Linda.
Si tuviera un brebaje mágico para evitar sentir, daría hasta el último centavo en mi cartera para obtenerlo.
Salí del local en modo automático, llegué a mi casa del mismo modo, pero ahora, sentada en mi coche, las emociones me bombardean con demasiada fuerza como para cerrarme las vías respiratorias.
Asi es como me encuentra tia Grace, colapsando en mi puto coche, con un regero de lagrimas y rimel en la cara, un nudo en mi garganta tan grande que no puedo respirar.
-Linda, ¡Linda!.
La escucho llegar a mi lado, abrir la puerta y abrazarme, pero no puedo moverme.
Sus manos menudas se aferran a mi rostro y un sollozo me parte el pecho en dos.
—¿Qué coño ha pasado?.
Me analiza de arriba abajo, seguramente buscando heridas que no están ahí, porque la verdaderas, esas que me duelen y supuran, se encuentran en mi interior en un corazón partido que lucha por latir.
—Por favor, cariño. Responde.
Su voz es un hilo, veo lágrimas acumulándose en esos ojos dulces, preocupación asomando. Niego con la cabeza, intentando meter una bocanada de aire a mis pulmones, intentando decir una palabra para calmarla.
—El…el.. ha vuelto.
Me mira por unos segundos, hasta que la compresión le nubla las facciones. Sacude la cabeza, echando una mirada la casa, antes de tomar el movil, aun abrazándome con uno de sus brazos y marcar un número.
—Cariño, sube a los niños a su cuarto. Linda no está en condiciones. – Niega con la cabeza, mirándome. — Te explico luego.
Se que ha llamado a mi prima Cassie, y se que mis niños no pueden verme asi, si pudiera hablar le agradeceria inmensamente a mi tía, pero no puedo.
Me ayuda a bajar del coche, y cuando estamos dentro me deja en el sofá con una manta encima. La escucho traquetear en la cocina, seguramente preparando un té antes de hablar.
Mientras tanto, no puedo quitar la mirada de un punto fijo, mirando sin ver nada, y me odio por eso. Me odio por ahogarme en un maldito vaso de agua, por no controlar un corazón que lleva más de cuatro años latiendo por el mismo hombre.
No se que me duele más, si el odio en su mirada, si la mujer a su lado, el anillo en ese dedo, o la muerte de una esperanza a la que me vi aferrada por tantos años, sin siquiera saberlo, y ha sido destrozada de un plomazo. Todo se combina en mi interior como una maldita montaña rusa, y por más que lo intente, las lágrimas no dejan de escapar de mis ojos.
—Toma, cariño. – Grace me ofrece una taza humeante, me aferro a ese calor intentando distraer la mente. —Cuéntame, ¿Qué ha sucedido?.
Pasa un dedo por mi rostro en una caricia tan gentil que me desarma el alma.
Varias respiraciones después, y tres sorbos a la manzanilla, proceso a contarle lo que he vivido esta noche.
Le detallo lo que sucedió, y me sorprendo de cómo en menos de diez horas mi vida ha dado un giro de 180 grados, si me hubiesen avisado al despsertar que esto pasaria, joder, no hubiera creido ni una maldita palabra.
Pero aquí estoy, con el alma en pena, el rostro enrojecido, y dos miradas rabiosas a penas contenidas.
—¿Quién se cree esa maldita bruja?.
Le regalo una sonrisa a Cassie, o al menos un amago de la misma.
—Nunca me quiso, jamás fui lo suficiente para Collin y se encargó de demostrarlo cada segundo.
Grace chasquea la lengua.
—Siempre fuiste más que suficiente para él. Simplemente esa mujer es infeliz, por más lujos y mierdas que tenga alrededor no llenan el vacío de su alma. – Acaricia mi mano. — ¿Quien no te querría, cariño?, si eres la persona más valiente que he conocido.
Me inclino contra ella, conteniendo otro torrente de lágrimas. No voy a permitirme llorar, no más, ya bastantes llantos le he dedicado y ahora…Collin, simplemente, es algo imposible para mi.
—¿Cómo te sentiste al volverlo a ver?, ¿Aun lo amas?.
—!Cassidy!.
Suelto una risita ante la expresión desacomodada de Grace.
—Está bien. – Vuelvo la mirada a mi prima. — Al principio muy descolocada, cuando vi a la mujer a su lado algo se rompió en mi. Pero ahora, me siento culpable.
Sin quererlo, mi mirada se dirige a las escaleras, la habitación donde duermen mis retoños.
—No es tu culpa que no esté presente en sus vidas.
Bajo la mirada a mis manos, a la taza que ahora está fría, como si el líquido fuera lo más interesante de la habitación.
—No fui lo suficiente valiente, tendría que haber luchado más por lo nuestro.
Ahí está, la revelación que me persigue desde hace años, la culpa autoinfligida por no mandar al carajo a Nora y luchar por su hijo.
—No te hagas eso, Linda. Hiciste lo que creías correcto, nos protegiste a nosotras, preferiste nuestra seguridad antes que tu felicidad, y eso es muy admirable.
—Para luego mandar todo al carajo.
Suelto un bufido, levantándome del sofá, acercándome al ventanal al lado de la cocina, abro la hoja metiendome en el patio trasero para encender un cigarrillo, al instante la nicotina calma algo en mi.
—Fuiste a buscarlo porque querías que supiera la verdad, jamas te culparemos por nada, Linda. Al final fue el empuje que necesitamos para salir adelante.
Asiento, perdida en los recuerdos.
Dos semanas después de la charla con Nora, me presenté en su mansión buscando a Collin, sin saber que se había ido, sin saber que su familia se iría ese mismo día para no volver.
Fue Nora la que me vio del otro lado, la que no me habló con palabras, pero si cumplio su promesa.
Al mes nuestra casa fue embargada, las cuentas congeladas, y nos quedamos en la calle sin nada.
Gustave fue el ángel que nos tendió la mano, a quien le debemos más de lo que podríamos pagarle algún día.
—Ahora ve dale un beso a tus niños y piensa que pronto volverán a irse. – me da un suave apretón en el brazo que logra tranquilizarme. — Al fin de cuentas la ciudad es grande, y va a ser casi imposible que se vuelvan a cruzar.
Esto tiene que ser una puta broma.
Miro el fax en mis manos, releyendo una y mil veces como si la cosa fuera a desaparecer de un momento para el otro.
Pero no lo hace.
Aun las letras están ahí, formando esas palabras que no quiero aceptar, y realmente quiero que un agujero se abra en la tierra y me trague entera.
Dando un suspiro me dirijo a la oficina de mi jefa, tocando dos veces antes de que su voz se filtre. Abro despacio, armándome de valor para decirle lo que pienso.
La cosa será difícil.
Desire Williams odia a todo el mundo y más que nada a los incompetentes.
—Desire.
Me hace un gesto con la mano para que pase, mientras sostiene el teléfono móvil en la otra.
Está despatarrada en su asiento, tocándose el pelo mientras discute con alguien del otro lado, la conversación termina cuando mi jefa estampa el auricular en el teléfono, suspira sonoramente y me lanza una mirada enfada con ceja alzada y todo.
—¿Qué sucede?, dime que no vienes con problemas, porque de esos hay demasiados.
Le tiendo la hoja impresa, la cual lee rápidamente, para volver a mirarme con el signo de interrogación pegado en la frente.
—No quiero ese trabajo.
Carcajea, tirando el papel hasta que queda frente a mí otra vez.
—Que chistosa… – Se le borra la sonrisa al ver mi expresión seria. —¿Estás loca?, te he derivado el mejor trabajo del año y me vienes con esas. ¿Has visto las comisiones?.
Asiento, son demasiado jugosas, pero ni mi estabilidad mental ni mi secreto valen la pena.
—No puedo. Deriva a Jose, él es muy bueno en la decoración para bodas.
Se inclina sobre el escritorio, cruzando las manos, fulminandome con la mirada.
—¿Cómo decirte esto, Linda?, si no tomas este trabajo ya puedes ir acomodando tus mierdas en una caja y sacando el culo de mi puta agencia de decoraciones.
Me quedo helada, tiesa en mi lugar, sin poder creer lo que escucho.
No puedo perder este trabajo. El restaurante deja ganancias, pero no las suficientes para mantener todo lo que hay que mantener.
—¿No hay…
Me corta antes de continuar.
—Sin excusas. O lo tomas o te vas, eres lo mejor que tengo y no pienso poner al incompetente de Jose por los motivos que tengas.
Enfurruñada arrugó el papel en un puño y me paro sin darle otra mirada a la bruja.
—¡Me lo agradecerás algún día!.
—Que te den.
Azoto la puerta tan fuerte que me sorprende no romper el vidrio.
Nada me importa, porque en mi puta mano tengo la petición para decorar todos los pormenores de una boda.
La maldita boda de Collin.