Capítulo 20

2100 Palabras
Andrea se levanta de la cama, es un lujo ver las curvas de mi cuica hermosa, su culo redondito se ve exquisito y cuando volvió a mi lado pude apreciar el rebote de sus teta provocándome, si no fuera por lo cansado que estoy seguramente estaría listo para una tercera ronda. Ella, muy emocionada, se pone de rodillas en el colchón y me pasa una bonita bolsita verde, la tomó, me siento en la cama y me apoyo en el respaldo de esta, sonrió y preguntó: - ¿Qué es? - ¡Ábrelo! – ella rebotaba en el colchón como una niña chica, aunque sus pechos me muestran otra cosas. Lo abrí y encontré una extraña muñequera de cuero con un símbolo de metal, me llamó la atención porque se parece a la medalla que me dio, pero en vez de un ángel tiene la figura de un cura, no sé qué me quiere decir con tanta cosa religiosa, a veces pienso que ella no me tiene fe y que me voy a morir por cualquier hueá, de todas formas, pensó en mí cuando lo compró, le sonreí y le dije: - Gracias, me gusta mucho. – me la puse en la muñeca izquierda y ella me ayudó para amarrarla. Me dio un beso y se iba a acostar, cuando recordé que yo también le había comprado algo, no me imaginé que se lo daría y menos que los regalos se iban a parecer. - Espera, yo también te tengo algo. – abrí el cajón de mi velador, y ahí estaba la pulsera que le compré, justo al lado de un condón… por un momento me quedé en blanco ¿Cómo chucha lo olvidé? Sentí que se me salió el alma del cuerpo. – A… Andrea, no nos cuidamos. - ¿A qué te refieres? – Me miró con ingenuidad. - No me puse condón, yo… lo olvidé. – Estaba cagado de miedo, no quiero tener un hijo todavía ¡Solo tengo diecinueve años! - ¿No te gustaría tener hijos? - ¿Qué mierda de pregunta es esa? ¡Qué no se da cuenta que somos muy pendejos para tener una guagua! - ¡Andrea! ¿Qué no cachai que somos cabros chicos? ¡Ni tú ni yo estamos listos para semejante hueá! – Andrea se veía enojada. - Entonces, si quedará embarazada no te harías cargo. - ¿Qué mierda? Esto se está volviendo muy cuático. - ¡No! ¡Eso no es lo que quise decir! Tú y yo tenemos planes, todavía nos falta mucho por disfrutar para adquirir la mansa responsabilidad. – Andrea estaba apoyada en el respaldo de la cama con el ceño fruncido y los brazos cruzados, yo traté de darme a entender. – Sabes que yo mañana me voy y… - ¡YA ENTENDÍ! ¡Te falta mucho para ser un hombre! – Andrea se enojó, se paró y empezó a buscar su ropa. - Andrea, no confundas las cosas, si te dejara embarazada sí me haría cargo, no soy tan maricón para dejarte pagando con una guagua. – ella se puso la blusa y me dice: - Claro, pero no ahora, ya que arruino tus planes de viajar y conocer el mundo ¿Verdad? ¡Pues ándate y conoce a quien quieres! ¡No me importa! - ¡Andrea! – traté de tomarle el brazo, pero ella está a la defensiva. - ¡Déjame! ¡no me vuelvas a tocar! - ¿Cómo chucha llegamos a esto? La tomé a la fuerza, la abracé y le dije: - ¡Para! ¡Por favor! Si te dejó embarazada, me haré responsable de ti y de la guagua, no huiré, pero ten claro de que mañana me voy no importa lo que pasé, es algo que tengo que hacer. – Ahora debo cuestionar mi estadía en Italia, si preñé a Andrea tendré que volver a la fuerza. Andrea se quedó quieta por mucho rato, hasta que decidió abrazarme, le acaricié la cabeza y ella escondió su cara en mi pecho, siento la pena que emana de ella, trató de calmarla con palabras dulces: - Mi reina hermosa, eres perfecta y te veras muy linda embarazada. - Es difícil que esté embarazada. – Sus palabras me confundieron. - ¿Qué? Pero