Estuve encerrada en mi habitación hasta el mediodía, no podía parar de llorar, el dolor me está destrozando, no quiero comer y tampoco me quiero levantar, pero mi mamá me ha llamado tres veces y si me llama una vez más, va a entrar en mi pieza para arrastrarme a la mesa. Cómo no quería verme fea con todo mi rostro lleno de lágrimas, fui directo al baño y me lavé la cara, después me di la fuerza para fingir que estoy muy feliz de la vida porque Roberto se fue, aunque la verdad me siento morir.
Cuando ya estaba sentada en la mesa y me sirvieron una porción de comida, me eché un poco de arroz a la boca y sin querer, me puse a ver el espacio vacío que está enfrente de mí, se me llenaron los de lágrimas que amenazaban con caer, ya no podré volver a ver esos hipnotizantes ojos verdes, esa chasca desordenada y esa pícara sonrisa, sentía ganas de vomitar ante la idea de que Roberto se había ido y no lo volvería a ver.
- ¿Ann, pasa algo? – Ale está muy atenta a mi conducta, le iba a responder algo, pero de repente entra Gabito al comedor con un muy buen animo
- ¡Bonjour, Familia! ¡Feliz año o Bonne année! – Ale se ríe por la energía que desborda mi hermanito, por eso ella le dice:
- ¡Gabito! Anoche estuvimos juntos ¿por qué vuelves a desearnos feliz año? – Gabriel sin pensar mucho respondió.
- ¡Porqué es un buen comienzo de año! Por lo que recuerdo un paracito que no pertenece a esta familia acaba de salir de nuestras vidas. – las palabras de Gabito calaron profundo en mí. – Ahora, Alecita, falta que te separes de T-Rex y tendremos una vida perfecta otra vez.
Cada vez que recuerdo que mi amado Roberto se fue, mi pecho se aprieta, me duele y casi no puedo respirar, quiero irme a mi pieza, pero me fuerzo a comer un poco más, no porque quiera comer, la verdad es que las piernas me tiemblan y no sé si tengo la fuerza para caminar.
- ¡Gabito! – Dijo Ale muy molesta. – Tus bromas hacia mi esposo y su hermano no son graciosas, yo no me separaré de Rex, lo amo y no me hagas enojar, no puedo alterarme, no quiero que le pase algo malo a mi guagüita.
- Bien, bien, mi niña, no haré enojar a mi linda hermanita. – Gabito le apretó la cara a Ale y se la masajeo, pero ella no estaba contenta con este gesto.
- ¡Ay, basta! ¡Te pones bien odioso a veces! – dijo Ale algo molesta.
- No soy odioso, solo muy cariñoso, mi linda Alecita – me carga saber que la felicidad de mi hermano es acostillas del hombre que amo.
Me siento muy mal en este momento, así que me paré diciendo que ya no tenía hambre y me fui a mi habitación. Me di muchas vueltas antes de sentarme en un pequeño sofá que estaba al lado de una gran ventana, este lugar es perfecto para ver las estaciones pasar y pensar. Cuando me acomodé, toqué mi pecho para tomar la medallita de la Virgen de los Milagros, pero no estaba ahí ¡No puede ser! ¿Cómo se me cayó?
Estaba enloquecida buscando mi medalla, di vuelta mi pieza, revisé debajo de la cama y algunos muebles, revise dentro de zapatos, fui al baño y no lo encontré, después fui al living y al estudio de Rex, recorrí la cocina, el patio, he buscado en todas partes y aún no lo encuentro ¿En dónde lo perdí?
- Ann ¿Qué estás buscando? – ver a Ale parada en el ventanal me preocupó, ella debería estar descansando y no parada.
- ¡Ale! No puedes estar parada. – Ale se ríe entre dientes y me dice:
- No seas exagerada, puedo estar de pie, lo que no puedo hacer es fuerza. – Al ver que mi hermana no tiene intenciones de moverse, decidí entrar a la casa. – Oye, no me dijiste que buscabas.
-Ah, mi cadenita, la perdí y no se dónde, la tenía puesta ayer. – Ayudé a Ale a que se sentara y yo me quedé a su lado.
- Ya la encontrarás, puede que la tenga una de las nanas. – no había pensado en eso, si la dejé en algún bolsillo, Clara pudo haberla encontrado. – Ann, quería hablar contigo.
- ¿De qué cosa? – Ale se veía algo preocupada, no quiero inquietarla, me da miedo que le pase algo a mi sobrina.
- Estuviste llorando ¿Verdad? – no creo haber sido tan obvia, me quedé mucho rato en mi pieza antes de salir con la cara hecha un desastre.
