Desperté sintiendo mi cabeza pesada, una migraña incontrolable y la oscuridad inminente de aquella habitación. Tomé mi cabeza con fuerzas, recordando lo último que había pasado. Entonces, el cuerpo mismo, buscó sobrevivir. Me puse de pie como pude, sintiendo la ausencia de mis zapatos y el piso frío bajo mis pies. Así mismo, observé un gran ventanal a un costado de la cama, haciéndome caminar hasta allí para abrirlo a lo grande. Un inmenso jardín corría tras de mi. Árboles a la lejanía y una cantidad incontrolable de cesped a la lejanía. ¿Dónde demonios estaba? Y entonces, una vez más, por sobrevivencia, intenté abrir aquel gran ventanal. En su lugar, una voz tras de mi me sorprendería. —Yo tú no haría eso. —dijo su voz en la oscuridad. Giré con temor. —¡No me hagas nada! ¡

