Martín estaba sentado en una de las sillas de plástico despintado de una sala de espera olvidada de la provincia de Jujuy. Tenía sus manos en su cabeza y enredaba sus dedos en su cabello como si estuviera a punto de jalarlo. Tenía tantos sentimientos en su pecho que no sabía cuál era el que prevalecía. Tenía miedo, mucho miedo de que la vida se cobrará su cobardía con un destino que no se creía capaz de superar, tenía bronca, por no haber creído en ella, por no haber leído sus ojos, por no haberla rescatado cuando todavía estaba a tiempo, tenía tristeza por sentir que había desperdiciado los últimos doce años de su vida, por no haber buscado más, por no haberla escuchado cuando le hablaba desde el corazón. Sus ojos estaban húmedos, pero lograba contener las lágrimas, así le habían ens

