Paulina
“Porque ahora. Justo en uno de los momentos más romántico de toda mi vida me sucede esto. Alejandro despierta en mis emociones que jamás he sentido. Lo que pasó hace cinco minutos ha sido totalmente fuera de este mundo. ¿Será esto el verdadero amor? Solo unos días y ya me tiene hechizada… ¿Qué es todo esto? Y ahora mi tía Francisca se me va… ¿Por qué ahora? Estas jugarretas del destino me desploman, debo ser fuerte, siempre lo he sido, no será la excepción…” Pensaba Pauliana
—¿Pauli? ¿Estás bien? — Interrumpe Alex, mientras ella aún sostiene la bocina del teléfono entre sus manos. La toma de la cintura y la sienta en sus piernas…
— Princesa, todo estará bien, no es necesario que te lleve a tomar un autobús. Yo te llevo a Guadalajara ¿Cómo te voy a enviar sola en ese estado? Estás triste.
Paulina lo abraza fuertemente, se aferra a Alejandro como si fuera el único apoyo que le quedara en la vida mientras le susurra al oído.
—Gracias, gracias ¿Eres un ángel? ¿Estaba escrito tenerte en este momento de mi vida? Eres un sol ¿Por qué?¿Por qué haces todo esto por mí?
—Tú lo haces todo el tiempo…
—¿Sí?
Se levantan y vuelven a la cómoda banquita en la terraza, abrazados se quedan dormidos contemplando los últimos rayos de aquel mágico atardecer.
—Princesa, es mejor que vayas a dormir, mañana hay que madrugar.
Pauli, aún sumergida en su melancolía le sonríe.
—¿Te puedes quedar hasta que me duerma?
—¿Segura?
—Por favor.
Alex contempla a Pauli, mientras duerme, ella solo desea dormir, el anhela algo más. Escucha ruidos, Alberto ha vuelto. Sale a su encuentro y lo lleva al despacho.
—¿Qué te pasa? — Le dice Alberto sorprendido.
—¿Qué tal los toros?
—Bien, un par de orejas, los toros algo malos… pero sacaron la faena. ¿Qué pasa?
—La tía de Pauli está muy grave, la voy a llevar a Guadalajara mañana.
—Llamaré a Andrés Rómulo, es mi amigo el abogado, estudiamos juntos y ya he llevado un par de casos con su despacho, es de toda mi confianza. Cualquier cosa hablen con él. ¿Y de lo demás?
—¿Qué cosa?
—Tu matrimonio, la veo entusiasmada contigo, pero ¿se casará con un sapo?
—Déjamelo a mí, todo va bien…
Volvió a ver Paulina antes de marcharse a su habitación, dormía plácidamente, se acercó a darle un beso, pero la bella durmiente despertó.
—No te vayas, quédate por favor.
“Como resistirme a esa sugerencia, aunque sé que solo me dejará abrazarla, mi corazón se desboca al sentirla tan cerca. Me emociona el contacto de mi piel y su piel. Adoro su perfume, me fascina su mirada, sin embargo, debo dejar que Morfeo nos embriague” Pensaba Alejandro.
A primera hora toman la carretera. Paulina está feliz de que Alex la acompañe, es un gran gesto de su parte. Tal vez este negocio “sucio”, como lo ve ella, no sea tan horrible y nazca un amor de esos de telenovela, donde nada les falta y todo es miel sobre hojuelas, después recuerda el motivo de su viaje y entristece de nuevo.
—¿Quieres que pasemos por un café?
—Sí, a menos que quieras que tu copiloto se duerma de nuevo…
—Son las 6 de la mañana… ya casi sale el sol.
Al llegar a Guadalajara, llegaron directo al hospital. Ahí está ya su hermano Eduardo, sentado en la sala de espera. Alex observa a Pauli correr y darle un fuerte abrazo.
—Alex ven—lo toma del brazo y dice— él es Eduardo mi hermano.
—Hola mucho gusto…—se dan la mano.
