Capítulo 13

2155 Palabras
Narra Andrea ¡Uy! ¿Por qué Rex tenía que salir al mismo tiempo que yo? Ahora me será más difícil entregarle mi regalo. Me fui al living, en ese momento veo que Gabito también sale por el ventanal ¿Qué les pasa? ¿Acaso todos se pusieron de acuerdo en alejarme de Roberto? Me senté en el sofá donde está Ale, ella acaricia su guatita, no está tan panzona, pero ahora se nota que lleva una carga extra, me imaginé a mí misma en esa situación de embarazada y la verdad no me veo siendo mamá, creo que perder mi figura y quedarme en la casa cuidando niños no es lo mío, más bien me veo tomando el puesto de Rex en la empresa, el de gerente general, una mujer poderosa. El fuerte ruido del ventanal cerrándose me sacó de mis fantasías, Gabito entró a la casa algo enojado, al parecer la discusión de la cena no había terminado ahí. Su enojo se disipó al darse cuenta de que nosotras estábamos cada una a un extremo del sofá, casi pude ver en los ojos de mi hermano un extraño brillo de entusiasmo, él apuró el paso para lanzarse al medio del sofá, me acercó a él para abrazarme con un brazo y con el otro abrazó a Ale con cuidado. - ¡Mis lindas hermanitas chicas! ¡Las extrañé tanto! – Gabito es muy cariñoso, así que es casi una manía de él restregar su cara rasposa en nuestras mejillas. - ¡Ay, Gabito! Deberías afeitarte más seguido. – dijo Ale después de sentir su cara. - ¡Gabito! si mi cara queda irritada te golpearé. – él se ríe con autentica alegría, es como si mi hermanito jamás se hubiera ido. - ¡Gabriel, compórtate! – La voz de mi papá sonó firme y cortante, y Gabito no es capaz de quedarse callado. - ¡Viejo, no he hecho nada malo! Solo les demuestro a estas loquillas que las quiero mucho. – Gabito me apretó las mejillas muy fuerte. - ¡Gabriel, para! – solo por venganza le apreté muy fuerte sus mejillas. - ¿Te gusta que te hagan lo mismo? - Lof fuedo sofortar. – Justo en ese momento entran Rex y Roberto, yo solté a mi hermano y él miró hacia el ventanal. - ¡Ah, Qué bien! T-Rex viene a terminar lo que el viejo empezó. – Gabito pone los brazos en la parte de arriba del despaldo del sofá, se estira despreocupado y pone una cara de desagrado. Rex no dice nada, Roberto sube las escaleras y en ese momento se me ocurrió seguirlo, tal vez si lo alcanzó pueda entregarle el regalo que le tengo. Estaba por levantarme, pero Gabito tomó mi muñeca y con una gran sonrisa me dice: - ¡Oye! ¡Qué tal si jugamos a las cartas! Antes pasábamos horas jugando el carioca ¿Lo recuerdas? – Había una extraña presión en su mano, trataba de apretarme la muñeca, pero a la vez tirita por resistir la tensión, no sabía que decir, iba a responder algo que lo dejara conforme, pero Ale habló antes que yo. - No cuenten conmigo, ya es más de medianoche ¡Rex! deja los regalos debajo del árbol y nos vamos a acostar. - Si, amor. – Rex subió, mientras mi mamá y mi papá también se preparaban para ir a dormir. - Buenas noches, mis niños, que descansen, mañana abriremos los regalos, así qué no se duerman tan tarde. - Solo será un juego, viejita, no nos tomará más de una hora. – mi mamá movió la cabeza, mi papá solo dijo un “Buenas noches” muy cortante y subieron las escaleras, al rato después Rex bajó, dejó los regalos que le pidió Ale y él se acerca para ayudarle a levantarse. - Bueno chicos, los dejo, mañana será un día ajetreado, no pasen de largo. – entre risas Gabito dice: - Sería más fácil pasar de largo, así después de los regalos solo tendríamos que dormir. – Ale le contesta con una dulce sonrisa - ¡Qué eres loco! Buenas noches, que descansen. – Rex también se despidió con una arrulladora voz, cuando por fin Gabito y yo nos quedamos solos, él empezó a decir lo que realmente tenía en la