El tal Gojan conducía tranquilamente mientras se puso a escuchar música ochentera, un poco de Soda Stereo, Upa y Virus, por alguna razón las tararea, eso me esta molestando, al igual que este silencio incomodo.
- ¡Oye! ¿Por qué no pones otra hueá? – El hueón de Gojan me miró confundido, creo que no se espera que respondiera de mala gana.
- Si quieres cámbiala, me da igual. – cambié la radio y la puse en algo más rockero, la canción que sonaba en ese momento era Locura espacial de Chancho en Piedra, pero al parecer el problema no es la música, es este hueón que está tarareando, me emputece.
- ¡Ya, hueón! ¡Para! ¡Me tení chato con tu tarareo! – esta vez Gojan frunció el ceño y me respondió:
- ¿Qué mierda te pasa? ¿Qué no la pasaste bien? ¿No te dieron la pasá? ¿o qué? – no sé que hueá, me siento enojado desde el momento que vi a este hueón.
- ¡Agh! Disculpa, no sé qué mierda pasa conmigo.
- Entiendo, a veces también me siento como las hueas. – de nuevo este silencio incomodo, debe ser que él me recuerda lo que pasó en Valle Nevado, este hueón culeaba todas las noches a su mina, no me dejaba dormir porque compartíamos el baño y se metían ahí para darse como caja, también él fue el primero en decirme a la cara que le tenía ganas a Andrea, supongo que me molesta la idea de que le haya dicho a Rex que yo ando detrás de su cuñada.
Llevábamos la mitad de camino en absoluto silencio cuando me doy cuenta de que Gojan mira mucho por el espejo retrovisor, su gesto es una mezcla de enojo y preocupación, de repente este hueón se mete a una calle, después a otra y da una extraña vuelta a la manzana, escuchó que da un gruñido, cambia de dirección y ahora estamos yendo en dirección a Puente Alto ¿Por qué chucha estamos regresando?
- ¡Mierda! – Gojan se ve cabreado y me dice: - Ponte el cinturón, abre la guantera y aprieta el botón azul cuando yo te diga.
- ¿Qué?
- ¿Qué no escuchaste? – me mira molesto, me pongo el cinturón de seguridad, abro la guantera y en la parte de arriba hay dos botones, uno rojo y uno azul, esperé a que me dijera algo, de pronto me grita – ¡Ya!
Apreté el botón y él da un giró muy brusco y se va por una avenida muy rápido, menos mal que es veinticinco de diciembre, no hay nadie en las calles y una maniobra así hubiera matado a un peatón, por él susto del movimiento había olvida en lo que pensaba, pero atiné rápido y pasó por mi mente ¿para qué mierda servía ese botón? aunque no creo que haya hecho nada en verdad.
- ¿Tenía que pasar alguna hueá?
- Sí. – de pronto Gojan pisa el acelerado desviándose hacia una carretera, maneja como un loco.
- ¿Qué chucha te pasa? ¿Nos quieres matar? – No me contesto de inmediato, está demasiado concentrado en lo que está haciendo.
- ¿Tienes un celular? – Rex me dio uno, pero pensé que era para paquearme, por lo cual lo dejé en la casa.
- Aaah… No. – El hueón de Gojan me miró con extrañeza.
- ¿Me estay hueando? ¡Si Rex me obligó a mí a tener un celular, a ti debió habértelo amarrado al cogote!
- ¡No me gusta andar con esa cagá! - a la rápida saca su teléfono del bolsillo del pantalón.
- ¡Toma! ¡Llama a Rex! ¡Dile que nos están siguiendo! – ¿Por eso este hueón está conduciendo como si estuviera en la Nascar?
Revisé el celular de Gojan, busqué el nombre de mi hermano, pero este hueón tiene nombres bien raros para algunas personas como “Perno” o “Hueón repuestos” no pude encontrar lo que buscaba, sale uno que dice abogado, otro que dice Chuncho y otro que dice "Indio”, digamos que es muy bueno para cambiar los nombres, aun así, entre tanto apodo no tengo la puta idea como le puso a Rex.
