Narra Roberto
He dormido tres horas, después de que la fiesta terminó a las cuatro de la mañana me fui a acostar, aunque intente dormir más, soñaba con que ya estaba en un avión camino a Italia, tenía imágenes vagas de mi mamá, no recuerdo a mi papá, solo se forma una silueta de un hombre grande en mi mente, los recuerdos son confusos y me dejan inquieto así que, ya que no podía seguir durmiendo, me fui a bañar y bajé a desayunar.
La casa se veía muy limpia cuando me dirigí a la cocina, por lo que oí, contrataron un servicio de aseo que limpió inmediatamente después de la fiesta. Me preparé un pan con la carne que quedó de la fiesta de anoche y saqué una lata de Ginger Ale para tomar, me senté en la mesa donde comen la Anita y la Clara, mi mente divagaba, dejaré todo lo que conozco por una nueva vida, una nueva realidad, observé toda la cocina, ya no volveré a ver tanto lujo en una casa, no creo que mis viejos sean personas tan ricas como estas, empecé a balancearme en la silla, hay tantas cosas que no hice en este país, una de ellas fue tener una conversación profunda con Rex, no alcancé a reparar el auto que compré, no pude invitar a mis amigos a comer con mi primer sueldo y mucho menos pude tener a la mina que quiero como mi polola, supongo que en mi vida nueva tendré parte de todo lo que nombre.
- ¿Rob? – Escuchar la voz de Rex me desconcentró.
- ¡Concha su…! – cómo me estaba balanceando en la silla, perdí el equilibrio y me saqué la cresta en el suelo.
Rex se acercó a mí algo preocupado, yo solo sé que me pegué en la espalda y creo que también me golpeé la cabeza.
- ¿Estás bien? – él me ayudó a pararme.
- Sí, todavía tengo la cabeza pegada a mi cuerpo, así que, estoy bien. – mi hermano se rio entre dientes
- No deberías columpiarte en las sillas. – lo miré con enojo ¡Qué mierda! ¿Me está echando la culpa por sacarme la cresta?
- ¡Y tú no deberías hablarme cuando me estoy columpiando! Me desconcentro y pierdo el equilibrio. – Ahora, él dio una fuerte carcajada al responderle por la hueá que me dijo, si lo pienso fue bien hueona la frase que usé, a lo mejor si me afectó el golpe en la cabeza ¡ya no importa! - ¡Oye! ¿Por qué te despertaste tan temprano?
- La verdad, no sé, puede ser la costumbre de dormir poco o el hecho de que mañana te vas, estoy intranquilo. – no quise decir lo que sentía,, solo traté de ser gracioso y con una sonrisa en la cara le dije:
- Ni me vas a extrañar, tú y tus hueás raras te van a mantener entretenido. – de pronto, por primera vez veo que Rex muestra un sentimiento real, él está mostrando una tristeza autentica.
- Perdóname, te cagué toda la vida solo porque decidí irme de la casa para no estorbar, debí pesar mejor las cosas en ese momento, debí… - No quiero escuchar algo tan marica, le pegué en el brazo bien fuerte pa que caché que eso ya pasó y que los cagazos que ya se mandó no los puede corregir, solo debe seguir adelante.
- ¡No te pongai hueón! Ya no hay nada que hacer con eso, solo darle pa delante. – Rex sonrió y continué con mi brillante discurso - ¡Oye! Está hueá de irme a Italia la hago por mí, no es venganza, no es que yo quiera tener a mi familia esparcida como pollos por el campo, solo quiero retomar algo de mi vida, lo que debió ser.
Rex movió la cabeza afirmando, le di un abrazo porque no importa lo hincha pelotas que fue conmigo, sentir que tengo una familia en quien respaldarme me dio un poco la sensación de un hogar.
Después de esa conversación, me fui a mi pieza a arreglar algunas cosas para mi viaje, revisé la maleta por si se me olvidaba algo y me recosté en la cama, no esperé que a penas pusiera la cabeza en la almohada me quedara dormido, desperté como a las tres de la tarde, todos estaban comiendo, fue una especie de almuerzo de despedida, pero muy extraña, ya que solo hubo un brindis por mi partida.
En la noche, a eso de las diez, Rex y yo estábamos afinando los últimos detalles de mi partida, me dijo que todo lo que hay en esta pieza es mío y que en el caso que quiera volver, todo lo mantendrá guardado en el departamento en el cual me iba a ir a vivir este mes, ya dejando claro los detalles, le dije a mi hermano que me iba a bañar, no quiero estar pasado a ala cuando suba al avión. Me metí en el bañó como a las once de la noche, me saqué el cinturón y las zapatillas, los dejé a un lado en el suelo, me iba a sacar el pantalón cuando escucho que abren la puerta de mi pieza, me imagino que Rex me viene a paquear, eso nunca cambiará en ese hueón.
- ¡Oye, hueón! ¡Ya sé que me tengo que acostar luego! ¡Déjame pegarme un duchazo, aunque sea! - De pronto escucho una voz muy suave.
- ¿Y Si te bañas conmigo mejor? Soy muy buena quitando la mugre de ciertas partes del cuerpo. – Bien, puede que Rex tenga una voz muy pasiva, pero no femenina, salí del baño y miré hacia la puerta de mi pieza.
- ¡Andrea! ¿Qué chucha estás haciendo? – en ese momento ella le echa llave a la puerta, mi guata se apretó de la ansiedad.
- No estoy haciendo nada malo…– Dijo estas palabras con un sensual tono de voz, el cual me excitó un poco. Ella sin piedad continuó hablando. -… vine aquí porque me di cuenta de que te vas sin despedirte.