cabeza. - Andita. – lo miré con incredulidad. - ¡Quiero que te alejes de Robin! - ¿Qué? - Angelito, algo se traen esos dos huevones, no sé por qué T-Rex protege tanto a su supuesto “Hermano” hay algo que no me gusta de todo esto. – de pronto Gabito despertó mi curiosidad. - Bueno, que pasaría si yo sé algo. – mi hermano frunció el ceño y se acercó más a mí para preguntas. - ¿Cómo qué cosa? – no quiero meter la pata por esto, así que solo diré algunas cosas. - Bueno, he escuchado ciertas conversaciones, donde Rex dice que estamos en peligro constante o el hecho de que esté a la defensiva ante algunos temas como quien es Andreé Cheverria, yo creo que él puede tener algo que ver con las empresas del Grupo Cheverria. – Gabito me quedó mirando unos segundos y de repente se pone a reír. - Ja, ja, ja, Angelito, eso es imposible. – - ¿Qué? ¿Por qué? - Andreé es un empresario que debe tener alrededor de cuarenta años, es el hijo bastardo de Harry Cheverria Baker, según lo que averigüe, el viejo le pasó el cincuenta y un por ciento de sus acciones en vida, es mayor que su hermana, Barbara, ella se desenvuelve en la alta sociedad como toda una diosa… - ¿Tú has visto a Andreé? – mi hermano me miró extrañado. - No, nunca lo he visto, pero si he visto a su hermana, es una puta de primera, se le ofrece al primero que se le vean un par de billetes asomándose en el bolsillo y hay huevones que se dejan manosear por ella. – ¿Por qué habla de ella de una forma tan dura? - ¿Por qué crees que él no aparece en revistas o entrevistas? - No sé, puede ser un excéntrico. - Entonces, aparte de lo que averiguaste, no puedes comprobar quien es Andreé. - Bueno, sé que Barbara tiene como treinta y cuatro años, y T-Rex tiene veintiséis, hay cosas que ese huevón puede fingir, pero aparentar ser de cuarenta, es algo difícil, aunque me cueste aceptarlo, se ve demasiado joven para parecer de cuarenta, además para ocupar ese lugar debes ser una persona con experiencia y T-Rex con suerte tiene la experiencia suficiente para atender la empresa del papá, más bien creo que él tiene tratos truchos, tiene contacto con algún traficante o alguna banda delictiva, es tan raro que la empresa del viejo empezara a generar utilidades en el primer año que él tomó el control, nadie tiene ese tipo de capacidad, estoy seguro que está asociado con organizaciones ilícitas y el huevón de su “hermanito” debe ser algún pariente de los delincuentes con los que trabaja, no tengo idea que hace aquí, pero T-Rex debe tener ordenes de protegerlo. – todo lo que me dice Gabito es tan fantasioso que no puedo suponer que es verdad. - Gabito, esto es demasiado bueno para ser verdad, si Rex fuera delincuente ¿No lo hubieran descubierto ya? - También es increíble pensar que Rex es Andreé, él tiene un año menos que yo, no creo que sea un “As de los negocios” eso se adquiere con el tiempo, él no es un super genio, tampoco un depredador para conseguir lo que quiere, si fuera así ya tendría una mansión donde tener a Alecita. – Gabito tiene razón en que Rex no es el genio empresarial, pero tampoco creo que sea un delincuente, hay algo más que no logro entender, estoy tan confundida. – Ahora entiendes por qué debes alejarte de ese vagabundo de Robin. - ¡Roberto no es vagabundo! - ¡Obvio que sí! ¡Ese perro malnacido es un delincuente! – esto me hizo enojar, que Gabriel suponga cosas no le da derecho a tratar a Roberto así, la verdad no sabe nada de él. - ¡Si tú tratas a Roberto de delincuente yo trataré a tu polola de oportunista! – mi hermano se puso rojo de ira y empezó a levantarme la voz. - ¡Ella no es así! ¡No la conoces para tratarla de esa manera! ¡No puedes compararla con ese criminal! – si a Gabito insiste con ofender a mi hombre tendré que defenderlo, incluso con arrogancia - Bueno, supongo que una huérfana sin clase y sin familia tiene mejores antecedentes que los hermanitos Anderson, pensemos… Tienen familia en el extranjero, Rex es el gerente general de nuestra empresa y como dijiste antes, ha logrado hacer que este negocio de grandes ganancias, la cual la hace la empresa más exitosas de Latinoamérica, Roberto tiene el tercer lugar en clases y el primer lugar en matemáticas, ganó una competencia de Atletismo escolar ¿Qué ha hecho tu polola? – Gabriel se veía muy enojado, pero él no se quedó callado. - ¡Ella es una gran actriz y artesana! ¡No puedes juzgarla! - Tú tampoco puedes juzgar a Roberto, serás mi hermano, pero confió en el hombre que amo y sé que él no es un delincuente ni un vago, tampoco puedes decidir con quien quiero estar, así que si no quieres que hable mal de tu novia, no hables mal de Roberto. – me paré de mi asiento con una bolsita de gamuza, es aquí donde llevo el regalo de mi querido Roberto, caminé hasta las escaleras ignorando a Gabriel, ya no quiero seguir escuchando sus insultos a mi amado. Antes de ir a mí pieza, me detuve y miré la puerta de Roberto, de repente se me ocurrió que a lo mejor todavía sigue despierto, por lo cual, me acerqué a su puerta para comprobar si estaba abierta, pero no, está completamente cerrada, suspiré y me di el valor de golpear la puerta, toqué varias veces, pero no logré escuchar ningún ruido que me anunciara que él se había levantado, me siento muy triste, apoyé mi frente en su puerta y tomé mucho aire para botarlo en un gran suspiró ¡Roberto, deja de ignorarme! ¡Tengo miedo de que me estés olvidando! - ¿Necesitas algo? – me paralicé al escuchar la tranquila voz de mi cuñado. - Aaah… ¿Quién? ¿yo? – Rex se rió entre dientes y me dijo: - Bueno, no veo a otra persona frente a la puerta de Roberto. – mi tensión desapareció, no soy tonta, sé que él sabe lo que me pasa con su hermano y no tiene sentido que se lo oculte, de pronto me vino una pena muy grande y le dije: - Bueno… sí… no, no necesito nada. – de pronto veo en las manos de Rex un regalo, es como del porte de un libro, apreté con mi mano derecha la pequeña bolsa de gamuza y le volví a hablar a mi cuñado: - ¡Rex! - Dime - ¿Sabes por qué Roberto no quiere hablar conmigo? – mis lágrimas amenazan con salir, con todas mis fuerzas aguanto él dolor, Rex me mira con afligido - No, no sé. – me partió el corazón su respuesta, esperaba que me dijera que está enojado, que no me quiere ver más, pero la incertidumbre me destroza, las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, apenas comenzaron a caer traté de limpiarlas con el dorso de mi muñeca. - Ah, no importa, supongo que intentaré preguntarle mañana. – Rex se quedó observando mi miseria. - ¿Desde cuándo que él no habla contigo? – su voz suena con tanta suavidad que me hace sentir como si fuera su hija. - Hace mucho que no hablamos de nada, solo quiero que me diga qué pasa, no entiendo el por qué huye de mí. – trato de contener mi llanto, pero de verdad me cuesta mucho. - Entiendo ¿quieres que hable con él? – no quiero que Rex presione a Roberto de ninguna forma, no quiero que lo aleje más de lo que está. - ¡No! no hagas nada, solo estoy muy sensible, será mejor que me vaya a acostar, buenas noches. - Buenas noches. – fui directo a mi pieza, apenas cerré la puerta detrás de mí, me lancé a la cama y comencé a llorar sin parar, no podía entender la indiferencia de Roberto. Tanto era mi dolor, que me acurruqué a mi almohada, no sé si estoy molesta o triste, pero tenía muchas ganas de sacarme el corazón y no sentir esta pena que me rompe el alma, estuve un buen rato llorando hasta que me quede dormida.
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