Gabriela
Mi esposo no se apareció y mis queridos suegros me enviaron a dormir a su cuarto, ya que llagamos de noche, nos ofrecieron cena, pero no quisimos porque en el avión ya habíamos comido algo, subieron mis maletas y yo me fui directo a darme una ducha lo necesitaba, luego me puse uno de mis pijamas, un top y un short corto, no me gusta dormir.
Decidí dejar para mañana eso de acomodar la ropa, aun no sabia como iba a ser, mi suegra me dijo que a Marcus se le había presentado un problema por lo que quizás no iba a llegar a dormir, lo cual me relajo, el no tener que dormir con él.
Me acosté y me dispuse a dormir la cama era amplia, pero preferí ganarme en una de las orillas, antes si le envíe un mensaje a mi amiga, para ver si estaba todo bien y ella me respondió “fantástico”.
Estaba profundamente dormida, pero sentía que alguien estaba a mi lado y me estaba apretando los senos, pensé que era un sueño o mi imaginación, pero ¡NO!, abrí los ojos y vi que aun estaba oscuro, mire con un poco de temor hacia atrás, aun tenia las manos de ese hombre en mis senos y le inicie a golpear su brazo y mande un grito de terror.
–Suélteme estúpido– le decía mientras seguía golpeándole.
–¿Qué? –pregunta aun dormido.
–Que me sueltes– digo tomando sus manos para que las suelte, pero aún no lo hace.
Él de pronto veo que abre sus ojos como platos, ya que es lo único que veo, porque el cuarto está completamente oscuro–perdón ¿Qué haces en mi cuarto? –me habla confundido, pero aun no quita sus manos, ya me está empezando a molestar.
–Este es el cuarto de... ¿Marcus? –le pregunto extrañada porque se siente diferente, pero quien más estará en su cuarto.
–Si, soy yo–quita las manos de mis pecho– no tenías porque quédate en MI CUARTO–dice molesto y recalcando mi cuarto.
–Yo no me quería quedar en TU CUARTO – recalco esas palabras–pero tu madre me envió a él.
–Que fastidio tener que compartir mi cuarto contigo, ya duerme–se da vuelta y se tapa bien.
–Y ¿mis disculpas? –le digo molesta.
–Tranquila cariño te perdono–responde de lo más tranquilo el muy imbécil.
Marcus
Me quede estático al ver a esa mujer, y le tenía mis manos en su pecho, de tan solo sentirlos me produjo que mi amigo se despertara mientras ella hablaba trataba de controlarme, pero no podía retirar las manos de sus enormes senos, eran perfectos, uff... que calor sentía en mi cuerpo, trate de enfrentarla para saber porque estaba en mi cuarto, pero claro mi madre, es obvio, así que preferí girarme para poder dormir, en un par de horas, veo el reloj, en una hora y media debía levantarme. Escuché como se quejaba nuevamente por el toque que le di, pero preferí no disculparme. Cerré los ojos y sentí como ella suspiraba, seguramente molesta y se dio vuelta.
No puedo evitar en pensar cómo llegaron mis manos a sus senos, sus grades senos, no pude ver su rostro y ella al parecer tampoco pudo ver que estaba semi desnudo, osino seguramente habría dado otro grito, cierro los ojos para poder dormir lo poco que me queda de tiempo.
Al despertar veo que ella está en otro extremo de la cama, tiene su cara tapada por algunos cabellos rebeldes, iba a sacarles esos cabellos, pero luego me arrepentí, me decía a mí mismo, que quizás sigue siendo bella por fuera, pero la misma por dentro, así que no vale la pena.
Me levanté y me fui a dar una ducha, cuando ya había salido de esta recordé la ropa, no la había traído al baño, estoy acostumbrado a vestirme en mi habitación, bueno ya ni modo, no me queda de otra, me sequé bien en el baño y salí solo con la toalla enrollada en mi cintura.
