IV

1104 Palabras
! Al otro día, me despierta un sonido de una guitarra y me asomo por la puerta lentamente a ver qué es lo que sucede. Thomas está tocando el instrumento con un talento increíble, ¿quién iba a decirlo? Voy hacia él y me siento a su lado, escuchando la melodía. Toca muy bien. Se detiene y me mira. —Sigue, tocas excelente. ¿Dónde aprendiste? —interrogo. —En la calle, tocaba la guitarra para ganar dinero. Siempre me gustó. ¿Tú sabes tocar? —Sí, pero no mucho. Tú tocas muchísimo mejor —sonríe. Ay Dios, qué hermosa es su sonrisa. Su dentadura está perfecta a pesar de ser vagabundo—. ¿Quieres desayunar? — cuestiono, parándome y dirigiéndome a la cocina. Él asiente. No habla mucho. ¿Se ofenderá si le digo que quiero enseñarle a leer y escribir? Tal vez… o quizás no, quizás él quiere aprender. Preparo el desayuno y se sienta en la mesa, comemos en silencio hasta que decido decirle mi idea. —Thomas… —me mira con la boca llena— ¿Tú quieres aprender a leer y a escribir? Al principio me mira medio raro, luego su rostro muestra confusión y finalmente asiente. —Sí. —Bueno… —sonrío— La verdad que ahora tengo que ir a la universidad, pero cuando vuelva empezamos, ¿quieres? —vuelve a asentir— Muy bien… ¿crees que puedes estar solo una horas? —Claro. Terminamos el desayuno y me voy a duchar para luego prepararme. Me desnudo y entro a la ducha, pasan cinco minutos cuando siento que la puerta del baño se abre, abro los ojos rápidamente y él está mirándome. Cierro la cortina de golpe, estoy acostumbrada a no cerrarla ya que nunca tengo compañía en casa. —¡THOMAS! ¡SAL DEL BAÑO YA MISMO! —grito, sonrojada. Se cierra la puerta rápidamente y cuando me asomo ya no está. Mi corazón late tan rápido por el susto que siento que voy a morir. ¿Tendrá razón Carlos? Capaz es un violador que se hace el pobre, ahora tengo miedo. Salgo de la ducha y me cambio rápidamente, ni veo lo que me pongo. Bajo al salón y Thomas está viendo la tele, una película subtitulada. Seguramente no entiende nada, o se está haciendo el que no sabe leer para seguir con su papel de “soy bueno, pero te voy a violar”. —Yo voy a estudiar… en unas horas vengo —aviso y él asiente mirando la pantalla—. Ah, podemos ir a comprar ropa también —no responde nada y suspiro—. Bueno, adiós. Él me saluda con la mano y salgo. Hoy uso el auto, ya que no está muy lindo para ir caminando. Cuando llego a la puerta de la universidad Martín me está esperando con los brazos cruzados y me mira con seriedad. Le doy un beso suave que él responde con sequedad. —¿Qué pasa? —pregunto arqueando las cejas. Él se encoge de hombros. —¿Por qué no me respondías las llamadas anoche? —Estaba ocupada… —resoplo— ¿Podrías dejar de ser celoso? No te estoy engañando ni nada por el estilo. Solo… hice algo que quizás no te guste —frunce el entrecejo y se frota los ojos. —¿Mataste a alguien? —¿Qué? ¡No! Por el contrario… rescaté a alguien —su expresión se suaviza y esboza una sonrisa torcida. —¿Un perrito? ¿Un niño de la calle? —cuestiona divertido. —Mmm… no precisamente a un niño… —suspiro—. ¿Te acuerdas del vagabundo que corrí la otra vez? —asiente con la cabeza— Bueno, lo encontré en la plaza y lo llevé a casa. Su sonrisa se borra de inmediato y sus ojos negros me miran con sorpresa y luego con decepción. —¿Sabes que estás mal de la cabeza por completo, verdad? —¡Ay, Dios! ¡Ya te dije que no creo que sea malo! —por dentro me siento algo culpable porque dije que el vagabundo es lindo, pero mirar no está mal, ¿o no? Quizás estoy juzgándolo solo por su físico y realmente es malo. —Vamos a tu casa, quiero conocerlo. —Pero ya empiezan las clases. —No importa. Además lo dejaste solo ahí, mira si es ladrón, violador, o lo que sea… ¡estás loca! —A ver, si vive en la calle es porque él quiere eso, sino hubiera hecho algo para cambiarlo, Mayra. —No creo que sea tan fácil… vamos adentro, la clase ya va a comenzar y vamos a llegar tarde. Él resopla y asiente con la cabeza. Intento darle la mano, pero se la guarda en el bolsillo. Ruedo los ojos. Presiento que va a ser una jornada muy larga… Cuando llego a casa veo a Thomas durmiendo plácidamente en el sillón. Lo observo por un instante y sonrío al verlo tan tranquilo. Decido salir para ir al trabajo sin hacer ruido, pero, en un desafortunado momento, mi pie decide chocar con la mesa, causando estragos y haciendo un ruido considerable. Thomas, mi inesperado invitado, se levanta de un salto, con un gesto de alarma en su rostro que se suaviza al verme. —Perdón —le digo rápidamente—. Continúa durmiendo, Thomas. Tengo que ir a trabajar. Thomas, todavía confundido, pregunta: —¿Pero no íbamos a comprar? Le sonrío y asiento con la cabeza. —Así es, pero cuando vuelva de trabajar, habrán pasado unas cinco horas aproximadamente. Ya te mencioné que rara vez estoy en casa. Thomas asiente y vuelve a acostarse. Salgo de casa, y en la puerta me espera Carlos. Le saludo y le cuento la novedad. —Traje al hombre sin hogar... Se está comportando bien. Carlos, incrédulo, pregunta: —¿De verdad, May? —Sí. Creo que está durmiendo ahora. Carlos propone: —Será mejor que no vayas a trabajar; no puedes dejarlo solo. Yo hablaré con mi padre y le diré que te sientes mal. No te preocupes. —Pero... Carlos se va rápidamente, sin dejarme terminar mi respuesta. Suspiro y regreso a la casa. Thomas me mira con las cejas arqueadas, y yo me encogí de hombros. —Supongo que tendremos que ir de compras ahora. Así que prepárate, y luego salimos. Thomas se acerca a mí, me sonríe cálidamente y toma mi mano, mirándome a los ojos. Mi corazón late con rapidez, mis mejillas se calientan y se vuelven rojas. —Gracias —susurra antes de dirigirse al baño.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR