Mi corazón se quebraba en mil pedazos ante sus palabras, y solo por esa vez, sentí compasión de aquel gran cuerpo ante mi. Dejaba de ver un narcotraficante y comenzaba a ver un niño con muchas heridas en el pasado. Probablemente lo que él había esperado que todos vieran alguna vez. —Lo siento... —susurré al carraspear y ver su mirada perdida. —Es probable que hablar todo ésto conmigo no sea tan... agradable. —corregí. Él sonrió, asintió y terminó por pasar sus manos sobre su boca y barbilla de manera pensativa. —De hecho, nunca lo había hablado con alguien, Leia. —confesó. —Muchas veces hablar las cosas en voz alta, contar tu versión y soltar todo lo que llevas dentro, es la única manera que tenemos de sanar. —aclaró. —¿Y con “ella”? —cuestioné confundida al fruncir mi frente. —¿