Eduardo no es celoso, sin embargo, le gusta marcar su territorio. Aunque se mantiene serio, se porta bien frente a Alex. Es el hermano más allegado de Paulina, por lo que ella es feliz si él y Alex se llevan bien. El resto de sus hermanos José, Antonio y Guillermo, con todos tiene una relación distinta. José es más escandaloso por ser el mayor, se siente con poder sobre ella y sus hermanos en sus decisiones, pero Pauli siempre termina por “darle por su lado” y siendo la única mujer en la familia termina por conseguir lo que quiere.
José es ingeniero en alimentos, y se dedica a la comercialización y control de calidad de la pequeña fábrica de quesos y carnes frías “San Miguelito”.
Sus otros dos hermanos Antonio y Guillermo, aunque van por rumbos distintos son igual de antipáticos ante cualquier cosa que Pauli decida hacer. Sin embargo, siempre terminan por apoyar cualquier idea o locura que se le ocurra.
Antonio es citadino, se dedica a las relaciones públicas, por lo que es el único que está establecido en la gran ciudad, tiene poco interés en lo que ocurra en el rancho, por lo que su participación en este asunto es meramente moral. Y Guillermo es Ingeniero Agrónomo, colabora al 100% en el rancho con su padre en la siembra y el cultivo de jitomates hidropónicos. Eduardo es el encargado del ganado lechero y apoya a su padre con los toros de lidia, que más que un negocio es mero entretenimiento.
Alex ligeramente nervioso, trata de dar buena impresión, y la primera prueba está superada. Tiene en común con Eduardo que son Veterinarios y comparten intereses en común como los caballos.
Deciden ir a la cafetería a esperar a su padre. Mientras terminan de desayunar, cerca de las 10 de la mañana, llega Don Alfonso.
Muy serio se acerca a saludar y conocer a su futuro yerno, no tiene idea de cómo actuar, es la primera vez que Pauli le presenta un novio… y no solo eso, la situación es tensa con la salud de su hermana Francisca y piensa casarse con él.
De entrada, le parece buen chico, ya es bastante lo que había hecho por ella llevándola hasta Guadalajara y mostrar apoyo, no solo moral, sino legal… muy comprometedor y al mismo tiempo muy servicial.
—Necesito que vayas a casa de tu tía Francisca… ¿traes tu llave?
—Sí, papá.
Pauli siempre carga con todas sus llaves, en el mismo llavero tenía todo, por algo se las confiaban… ella a diferencia de casi todas las mujeres, jamás ha perdido una llave. Además es la única que visita a la tía Francisca con frecuencia, por lo que era la única que tenía llave.
—¿Qué necesitas?
—Que busques sus documentos. No tenemos el testamento original, y necesito saber con qué notario en la ciudad de México se firmó ese documento…
—¿Y qué hay del testamento de la tía?
—Hasta donde sé no existe…
—A mí me dijo alguna vez que ya lo tenía.
—O mintió o su abogado nos quiere ver la cara. Y para como están las cosas, creo que es la segunda.
Evidentemente las cosas no estaban muy claras. Alex se mantuvo al margen de hacer cualquier comentario, no sabía hasta donde debía intervenir, no quiso forzar las cosas y optó por esperar.
—Alberto el tío de Alex nos dio los datos de un amigo suyo, abogado, que vive aquí en la ciudad y me dijo que con toda libertad y confianza podemos buscarlo si necesitamos algún apoyo legal.
—Gracias hija, vamos a esperar a la cita con tu tía. Está delicada, pero solicitó vernos a todos, espero que se resuelvan las cosas, no sabemos si permanecerá así algunos días, algunas horas o quizá meses, siendo así me gustaría llevarla a nuestro territorio para poder atenderla nosotros.
—Sí, tienes razón, ¿a qué hora la veremos?
—A la una. Los médicos la visitan a las 12:30, para darnos los avances y darnos un nuevo diagnóstico.
—Entonces voy ahora mismo a la casa.
Alejandro se ofreció a llevar a Eduardo y a Paulina a la casa de la tía Francisca. La casa estaba ubicada en una zona residencial privada con seguridad, con una atractiva vista al área común, un hermoso jardín, alberca y área recreativa para los residentes del lugar.
Pauli, con familiaridad saludó al vigilante y pasaron a casa de su tía a donde tenía libre acceso. Cuál fue su sorpresa, al encontrar la casa en el total abandono, tal pareciera que su tía tuviera meses fuera de ella. Encontró casi todas sus cosas personales en su lugar, pero algo no andaba bien.
Entra a su despacho a buscar sus documentos personales. Hacía algunos años, la tía Francisca le confió a Pauli algunos secretos de sus pertenencias, entre ellas acceso a documentos personales y una pequeña caja fuerte.
“—Hija, si alguna vez me pasa algo y necesitan acceder a mis cosas… tú tienes todo mi permiso para hacerlo… eres la única que me sigue en mis locuras, soy tu tía “Pancha”…
—Ay tía, que cosas dices…
—Eres mi hijita, la hijita que nunca tuve, tus hermanos me quieren, lo sé… pero tú me procuras, me buscas y eso me hace feliz, todo lo que tengo algún día será suyo… de hecho ya lo es, solo hay que legalizarlo, el testamento de tu abuelo fue muy claro, si yo muero todo será de tu padre y si el muere todo será mío y después de ustedes.
—Lo sé tía…
—Es importante el testamento de tu abuelo, yo deseo complementarlo para que quede todo claro… pero en ese archivero está el original… y si por alguna razón se perdiera el notario de tu abuelo en la ciudad de México, tiene todo lo necesario.
—¿Qué puede pasar tía?
—Uno nunca sabe… la contraseña de la caja fuerte es mi fecha de nacimiento 25—11—1937 empezando las vueltas por la izquierda…”
Ese día, Francisca le mostró todos sus valores a Paulina. Ella sabía mucho de los secretos de su tía, sabía de un par de pretendientes que la rondaban, de su amor platónico, razón por la que nunca se casó, de sus malas inversiones en la bolsa de valores, nadie lo sabía, solo Pauli… aparentemente.
Los papeles importantes los encuentra en su lugar. Toma y anota lo que necesita y devuelve todo al archivo. Alex la observa, se está enamorando como un loco, es admirable, íntegra y tiene un gran corazón. Solo desea estar en su compañía y eso incluye besarla y abrazarla con frecuencia. Mientras Eduardo descansa en el sofá de la sala de TV, Alex seduce a Pauli en el despacho…
—Espera… ahorita no Alex.
—Un beso y ya…—le ruega.
—Uno…
Alex no pierde tiempo. La abraza y la besa con ternura. Pauli lo desea, pero sabe que tiene que tomarse las cosas con calma, su relación comienza al revés, primero se casarán y luego se conocerán. En la actualidad eso no es lo normal.
—¿Interrumpo?
Se sonrojan al verse sorprendidos por Eduardo.
—¿Nos vamos? – le dice Pauli.
—No… me gustaría bañarme antes de irnos.
—Entonces yo aprovecho para pasar al departamento de Alberto a dejar mis cosas—interrumpe Alex.
—¿Te acompaño? – Agrega Pauli.
—Si claro, si quieres…
Eduardo asiente con la cabeza como si les diera permiso. Pauli se ríe y le responde, —Estamos a muy buen tiempo, regresamos pronto por ti.
El edificio no estaba muy lejos, se veía viejo pero bien cuidado y pintoresco. Subieron al primer piso, entraron a un departamento moderno en contraste con el edificio.
—¿Es de tu tío?
—No, es de un amigo de mi abuelo, don Roberto Santos, todo el edificio le pertenece, pero la verdad cobra muy poco de renta y por la ubicación Alberto lo mantiene para venir a ver aquí sus asuntos.
—¿Lo tiene desde hace mucho?
—Sí, desde que vino a estudiar la universidad… hace ya unos años. Ven. —
Alex la tomó de la mano y la llevó a conocer el lugar.
—Este es el estudio, acá la recámara de Alberto y esta de enfrente es la mía.
—¿La tuya?
—Sí… yo estudié aquí el último año de la secundaria y la preparatoria, cuando murieron mis papás, Alberto tenía un año viviendo aquí, por obvias razones tuve que mudarme.
—Oh…—dijo ella acercándose a ver una foto en la pared… —¿son tus padres?
Alex sonrió, se acercó a ella por la espalda y la abrazo mientras observaba el retrato con melancolía.
—Sí
—¿Por qué no tienes una foto de ellos en la casa de piedra?
—No lo sé, me llevaré esa foto, es la que más me gusta.
—Te pareces a tu mamá, pero tienes los ojos de él…
Pauli se puso seria, le causaba tristeza el tema, los padres de Alex habían muerto en circunstancias injustas… actos criminales imperdonables.
Alex la vuelve hacia él, la observa y la besa. Sus corazones se aceleran, nuevamente surge el impulso, la pasión, las ganas de entregarse uno al otro, Pauli tiene sus razones, se aferra a él, pero se detiene…
—Para Alex… por favor.
Alex confundido para…
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
—Perdóname… no puedo seguir— sale de la habitación llena de nerviosismo, Alex va tras ella sin comprender la actitud de su chica.
—¿Qué pasa Pauli? — Se sentía algo tonto.
Pauli se detiene, se recarga en el muro del pasillo confundida, no sabe que decir, como explicarle las cosas a Alex.
—¿No puedes seguir? ¿A qué te refieres Pauli?
—Yo—cierra los ojos, se arma de valor y agrega—…Alex, yo nunca… yo nunca he… —con la mirada llena de vergüenza por su confesión.
—¿Nunca que Pauli? —insiste cada vez más confundido.
—Es algo tonto, pero… soy virgen.
Alex comprende su actitud… y respira al conocer la razón de su comportamiento.
—Pauli… ¿por qué no me lo dijiste antes?
—¡Tengo solo tres días de conocerte Alejandro! Uno no anda por ahí divulgando algo tan íntimo… Nos conocemos en circunstancias poco comunes, iniciamos una relación de la forma más absurda…
—Cálmate princesa…
—Pensé que un hombre se daba cuenta de esas cosas.
—No Pauli, no es así, no es que uno se dé cuenta de si las chicas son o no vírgenes, al contrario, uno supone si es una buena chica o no lo es… los detalles vienen después y por lo general no tienen importancia, para mi eres grandiosa, no te pongas así… yo… —guarda silencio pensando que debe decir—. No pasa nada Paulina, solo que, si vamos a casarnos debes confiar en mí… soy un estúpido.
—¿Por qué? — Responde ella sorprendida por el comentario.
—¿Te he presionado mucho? Pauli, quiero que esto funcione— se acerca a ella y la abraza. Ella se mantiene inmóvil y al fin accede al gesto. Permanecen en silencio unos segundos, y ella rompe en llanto. Alex exasperado un poco por la situación la lleva al sillón de la sala.
—Siéntate, creo que debemos hablar… cuéntame que más pasa por tu mente princesa.
—Discúlpame Alex, tengo sentimientos encontrados, creo que son demasiadas cosas en unos días…
—¿Quieres cancelar el compromiso? —Pregunta nervioso.
—Claro que no…—dice convencida y le devuelve una sonrisa.
Alex respira, por un momento siente que Pauli cambiará el curso de los planes.
—Pauli, necesitamos aclarar algunas cosas, si quieres que te lo firme lo hacemos… me caso contigo porque así lo deseo. No quiero que te sientas obligada o presionada. Tenemos poco tiempo para conocernos antes de la boda… créeme, no quiero que piensen que hacemos esto por interés, deseo que funcione, necesito que funcione, porque si voy a prometer estar contigo toda mi vida, así será, por eso te elegí a ti. Quiero que la gente nos vea felices y sé que no me equivoco. Sé que me estoy enamorando… y espero que tú también, me encantó despertar contigo. No te sientas mal por ti, si eres virgen. Si has esperado, seguro es porque así lo elegiste. Y será un honor para mí que seas solo mía, no tienes nada de qué avergonzarte… todo lo contrario. Serás solo para mí.
—Pero tú has tenido muchas mujeres…
—No digas eso Paulina, antes de ti todo está olvidado… créeme—suplica con miedo.
—¿No te importa que mi experiencia sea prácticamente nula?
El decide hablar un poco, hay algunas cosas de las que Pauli aún no se entera. Entre ellas detalles del testamento que no podrá evitar, sin embargo, debe ser claro con ella y parecía ser el momento correcto.
—Princesa hay muchas cosas que no te he dicho.
Extrañada lo observa notando cierta preocupación en sus palabras.
—El testamento tiene varias cláusulas, todo esto lo hizo mi padre para proteger el patrimonio, no sé si por perverso o porque en verdad estaba preocupado, pero la situación es que al casarnos debemos firmar un contrato prematrimonial, y no podemos casarnos por bienes mancomunados.
—Está bien, no me caso contigo por interés, firmaré lo que quieras.
—¿Segura?
—Alex, tú también debes confiar en mí. Te dije que me casaré contigo. Independientemente del asunto de mi padre, no me preguntes porqué, siento que debo ayudarte y quiero ser parte de tu vida... Además, me has cuidado como nadie, solo que el cómo se han dado las cosas me agobia… mucho.
—Tranquila princesa, una cosa a la vez y verás como todo se soluciona. Y estaremos juntos cuando tu quieras y te sientas lista.
Pauli lo abrazó, Alex estaba superando sus expectativas. Era comprensivo, caballeros, respetuoso, al parecer el sapo si se estaba convirtiendo en príncipe.
Volvieron a casa de la tía Francisca. Pauli bajó del coche emocionada, su plática íntima había abierto algunos eslabones de confianza. Mientras Alex bajó pensativo y se recargó en el vehículo a esperarlos. Cuál fue su sorpresa al ver a un individuo vestido de n***o empujando a Pauli por la puerta y salir velozmente por la acera del pequeño fraccionamiento. Alex gritó a Pauli:
—¿Estás bien? —
—Sí respondió…— Entonces Alex se armó de valor y salió a la persecución.
En la entrada principal el chico tropezó con los guardias, pero le fue fácil escaparse. Alex continuó tras él, lo alcanzó de la playera, cayeron al piso y le quitó el pasamontañas, el chico de unos 18 años y ojos muy azules lo miró fijamente.
—¿Juan? —lo reconoció uno de los guardias.
Fueron tres segundos en los que logró liberarse de Alex y salió corriendo de nuevo, pero Alex, logro quitarle la mochila que traía colgando en la espalda.
Pauli al llegar a la escena, le ayudó a levantarse.
—¿Estás bien?
—Creo que me esguincé un tobillo, pero puedo caminar, no te preocupes. Alberto se acercó, los guardias comentaron que “Juan” trabajaba en la empresa de seguridad. Llamaron al jefe y éste a la policía.
Abrieron la mochila, dentro estaba el último testamento de la tía. A Pauli solo se le venía a la cabeza la idea de que el abogado le había pagado a Juan para entrar a robar ese documento. Necesitaba preguntarle a la tía Francisca que tanto sabía ese tipo de sus asuntos y que tanto acceso le había dado a la casa.
Algunos meses atrás, de pronto se quedó sin empleados, despachó a su chofer, Domingo y a su asistente de casa, Jovita, que tenían muchos años trabajando con ella, eran más que sus empleados, eran unas personas que además de trabajar para ella, la estimaban, Jovita era una dama de compañía y muchas otras cosas, era como de la familia. Y Domingo, pues el responsable de cuidarla fuera de casa y llevarla a todos lados.
“De algo no me estoy enterando” pensó Pauli, y estaba dispuesta a encontrar toda la verdad.