Miré la puerta, solo tengo que abrirla, solo tengo que dejar ir a la mina que está colgada de mi cuello y me pide a gritos que le dé como caja, solo tengo que darle un segundo aire a mi voluntad y abrir la puta puerta.
- Andrea, no seas tan cruel, ándate, por favor, te lo pido. – trato de zafarme de su agarre, pero la verdad no me esfuerzo, ya que mis deseos de tenerla pegada a mí son mucho mayores, a estas alturas ya no soy capaz de decirle que no, haré lo que ella quiera con tal de culearla y sacarme las ganas que me están matando.
La sensual sonrisa de Andrea me tiene a sus pies, sus manos se desengancharon de mi cuello bajando hasta mi pecho, suavemente me empujó hacia la cama hasta que mis piernas toparon el borde esta y ella me dice con su voz seductora:
- Siéntate y relájate un rato. – obedecí, me senté en la cama y ella enseguida se monta en mis piernas posando sus brazos en mis hombros. – Roberto, no quiero que la última noche contigo terminé en un simple abrazo, quiero despedirme a mi manera para que no te olvides de que tienes que volver a mí.
A penas escuché lo que dijo, traté de concentrarme mirando sus ojos, pero estoy distraído con el par de tetas que tengo enfrente de la cara, por alguna razón sentía que tenía que recordar algo, parece que era importante, quise esforzarme para retomar la idea, pero en ese momento mi cuica hermosa empezó a desabotonar su blusa y me quedé hipnotizado viendo, lo que pensaba no debe ser importante, si fuera así me acordaría.
Tragué saliva, me desespera verla desabrochar botón por botón, más bien quiero hacer mierda la blusa, pero me tranquiliza el hecho de que le estoy tocando el culo a gusto y disgusto; cuando llegó al último botón me puse ansioso, quiero ver sus tetas, deseo morderlas, succionarlas, apretarlas con fuerza, la solté solo por un segundo y a ella se le ocurrió sacarme la polera, me siento muy frustrado, no sé cuánto más pueda aguantar. Cuando ya estaba sin polera ella me agarró la cara con fuerza, extrañaba el toque de su lengua, la abracé para sentir la fricción de su suave piel contra mi cuerpo, me gusta tanto sentir cada rincón de su pequeña figura.
Ya casi ni podía respirar cuando dejé su boca, con desesperación le quitó la puta blusa e hice cada cosa que pensé antes, fue música para mis oídos escucharla gemir cuando pasaba mi lengua por sus pezones, ya sin nada de control, la saqué de encima de mí y la dejé acostada en mi cama, me deshice del resto de mi ropa esperando darle tan duro que para mañana necesitará muletas para caminar. Andrea estaba al centro de mi cama, todavía tenía puesta la falda, no tengo la paciencia para lidiar con un pedazo de tela, así que solo tomé el borde de la falda y la hice pedazos, por unos segundos contemplé el cuerpo desnudo de mi princesa, sabía que no llevaba nada debajo de su falda, esta es una de las pocas veces que mi boca concuerda con lo que dice mi cabeza:
- Te vez exquisita, extrañé verte así. – mi cuica hermosa se mordió los labios y con su voz calentona me incita:
- Entonces que estas esperando, ven aquí mi sexy mecánico de pobla, ven y siente lo que es tocar una verdadera joyita. – ¡Ay, mierda! Si estoy soñando espero no despertar.
- ¿Eso es una orden, princesa? – ella se rio entre dientes y respondió:
- Claro que sí, a menos que un mecánico como tú no sepa seguir instrucciones.
- Haré lo que ordenes, cuica malcriada. – faltó poco y casi me lanzó encima de ella.
Estaba tan impaciente por culearla, que me olvidé de varias cosas, ahora no las recuerdo porque en mi mente solo está la sensación de como los labios de su v****a se abren con cada centímetro que avanza mi duro pene, empecé a embestirla con bestialidad, con intenciones de entrar cada vez más profundo puse sus piernas sobre mis hombros, tengo la sensación que la punta de mi m*****o toca el fondo de su majada v****a, desearía entrar cada vez más profundo, sentir el roce de sus paredes me trae tanto gozo que no puedo evitar gruñir y gemir, me voy a ir cortado, llevo resistiendo mucho tiempo.