Ella se encontraba profundamente dormida, así que me quite la tolla y la deje tirada en el suelo, busque mis bóxer y me los puse, luego un pantalón de buso y una polera blanca mangas cortas. La polera me quedaba ajustada, dejando poco a la imaginación de mis músculos y abdomen.
Sali rápidamente de la casa al notar que ya está justo con la hora, me fui en mi Ferrari SF90 stradale, directo al Northwestern Memorial Hospital, estoy iniciando mi especialidad, soy doctor y estoy haciendo la especialidad en cardiología, ya llevo un mes en esto y ha sido agotador, pero no se compara con la satisfacción del trabajo.
Al llegar puedo notar las miradas de varias mujeres mirándome, no es por presumir, pero dejo babeando a varias y eso me encanta, me encanta tener las mujeres a mi disposición, porque sé que ellas también lo único lo que quieren es sexo y yo solo les puedo dar eso, y se los dejo en claro desde el primer instante, lo único que quiero es placer, nada más.
(...)
–Hola Doctor Webber, ¿Qué tenemos para hoy? –digo dirigiéndome a mi mentor.
–Nos queda solo una operación, lo bastante sencilla, así que hoy tú me vas a asistir y te daré la posibilidad de reparar esa arteria–dice sonriéndome.
¡BIEN! Grito en mi interior–gracias doctor.
Va caminando a la cafetería, pero se gira– recuerda que hoy llegan las pasantes del extranjero.
–A sí, yo las recibiré- digo con una sonrisa de lado.
–Si, solo compórtate– dice como dándome consejos y sigue caminando.
(...)
Se escucha en los parlantes, Doctor Marcus se necesita su presencia en la recepción.
Voy de inmediato, ya que deben ser las pasantes, al llegar veo a dos mujeres de espaldas, ambas se ven de muy buen cuerpo, pero me llama la atención la que es un poco más alta, tiene su cabello castaño claro, es delgada, pero con unas curvas uff...
–Hola, buenas tardes, soy el doctor Marcus Brown...-No termino de decir mi presentación ya que veo a Gabriela, mi esposa–Gabriela ¿qué haces aquí?
Ella me da una mirada de pies a cabeza –¿es broma verdad? ¿Marcus? –me pregunta extrañada.
–Si soy yo, pero me puedes decir ¿Qué haces aquí? –le pregunto de forma fría.
–Venimos a hacer nuestra especialidad–responde en el mismo tono que el mío.
Veo que la chica del lado le susurra algo y ella le da una mirada seria.
–No sabía que estudiaras medicina, pero bueno les voy a hacer el recorrido, seguramente tu eres la que se ira a plástica.
–Si ¿algún problema con eso? – me dice como si la ofendiera.
–Ninguno, pero era de esperar que si estudiabas esto llegarías a la plástica–sigo pensando en lo superficial que es, de seguro cuando termine pondrá su propia consulta–bueno tu colega se va a Ortopedia entonces–miro a la joven que está a su lado, es muy linda –Bueno señorita un gusto colega, soy Marcus– le extiendo mi mano y ella duda un segundo en tomarla, pero lo hace–vamos por aquí–digo indicando un pasillo para iniciar con el recorrido.
–Marcus podemos hablar– me dice Gabriela.
–Doctor Marcus– digo frio– hablaremos después del recorrido.
Ella me mira molesta pero no le hago caso, en varias ocasiones siento su mirada pegada a mí, pero me da igual, yo le presto más atención a su colega, a ella la dejo en ortopedia, y ahora me toca llevarla a su área.
–Ahora podemos hablar DOCTOR MARCUS– dice de forma seria.
–Ahora sí, antes de que inicies a hablar te quiero decir que no quiero que nadie sepa que Tú–la miro de pies a cabeza–eres mi esposa, además quería hablar contigo cuando estuviéramos en la casa, pero ya que estas aquí, te lo diré de inmediato, quiero el divorcio.