Cuando desperté eran las siete de la mañana, no me di cuenta cuando me dormí profundamente, aún llevaba puesto el vestido que use anoche y en mi mano conservaba la pequeña bolsa de gamuza, me siento triste y desolada, todo lo que me pasó este año me ha destrozado por dentro, estoy cansada y que Roberto me rechace me quema el alma, me pregunto ¿Vale la pena todo lo que estoy haciendo por ese hombre? No lo sé, pero si él se va sin decirme que pasará con nosotros, moriré.
De pronto, algo dentro de mí me hizo entrar en razón, algo que había olvidado, yo soy Andrea Dossmar, yo siempre consigo lo que quiero y si lo que quiero es a Roberto, nadie puede detenerme, ni siquiera la extraña actitud que él ha tenido conmigo, volveré a llamar su atención y creo que esta vez será más fácil, ya que al parecer me necesita más de lo que imagino o no me hubiera cargado al hombro hace unos cuantos días atrás. Busqué algo que puede recordarle a ese hombre por qué le gusto tanto, me di una ducha rápida, me vestí y me amarré el pelo en un tomate, en este momento conozco el punto débil de Roberto y tengo las armas para atacar.
Ya eran pasada las nueve de la mañana y todos estaban esperando a que Rex, Ale y yo llegáramos al living, apenas bajé me acerqué al arco de entrada hacia el living, mis papás estaban sentados en el sofá tomando jugo de naranja, Gabito estaba sentado cerca del árbol de navidad dándome la espalda, Ricky estaba en el suelo junto a los regalos mirando cuales eran suyos, pero le cuesta un poco entender las letras, ya que solo tiene seis años, recién está aprendiendo a leer y escribir, y por último, Roberto, que estaba en el piso con las piernas cruzadas diciéndole a mi sobrino que debía esperar a que todos estuvieran presentes. De pronto de reojo él me mira, vuelve a ver a Ricky y como si no me hubiera observado bien, giró toda su cabeza para ponerme atención, mi plan está funcionando, ya tengo toda su atención para mí.
Cuando conocí a Roberto, llevaba un polera blanca de tirantes y una falda tableada rosa, en esta ocasión usé algo parecido, solo cambian colores de las prendas, mi lindo mecánico estaba absorto en mí, no paraba de mirarme, pero mi sobrino lo obligó a concentrarse en los regalos, era difícil para él no mirar cada cierto tiempo hacia donde yo estaba, sé que él me quiere, me desea, lo veo en sus ojos hambrientos de lujuria. Detrás de mí escuchó una suave voz que me desconcentra de mis miradas furtivas a mi amado, era Ale afirmada con mucho cuidado por mi cuñado, tuve que olvidarme un rato del hombre que me tiene loca.
- ¡Pues que están esperando! ¡Vean los regalos y repártanlos! – mi sobrino no dudo en lanzarse a los regalos, aunque se los pasaba a Roberto o Gabito, para saber que nombre salía en la etiqueta y si no era su nombre, lo entregaba a la persona que le correspondía.
Ale se ve muy alegre y animada, mientras cruza el living para llegar a sentarse al sofá, Ricky ya lleva la mitad de los regalos abiertos y esta muy hiperactivo lanzando papeles al aire, creo que Ricky es el único que disfruta la navidad a concho.
Después de que se repartieran todos los regalos para ser abiertos, pasó media hora más para que empezáramos a tomar un rico desayuno, con pan de pascua, galletas y pequeños pancitos con queso, jamón y palta. De repente quise pedirle a Clara que me trajese otro tipo de galletas, pusieron solo galletas de mantequilla en la mesa y no me gustan, pero Clara estaba tan ocupada que me levanté para buscar otro paquete.
Cuando estaba en la cocina busqué en varios muebles las galletas y al parecer, como no es lo que más se come en esta casa, las dejan muy arriba en uno de los estantes, me estiré mucho para alcanzarlas, pero apenas la toco con la uña, se me ocurrió buscar una pequeña escalerita que usa la Anita y la Clara, pero ni siquiera alcancé a mirar donde estaba porque de la nada apareció una mano que alcanzó las galletas por mí, giré la cara para confirmar que era el hombre que esperaba y si era mi guapo mecánico. Al ver su rostro tan cerca del mío no pude evitar sonreír, me recosté en su pecho y podía sentir los latidos de su corazón, son muy rápidos, Roberto está tan cerca de mí que logro sentir su dura erección en mi cadera, sus instintos básicos están actuando ante la más mínima fricción entre los dos, este momento parece eterno y me doy el lujo de poner mis pechos muy cerca de él para que pueda verlos bien desde su posición, logré observar su sonrisa pícara y dándose valor toma aire para decirme:
- Te ves… - no pudo decir la frase completa, porque entró Clara en la cocina chillando porque no la dejan descansar y para despistar, Roberto cambio sus palabras. - ¡Aquí están tus galletas, enana malcriada!
- ¡Mecánico de cuarta! ¡Moliste las galletas con tus monstruosas manos! – Las galletas si estaban molidas, me imaginé que su ansiedad es más grande de lo que pensaba.
- ¡Ay, Andreita! No trate tan mal al joven, Robertito es muy bueno con usted, debería agradecerle. – Ya que Clara estaba tan convencida de nuestra actuación que solo seguí con el juego.
- Ese roto se lo merece, no es capaz de actuar como una persona civilizada. – salí de la cocina mostrando algo de altanería, esta postura me parece muy difícil de hacer ahora, antes era algo más natural.
Volví al comedor, puse las galletas rotas en el mismo plato donde estaban las galletas de mantequilla, la verdad ya no se me antojaba comerlas, quería comer algo más o mejor dicho, a alguien más. Las miradas entre Roberto y yo son recurrentes, como está sentado en la esquina de la mesa, tiene que ser muy discreto, pero yo no me esforzaba mucho por ocultar mi interés por él, aparte de Gabito y Rex, que saben la verdad y pueden ver mis gestos, nadie más sabe lo que estoy haciendo.
Estaba coqueteando con pequeños gestos, como rozar mi cuello descubierto con la mano, tocar mis labios o pasar con uno de mis dedos la crema de algún postre y echármelo a la boca, la ansiedad se veía en el rostro de Roberto, se nota que me necesita con urgencia, tal vez si lo seduzco un poco más pueda tenerlo para mí esta noche, me iba a morder los labios para seguir ganando terreno en la lujurio de mi hombre, pero Gabito puso su cara frente de la mía muy enojado.
- ¿Qué haces? - me dice Gabito molesto.
- ¿Qué estás haciendo tú? ¿Tengo algo en la cara? – aún sigo molesta con mi hermano así que no tengo ninguna intención de tratarlo bien.
- Andita ¿Por qué estás tan destapada? Ponte algo de ropa, un chaleco y unos pantalones largos. - ¿En serio? ¿Quiere hacerme enojar más?
- Gabito, es verano. – me crucé de brazos y continué hablando. – no me voy a poner ropa de invierno porque a ti te dio la regalada gana.
Mi hermano se le marca el ceño por lo enojado que esta, y me dice irritado:
- Angelito, no me gusta cómo te mira el huevón de Robin, parece que te quiere comer. – no le respondí, solo pasó por mi mente que sí quiero ser comida por él.
- ¿Qué les pasa a ustedes dos? – Al parecer Ale esta más atenta de lo que pensé. – A ver, cuenten, debe ser importante si se ponen tan serios.
- ¡Ay. Alecita! No es nada. – La palabras de Gabito suenan tan joviales y verdaderas que nadie se hubiera dado cuanta de que estaba mintiendo. – Hice enojar a Andita anoche porque gané en el juego de cartas y ahora está intentando hacerme la ley del hielo.
Gabito es muy bueno para mentir, todo le sale de forma natural, como si su esencia fuera la de ser un mentiroso profesional, no quise contradecirle, me puse a comer para no tener que hablar de nada que no sea el desayuno que estamos tomando.
Terminando de desayunar, todos se fueron a descansar un rato, la mañana había sido muy agotadora, yo me dirigí hacia el patio, quería tomar un poco de sol. Me acerqué a la reja de la piscina y me apoyé en ella con los brazos cruzados, el día es caluroso y amerita darse un gran chapuzón en la piscina, pero antes de que pudiera hacer cualquier movimientos, las toscas manos de un hombre se afirmaron de la reja dejándome en medio de ellas, me di vuelta para quedar frente a un hombre sediento de lujuria, su sonrisa pícara y su cuerpo acercándose al mío casi es de manera magnética, mordí mi labio inferior y escuché como Roberto traga con fuerza.
- No pude decirte lo que pensaba antes. - su voz suena seductora, atrayente, una de sus manos se acerca a mi brazo y con los dedos roza mi piel haciendo un recorrido suave y excitante.
Arrinconándome en la reja, pega su cuerpo al mío, el roce me tiene completamente húmeda, Roberto pasa sus labios por mi cuello hasta llegar a mi clavícula, sé que tiene la intensión de morderme, chuparme y lamer cada rincón que ha tocado con su boca, yo trato de tomar algo de cordura y le pregunto:
- ¿No? ¿Y qué me ibas a decir? – siseó antes de responder mientras su pecho se aprieta al mío.
- te iba a decir que te ves…
- ¡Rob! – al escuchar la voz de su hermano, Roberto cambia su rostro y me mira con rabia.
- ¡Déjame en paz! ¡Ya no te quiero! ¡Eres nada para mí! – no sabía que pensar, sus palabras sonaban sinceras, pero me acariciaba el brazo con dulzura, pensé que podía estar consolándome, aunque no era así, su toque era más bien de cariño ¿Qué quiere decirme? de manera brusca se aleja de mí y se dirige a Rex.
Vi a mi cuñado y a Roberto desde lejos susurrar algo antes de entrar a la casa, Rex me observó sin mostrar ninguna expresión, yo estaba tan confundida, estoy segura de que logré atraer la atención de Roberto, pero mi cuñado lo tiene controlado de alguna forma ¿Qué está pasando ahí?
Narra Roberto
¡Por la cresta! ¿Por qué chucha Rex no me deja tranquilo aunque sea por media hora? Hace rato que quiero darle como caja a mi cuica exquisita, pero las oportunidades que tengo son pocas y se reducen más al ser perseguido no solo por mi hermano, sino que también por el puto de Gabriel, ya los dos me han amenazado de alguna forma para que no me acerqué a mi princesa, pero eso es más difícil que la chucha, porque ella está dispuesta a seducirme y como yo conozco a Andrea, no parará aquí, hará lo mismo que hizo la primera vez que la ignoré, si necesita desnudarse ante mí para tenerme, lo hará.
Me hice el loco con el tema y preferí estar en mi pieza, necesito arreglar mi mochila, tengo que echar unos regalos que compré para mis amigos, estaba por bajar a la oficina de Rex para llamar al Martín, quiero que nos coordinemos para juntarnos en algún lado antes de tomar una micro para la casa del Braulio, pero en ese momento tocan la puerta ¡Qué mierda! ni en mi pieza puedo estar tranquilo.
- ¡Agh! ¿Quién es?