Pensé en otra cosa por un rato, por ejemplo: en el viaje y como será ir en avión, me distraje lo suficiente como para volver a perderme en el cuerpo de Andrea, tomé con mis dientes uno de sus pezones al punto de morderlo con fuerza, ella se quejó de una manera tan incitante que me llevó muy rápido al borde del orgasmo. Volver a pensar en otra cosa no estaba funcionando, me distraía más el dolor de brazos y los rasguños de Andrea en mi espalda, que cualquier cosa que pudiera imaginar, de pronto mi cuica hermosa empieza a gemir y jadear, su v****a empieza a mojarse cada vez más, siento como sube su temperatura interior y me dice con desesperación:
- ¡Roberto! ¡No pares, por favor! ¡Estás justo ahí! ¡Hazlo más rápido! ¡Te lo ordeno! ¡Dame duro! – Aunque adoró que me exija y me mandoneé como la princesa malcriada que es, justo ahora no tengo mucha resistencia para obedecerla, si sigo así, con un par de embestidas más eyacularé.
- ¡Hermosa! ¡No aguanto más! ¡Estoy que me voy! - Piensa en otra cosa ¡Piensa en otra cosa!
- Solo un poco más, aguanta un poco más, mi amor. – eso si que me distrajo, me dijo “mi amor”, eso fue muy raro, ni en mis sueños más locos imaginé que me dijera así. Me esforcé un poco más, resistí a no más poder, hasta que… - ¡No pares! Yo ya… ¡Aaaaah!
Su orgasmo me dejó todo mojado, un par de embestidas más y sentí mi eyaculación derramarse dentro de ella, mi liberación fue tan fuerte que mi corazón quería salir corriendo de mi pecho, mis brazos tiemblas y no soy capaz de resistir el peso de mi cuerpo, por lo que me acuesto encima de Andrea, apoyando mi cabeza en su pecho, su latidos van tan rápido como los míos.
- ¡Ay! ¡Roberto! ¡me gustó! – me dijo esto mientras acariciaba mi pelo, sus palabas me hicieron sonreí, me sentía satisfecho al saber que pude cumplir con ella, no solo acabé yo, también la pude complacer.
Me apoyé en mis codos, le di un suave y corto beso, le hice cariño en su linda carita, tengo un poco de sueño, antes de acostarme al lado de ella, le sonreí y le pregunté:
- ¿Ah? ¿sí? ¿Cuánto?
- Ahm… Mucho, pero… - que titubee y ponga un “pero” hiere mi orgullo.
- Pero ¿qué? – Andrea se mordió los labios sonriendo con picardía.
- Pero quiero hacerlo otra vez. – ¡Mierda! ¿No quedó satisfecha?
- ¿Ahora?
- ¡Sí! ¡Ahora! – ¿Cómo chucha hago eso? Me llevará un rato volver a estar listo.
Andrea me mira impaciente esperando que haga algún movimiento, trato de estimular a mi mente con su esquicito cuerpo, me está costando un poco concentrarme, verla tan ansiosa me presiona mucho. Traté de masturbarme para ponerme duro un poco más rápido, pero al parecer mi cuica hermosa está muy inquieta, por lo que me empuja hacia un lado y toma mi m*****o haciendo el mismo movimiento que usé yo para excitarme.
- ¿Te gusta esto? – el que haya tomado la iniciativa de masturbarme llamó tanto mi atención, tanto así que ese estímulo fue justo lo necesitaba para recuperarme.
En poco tiempo me puse duro de nuevo, me hubiera gustado sentir su boca tragándose mi pene, pero no pude ni siquiera dar la idea, porque mi princesa se puso encima de mí e introdujo mi rígida erección en su exquisita v****a. Empezó a mover sus caderas de manera torpe, es obvio, no puedo esperar que me cabalgue como lo Cata lo hizo conmigo en mi primera vez, Andrea no tiene la misma experiencia que ella, traté de guiarla un poco diciéndole.
- Mi reina, intenta subir y bajar tus caderas, usa la fuerza de tus muslos. – Pasé mis manos por sus piernas hasta llegar a su culo, intentaba impulsarla hacia arriba para que se moviera con más agilidad, pero la verdad, esto no está funcionando, le falta mucho por aprender para estar arriba y montarme.
