Capítulo 6: Eres mía

1089 Palabras
*Eleazar* La visita de Laris no habia hecho nada por calmar mis pensamientos, por el contrario, ahora sentia que estaba más vulnerable que antes. Mikeila es mi compañera destinada, pero ella jamas me perteneceria. El Consejo nunca la dejaria libre, nunca abandonarian su arma, porque eso era ella. Un arma, la última arma de su r**a. Sali de la cabaña y me transforme dejando libre a mi Lobo. Pense que querria correr, pero él nos llevo hasta la casa grande y me dejo en la puerta de la habitación de Mikeila. Su olor a flores inundo mis sentidos con rapidez. Fui hasta mi habitación y me puse un pantalon para cubrir mi desnudez. Entre en la habitación de Mikeila donde ella dormia plácidamente. Su respiración era tranquila y su pecho se inflaba muy poco con cada inhalación. El vestido azul cielo que tenia puesto era ajustado en el torso, con las tiras gruesas en los hombros, pero no eran sus perfectos y redondos pechos los que estaban volviendo loco a mi Lobo interior. Sus labios eran los que me hacian perder por completo la cordura. No me pude resistir a acariciar su rostro. —Despierta—susurré muy bajito casi en un suspiro, pero aun así ella me escuchó. Sus ojos se abrieron y me enfocaron con rapidez. —Eres hermosa—exclame tomando sus labios. Ella no respondio el beso. —No te obligaré a ser mía—afirmé mirando sus suaves labios. —Si eso le place al Alfa, puede hacerlo—recalcó ella con esa voz que estaba seguro no era la suya. Su expresión neutra y esa sonrisa que jamas llega a sus ojos. No, no la tomare si ella no es consciente de nada. Aunque mi Lobo no estaba de acuerdo con esa idea entendia que ella iba a ser nuestra por propia voluntad. —¿Sientes algo por mi?—pregunte sintiendo ronronear a mi Lobo. Sabia cuan importante era esto. Si ella me reconocia no sabia que seria capaz de hacer para tenerla a mi lado siempre. —Siento lo que el Alfa quiere que sienta—afirmó ella poniendo una de sus manos sobre mi erección. Dioses eso me gusto, pero debia controlarme. Sabia que no era ella. Sabia que ella no controlaba sus acciones. —No es eso lo que pregunte—remarque tomando su mano y alejandola de una parte de mi anatomía que la deseaba mucho. —Yo solo siento lo que se me permite sentir—afirmó ella con una voz diferente. Una que sabia era la suya. —¿Sientes amor?—pregunte y ella nego con su cabeza. —¿Cariño?—pregunte a continuación y de igual manera ella volvio a negar. Su movimiento demasiado rigido, como si tuviera que hacer un gran esfuerzo para realizarlo. —¿Sabes sobre los compañeros destinados?—pregunte al final aprovechando que tenia este pequeño momento de lucidez. —Parejas destinadas por los Antiguos Dioses, se sienten de diferentes maneras entre ellos, aun cuando son de diferentes Razas—respondió ella con rapidez. Esa voz tranquila volvió a salir y sabia que no era ella quien respondia. —¿Alguna vez has sentido eso? Que encontraste a tu compañero destinado—pregunte esperando una respuesta negativa. Mi Lobo estaba igual de impaciente que yo por escuchar su respuesta. —No, los Dioses no me darán un compañero destinado—afirmó ella con esa voz tranquila y una parte de mi salto de alegría por esa respuesta. —Mikeila yo te reconozco como mi compañera destinada por los Dioses—anuncié acercandome más a ella. Ella abrio muy grande sus ojos. Sorpresa pura. Me acerque lentamente y pegue mis labios a los suyos. Dioses ella me esta besando, su respuesta tan pronta como si estuviera aprovechando cada segundo de lucidez. Sus labios danzando con los míos. Sus manos jugando con mis manos. Ella me pertenece. Solo mía. Mi Lobo ronroneo en todo momento, extasiado por esta nueva sensación que solo ella causa. ¿Que pasó? Mikeila cayo dormida sobre la cama. ¡Dioses! El sello que me une al pergamino desaparecio. —Mikeila despierta—gruñó tomándola de los hombros y sacudiéndola. Nada. Ella no responde. Intento despertarla, pero no lo logro. —Alfa tenemos un problema—expone uno de los Lobos entrando en la habitación a toda velocidad. Le lanzo un gruñido y cuando estoy a punto de ir a mandarlo a la otra punta de los territorios una gran explosión se lleva toda mi atención. Corro al balcón y veo que fuera de la casa hay una guerra campal. Cazadores y hechiceros luchan en un rincon contra mis Lobos. En otro sector hay Inmortales matándolos sin piedad. Miro una ultima vez a Mikeila y sin dudarlo me lanzo al ataque. Caigo del segundo piso de la casa al mejor estilo de superhéroe y aterrizo con mucho estilo. Me transformo y empiezo a darles ordenes a los Lobos para que eviten que se acerquen a la casa. —Por ordenes del Consejo de Razas todos los Lobos deben arrodillarse y esperar un juicio por incumplir las reglas en el uso de la Última Dragona—exclamó Steven, uno de los miembros del Consejo. Le lance un gruñido y fui por él. El Inmortal no se contuvo y esquivo la primer envestida girando sobre su propio eje y tomandome de las patas traseras para hacerme volar unos cuantos metros. —Rindete Eleazar—pidió con rapidez al ver que me ponía de pie sin problemas. Empezamos a dar vueltas en circulos uno alrededor del otro. Los Lobos a mi alrededor iban perdiendo la ventaja del numero. Ibamos a perder, estaba seguro de eso. Mikeila seria arrebatada de mis manos. Mi Lobo rugio ante ese pensamiento y se lanzo al ataque contra el Inmortal. Steven me quebro dos costillas y seguramente una pierna, pero tras clavarle los dientes en varias partes del cuerpo logre arrancarle un brazo. Cuando quedo debilitado no dude en ir directamente por su cabeza. El hombro me sono como si se hubiera quebrado en varias partes, pero cuando la cabeza del Inmortal se separo del cuerpo el dolor paso a segundo plano. Aulle anunciando su muerte y eso alento a los otros Lobos a mi alrededor. Retomamos la ventaja y con cada pequeña victoria contra el enemigo ibamos ganando más confianza cada vez. Ganariamos esta ronda y eso nos daria tiempo para preparar una mejor defensa. El Consejo no nos venceria con tanta facilidad.
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