Me llamo Leslie y mis padres siempre me decían que si no me dormía antes de las doce de la noche, me despertaba alrededor de esa hora para hacer algo o si alguien me llamaba a esa misma hora, no hiciera caso en lo absoluto ya que sería muy malo por el simple hecho de que los fantasmas podrían venir y querrían llevarme. Esa era la historia que siempre me contaban desde que era muy pequeña.
Al principio si les creí, pero conforme fui creciendo, me fui dando cuenta que solo eran unos simples inventos por parte de mis padres solo para que no estuviera despierta a tan altas horas de la noche.
Después de mucho, por fin había cumplido la mayoría de edad y una decisión estaba tomada. Viviría sola, lo que era cierto es que si extrañaría a mis padres en la casa donde estaría, pero era lo mejor para todos y para que fuera independizado me.
Baje con mi maleta, estaba decidida, llevaba tiempo hablándole de esto a mis padres y esperaba que no se enojaran por mi decisión, algo que llevaba planeado desde hacía mucho tiempo y por el cual a veces teníamos conversaciónes mis padres y yo.
—Ya se que no existen los fantasmas, pero ahora que soy mayor de edad, es hora de que pueda hacer mi vida, trabajar y vivir sola — le dije a mis padres, pensando que lo tomarían a mal, pero al contrario, se alegraron mucho por mi. Sabían que había tomado mi decisión.
—Es obvio que era mentira cariño, solo lo dijimos para que no estuvieras despierta tan tarde — admitio mi madre con una gran sonrisa. — esperamos que en tu nueva casa, todo esté bien y por favor cuídate mucho, además, recuerda que iremos a visitarte, te llamaremos antes de ir a tu nueva casa. — dijo la mamá de aquella joven muy emocionada.
— Aunque nos gustaría que siguieras viviendo con nosotros, es algo bueno que quieras hacer tu vida por tu propia cuenta — dijo mi padre apoyándome.
No pensé tener tanto apoyo por parte de mis padres, lo habían tomado demasiado bien y estaba realmente muy alegre por el hecho de que mis padres siempre me apoyaban con todo.
Solté por un momento mi maleta y abrace a mis padres con demasiada fuerza, diciéndoles lo mucho que los quería y extrañaría, después sujete con fuerza mi maleta y salí de aquella casa, en dirección a mi nuevo hogar, tome un taxi y en cuestión de minutos ya estaba allí. Baje y le pagué al señor del taxi.
Mire por un momento la casa y sonreí con emoción, estaba tan entusiasmada.
— Mi primera vez viviendo sola— dije para luego salir corriendo y entrar a mi nuevo hogar.
Todo era tan bello por dentro, estaba equipado con cosas necesarias para mí estadía y eso me emocionaba de gran manera, por el momento no tendría que comprar muebles, entre otras cosas.
De repente recibí una llamada, saque con rapidez mi celular de mi bolsillo pensando que se podría tratar de mi trabajo, pero mucha fue mi sorpresa cuando vi el número. No lo conocía y por obviedad no lo tenía agregado, pero decidí contestar, tal vez era algo importante.
—No salgas a las doce de la noche de tu habitación— dijo una voz un tanto ronca al otro lado de la línea.
— ¿Qué?— alcance a preguntar antes de que aquella persona me colgará.
—Esto fue muy raro— pensé.
Aunque ciertamente me dió escalofríos aquella llamada e hizo que mi piel se erizará, pero también creí que se podría tratar de una llamada de broma, alguien que quería asustarme, pero era obvio que no le iba a dar gusto asustando me.
Sin pensarlo más, puse manos a la obra y empecé a acomodar mis cosas en un armario que estaba ubicado en la habitación de arriba de esa casa y después de arreglar todo. Al fin todo estaba listo.
Recibí de nuevo otra llamada y pude ver de quién se trataba, mi mamá me estaba llamando por lo cual conteste de inmediato.
—¿Ya te instalaste?— se escuchó decir a mi madre con total felicidad.
— Si mami, aunque no es tan grande como la de ustedes, me conformo, es solo para mí y el trabajo me queda más cerca — dije con emoción mirando alrededor.
— Muy bien cariño, cualquier cosa, no dudes en avisarnos — siguió diciendo mi madre para luego colgar.
Me emocionaba el hecho de contar con el apoyo de mis padres.
Todo iba muy bien, había comido a mis horas, hecho mis trabajos como escritora y por fin después de un largo día de arduo trabajo, todo estaba listo y la noche por fin había llegado.
Caí agotada y me dormí muy temprano, aproximadamente a las 10 de la noche, pero de repente algo me despertó. El timbre de la casa empezó a sonar, eso me hizo despertar, mire hacía la ventana y se podía apreciar que estaba demasiado oscuro, solo iluminaba la luz de la luna.
De repente mi celular sonó, aún asoñada lo tome y me sorprendi, el mismo número que me había marcado con anterioridad, lo estaba haciendo de nuevo. Esto era raro.
Me enoje un poco, no quería que me hicieran otra broma, sin ver la hora conteste.
— Mira, si quieres...— empecé a decir con sumo enojo, pero aquella voz aguda me detuvo en seco.
—Son las 12, no salgas de tu habitación, mucho menos se te ocurra abrir la puerta principal — dijo de inmediato para luego colgar.
Me quedé petrificada por unos segundos, mire la hora y efectivamente era la misma hora que me había dicho, aún peor, sabía que alguien estaba afuera de la casa, pensaba salir a atender, pero con aquella llamada ya no quería ni salir de mi acogedora cama, estaba aterrada. Y ¿Si aquella persona sabía algo que yo no?, Todo esto me daba mucho miedo, lo peor fue cuando el timbre seguía sonando, aún así aquellas simples palabras seguían resonando en mi cabeza, no sabía que hacer.
De pronto la puerta de mi casa empezó a escucharse que le estaban pegando, esto me asusto mucho así que decidí meterme a dormir de nuevo, esperando que los ruidos cesarán, pensaba hacerle caso a aquella llamada, nunca se sabe cuándo algo te va a estar ayudando, tampoco llame a la policía por el hecho de que eso implicaría salir de mi habitación y también significaría arriesgarme mucho y yo por el momento y con todo lo que me estaba pasando, no quería salir de mi habitación, la cual tenía totalmente completa con seguros, la puerta y la ventana estaban muy bien asegurados así que si alguien intentaba entrar a mi habitación, no podría.
Sonará absurdo pero me eh visto muchas películas, llamo a la policía y resulta ser un asesino serial y preferiría no arriesgarme. Tal vez y según la policía dice estar afuera de mi casa y resulta todo mal, preferí mejor no arriesgarme.
Pese a los incontables ruidos que hacía la persona de allá afuera para que le abriera, no lo hice, paso aproximadamente una hora haciéndolo lo mismo, no lo se con exactitud, pero lo que si se es que en ese transcurso se detuvo.
— Por fin — susurré, estaba realmente aliviada de que aquella persona se hubiera ido, estaba muy nerviosa y asustada.
*A la mañana siguiente*
Habia dormido con tranquilidad, eso me llenaba de alegría. Mire mi celular para poder verificar el número y preguntarle a mis padres si lo conocían, pero pude notar que algo muy raro estaba sucediendo, como última llamada tenía la que me había hecho mi madre, esto me asusto realmente y pude sentir como me estaba poniendo pálida, era algo muy extraño realmente, pero me dispuse a no seguir pensando en ello por lo cual prendí el televisor, me senté en mi sofá y empecé a tomar mi café.
A continuación, lo que escuche hizo que escupiera mi sorbo de café que había tomado con anterioridad.
—Un sujeto se logró escapar de un manicomio, no sabemos a cuántas casas fue o que pasó, pero lo que se tiene entendido es que fue a una casa donde una pareja vivía, ellos abrieron la puerta y mintió ser un elemento de la policía, desafortunadamente logro deshacerse de una pareja que fue tan amable y le abrió la puerta, paso por la calle los Tulipán, para suerte de todos, se logró atrapar cerca de una gasolinera donde fue a llenar el tanque del carro recién robado, cuando lo atraparon confesó que su presa era una casa un poco vieja y color verde, tocó el timbre durante mucho tiempo hasta llegar al punto de patearla, pero nadie salió, solo fue la primer casa que encontró y quería que fuera su primer víctima de esa noche, pero la persona que vive allí, tuvo mucha suerte al no salir — concluyó aquel reportaje.
Escupí de repente mi sorbo de café.
— ¿Qué?, Hablaron de esta casa, yo vivo aquí y en la misma calle, es esta, estoy segura — dije de repente, tirando mi taza de café, seguía sin poder creerlo.
Le conté todo a mis padres y llegaron a la conclusión que no todos los monstruos que salen a media noche, son malos, ni todas las personas que dicen ser buenas, son buenas.
Desde ese día opte por vivir en casa de mis padres, esperando no pasar por lo mismo de aquella noche.