si no… - Tomo pastillas anticonceptivas hace más de un mes. – quedé algo atónito, no sabía que ella se estaba cuidando. - Pero ¿Cómo? ¿Fuiste a médico? – Andrea se alejó de mí y se sentó en la cama. - Después de lo que pasó con Javier, mi mamá se preocupó tanto que me llevó a una clínica y me obligaron a tomar una pastilla preventiva, me sentí pésimo por una semana. - Yo no sabía eso. - ¡Cómo ibas a saber! Si no querías hablar conmigo. – Andrea suspiró y continuó. – después de que pasé por esa horrible experiencia, mi mamá decidió que tomara pastillas, no quiere que me pasé lo mismo que a Ale y que tenga una guagua fuera del matrimonio, no quiere volver a pasar por una vergüenza tan grande como esa. Me sentí tan mierda por dentro, Andrea se llevó una carga muy pesada y yo no tenía ni puta idea de eso, ahora me siento muy culpable al estar a su lado. Me senté junto a mi princesa y le tomé una de sus manos, volví a acercarme a mi velador y saqué la pulsera de colores para mi cuica hermosa. - Esto lo compré para ti, no está envuelto ni nada porque pensé que no te lo daría, aun así, espero que te gusté. – le puse la pulsera en su muñeca izquierda, a Andrea se le iluminaron los ojos, se colgó de mi cuello con suavidad y me beso tiernamente, con una sonrisa me dijo: - Me encanta tu regalo. – de repente se me sale un bostezó, Andrea se ríe y me dice: - ¿Me puedo quedar contigo esta noche? Me sorprendió esa pregunta, pensé que se iba a ir a su pieza para que no se dieran cuenta que esta atinando conmigo. - ¿Y si te pillan? – ella puso los ojos en blanco y me dijo algo cansada. - ¡Qué importa! ¡Estoy harta de estar escondiéndome! Si nos pillan no tendremos que explicar nada, solo decir la verdad. La besé, a lo mejor tiene razón, si nos cachan, nos ahorramos la molestia de buscar una mentira que parezca lógica. Nos acostamos y acurrucamos en cucharita, me gusta que ella esté desnuda durmiendo en mi cama, aunque su pelo me moleste en la cara, me gusta que ella esté entre mis brazos, me permite entregarle mi protección, mi amor y eso me hace sentir seguro. No sé en que momento me quedé dormido, pero me quedé raja, me desperté porque alguien me estaba zamarreando como desodorante en spray, me sentí confundido cuando abrí uno de los ojos, de repente me vino el recuerdo de Andrea y me preocupé al no verla, pero más me preocupó el hueón que me estaba moviendo. - ¿Qué hueá? – grité molesto - Por fin despertaste. – me dijo Rex suspirando y con una media sonrisa continuó hablando: - Al parecer te vino a ver un angelito anoche. ¿Qué? ¿Rex nos vio durmiendo? Como no estoy seguro de esta información, me haré el hueón hasta donde pueda. - ¿De qué chucha estás hablando? ¿Qué hora es? - Un cuarto para las nueve - ¡Mierda! ¡Me queda poco tiempo para irme! La cagá de despertador no sonó. - Sí sonó, eras tú el que no podía despertar, supongo que el ángel que estuvo anoche contigo te quitó el sueño. – me paré para ir al baño y le respondí: - ¿Por qué mierda crees que vino alguien anoche? No tengo una mina que me venga a ver y me dé “las buenas noches”. – hice énfasis en las últimas palabras, para dar a entender que nadie vino a culear conmigo anoche. - Y por esa razón el angelito no dudo en estar contigo, porque no tienes a nadie, también sé que estuvo aquí porque cuando entré para apagar tu despertador, encontré esto tirado en el suelo. - ¡Por la rechucha! Es la cadenita de Andrea, debió romperse cuando estábamos dándonos como caja. - Rex, no sé qué mierda decirte, ella solo entró y … - Rex