Darren, como lo había prometido, guardó silencio mientras se sentó frente a mi. Una vez más, sacó un cigarrillo de su bolsillo, encendiendolo en silencio y mirándome fijamente con tenacidad. Apretó su mandíbula, respiró hondo y finalmente suspiró. —Lamento haber dicho lo que dije, es probable que ahora estés asustada. —dijo con pena. —No era mi intención llenarte de más miedo justo ahora. Ya tienes suficiente. —advirtió. —Pero entenderás que la situación en la que me encuentro no es nada sencilla. Acabo de perder más de la mitad de mis hombres de confianza, te puse en peligro, estuvimos todos en peligro... Solo tengo aún un poco los nervios de punta. —susurró. Intentando salvar mi pellejo, no tuve más que asentir, mirarlo fijamente y sonreír de lado. Aunque estuviese muriendo del miedo