- No, como se te ocurre, ¿por qué llo…? - Ale me detuvo antes de que terminara de hablar.
- Ann no tienes que mentirme, tus ojos están algo rojos y puedo ver la pena en ellos. – mi hermana está muy perceptiva, se da cuenta de las cosas más que antes.
- Ale, creo… creo que es mejor que vaya a buscar mi cadenita, sin ella siento que algo me falta. – me paré sin esperar respuesta de Ale, no quería indagara para hacerme llorar otra vez.
Me volví a encerrar en mi pieza, me cambié de ropa y me puse la única camiseta que quedó de Roberto, lo extraño, aunque solo se fue hace unos horas, siento que ha pasado una eternidad ¡Si solo tuviera mí medalla! La virgencita me escucharía y traería de vuelta a mi dulce mecánico.
Narra Roberto
Apenas bajamos del auto, Rex parecía estar concentrado en otra cosa, caminaba como si él se fuera de viaje, tal vez es la costumbre, ya que suele viajar mucho, pero me da la impresión de que esta preocupado, algo lo tiene ansioso. En el momento que entramos al edificio del aeropuerto Rex me hablaba como una agenda viviente.
- Bien, tienes que ir a registrar tus documentos, después debes dejar tus maletas para el embarque y tienes que pasar el control de seguridad ¿Traes todos tus documentos?
- Sí… Oye, no tienes que preocuparte tanto, sé que debo hacer, llegaré bien.
- Lo sé, solo que… - Rex se ve muy tenso y podría jurar que quiere decirme algo muy importante. – No quiero que te ilusiones, las personas a las que vas a ver no las conoces, por mucho que sean nuestros padres, no tienes idea como son, ha pasado mucho tiempo y tu apenas recuerdas a esas personas.
Me llama la atención de que Rex traté a nuestros papás como unos desconocidos, no creo que hayan tenido un cambio tan drástico como para no reconocerlos.
- Rex, quiero volver a conocerlos, quiero saber cuales son mis raíces, recuperar el tiempo perdido, quiero sentir que pertenezco a una familia y no que soy un guacho. – Mi hermano agachó la cabeza y me dijo:
- Entiendo, ya sé qué quieres encontrar, pero ten en mente que jamás podrás recuperar el tiempo que perdiste, eso es imposible, solo puedes tener el presente. – Hay algo de tristeza en las palabras de Rex, sé que no quiere que vaya a Italia, pero aún no entiendo por qué.
- Oye, puede que me vaya lejos, pero eso no quiere decir que dejes de ser mi hermano. – Rex sonrió y yo abrí los brazos para despedirme. – Oye estaré bien.
- Rob, si por cualquier cosa quieres volver, hay un pasaje abierto para ti.
- Ya me dijiste eso como un millón de veces. – solté a mi hermano y tomé mis maletas.
Después de despedirme de mi hermano, pasé por la zona en donde se dejan las maletas y después pasé por el control de seguridad, me pidieron que dejara en una canasta todo lo metálico, me saqué el cinturón la medalla del cuello, la muñequera y por si acaso revisé todos los bolsillos de mi ropa, de repente siento que hay una cuerda muy extraña en el bolsillo de mi pantalón, al sacarla y verla con detalle me golpeé la frente con la palma de la mano y susurré:
- ¡Mierda! Olvidé entregarle esto a Andrea. – Después de pasar el control de seguridad, me senté a esperar la llamada de mi vuelo mientras miraba la cadenita de Andrea.
El tiempo se me pasó volando al contemplar la medalla de la Virgen María, recuerdo la manía de mi cuica hermosa cuando tomaba esta cosa en los momentos que estaba nerviosa por algo ¡Ja! No puedo evitarlo, ella viene a mi mente sin importar lo que haga, es casi como una droga, la necesito para estar satisfecho, nunca me sacio de Andrea.
Cuando anunciaron mi vuelo me puse nervioso, no tengo ni puta idea de lo que es volar, no lo recuerdo, tenía cinco años cuando me trajeron en avión a este país, después de eso mi vida ha sido un extraño circulo de tragedias. Al cruzar el puente para subir el avión, sentí que alguien me observaba, pero la luz del sol no me dejaba ver quien era el hueón que me estaba mirando por las grandes paredes de vidrio, preferí no darle importancia y seguir mi camino. Apenas aborde el avión, una azafata estaba ayudando a la gente a encontrar su asiento, esperaba sentarme al lado de una ventana con toda la gente que viaja en la sección turista, pero la señorita dijo que mi pasaje es en primera clase ¡Ay, Rex! ¡eres tan hueón! ¡Contigo no se puede!