- ¡Oye! No encuentro el nombre de Rex. – achinó los ojos como si algo estuviera mal, pero como si recordara algo dice:
- ¡Ah! ¡Sí! Le puse “Hueón Latero”. – traté de ser rápido al buscar y sí, hay uno que tiene ese nombre.
- ¿Por qué le pusiste así? – Levantó los hombros y dijo.
- Porque no cabía “Hueón Hincha Pelotas” – presioné el botón de llamada, mientras conectaba le pregunté al hueón:
- ¿Por qué no solo le pusiste su nombre?
- Ya te dije, no es bueno usar nuestros nombres reales, menos cuando pertenecemos al Refugio y Rex es el único que no tiene un apodo como tal, la mayoría piensa que él no existe, que es una pantalla para decir que el Refugio es un lugar sin jefes, sin cabeza, como los cabros no lo conocen suele pasar por el nuevo.
- Aaah. – de repente escuchó que contestan.
- Dime
- Rex… - no alcancé a pronunciar todo lo que tenía que decir porque mi hermano habló primero.
- ¿Rob? ¿Dónde está Gojan?
- Está a mi lado, quería que te dijera que nos están siguiendo. - la forma de hablar de Rex cambio, ahora sonaba como si estuviera dando órdenes.
- ¿Sabe quién los sigue? – repetí lo que dijo Rex.
- Por el tipo de auto, presumo que es Joseph, dile que de nuevo trata de secuestrarte. – Abrí los ojos muy grande, mi secuestro no fue algo ameno, repetí lo que dijo Gojan.
- Bien, dile a Gojan que vaya hasta Avenida La Florida con Departamental, los estarán esperando ahí, también que intente perderlos, no importa lo que cueste. Nos vemos. – Ni pude despedirme porque corto antes, le repetí lo que dijo mi hermano y Gojan respondió entre risas:
- ¡Buena! Tengo permiso para dejar la caga, ahora aprieta el botón rojo de la guantera. – Apreté el botón rojo y algo sonó en el auto, una sonrisa de sicópata apareció en el rostro de este hueón y le metió chala al acelerador.
- ¡Hueón! ¡Saca la pata del acelerador!
- ¡Ni cagando! ya oíste al jefe, hay que dejar atrás a esos culiaos. – de pronto gira a alta velocidad por una curva cerrada, me gustan las emociones fuertes, pero no en donde mi vida está en las manos de un loco de mierda.
Después de la curva suicida, Gojan trató de acelerar lo más que pudo en zona urbana, esquivando autos y cruzando calles justo cuando el semáforo estaba cambiando a rojo, logró alejarse lo suficiente para perderlos por algunos minutos. El viaje hasta Departamental fue muy corto, tuve la impresión de que estaba de copiloto de Eliseo Salazar, en ese momento se desvía por una calle sin salida y ahí estaban dos tipos parados al lado de una moto Yamaha negra, Gojan estacionó detrás de esta y antes de bajar dijo:
- Vino el milico y el clon… ya cacho. – él bajó del auto y me dijo que bajará también, tomé mis hueas y lo seguí.
- Sargento, me imagino lo que pensó el jefe. – sin pensarlo mucho, Gojan se sacó el pañuelo de la cabeza y la polera que llevaba para intercambiarla con el tal “Sargento”, si veía bien a este tipo era muy macizo ¿De dónde sacó Rex a este par de hueones? ¿de un ring de boxeo?
No me di cuenta cuando el otro cabro se acercó a mí, él es casi del mismo tamaño que yo, este estiró la mano y pensé que me estaba saludando, pero me sonrió como un loco a punto de asesinar a alguien.
- No suelo hacer propuestas así la primera vez que veo a alguien, pero necesito que me entregues tu polera, el gorro y la mochila.
- ¿Qué? – me pilló volando bajo, así que me aterró perder mis cosas.
- ¡Oye! ¡No te pongai hueón! ¡tenemos que irnos ya! – me dijo Gojan.
- Pero en la mochila tengo hueas muy importantes. – me sentí como un pendejo de cinco años perdiendo su juguete.
- Te las devolverán más tarde ¡solo entrégalas! – pasé las cosas como si me estuvieran cogoteando, el otro hueón me pasó su camiseta para que me la colocara.
