Acechada
— Agh — me queje mientras me tallaba la cabeza con desesperación. El día anterior me había pasado de copas y ahora mi cuerpo lo estaba resintiendo.
Recuerdo que la pasé muy bien, baile, hice nuevos amigos, tome hasta más no poder y hablé con mucha gente. Pero hubo algo en particular que arruinó mi noche perfecta en cuestión de minutos.
Aquel chico que no conocía en realidad, aparentaba tener quizás unos 27 años, vestía sudadera holgada y cabello un poco despeinado. Su insistencia para que yo saliera a bailar con él y le aceptará un trago era mucha, pero obvio que me negué en cada oportunidad que tenía. En un momento de esa noche, pude notar como se puso celoso cuando baile con un joven muy apuesto.
¿Por qué se pondría celoso?, Yo no tenía nada que ver con él, ciertamente me daba escalofríos recordarlo. Negué con la cabeza.
— Que chico tan insistente — pensé, pero decidí ya no pensar más en lo sucedido.
Me puse de pie y fui a la cocina a hacerme mi café habitual, al llegar, pude sentir un fuerte aroma a café.
No lo podía creer, mi café ya estaba listo y sobre la mesa.
— ¿ Qué es todo esto?— me pregunté mientras me acercaba poco a poco a la mesa, en donde se encontraba la taza con café.
Intenté buscarle alguna explicación lógica, hasta llegué a creer, que yo lo había hecho en la noche, estando borracha.
Tome la taza entre mis manos.
— Es lógico, tal vez yo lo hice en la noche — dije con una pequeña risa nerviosa.
Así que levante poco a poco la taza de café y antes de ponerla sobre mis labios para poderlo beber, recordé.
— No pude ser yo, aunque estaba borracha. Yo llegue a dormir — dije para luego bajar el café con rápidez.
— ¿Quién entro en mi casa?— dije entre susurros y habriendo los ojos muy grandemente.
Estaba aterrada.
Tome un palo, me arme de valor y busque por toda la casa a aquel intruso. Pero nada, después de horas de tanto buscar, no había nadie en mi casa.
¿Podría ser posible que estoy empezando a alucinar?, No lo sabía con exactitud.
Las horas pasaron y la noche al fin había llegado.
Hice mi rutina habitual, me bañé, me vestir, me puse una mascarilla y me acosté para poder estar con el celular.
Pero algo raro estaba sucediendo, sentía que estaba siendo observada, así que mire con rapidez hacia la ventana y pude ver cómo alguien salió corriendo, alcance a ver solo la silueta.
Sin abrir la ventana, empecé a observar por la gran ventana y hasta donde pude ver, no había nadie allí afuera.
Me estaba asustando demasiado, vivía en un lugar solitario, no había casas alrededor de dos kilómetros. Decidí vivir aquí por el hecho de que la renta era muy baja y accesible para mí, antes me sentía segura, pero ahora no lo estaba tanto.
Sin tomarle más importancia, me acosté de nuevo y me puse por un momento mis audífonos, esperando poder olvidar aquel mal momento. Opté por no llamarle a la policía, porque después me puse a pensar y a atribuirle todo esto a que era mi imaginación y por el hecho de que me sentía muy estresada.
Después de una larga noche y no poder dormir muy bien, me levanté temprano y le informe a mi jefe en la editorial, que no iba a poder asistir por el hecho de que me sentía muy mal y era algo cierto, el hecho de no dormir muy bien, me hizo sentirme de la peor manera posible.
De repente, un estruendoso sonido se escu ho en mi cocina, algo se había roto. Agarre de inmediato el mismo palo que había tomado el día anterior y mi gas pimienta. Con mucho cuidado me dirigí a la sala, de dónde había escuchado provenir aquel ruido.
De pronto y con la luz del día, vi al culpable que me asusto y solte un gran suspiro.
Era un gato...
Creo que me vi tonta asustarme con esto. El gato al percatarse de mi presencia, salió huyendo.
Tome una bolsa y poco a poco empecé a recojer los pedazos que pertenecían a aquel plato que rompio el gato. De pronto, me detuve en seco, yo no deje ningún plato en la mesa. Cada vez me sentía más insegura en mi casa, pero no quería irme de este lugar, la renta era demasiado accesible y no sabía dónde más conseguir algo así.
Tantas cosas invadían mi mente, mire al frente y al querer agarrar un pedazo de vidrio, me corté. Dirigí de inmediato mi dedo a la boca y empeca a succionar, intentando que la sangre dejara de salir de aquella cortada, después de un par de según, el desangrado se había detenido, opté mejor por ponerme de pie y no seguir, no quería seguir lastimando me y aún más, ahora que no me encontraba bien.
Mis ánimos se habían decaido y yo solo quería dormir, intentar olvidar todo el mal rato por el cual estaba pasando. Me acosté en mi cama y antes de poder quedarme dormida, pude escuchar una voz grave.
— Azucena — me llamo.
— ¿Quién está aquí?— pregunté con preocupación mientras me paraba con rapidez de mi cama. Estaba aterrada.
No obtuve respuesta alguna, así que pensé que tal vez podría ser el viento, sabía a la perfección que eso sería imposible, pero quería creer que aquella teoría era cierta.
Los días pasaron, cosas extrañas seguían pasando, sentía que me observaban, siempre que despertaba, mi café estaba sobre la mesa, en ocasiones escuchaba a alguien decir mi nombre, pero lo peor no vino si no hasta el sexto día, en el espejo del Bo y al yo salir de bañarme, pude leir algo que estaba escrito con tinta roja, quería pensar que era tinta y no sangre, aunque no estaba segura de ello.
La frase decía “Azucena, que hermosa te veías el día de hoy". Esto pudo detonar todo y por fin opté por llamar a la policía.
No salí de mi habitación hasta que ellos llegaron, empezaron a revisar mi casa y todo. Hasta que lo encontraron.
Los policías se dirigieron hacía mi y me dijeron, que aquel hombre me había estado observando durante mucho tiempo, lo peor de todo es que vivía detrás de mis paredes. Él se había obsesionado conmigo y se las había ingeniado demasiado bien para poder abrir un agujero y no ser descubierto, pero lo más perturbador de todo, fue lo que me dijeron antes de terminar la conversación.
Aquel tipo, quién me había estado observando y seguido desde la fiesta, era un asesino serial que llevaba tiempo acechandome ya que eso hacía con sus víctimas, las acechaba y después las torturaba y deshacía de ellas. Todo lo hacía durante una semana completa y en el séptimo día, terminaba con su cometido y mañana, se cumplía esa semana para mí.
----------
Hoy estoy tranquilamente acostada en mi cama, jugando un poco con mi celular y sin preocupaciones después de una semana de tanto miedo, pero de repente, pude escuchar un par de carcajadas.
— ¿Creíste que te podrías librar de mi?— se escuchaba a alguien muy enojado.
Hasta este punto, sabía que aquella persona, tomaría venganza.
Después de todo, lo denuncie, pero él logro librarse de los policías, se las pudo ingeniar como siempre lo hacía.