Terror en el bosque.

1241 Palabras
—En un lugar muy lejano, habitaban los monstruos y dicen que si entras a ese lugar, tú podrías ser su alimento. Según se; son gigantes y con un hambre feroz.— — Déjate de tonterías Luciana, puros cuentos de niños pequeños — dijo de repente Roberto mientras se cruzaba de brazos. Parecía que a aquel chico, las historias de su amiga lo tenían harto. — Si tú crees que son puras tonterías, deberías de ir, realmente no está muy lejos como dije — dijo Luciana retando a su compañero. — Es obvio que soy más valiente que tú — dijo ahora Roberto muy enojado. — Ajá, como digas — se limito a decir Luciana para después salir del salón de clases. Roberto ahora estaba decidido a no ser llamado miedoso, así que estaba planeando el como ir a aquel lugar, sabía a la perfección que necesitaría de muchas cosas, pero no quería que lo llamarán miedoso y costará lo que le tuviera que costar, llegaría a ese lugar y le demostraría a todos de que no tenía miedo. Aquel chico no se podría imaginar los peligros por los cuales tendría que atravesar en aquel lugar, solo para quitarse aquel título con el que toda la escuela lo conocía “miedoso". Roberto llamo a su amiga Luciana y le pidió los datos de aquel aterrador lugar, él estaba decidido, él iría. Mientras tanto Luciana estaba realmente sorprendida por el hecho de que no podía creer que Roberto se atreviera a tanto, pero aún así y sin oponerse, escribió en una hoja de papel la dirección. Aquella chica ya sabía dónde quedaba por el simple hecho de que había investigado en internet y había visto muchas imágenes, las cuales creía que eran ciertas. Roberto ahora estaba listo para hacer su travesía. Pero planeaba ir en el atardecer ya que su padres planeaban ir a una comida de negocios. La hora de salida por fin había llegado y con ello, Roberto empezaría a poner en marcha su plan. Roberto iba caminando, pensando y reiterando que lo que decía su amiga, eran viles mentiras solo para asustarlo. Algo que ella no podría lograr con él, al menos eso esperaba Roberto. Aquel chico y después de caminar en dirección a su casa. Por fin había llegado, siendo así que al entrar saludo a sus padres y ante su mirada extrañada, se fue en dirección a su habitación. Roberto parecía que tenía mucha prisa y ciertamente si la tenía. Aquel joven quería tener todo listo para cuando llegara el atardecer y fuera a aquel lugar. Roberto tiro todos los libros de su mochila y empezó a guardar las cosas necesarias, empezó a poner una cámara para poder tomar fotos y todos le pudieran creer, una linterna por si se llegaba a oscurecer, algo de agua por si le daba sed, unas cuantas sogas por si tenia que escalar, algunos fuegos artificiales por si los requería y unas cuantas medicinas por si las requería para limpiarse alguna herida, la mochila ya estaba lista con cosas necesarias. De pronto la madre de aquel chico entró sin tocar la puerta, lo cual asusto mucho a Roberto y de inmediatamente aquel joven puso la mochila debajo de su cama. — Ya nos iremos, por favor no vayas a salir de casa y a hacer alguna clase de tontería — concluyó la madre de Roberto sin tomarle importancia a lo que su hijo acababa de esconder para después salir. Roberto soltó un gran suspiro lleno de alivio, estaba realmente agradecido por el hecho de que su madre no lo hubiera descubierto o su plan se vería arruinado en su totalidad. Roberto verifico si sus padres ya se habían ido y pudo ver qué ellos estaban saliendo por la puerta principal y cerrando tras su salida. Aquel chico logro apreciar de que ambos señores se fueron en el coche. — Perfecto, empezaré con mi plan, con lo que haré y espero que todo esto resulte bien. Se que los monstruos no existen y lo comprobaré — dijo aquel joven con decisión. Roberto de inmediato saco la hoja que su amiga le había entregado en la escuela y en la cuál aparecía la dirección de aquel lugar. — Oh vaya, no queda lejos. Solo es el bosque que queda a unas cuantas cuadras de aquí — dijo para luego tragar saliva. Roberto saco su mochila de debajo de la cama y se la puso en los hombros para luego salir de su casa. Aquel joven empezaría con su recorrido. El sol se estaba poniendo poco a poco. — Está oscureciendo — susurro Roberto mientras se mordía el labio inferior, a pesar de que esto le estaba dando mucho miedo y empezaba a sentir que se aceleraba por la adrenalina, aquel chico no se daría por vencido, demostraría que no era un miedoso y que en aquel lugar no había nada. Roberto tomo su bicicleta y se subió en esta. Aquel chico empezó a manejar para poder llegar más rápido al bosque. Después de unos cuantos minutos de tanto peladear. Roberto por fin había llegado, aquel joven se posicionó enfrente de este. — Se ve muy aterrador— dijo de repente para luego tragar saliva. — yo puedo, yo puedo hacerlo y se que lo lograre, todos me conocerán al fin como el chico más valiente de la escuela — dijo lleno de orgullo y pensando que todo resultaría mejor de lo que estaba planeando. Roberto se colgó la cámara en el cuello, la cuál ya estaba encendida por si encontraba algo y entre sus manos tenía la lámpara para poder caminar entre los extensos árboles. Roberto siguió caminando, pero de repente empezó a escuchar murmullos, él sabía y creía que no se debía de acercar, pero la curiosidad pudo más, así que se dirigió a aquel lugar donde no se encontraban árboles. Roberto se escondió detras de una gran roca y alzó un poco su cabeza ya que seguía escuchando que unas personas hablaban en voz sumamente alta. Pero mucha fue su sorpresa al ver qué habían unas criaturas sumamente grandes. — ¿Son unos ogros?— pensó Roberto muy asustado. En realidad en aquel lugar habían gigantescos ogros, parecía que median más de 50 metros de altura y se podía ver qué pesaban más de 400 kilos. Aquellas criaturas eran inmensas. Roberto se escondió lo más que pudo, pero de pronto y por más que Roberto se escondió, un ogro empezó a olfatearlo hasta que sintió el aroma de aquel chico. La criatura siguió aquel dulce aroma hasta que encontró a aquel joven. Él no lo podía creer, había sido descubierto y de ello podía depender el que saliera con bien de ese bosque o que nunca saliera. El ogro estaba a punto de agarrar a ese chico, pero el empezó a correr y corrió y corrió hasta poder salir de aquel escalofriante lugar, por alguna extraña razón, el ogro no lo siguió, pero eso no haría que aquel aterrado jovencito se detuviera y al salir del bosque. Roberto tomo su bicicleta, se subió a esta y a toda prisa manejo lo más rápido que pudo hasta llegar a su casa y encerrarse en su habitación, desde ese día, aquel chico quedó traumado y nunca más quiso volver a salir de su casa. Pensando que el ogro había guardado su aroma y que algún día, aquella criatura lo podría empezar a buscar.
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