Capítulo 15

2310 Palabras
Nadie contestó así que lo ignoré, pero volvieron a tocar la puerta ¿Quién chucha es? Traté de hacerme el loco de nuevo, aunque no funciona, me está sacando de quicio el constante golpeteo, me paré con la mierda hirviendo, ya estaba cabreado porque no puedo culear con mi princesa y me vienen a sacar los choros del canasto. Abrí la puerta emputecido, dispuesto a gritarle en la cara a quien sea que me esté hinchando las pelotas. - Hola, Robin. – me quedo con el grito a media garganta y tuve que tragar duro para no acriminarme, este hueón me tiene chato con su persecución. Este saco de huea entró a mi pieza como Pedro por su casa, me empujó hacia un lado con el hombro y cerró la puerta, giré los ojos con desdén, este mierda no sé qué se trae que se siente con el derecho de venir huearme en mi cueva. El hueón de Gabriel empieza a observar mi pieza, de repente se echa en mi cama y se acomoda en ella. - Mi familia ha sido considerada contigo, Robin. – por alguna razón mi instinto dice que entre menos yo hable, este hueón no podrá hacer nada en mi contra. El culiao es algo impredecible, me sorprendió al sentarse de manera repentina en la cama. – Me imagino que con tan buen trato debes tener algunos límites. - ¿Límites? – embozó una sonrisa hueona de sicópata, supongo que solo me queda escuchar. - Sí, los límites, esos dónde tu respetas a los dueños de casa, cuidas las cosas que no te pertenecen, no te metes en lugares que no te corresponden y no seduces a la hija menor de la familia, esos límites. – me sorprendió con sus extraños ejemplos, en especial cuando al final quiso dejar en claro que debía alejarme de Andrea, si supiera que ya le di como caja, se muere este hueón. - Sé muy bien hasta donde puedo llegar y ya que estamos definiendo algunos parámetros ¿me puedes dejar de huear? – Se rio en mi cara. - Ja, ja, ja ¡Eres muy gracioso, Robin! - ¡Agh! De nuevo su cara de loco de patio. – Los límites solo son para ti, Andita es un Angelito herido y no necesita a un carroñero como tú que la tomé para destrozar su corazón en mil pedazos, tampoco necesita a un pobre huevón que quiere aprovecharse de su inocencia, ella no sabe que clase de aprovechador eres, así que piensa dos veces antes de acercarte a ella, porque no me cuesta nada agarrar el teléfono y mandarte preso con solo un chasquido. – Chasqueó los dedos muy cerca de mi cara mientras mostraba una sonrisa llena de arrogancia, tenía una ganas de volarle los dientes de un solo combo, a ver si le quedan ganas de reírse de mí a este maricón de mierda. - ¿Ya terminaste de huearme o te quedó algo en el tintero? – me crucé de brazos mientras esperaba que se fuera. - Sí, algo más. – el maricón se acercó a mí, me abrazó casi ahorcándome y me susurró muy cerca de la oreja. – no te acomodes tanto, T-Rex y tú van a salir cagando de esta casa cuando descubra quienes son. Me dio dos fuertes palmadas en la cara y se fue silbando, si no fuera porque no quiero que las cosas se salgan de control, le hubiera dado la feroz patá en la raja, no he conocido hueón más cargante que este, traté de no darle importancia por ahora, miré mi reloj y me di cuenta de que tengo que irme, se me hace tarde, cuando vuelva le contaré a Rex lo que pasó. Salí de la casa sin despedirme ni nada, al final el único que tenía que saber mi paradero es Rex y ya le dije a donde iba, también había llamado al Martín, nos juntaremos frente al Shopping. Mientras iba en el metro pensaba en mi cuica hermosa, volvió a seducirme, de verdad que lo único que quería hacer hoy era culearmela, si no fuera por el perro culia de mi hermano y el hueón de Gabriel, ya hubiera saltado la liebre, pero no, de nuevo a pajearme, desearía tener algún control de mí cuando Andrea utiliza golpes tan bajos como el que hizo hoy en la mañana, recuerdo cuando la conocí, verla bajar las escaleras fue todo un placer, sus tetas rebotaban con cada escalón que pisaba, al descender levantaba un poco sus muslos , la falda se doblaba para ver el camino hacia su exquisita v****a, esa primera impresión que tengo de ella no se me borra de la cabeza, uno de mis deseos es poder tenerla en mi pieza con esa misma ropa, darle muy duro, hasta que se mojé y me grite que la haga llegar una y otra vez… Creo que debo dejar de pensar, no quiero andar levantando carpa en medio de la calle. Cuando llegué al frontis del Shopping, me esperaba el Martín con la Pauli, su polola, los tres somos amigos, estuvimos mucho tiempo viviendo juntos en la casa de la tía Susana, es una señora con un corazón enorme, nos recibió en su casa como si fuéramos sus hijos y nos cuidó con cariño, éramos una familia, hasta que la tía se fue al sur. Después de ponernos de acuerdo en que micro nos iríamos para llegar a Puente Alto, caminamos hasta el paradero, hablamos y tonteamos hasta que tuvimos que correr para que no se nos fuera la micro Cuando llegamos a la casa del Braulio ya estaban preparando el asado, tiraron un poco de chancho, vacuno, pollo y unas cuantas longanizas para hacer un par de choripanes, había chelitas heladitas y unas cumbias tropicales de “Ráfaga” como música de fondo, todo esto me hace sentir lleno, es aquí donde me siento en casa. Mientras iba avanzando por la casa del Braulio, me saludaban todos los cabros con los que compartí en la casa de la tía Susana. - ¡Hola Rob! ¡Feliz Navidad! – me saluda La Cata dándome un amistoso puñetazo en el hombro, de repente me viene a la cabeza cuando nos dimos como caja un fin de semana que estábamos solos, era mi primera vez, estaba tan cocío y ella acababa de llegar de una fiesta, estaba tan curá como yo, pero ella no dudo en bajarme los pantalones y montarme, pensé que al día siguiente se iba a enojar conmigo, pero en vez de eso me echó de su pieza y me amenazó con que me iba a cortar el pico si le contaba a alguien lo que pasó. - Hola, Rucia. – la Cata me volvió a golpear en el hombro, pero esta vez con mucha fuerza. - Te dije que no me llamaras así, me carga que me destaquen por ser rubia, soy más que eso. – me reí entre dientes y le dije un simple “Si, si”. - ¡Buena socio! – Me saludo el Julio dándome un gran abrazo. – ¡Feliz navidad! Espero que hayas tenido una gran noche buena. Julio levantó las cejas de forma insinuante, supongo que está presumiendo por que se echó un polvo anoche - ¡Obvio! con una rica morena culona. – le respondí. - ¡Ese es mi socio! – de pronto se acerca la Violeta, la única hija de la tía Susana, no se pudo ir al sur con ella porque tiene un trabajo seguro en Santiago, también creo que le gusta el Braulio y está esperando que atine. - Hola, Rob, feliz navidad. – me abraza con mucho cariño, su voz es tan cálida y amena como el de la tía Susana. - Hola, Viole, feliz navidad ¿Has visto a la tía Susana y a la enana? ¿Están bien por allá? - Mi mami y la Jaque han estado bien, los extrañan mucho a todos. – me dio un poco de pena, siento que por culpa de Rex todos nos separamos, pero es ridículo que piense eso, ya que todos eran mayores de edad cuando mi hermano decidió llevarme a vivir con él. - Me alegro mucho, también se les extraña aquí. Después de las presentaciones, todos nos reunimos alrededor de la parrilla a dar consejos hueones de cómo debe quedar la carne, cuando se le echa la sal y si queda mejor marinándola con una cerveza, las longanizas ya están listas para hacer un choripán con las marraquetas que pusieron un rato en el fuego, la conversación fluye y nos reímos de las hueas que le salen al Vitoco, por ser tan pendejo queda colgado en algunas conversaciones de doble sentido. Apenas se anunció que la carne estaba lista todos se acomodaron y sacaron carne como si estuvieran hambreados; después de comer las risas no paraban, entregar los regalos y abrirlos fue todo un chiste, era difícil que no te agarraran pal hueveo cuando recibías una colonia o un par de calcetines, me siento más feliz que la cresta, necesitaba