no me dejó terminar de explicar y comenzó a hablar él. - A mí no me tienes que explicar nada, la verdad, poco me importa con quien te metas, eres adulto, pero la persona que elegiste para culearte es menor de edad, la familia entera acaba de pasar por una situación muy compleja, la están sobreprotegiendo más de lo normal y tú mejor que nadie sabe que ella es la regalona de mi suegro, si descubre que le diste como caja, no dudará en contratar a un sicario para matarte y hacerte desaparecer por tocar a su niñita. Así que, baja las maletas y toma desayuno, nos vamos apenas termines de comer. – Rex me entregó la cadenita de Andrea mientras pensaba en el discurso que dio, me causó extrañeza, algo suena raro en sus palabras. - ¿Cómo estás tan seguro de que puede llegar a hacer eso? – Rex se rio entre dientes y dijo sin darle importancia. - Digamos que soy muy bueno haciendo negocios. – salió de mi pieza cerrando la puerta, ya me imagino lo que hizo, uno de sus contratos hueones. Guardé la cadenita en el bolsillo del pantalón que me iba a poner después de bañarme, intentaré recordar devolvérselo antes de irme. Narra Andrea No pude dormir en toda la noche, solo con saber que Roberto se va en un par de horas más se me parte el corazón y entro en ansiedad, tomé un café muy cargado a las ocho de la mañana, la verdad no me gusta este tipo de bebida, pero necesitaba un golpe de cafeína que me animara un par de horas. Se me hizo una eternidad la partida de Roberto, a las diez de la mañana todos estaban en él living despidiéndose de él, dándole buenas vibras para su viaje y que se cuidara, yo estaba cerca del árbol de navidad, no sabía que hacer o que decir para que él supiera que me importa, de pronto veo que Roberto se gira y se acerca a mí, mi corazón late a mil, no puedo aguantar las ganas de llorar y lanzarme a sus fuertes brazos. - Bueno, malcriada, se cumplirá tu deseo del año pasado, el olor a fritanga ya no estará en esta casa. – ladeo la cabeza para mirarme con algo de complicidad, al parecer se está despidiendo de mí sin levantar sospechas de nosotros ¿Por qué lo hace? - Andrea, despídete, dale una brazo. – Roberto me sigue mirando, esperando que haga algo, creo que él no quiere que yo revelé la verdad entre nosotros. - ¡Uy! ¡No! Jamás abrazaría a un mecánico de cuarta como él. - ¡Andrea! ¡Compórtate, hija! Él vivió con nosotros casi un año, mínimo dale la mano. - No voy a hacer eso. – Tomé aire y soportando mi dolor le dije. – Yo estoy muy feliz de que te vayas, mecanucho de pobla, espero no volver a verte en mi vida. - ¡Oh, que tierna! Pienso lo mismo que tú, princesa, ya no tengo que aguantar tus hueas de pendeja malcriada, estaré libre de ti. – Me hice la ofendida, ya que esto es solo un juego. - Eres un estúpido, ojala te vayas en segunda clase con un viejo asqueroso y hediondo. – Roberto sonrió y como estaba a espaldas de los demás, me lanzó un beso y me guiño un ojo, después se dio la media vuelta y dijo: - Ja, ja, también te odio, bruja. Estaba a punto de llorar, así que fingí un gran enojo y me fui corriendo a la pieza de Roberto, desde su ventana se ve el estacionamiento de los autos, lo observé subir al Mercedes de Rex y a los pocos minutos el vehículo desapareció llevándose a mi amado mecánico, me fui a mi pieza, me encerré en ella y me largué a llorar, no sabía por qué estaba tan triste si Roberto me juró que volvería, pero ¿Por qué me siento así entonces? ¿Por qué siento que acabo de perder a mi hombre para siempre?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR