Capítulo 5: Traición

1142 Palabras
*Laris* Corto la llamada con Eleazar y voy junto a Wallace. Él esta en el jardin disfrutando del sol de la mañana. —Eleazar me llamó, quiere que vaya a hacerle una visita—comente al acercarme tomándolo de la cintura y pegándome a él. —¿Iras sola?—pregunto tomando mis manos y rodeando su cuerpo con ellas. —No, iremos juntos—explique sabiendo que sus celos por el Lobo no han disminuido ni un poco. —Mañana, hoy cenaremos con los Koll—remarcó soltandose de mis brazos y empezó a caminar lejos de mi. Me quede en mi lugar, tome el celular y le envie un mensaje a Eleazar. Él de inmediato respondio que me esperaria mañana. La cena con los Koll fue normal. Wallace ya no estaba irritado y charlo ameno con ellos. Cuando se fueron de casa él simplemente se acosto en la cama y se quedo dormido. Me quede despierta unas horas hasta que el sueño me vencio. Antes del amanecer tenia una necesidad preocupante por comer. Intente tomar de Wallace y él simplemente se levanto y fue a buscar de mis reservas. Me dejo sola en la habitación mientras me alimentaba. Los Inmortales podemos alimentarnos de comida, pero cada cierto tiempo necesitamos beber sangre. Si es de nuestras parejas mucho mejor, pero Wallace es un Elfo y él aborrece mi forma de alimentación. Cuando bajo a la cocina él esta con el celular. Desayunamos en silencio y al final nos dirigimos al auto. El camino a los territorios de los Lobos es en silencio y eso no me molesta. Se que Wallace solo esta molesto por mi antigua relación con Eleazar. Éramos amantes, unos muy activos. Eleazar me dejaba beber de sus venas, eso le gustaba a la hora de intimar. Otro de los motivos porque Wallace no me deja beber de él. Eleazar me espera en su cabaña, estaremos a solas. Apenas llegamos Wallace se me pone al lado y me rodea con un brazo por la cintura. —Laris, Wallace, bienvenidos, espero que el viaje haya sido tranquilo—saludo Eleazar apenas llegamos a la puerta. La pequeña cabaña tenia dos habitaciones y un ambiente acogedor y comodo, algo intimo y privado para el Alfa de Alfas. —¿Porque querias que mi mujer venga aqui?—pregunto Wallace sin esperar a que nos sentaramos en los sillones de la sala. Sala que tambien era comedor y que daba a una cocina. —Me gustaría saber más sobre la Última Dragona—admitió él sentándose en un sillón individual. Hice que Wallace se acomodara por fin y Eleazar nos convido té y panes caseros. —No hay mucho para hablar de ella, tu le dices salta y ella saltara—expliqué intentando que esos dos dejen de matarse con los ojos. —¿Hay alguna manera de que tenga libre albedrío? Autonomia total—preguntó él a continuación siguiendo el tema. Mire a Wallace y no entendia exactamente a donde queria llegar él. —¿Autonomía total? Pues no, ella esta atada al pergamino, tiene cierto nivel de control sobre sus acciones, por ejemplo no puede lastimarte, osea ella no se defendera si tu intentas tomarla, pero si lo hara si ordenas que te lastime, ¿entiendes?—pregunte al final intentando explicarme lo mejor posible. —¿Hay alguna forma de liberarla del pergamino?—preguntó con rapidez y por su seriedad era una pregunta real. —No, no hay manera, deja esas ideas en contra del Consejo Eleazar o te irá mal, a ti y a toda tu r**a—remarcó Wallace más rápido de lo que creí. Mire a Eleazar y él estaba furioso, pero de alguna manera sabia que su enojo no era por Wallace. —¿Porque preguntas eso?—pregunte al final esperando tener mayor información para lograr convencerlo de que olvide esas ideas revolucionarias. —Mikeila, la Ultima Dragona ¿puede tener compañero destinado?—pregunto sin responderme con rapidez. ¿Compañero destinado? Porque hacia esa pregunta. —Te la puedes coger si eso quieres, no habra castigo por eso—comentó Wallace con sencillez. Eleazar le lanzo un gruñido. No puede ser. —Reconoces a la Última Dragona como tu compañera destinada—afirmé en voz alta las ideas que se me cruzaban por la mente. Eleazar asintio sutilmente. Wallace se quedo estatico en su lugar. En cambio yo me levante del sillon. —No es posible, Eleazar ella tiene más de cuatrocientos años, no hay pruebas de que alguien la haya reconocido antes y esto solo es malo para ti, para todos los Lobos, la Última Dragona es un arma sin voz ni voto, el Consejo no la dejara ir, extinguira a los Lobos antes que perderla—afirmé tan seria como me fue posible. —Necesito tu apoyo para liberarla, sé que existe una manera, la voy a encontrar y la liberaré—proclamó él completamente convencido de que su plan era algo sencillo. —No, Eleazar no entiendes, no hay una manera, no puedes hacer nada por ella y lo lamento por ti, pero los Dioses han sido crueles contigo por dartela como compañera—admiti tocando su hombro para darle mi apoyo. —Pense que tu sabrias alguna manera de ayudarme—suplicó él completamente derrotado. —No, esto no es una simple revolución, lo que quieres es desaparecer tu r**a del mundo—afirmó Wallace poniéndose de pie—nos vamos Laris, al menos ahora se que seras un problema menos muy pronto—concluyó él caminando a la entrada de la cabaña. —Olvidate de esta idea Eleazar, lamento tu situación, pero la Última Dragona jamás será tu Luna—afirmé siguiendo a Wallace a la puerta. Vi como Eleazar se tomaba la cabeza con las manos. Hasta creo que empezo a llorar. Nunca lo habia visto asi. Derrotado. Ni siquiera lloro cuando su papá fallecio. —Esto es un error, si se enteran que estuvimos aqui y escuchamos esa información seremos tratados como cómplices—susurró Wallace cuando empezamos a alejarnos de los territorios de los Lobos. —Eleazar no hara nada que ponga a sus Lobos en peligro, él se olvidara que ella es su compañera destinada—afirme con rapidez. Al menos esperaba que fuera asi. Mi celular sono y lo tome. Era un mensaje de Bella, una Leona que también es m*****o del Consejo. En el mensaje decia muy claro que los Lobos habian infringido las reglas y se procedera de inmediato a cancelar su uso de la Última Dragona. Una parte de mi esperaba que nuestra visita no fuera notada. Otra parte de mi sentia pena por Eleazar. —Los Lobos dejaran de tener poder sobre la Última Dragona—explique en voz alta. Wallace solo asintio y siguio conduciendo a casa.
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