Así mismo, en cuestión de segundos, temí por mi vida.
—¡Jefe! ¡Dé la orden, hay que irnos de aquí! ¡Ahora! —gritó Pipe.
Darren me miró frustrado, apretando su mandíbula tanto que estaba por quebrarse, sus manos firmes e imponentes, Pipe con un arma en su mano, la balacera afuera, y mis piernas dormidas del miedo.
—¡Maldita sea, vámonos ahora, Pipe! —ordenó.
Sin más, guardé silencio y cerré mis ojos un par de segundos, solo esperaba que se fuesen y el miedo, al igual que las balas, se terminaran.
Pero en su lugar, sentí su mirada penetrante observándome en silencio, sin siquiera inmutarse.
Al abrir mis ojos me encontré con los suyos, vacios, sin miedo, sin terror.
—¡Señor, hay que irnos! —pidió una vez más Pipe.
—Leia viene con nosostros. —dijo entredientes.
—¡No! ¡No hice nada, Darren! ¡No me hagas ésto! ¡Lo juro que jamás quise entregarte, solo quería saber de ti... Solo quería conocer la verdad! —grité muerta del miedo.
—Señor. —llamó una vez más la atención Pipe de Darren. —Es peligroso que venga, ¡puede ser una infiltrada! ¡puede dañarnos, entregarnos! —gritó. —¡Maldición, jefe, pudo ser ella quién nos entregó! —reclamó alzando sus brazos al aire.
Darren no hizo más que apretar su mandíbula una vez más, negando rotundamente.
Terminando por agarrarme con fuerza en un movimiento rápido, lanzando mi cuerpo sobre su hombro como un saco de papa.
—¡Suéltame! ¡Déjame ir! —grité lanzando golpes sobre su espalda. —¡No quiero ir! ¡Quiero quedarme! —grité con todas mis fuerzas.
Darren siquiera se inmutaba ante mis golpes, berrinches y balacera fuera. Siguió el camino, siquiera sin flaquear un poco ante mi pesado cuerpo.
—¡Ésto es un pésimo plan! ¡El peor que ha tenido en mucho tiempo, jefe! —gritó Pipe apuntando cuidando el paso de todos.
Darren no dijo ni una palabra más por un instante. En cuestión de segundos, salimos de aquella habitación y corrimos hasta subir a una de las camionetas.
Darren subió conmigo detrás, y Pipe no tuvo más que tomar el volante.
La balacera real llegó cuando comenzaron a impactar contra el automóvil. Mis gritos eran desenfrenados e incontrolables.
—¡Vamos a morir! ¡No quiero morir! —pedí muy rápido. —¡Déjame ir! ¡No hice nada! —grité entre lágrimas.
Sin más, Pipe encendió el automóvil, poniéndose en marcha sin pensarlo, el tiroteo afuera aún seguía.
Darren me tomó de los hombros con fuerza, mirándome fijamente y obligándome a observarlo.
—¡Escúchame maldición! ¡Deja de gritar! ¡Solo te estoy cuidando, te estoy salvando! —gritó sin más. —¿Crees que quedarte es seguro? ¡Hay una lluvia de bala allí fuera! ¡Aquí no te pasará nada, Pipe es francotirador y gran conductor, sin dejar de lado que es una camioneta blindada! —explicó furioso.
—¡Pero no he hecho nada! ¡No soy culpable! ¡Puedo quedarme! —reclamé con temor al observar que el automóvil solo seguía y la balacera se escuchaba cada vez más lejos.
—¡Ellos no verán si eres inocente o no! ¡Ellos solo están lanzando balas sin ver a quien hieren o matan! —gritó frustrado. —Maldición... Solo escúchame. Déjame pensar. —pidió terminando por pasar sus manos con frustración sobre su cabeza.
—Señor. —llamó Pipe desde el volante. —Esa mujer nos traerá problemas, ya tenemos demasiados por ahora. —avisó. —Podemos dejarla tirada por ahí, borrarla. —susurró entredientes mirándole desde el retrovisor.
—¿¡Borrarla!? —pregunté frustrada y aterrada. —¡No quiero morir! ¡No quiero morir! —grité intentando saltar del automóvil, pero ahora entendía, las puertas no abrían.
—¡Maldición! ¡no te haré daño! ¡Cálmate! —gritó una vez más tomándome con fuerza. —¡Pipe! ¡Leia se queda con nosotros, última vez que lo digo! —dijo furioso.
Pipe suspiró. —¿Entonces qué hago, señor? ¿A dónde nos dirigimos? Solo ando huyendo sin un destino. —reclamó. —¿Qué haremos?
Darren rió a lo bajo con sarcasmo. —¿Dónde vamos a ir, Pipe? ¡Parece que no trabajas para mí! ¡Vayamos a casa! —gritó ya histérico.
Una vez más Pipe me miró desde el retrovisor. —¿Y ella? —preguntó con temor.
—¡Por Dios, Pipe, te dije que viene con nosotros! —dijo ya frustrado.
—Señor, sabrá todo. Es arriesgado, puede delantarnos luego. —pidió cansado.
Darren pasó sus manos sobre su cabeza y rostro con frustración, terminando por observarme de reojo y regresar su mirada a él desde el retrovisor.
—Estaremos bien, Leia no dirá nada. —confirmó.
—¿¡Cómo lo sabe!? ¡Puede ser la causante de todo esto! ¡Maldición, Darren! ¿¡Qué sucede contigo!? —gritó ya frustrado.
Así mismo, en cuestión de segundos, Darren sacó un arma de su bolsillo, apurando la nuca de Pipe sin cuidado.
Lo miró fijamente desde el retrovisor, suspirando sin siquiera moverse. —¿Que, qué es lo que pasa, Pipe? ¡Pasa que yo soy el jefe y tú el maldito empleado! —gritó sin temblar. —¡Yo doy órdenes y tú las sigues! ¡Y si te digo que vayamos a casa, y que Leia viene con nosotros, es porque es así! ¡Y tú solo cumples! —avisó por última vez.
Pipe no hizo más que asentir, mirarme una última vez por el retrovisor y acelerar.
Darren guardó el arma, mis manos temblaban del miedo, mis piernas seguían o estaban aún más dormidas que antes. Mis lágrimas caían, y mi corazón estaba por saltar de mi pecho.
—... Él tiene razón, déjame ir... Por favor. —pedí en un susurro. —No soy parte de ésto, no soy parte de tu mundo, solo soy una tonta reportera con un sueño que terminó muy mal. —susurré entre lágrimas.
Él, con un poco de cuidado, se acercó hasta limpiar mis lágrimas con su pulgar. Suspirando, terminando por negar y sacar un pequeño pachuelo que dejaría sobre mi pierna.
—No eres una tonta reportera, Leia. Y ahora solo tienes miedo. —susurró.
Me miró fijamente otro par de minutos, terminando por señalar limpiar mis lágrimas con aquel pañuelo, y apenas lo tuve en mis manos y lo acerqué a mi rostro, pude reconocer aquel olor.
Apretó con fuerza aquel pañuelo sobre mi rostro, llevándolo hasta mi nariz y finalmente haciendo que el miedo se fuera, mi cuerpo se sintiera flotando por el espacio y el silencio llegara a mis oídos.
Darren me había drogado, me había dormido. Y yo, yo había caído.