estar con mis amigos, olvidarme un rato de la mierda de vida que me espera en la casa de los Dossmar, pero solo falta una semana más y me iré a Italia, lo que me quedará de este día son los buenos recuerdos. Como a las seis de la tarde todos se echaron una siesta antes de volver cada uno para su casa yo no pude hacer eso, estaba sentado en la parte de atrás de camioneta del Braulio, tomándome la última chela que quedaba, en ese momento se me habla Martín. - ¡Oye, hueón! ¡Deja de tomar! te pueden cogotear si te vay cocío para tu casa. - No pasa na, llamaré a Rex y le pediré que uno de sus perros culiaos me venga a buscar. – Martin se sentó al lado mío y me preguntó. - ¿Estay bien? Te ves bajoneado. – Apenas le di una sonrisa a Martín, a lo mejor estoy muy curao, pero se me soltó la lengua. - Más o menos, me preocupa un poco irme a Italia solo, no he visto a mis viejos desde que tengo cinco años, no voy a volver, no te voy a volver a ver, hueón, voy a dejar atrás muchas cosas, el colegio, a mi hermano, a todos ustedes… - me quedé en silencio, no quería nombrar más cosas. - ¡Y a tu mina! – Me sorprendieron las palabras de Martín, no quería recordar que la voy a dejar. – vas a dejar atrás a la mina que te tiene tomado de las bolas. - Si a ella también. – me dio un bajón de pena muy cuatico, pero él Martín poso su mano en mi hombro y dijo. - Oye, no nos estás mandando a la mierda, solo nos vamos a dejar de ver un tiempo indefinido, piensa que, si tu no vuelves, tal vez mi situación cambie y podamos ir la flaca y yo a verte, quien sabe si me gano un premio y voy sin pensar en la plata. – una risa melancólica salió de mí, solo pude alimentar la fantasía de la mente de mi amigo y le dije: - Sí, quien sabe, a lo mejor yo vuelvo y me quedo acá. - al parecer mi respuesta fue demasiado sorpresiva, de pronto se larga a reír. - ¡No huei, po! O me arrepentiré por haberte devuelto las cien lucas que me prestaste. – ¡Este hueón siempre me hace reír! No dije nada más, un cómodo silencio se instaló en el ambiente, ya el sol se estaba poniendo en el horizonte así que decidí llamar a mi hermano para que mandara un auto. Después pedir el teléfono prestado, llame a Rex y le pedí que me mandara un chófer, sé que no puede enviar al que está en la casa, lo necesita en caso de emergencia y el otro chófer pidió el día libre, así que seguramente me enviara al abogado, el tal Evan. No pasó mucho tiempo cuando llegó un Mercedes Benz gris, el tipo que conduce lleva un pañuelo roja en la cabeza, se me hace familiar, pero no recuerdo bien quien es. El hueón bajo del auto, usa una camiseta sin mangas blanca, se le ven los músculos de los brazos, es enorme, como esos hueones de la lucha libre que salen en la tele o puede que este exagerando, es más alto que yo y tiene una cicatriz al lado izquierdo de su cara. - ¡Ay, Anderson chico! ¿Qué te pasó? – Cuando se acercó a mí caché quien era. - ¿Eres el hueón que fue con nosotros a Valle Nevado en las vacaciones de invierno? Eres Miguel. - Sí, no me llames así, menos por estos lados, dime como todos, Gojan. - ¡Qué apodo más hueón! - Sí, lo sé, pero si perteneces al “Refugio” no puedes andar gritando tu nombre real, es peligroso. - ¿Y tú mina si lo puede decir? – con desgano me respondió - Aaah, eso es otro cuento. Mejor súbete al auto, estoy cagao de sueño y solo quiero echarme en mi cama a dormir. – No sé porque, pero creo que este viaje va a ser más largo de lo normal con este hueón Glosario Hubiera saltado la liebre/saltó la liebre: es un dicho chileno para decir que los planes para coger se van a concretar. Levantar carpa: evidente erección Chancho: Cerdo Pico: una forma de decir pene Rucia: rubia Se echó un polvo/ echarse un polvo: haber tenido sexo Marraquetas: un tipo de pan muy común en Chile Cogotear: le pueden robar te tiene tomado de las bolas: que está muy enganchado a ella. Cuatico: exagerado, demasiado
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR