Él suspiró. —Todos hemos perdido a alguien importante en nuestras vidas, Leia. Tú perdiste a tu madre. —susurró. No pude evitar asentir. —Murió justo en el sitio donde estabas tu. —repetí. Me miró entonces, respiró hondo y apagó el cigarrillo. —¿Entonces ese el interés por mi? —cuestionó. —¿Crees que sé algo sobre eso o que fue mi culpa? —preguntó. —Tu madre no tenía porqué estar ahí. —Pero estuvo, y pagó con su vida ese hecho. —lamenté. —Leia... Nunca hubiese querido que alguien pagara las consecuencias. Pero hay balas perdidas todo el tiempo, en cualquier parte del mundo —insistió. —Tu madre se involucró demasiado. No debió estar ahí. —¡Era su trabajo! —estallé finalmente. —¡Y es tu culpa el haber iniciado una balacera ahí! ¡Pudiese estar viva! —reclamé sin más. Me miró en bl

