*Eleazar*
Metieron a Mikeila en el ataúd de cristal y la subieron a un camión.
Rodeando la casa habían dejado guerreros, en su mayoría Inmortales.
Los Alfas se habian reunido en la casa esperando una orden, pero no tenía idea de que hacer realmente.
Sentía que esos momentos de lucidez de Mikeila le costaban mucho y no sabía exactamente cuánto le duraban o si podría controlarlos.
Necesitaba aliados.
Necesitaba apoyo.
Debia buscar a mis amigos, explicarles la situación y esperar una respuesta positiva.
Esto no solo era por Mikeila, el Consejo era un enemigo que debiamos derrotar desde hace muchos años.
Ellos tenian la potestad de desaparecer una r**a, pero nosotros no podiamos hacer nada en su contra.
Ellos imponian los castigos y los premios.
Mikeila era su mejor arma y perderla significaba perder la mayoria de su poder.
Los primeros días no me podía mover.
Una pierna estaba muy lastimada y el hombro lo tenia destrozado.
Aun curandome a gran velocidad tarde cinco días en poder moverme con tranquilidad.
—Alfa, Laris quiere hablar con usted—comunicó uno de los Lobos entrando al despacho de la casa.
Le dije que la hiciera pasar.
Unos segundos después Laris se acomodo en la silla del otro lado del escritorio.
—Vine sola, ¿quiero saber que sucedió hace unos días?—preguntó ella para iniciar la conversación.
—Deberías de saberlo, eres parte del Consejo—reproche mirándola con odio.
—Soy parte administrativa, no me encargo del sector que tiene control sobre la Última Dragona—comentó ella a la defensiva.
—¿Como hicieron para ordenarle que detuviera la pelea?—pregunte con rapidez.
Ella se lo penso un momento, pero al final respondió.
—Tienen más de un pergamino y los otros tienen otro poder sobre ella—explicó Laris con tranquilidad.
¿Más de un pergamino?
¿Que clase de poder?
—¿Pueden ordenarle que extinga una r**a?—pregunte con terror.
Ella solo asintio.
No, no era posible.
El Consejo iba a liberar a Mikeila, no me importa lo que me tenga que costar.
—Eleazar no se que planes tienen ahora, Wallace esta hermetico al respecto, pero se llevaron a la Última Dragona a Ciudad Central, lo que le hacen allí no es bueno, ella será castigada por no quedarse diez años con los Lobos—sostuvo Laris y yo solo pude gruñir.
—No, ella no tiene la culpa, no habia recibido ninguna orden, no había desobedecido nada, fui yo él que fallo—gruñi poniéndome de pie.
El tiron en la pierna me hizo desestabilizarme por un momento.
—Ella es una diversión para el Consejo y sus miembros—comentó Laris mirándome con lástima.
Me volvi a sentar derrotado.
—¿Hay algo que pueda hacer?—pregunte luego de unos minutos.
—No, el Consejo no devolvera a la Última Dragona y esperaran el plazo de tiempo para llevarla con las Leonas—explicó ella en respuesta.
No sabia que pasaria cuando le dije que ella era mi compañera destinada.
Su reacción fue perfecta, pero ahora que esta conexión entre nosotros se había formado no estaba seguro de poder estar sin ella.
—Debes esperar Eleazar, el Consejo no actuara en tu contra o en la de los Lobos porque no se arriesgaran a levantar a otras Razas en pos de una guerra, ni hablar de que la Última Dragona mostró indicios de libertad, es por eso que la castigaran, volviéndola sumisa nuevamente—comentó Laris para llenar el silencio en la habitación.
Ella iba a ser castigada por mi culpa.
—Su nombre es Mikeila—susurre muy bajo, aun asi Laris me escuchó con claridad.
—Mikeila es un Ser unico, que tenga un compañero destinado ahora es algo inesperado para el Consejo, debemos intentar buscar más información antes de hacer algo estupido y precipitado, por favor ten paciencia—pidió ella tomando una de mis manos.
Mi Lobo rugio por esa cercania con una mujer que no era Mikeila, pero sabia cuales eran las intenciones reales de Laris.
Ella era mi amiga.
Ella era mi aliada.
Sabia que a la hora de buscar una manera de liberar a mi Luna ella estaria a mi lado.
Juntos encontraríamos las respuestas a las tantas preguntas que tenia rondando en mi mente.
Mikeila se convertiría en mi Luna y en la Luna de todos los Lobos.
—Iré a ver si Wallace sabe algo más—concluyó ella poniéndose de pie.
La acompañe hasta afuera y ella se subio a su auto.
Los Inmortales que estaban alrededor de la propiedad se acercaron a su auto y le preguntaron que hablamos, pero ella solo respondio que no hablamos.
Todos sabian que Laris y yo eramos amantes antes de que encontrara a Wallace, pero eso ya era cosa del pasado.
Aunque ahora no era una mentira piadosa mal utilizada.
El auto de Laris se alejo por el camino y volvi adentro donde Thea me esperaba con uno de sus rompecabezas.
—Quiero que Mikeila vuelva para que me ayude a armar esto—pidió la cachorra con ganas de llorar.
La tomé en brazos y la llevé a su habitación.
—Porque no me dejas a mi ayudarte hasta que ella regrese—afirme poniéndola en la silla.
La habitación de Mikeila ya no tenia su olor.
Ni la biblioteca ni el comedor.
Su ropa menos.
No tenia nada que fuera de ella realmente y mantuviera su olor intacto, pero por todos los Dioses que en mi mente su olor seguia tan presente como la primera vez que lo senti.
Un olor que me daba paz y estaba seguro le daria paz a todos los Lobos.