Munay bajaba las escaleras intentando controlar su respiración. Habían pasado dos días y había logrado volver a ser invisible. Sus caminos alternativos y su lugar al final de cada clase la habían llevado a no cruzarse con Martin.
Luego de haber visto la forma en que Ofelia había besado su labios todo pensamiento que habían intentado colarse en su mente se había evaporado como el agua con el sol. Estaba claro que nunca podría fijarse en alguien como ella, no con las decenas de chicas que asistían a ese colegio y se desvivía por llamar su atención. Ellos solo tenían que organizar algunas cosas juntos y si su planificación no fallaba, casi no tendrían que juntarse.
Claro que eso había sido lo que ella había pensado hasta esa mañana, cuando el Señor Coulson la había llamado de nuevo a su despacho y le habían otorgado los cronogramas de viajes, haciendo especial hincapié en que trabajara junto a Martin. “Usted lo puede llevar por el buen camino” había dicho con tono de complicidad y ella no había tenido más remedio que ensayar una sonrisa escueta. ¿Por el buen camino? A sus ojos le iba bastante bien, era el capitán del equipo de natación, estaba rodeado de amigos y siempre pasaba el curso, con lo justo, pero lo hacía. ¿Qué era lo que quería exactamente? ¿Que tenía alguien como ella para ofrecerle a alguien como él?
Continuaba avanzando y el sonido enlatado de los gritos de aquel natatorio aumentaban sus nervios. No quería llamar la atención, pero allí estaba, atravesando las puertas que daban a los vestuarios, para llegar a la práctica del equipo, para desentonar aún más entre jóvenes atleticos que se sentían más varoniles en aquel lugar.
Empujó la última puerta, una de vidrio doble, algo empañada y el calor fue abrumador. Su cabello grueso y lacio amenazó con ondularse y sus manos comenzaron a sudar. Llevaba los papeles que el Señor Coulson le había dado y los apretó con más fuerza. A lo lejos pudo ver esa silueta que conocía de memoria entre los demás nadadores. Era increíble como podía distinguirlo incluso con su gorra y sus antiparras, pero no quiso darle importancia a aquello.
Iba a alzar su mano para indicarle que le dejaría las cosas ahí cuando otro joven tocó su hombro.
-¿Puedo ayudarte?- dijo Lucas, compañero de los dos en álgebra.
-Solo quería dejarle esto a Martin, pero veo que aún no han terminado.- dijo llevando su mano libre a su frente para secar el sudor de manera disimulada. Tenía calor, demasiado calor.
-Le queda una carrera, esperalo si queres, aunque yo que vos me saco algo de ropa, te vas morir de calor, si no.- dijo con una sonrisa genuina y ella correspondió curvando sus labios también. Había sido amable, incluso creyó que la había mirado con algo más que amabilidad, pero ella no se permitía pensar de ese modo, no con respecto a ella misma al menos. Siempre se había sentido tan diferente allí, que ni siquiera se creía capaz de gustarle a alguien.
-Si queres te tengo esto- le ofreció Lucas, llevaba apenas su traje de baño y aún no se había colocado la gorra. Estiró su mano y ella lo miró sorprendida. No pensaba sacarse nada, solo quería dejar los papeles y salir de allí, pero él insistió y ella lo recorrió con su mirada de una forma que intentó ser inocente, pero fue muy bienvenida por el joven, que lejos de amedrentarse se acercó aún más para hablarle al oído.
Al otro lado de la pileta Martín había perdido toda su concentración. Su entrenador continuaba hablando pero él solo tenía ojos para una persona. Había intentado cruzarla durante los pasados dos días y no entendía como tenía la habilidad de escaparse con tanto sigilo. Estaba de mal humor y eso era algo que nunca le pasaba, ni siquiera los mensajes de Ofelia, ni los chistes de Álvaro lograban sacarlo de esa nebulosa en la que sus contradicciones con respecto a Munay le generaban. Se decía a sí mismo que estaba mejor si no la veía, pero por las noches solo podía recordar su rostro, su piel oscura tirante con ese brillo marcado en los pómulos, sus ojos rasgados amenazantes y su sonrisa, solo la había visto una vez, pero podía recordarla.
¿Qué le pasaba? Él nunca pensaba en una chica de ese modo, la pasaba bien, disfrutaba con ellas pero luego podía concentrarse en un partido de fútbol o la siguiente fiesta. Ni siquiera sabía que era lo que había captado su atención, si el recuerdo de su mano rozando su pierna o su temperamento oculto. Parecía alguien tímido y callado y luego lo había enfrentado con los comentarios más ocurrentes.
No quería pensar en ella, se había convencido de que no verla era mejor y entonces se aparecía allí.
Podía verla junto a Lucas, sabía que estaba nerviosa, pero también sonreía, ¿que le estaba diciendo? ¿Estaba allí por él? Su entrenador alzó la voz y no tuvo más remedio que correr la vista pero al regresarla vio como él se acercaba y la furia se apoderó de cualquier intento de no prestarle atención. ¿Quién se creía para acercarse así?
-Vamos de Alzaga, acaso necesita un despertador.- le gritó el coach y él solo pudo lanzarse al agua, era la última carrera del día, necesitaba tener un buen tiempo y ya había entrado tarde.
Apresuró sus patadas, pero con cada brazada sus ojos se desviaban, quería saber qué estaba pasando, porque había ido allí, que estaba haciendo con Lucas. Aumentó el ritmo, la furia le servía de combustible y su desesperación por interrumpir lo que fuera que estaba ocurriendo lo llevaron a pasar a sus compañeros y llegar primero, a pesar de su demora inicial.
Ni siquiera escuchó las felicitaciones, salió del agua como un rayo y caminó con prisa hasta los dos.
-¿Puedo ayudarte en algo?- le dijo a Munay mientras ella se sobresaltaba y sus ojos traicioneros recorrían su cuerpo mojado para sonrojarla.
-Le dije que estábamos a punto de terminar y la iba a invitar a tomar algo con nosotros.- le dijo Lucas, mientras Munay intentaba controlarse. Tenía demasiado calor, el hecho de no haber almorzado para terminar la planificación no colaboraba y de repente la conversación entre los dos se volvió lejana.
-¿Así que viniste buscando unas copas?- dijo Martin cargado de bronca, pero cuando giró a verla toda la ira se convirtió en preocupación.
-¿Estás bien? ¿Muny?- dijo buscando su mirada que nunca llegó.
Munay sintió que todo se volvía borroso y de repente, ya no pudo ver más.
Lo próximo que pudo distinguir fueron esos ojos celestes demasiado cerca de los suyos. Estaba acostada sobre el piso helado y sus piernas estaban sobre un banco.
-¿Volviste?- le preguntó Martin regalandole la sonrisa más hermosa que jamás hubiera visto y ella intentó levantarse.
-Espera, esperá. Te bajó la presión si te levantas ahora podes volver a desmayarte.- le explicó demostrando preocupación en sus ojos.
-Perdón, yo, no sé qué me pasó.- le dijo descubriendo que no estaban solos.
-Estaba demasiado abrigada señorita, aquí la temperatura es muy alta. ¿Ya se siente mejor?- le preguntó el entrenador y frente a las decenas de pares de ojos de nadadores atléticos apenas con sus trajes de baño ella quiso que la tierra la tragara.
-Estoy mejor gracias, creo que ya me puedo sentar.- dijo con el hilo de voz que le quedaba a pensar de la vergüenza.
-Bien, muchachos, no hay nada que ver, a lo suyo.- dijo el entrenador dispersando a los deportistas mientras ella se sentaba y bajaba las piernas del banco.
-¿En serio estás bien? Me asustaste un poco y mirá que soy difícil de asustar.- le dijo Martín que no estaba dispuesto a marcharse aún.
Entonces ella por fin recuperó la sonrisa y lo miró con ese brillo que él tantas veces había recordado en la soledad de las noches.
-¿Pensaste que ibas a tener que hacer el trabajo solo?- le dijo a modo de broma sin perder la sonrisa y él la imitó. Era mejor hacer de cuenta que solo se trataba de eso, pensó.
-Si, claro.- le dijo estirando su mano para ayudarla a levantarse.
-Buenas noticias entonces, sigo viva.- le respondió pero al ponerse de pie completamente tuvo para tomarse de nuevo de su cuerpo. Sus manos se aferraron a la piel desnuda de su torso que ya no estaba mojado y él volvió a mostrar ese temor en su mirada. Si bien le gustaba tenerla entre sus brazos, ese no era el escenario que había imaginado.
-Muny, en serio ¿Estás bien?- le preguntó y ella por fin recuperó la fuerza.
-SI, si, debe ser que no comí nada hoy y el calor...- se excusó mientras él la ayudaba a sentarse en el banco.
-Se puede saber por qué no comiste nada, son la cuatro de la tarde, Muny, por Dios, no me digas que sos de esas chicas que se matan de hambre para entrar en un vestido.- le dijo entre enojado y preocupado, pero lejos de ofenderse ella emitió una gran carcajada.
-No, para nada, ahora mismo me muero por una hamburguesa. Pero quería terminar el trabajo y se me pasó el tiempo.- le dijo sin perder la sonrisa.
-¿Necesitas que te lleve a la enfermería?- preguntó el coach acercándose de nuevo a ellos.
-No, gracias, ya estoy bien. - le respondió ella. No quería seguir llamando la atención, solo quería marcharse lo antes posible y .. .comer.
-Coach, que no se mueva, me cambio y la llevo- dijo Martin mientras se alejaba en busca de su bolso sin siquiera pedir su opinión.
-No necesito que..- gritó Munay pero él siguió caminando.
-Es la primera vez que lo veo hacer algo por alguien, parece que algo bueno habrás hecho por él.- le dijo el entrenador mientras abría una puerta y le indicaba el camino.
Munay no entendió lo que le quiso decir, o no quiso entenderlo. Ella no era nadie, no podía ser alguien para él, solo se sentía asustado por su desmayo, era solo eso.
-Mejor espéralo acá que está más fresco. Yo le aviso, no te vayas que me haces perder credibilidad.- le dijo bromeando y ella asintió con una sonrisa, que en verdad escondía un torbellino de emociones que prefería silenciar. Solo iba a hablar con él, se dijo a sí misma. ¿Entonces por qué estaba tan nerviosa?