A este hueón que Gojan llamó “clon”, tiene el pelo algo largo y oscuro, es un poco estrecho de hombros y tiene facciones poco convencionales, es fino de cara, aunque a la vez es tosco. De pronto se arregla muy rápido el pelo y se pone mi jockey con la visera hacia atrás, algunos mechones se le salen por la ranura que tiene el gorro. No sé cómo lo hizo para verse muy parecido a mí, quedé impresionado con su apariencia. La ronca voz del Sargento me desconcertó y me giré para mirarlo
- Toma las llaves de la moto, nosotros los despistaremos yendo por Vespucio, ustedes sigan por Macul – Gojan toma las llaves y dice con alegría.
- Me encanta la Yamaha SRX 400, el hueón del jefe no me deja usarla. – mientras dice eso le pasa las llaves del auto al Sargento.
- Aprovecha el viaje, porque esta no la saca por nada del mundo. – Gojan hizo un sonido con la boca y levantó el pulgar en señal de aprobación.
Los dos hueones se subieron al Mercedes y dieron vuelta para salir por Avenida Vespucio, cuando se fueron, Gojan me entregó un casco y me dijo de forma cortante “Vámonos”.
El hueón de Gojan no importa lo que conduzca, es igual de loco en cualquier vehículo, aunque tal vez es más arriesgado en la moto, llegamos en cuarenta y cinco minutos a la casa, no sé como no vomité, estoy algo mareado, nos recibió en la entrada mi hermano, que nos esperaba apoyado en el portón de la casa. El amigo de mi hermano se sacó el casco y dijo:
- ¡Wau! Esta preciosidad corre como un corcel. – Rex no hizo caso al comentario, solo pregunto:
- ¿Te siguió alguien? – Gojan suspiró y dijo:
- No, para nada, no sé si fui muy rápido en las calles o siguieron al Sargento, pero cuando venía para acá no vi nada extraño.
- Bien. – dijo Rex sin darle mucha importancia, yo me sentía extraño, algo confundido y tiritón, como si hubiera salido de una película de terror. – ¡Rob! ¿Estás bien?
- Aaah… sí, solo estoy algo curao y quiero ir a dormir.
- ¿Seguro?
- Sí… sí, solo necesito dormir. – traté de dar una vibra de seguridad, pero era una puta mentira, porque solo con recordar que estaba escapando para que no me secuestraran se me apretó la guata, no quiero estar encerrado en una jaula de un zoológico abandonado otra vez.
Ya pasó casi una semana de la persecución, las dos primeras noches dormí a saltos, se me venían imágenes de Joseph atrapándome, ese mierda me torturó mientras estaba encerrado y me dejó traumas; estaba tan distraído con mis hueás que no me di cuenta que mañana es año nuevo y todos están corriendo de arriba abajo preparándose para medía noche, la verdad me importa una mierda preparar algo, pero por lo que caché, en esta casa van a desembolsar unas buena cantidad de lucas para la cena de esta noche, quieren derrochar en grande. Estaba algo aburrido viendo a un montón de gente extraña ordenar la casa, así que me puse a ver tele, por casualidad la cambié al canal de las noticias, hablaban de que se acaba el siglo, el milenio y todas las eras juntas, viene un apocalipsis que nos matará a todos, el sensacionalismo que le dan al asunto debe dejar a más de alguno con los pelos de punta, aunque para mí es más probable salir a la calle y que me maté un auto en vez de que se terminé el mundo hoy.
Como a las seis de la tarde fui a bañarme, me puse una camisa de manga corta que me queda algo apretada en los brazos y un pantalón delgado color café, no quería lucir tan empaquetado, no me abroché el último botón de la camisa y me puse unos mocasines, salí de mi pieza y en ese mismo momento salió Andrea, se ve preciosa con un vestido rojo que acentúa sus exquisitas curvas, los zapatos altos despiertan mis más bajos instintos y su pelo tomado en un moño deja al descubierto el escote de su espalda, eso me hace imaginar que debe estar sin sostén ¡Por qué me tortura así! Quería decirle algo para llevarla a mi cama, arrancarle ese vestido y darle como tambor apache, pero mis ganas quedaron en el aire cuando salió alguien más de su pieza.