Balanceaba su cuerpo de un lado a otro, parecía una niña pequeña, mientras yo estaba pegado viendo su falda corta, también me fijé en que su blusa tiene un gran escote que resalta sus tetas y a parte se trasluce mostrándome más de lo que se debe ¡Este es su puto y macabro juego! Se vistió así para que me diera cuenta de que no tiene ropa interior debajo de esa ropa, ella me quiere en sus manos para destruir la puta voluntad que me queda.
Sacudí mi cabeza y le hice el quite a sus teta, la tomé por los hombros la giré hacia la puerta para echarla y le dije:
- Bueno, chao, nos vemos algún día y en otra vida. – no quiero tocarla mucho, ya que mis ganas están tan altas que solo con sentir su piel se me para, es como veneno al tacto que me pone duro.
Andrea se soltó de mi agarré y se volteó a verme, con mucha coquetería y además con una tierna voz infantil me dice:
- ¿Solo me vas a decir “Chao”? ¿No puedes por esta vez ceder y darme un abrazó de despedida? – Ella es una experta con hacerme las cosas difíciles, me costó más que la cresta soltarla en año nuevo y ahora me hace esto al estirar sus brazos para que la apriete contra mí, no quiero crearle faltas ilusiones y dañarla más de lo que estará cuando me vaya, prefiero ser el malo de esta historia en este momento.
- ¡No, ni cagando! ¡Fuera! – le indiqué señalando la puerta.
- ¡Por favor! – concha su madre, porque dice eso haciendo puchero, me dan ganas de morderle la boca. – Es solo un abrazo, no te voy a morder.
¡Agh! ¡Por la rechucha! ¿Por qué tiene que hablar de esa manera tan calentona y morderse el labio inferior al terminar su frase? Traté de no mirar su cara y bajé la vista, la verdad eso no ayudo mucho.
Estoy clarito de que ella sabe que estoy quemándome por dentro, pero si quiero sacarla de mi pieza sin lanzarme encima de ella, tengo que cumplir con su petición.
- Ok, pero solo un abrazo ¿Escuchaste? – sonrió como una niña chica mientras yo me daba el valor para no caer en la tentación, llego a sudar. Cuando la estreché en mis brazos pude sentir sus tetas blanditas contra mi pecho, quería apretarla con más fuerza para sentir el roce de su cuerpo con el mío, pero la erección de mis piernas no me está ayudando ¡debo sacarla de mi pieza ya! – ¡Bien! Tienes tu abrazo ¡ahora, ándate!
- ¿Y un beso? – Su postura coqueta y sensual ya me tiene listo para metérsela, Andrea puso sus manos en la espalda para hacer resaltar sus exquisitas y enormes tetas, me duelen las bolas de las ganas que tengo, sudo como si hubiera corrido una maratón, pasé mi mano por la frente y me sequé en el pantalón, le iba a gritar que se fuera, pero ella vuelve a hablar: - Un beso como amigos.
- ¡AAAGH! ¡Cómo quieras! ¡Cualquier cosa para que salgas de mi pieza! – estoy tan desesperado, que todo lo que dije lo hice casi gritando, me agaché un poco para que mi cara quedara a la misma altura que ella.
Ya sabía su truco, ya tenía clara la película, ella iba a fingir darme un beso en la cara, pero la verdad me lo daría en la boca, expectante y duro como una piedra esperé, Andrea hizo de este momento algo muy coqueto, pasa sus manos por mis bíceps, sube hasta mis hombros y se afirma en ellos para darse impulso para besarme, esperaba que sus sabrosos labios chocaran con los míos, pero eso no sucedió, me dio un beso cuneteado en la mejilla dejándome con sed ella.
- Bueno, ya me despedí, espero que te acuerdes de mí en Italia y no olvides tu promesa, recuerda que te estoy esperando. – sus manos recorren mi pecho con sensuales movimientos de arriba abajo, y más abajo, y más, y hasta llegar al borde de mi pantalón donde mi m*****o vibra por ser liberado, en ese momento con la casi extinta voluntad que tengo le levanté la voz.
- ¡Andrea! ¡Para! ¡No me escuchaste cuando te dije en la piscina que ya no me importas! ¡Ya no quiero nada contigo! ¡Ándate! – la tensión me tiene temblando, ansioso y con ganas de desnudarla, pero mis palabras no son consecuentes con mi cuerpo, Andrea ya se dio cuenta que mi pene está hinchado y que la causante de esta reacción es ella.
Le di la espalda para que no me viera y también, para bajarle dos rayas a mis ganas de culearla, pero Andrea ya no se detendrá, ya sabe que estoy preparado para sentir la mojada v****a que tiene entre sus piernas, por lo cual ella no dudo en abrazarme por la espalda y agarrarme el m*****o sobre la ropa, eso solo estimulo a que mi erección vibrara con su tacto ¡Ya no doy más! Saqué sus manos de mi cuerpo y volví a mirarla.
- Andrea, por favor, ándate, te lo ruego. - tragué saliva, tengo tanta hambre de ella que salivó más de lo normal, la sonrisa pícara de Andrea me dio a entender de que ya descubrió que no tengo ninguna voluntad en este momento, así que le estoy pasando la batuta para que ella tome la iniciativa de irse.
- Bueno… - se acercó a mí hasta pegar esas ricas tetas a mi pecho, se colgó en mi cuello y su boca quedó a milímetros de la mía, yo ya no tengo voluntad, solo me quedan mis instintos y la intención de comerme sus labios crece con cada segundo que pasa, me acerqué para robarle un beso, pero ella se alejó de mí poniendo una distancia de un brazo y me dijo: - … Si quieres que me vaya…
Volvió a acercarse hasta rozar todo su cuerpo con el mío y volviendo a la pequeña distancia de su boca con la mía.
- … Entonces abre la puerta.