Deyna es la primera en retirarse de la mesa.
Thea, la pequeña cachorra saluda amorosamente a Eleazar y también se despide.
—¿Cual es tu comida favorita?—pregunta Eleazar cuando nos quedamos solos.
No, por favor.
—Disfruta de las presas frescas, me gusta cazar mi propia comida—respondo sintiendo un nudo en el estomago.
Ya me imagino que haremos mañana.
—¿Eso es verdad?—pregunta él con rapidez.
—Si Alfa, sabe que siempre soy sincera—contestó mirándolo a los ojos.
Él no cambia su expresión, pero su olor si cambia.
Esta furioso.
—Puedes ir a descansar Mikeila—dice levantandose de la silla.
Lo imito y voy tras él hasta las escaleras.
Subimos a la par y lo dejo atras cuando él entra en su habitación.
Me siento unos minutos en la cama y sin querer me acomodo para dormir.
Son las tres de la mañana cuando Eleazar entra en la habitación.
Se sienta en el sillon que hay en una esquina y solo me observa.
Antes del amanecer él se retira.
El día no fue lo que esperaba.
Los Lobos no han hecho que caze un ciervo o una pequeña liebre.
Por el contrario, Eleazar me llevo a la biblioteca y me dejo con una Loba que me leyo un libro sobre la historia de los Lobos.
Desde sus principios.
Los Lobos son mi r**a favorita porque ellos tienen algo que otras Razas no.
Un Lobo sigue su instinto siempre, no importa que suceda o cual sea la situación, un Lobo siempre permanece en la manada.
Siempre siguen a su lider hasta el final y por sobre todas las cosas respetan y cuidan sus parejas y crías.
Los cachorros no solo son el futuro, son el presente y los cuidan como si fueran el último de su r**a.
¿Asi hicieron mis padres?
¿Los Dragones me intentaron proteger cuando fui la ultima cria que quedaba con vida?
¿Se sacrificaron por mi?
No queria la respuesta de esas preguntas.
Me aterraba la idea de que las respuestas no sean las que deseaba.
Mis padres dieron sus vidas para defenderme.
Los Dragones nunca se rindieron y dieron hasta lo último por defender a la Última Dragona.
Quería creer que eso era lo que realmente sucedió, pero el Consejo se encargó de que siempre la versión fuera otra.
Los Dragones se rindieron, los Dragones fueron débiles y me dejaron morir como a las demás crías.