Comenzaron a bajar por el elevador, estaban a unos pisos, Leo agarró su pecho e intentó respirar tranquilo, analizó los posibles escenarios dentro de su cabeza, sabía cómo estaba la planta baja, hacia dónde podría correr, pero no podía calcular las posiciones en donde estuvieran quienes buscaban hacerles daño. Tezcatlipoca se hizo invisible antes de llegar a la planta y que la campanilla sonara. —Recuerda lo que te pedí —le hablo al vació Leo. —Descuida, entregaré tu mensaje y el reloj está bien guardado. —Te libraré el paso, en cuanto puedas ve con los demás, Chole debió de seguir hablándote. —Si, lo sé. La campanilla timbro en el piso, Leo estaba frente a la puerta del elevador. En cuanto salió vio la espalda de un sujeto enorme a unos metros de distancia, iba a golpear sus piernas