Sé que Andrea se está esforzando por calentarme y levantar al muerto, pero en vez de reavivar a la bestia, la está matando, por eso me dio la hueá, me levanté con ella en brazos y la apoyé contra la pared. Comencé con un lento movimiento, como ya llegué una vez, me es más fácil resistir y complacerla, busqué su clítoris y con mi dedo pulgar empecé a hacer circulo en él, Andrea aprieta las piernas mientras sigo con mi juego, sonrío al ver su rostro lleno de placer.
- ¿Te gusta lo qué te hago, princesa? – tuve que preguntar, ella esta tan callada que pienso que no lo estoy haciendo bien.
- ¡Aaaaah! ¡Está muy rico! ¡Me encanta! – escucharla hablar llena de gozo me hace feliz, me gusta satisfacerla.
Aunque tengo energía para hacerla llegar otra vez, hacerlo de pie me cansa bastante, así que la volví a dejar en la cama, abrí sus piernas para tener un mejor acceso, aceleré mis embestidas y me concentré en solo hacerla disfrutar. Con cada estocada se calentaba por dentro, cuando comenzó a gemir de placer sus paredes vaginales se dilataron y sus líquidos me tienen todo mojado.
- ¡Roberto! ¡Ya voy! ¡Ya voy! – El orgasmo de Andrea se sintió muy fuerte que llenó mi excitación y eyaculé con un par de embestidas más, ahora sí que me siento cansado y con mucho sueño.
Me acosté en la cama más molido que la cresta, estoy todo sopeado y tengo tanto sueño que siento que los ojos se me cierran solos, apenas me di cuenta de que Andrea se acostó a mi lado, jugaba con el pelo de mi pecho mientras con la poca energía que me queda le hago cariño en la espalda, miré el reloj de mi velador para ver la hora y dije sin pensar.
- Me tenía que bañar y dormir temprano, pero ya son más de las doce, estuvimos hueando como una hora. – Andrea se restregó en mí como un gatito y me dijo:
- ¿Te arrepientes por lo que pasó?
- Creo que una vez te dije que no me arrepiento de nada de lo que hago contigo. – mi cuica hermosa me abrazó con cariño y me dijo de manera muy dulce:
- Me gustó mucho, adoro hacerlo contigo, lo haría una y otra vez, contigo. - ¡Mierda! no sabía que Andrea era tan multiorgásmica, ¿Ahora como me repongo? La miré algo ansioso y le pregunté:
- ¿Quedaste con ganas? – Andrea me miró algo confundida y se rio.
- No, estoy muy satisfecha, solo que, si fueran otras las circunstancias, no te dejaría descansar. - ¡Qué extraño! Cuando Carmen lo hacía conmigo llegaba solo una vez y después solo quería cariño, al parecer Andrea es más caliente de lo que pensé.
Siento los ojos muy pesados, me estoy quedando dormido, quería darme vuelta para acomodarme, pero Andrea no me quiere soltar, por lo cual me acomodo como puedo, de repente siento que mi princesa me agarra la cara y yo apenas abro los ojos, se ve hermosa, tienes unos lindos ojos café y sus mejillas están rojitas, me encanta verla, no importa que este cagao de sueño, quise decirle algo tierno, pero ella me ganó la palabra.
- Te amo y quiero que seamos algo más que “nada” antes de que te vayas. – no puedo hacer eso, yo no volveré. – quiero ser tu polola, quiero que todo el mundo sepa que soy tu novia y que tú eres mío.
No fui capaz de responder, no sé como explicarle que haré una nueva vida fuera de Chile, solo le acaricié su linda carita de niña buena mientras se me partía el corazón, me tragué mi dolor y le mentí sin escrúpulos.
- ¿Podemos hablar de eso cuando vuelva? Ahora no es buen momento para ponernos a pensar en que tipo de relación tenemos. – Ella me miró algo desconfiada y preguntó
- ¿Por qué no? Solo debes decir que sí ¿me estás ocultando algo? – vi pánico en sus ojos, ella de forma ansiosa continua con su interrogatorio. – Roberto, vas a volver ¿Verdad?
El nudo que tengo en la garganta me lo tuve que mamar y seguí fingiendo.
- Te lo prometí ¿no? Cuando vuelva lo formalizaremos todo y no importa si están de acuerdo o no, serás mía. – Ella sonrió y me besó, mientras yo sentía como me estaba pudriendo por dentro. De pronto ella llega y me dice:
- ¡Ah! Te tengo algo.