Marcus Alexander Brown Davis

1261 Palabras
Luego de horas de viaje al fin llegamos al aeropuerto, pasamos a buscar nuestras maletas, al menos el inglés no era problema para ninguna de las dos, así que no nos costó entender donde teníamos que ir, mientras iba a acercándonos a buscar las maletas vi un puesto de revistas y mis ojos se enfocaron rápidamente en la portada de una de ellas, había un hombre sin polera, y con bata de médico, ni le preste atención a el título, porque  me quede literalmente pegada en su abdomen, en el cual en su parte baja había dos anillos tatuados, en su oblicuo derecho. –Vamos, ¿Qué estas mirando? –dicen dándome un golpe en el hombro. –No nada vamos, recogimos nuestras maletas, bueno tuvimos que llevar de esos carro grandes porque de hecho teníamos 6 maletas, finalmente a Jimena le ase otra para los zapatos. Salimos del aeropuerto y vi a un hombre que tenía mi nombre en un cartel, se supone que me vendrán a buscar y anoche mi madre hablo con la señora Cleo para ver si mi amiga se podía hospedar algunos días y ella acepto de inmediato. Saludamos al caballero del auto y solo queda mirando preocupado las maletas. –No se preocupe, nosotras le ayudamos a acomodarlas–así fue como luego de 20 minutos pudimos acomodarlas, yo me tuve que pasar al asiento delantero porque tuvimos que dejar dos maletas en el asiento de atrás. Vamos en camino a la casa de mis suegros y mi esposo. Marcus Alexander Brown Davis –¿Así que hoy llega tu esposa? –me pregunta mi amigo por octava vez. –Si, se supone que tengo que ir a recibirla a casa, pero no estoy de ánimos– le digo de mala gana. –Y ¿Cómo es ella? –dice moviendo sus manos haciendo la silueta de una mujer– nunca me has mostrado ni una foto y eso que somo amigos desde hace mucho. –No me apetece mostrarte a la bruja que tengo como espesa–digo de forma cortante. –¿Tan mala es? –Si, pero prefiero no contarte. Aún recuerdo lo que viví a su lado, cuando está en su colegio ella era un fresa, engreída y pisoteaba a cualquiera sin importar sus sentimientos, si al inicio que la vi me pareció una joven muy bella y me alegre de que tan hermosa joven fuera mi espeso, pero luego de unas horas estando cerca de ella, bueno en el mismo salón descubrí como era en realidad, además de que tenía un novio, que era el más popular y así fue como me fui haciendo a idea de cómo iba  a ser mi esposa, solo esperaba que no aceptara y bueno mi apariencia ayudaba un poco, la verdad a esa edad tenía acné por toda la cara y mis lentes no ayudaban mucho. Cuando me vi casado con ella, sabía que yo no le producía nada más que repulsión, pero esa noche en nuestra “luna de miel”, me sorprendió con lo atrevida que fue, pero no paso a más, sabía que ella no iba a querer estar con alguien con mi aspecto y eso duele, que no te quieran ni conocer por no tener una apariencia linda duele. Por eso no la quiero cerca, no es que la odie, sé que esto fue un trato en que la verdad no podíamos opinar, pero no la quiero como esposa, no importa lo linda que fuera cuando joven, a veces las personas pueden cambiar por fuera, pero por dentro no. Pero ya está todo planificado, voy a hablar con ella para que me dé el divorcio, ya tengo planeado decirles a mis padres que lo nuestro no funciono y bla... bla... bla... –Ya se te está haciendo tarde amigo– Me dice Williams. –No pienso ir, me decidí y no tengo ánimos, ¿Por qué mejor no vamos donde esas chicas mejor? –le digo mirando hacia una mesa, unos puestos más allá a dos mujeres que van vestidas con vestidos ajustados y cortos, las cuales no quitan la mirada de nosotros. –Vamos–dice el muy mujerío soltando una sonrisa. Nos acercamos a ellas y coqueteamos por unos minutos mientras nos servíamos unos tragos, este club es especial para salir y hacer un ligue de una noche, pero mientras hablábamos con ellas mi teléfono no dejo de sonar, eran mensajes de mi madre avisándome que mi esposa había llegado y que debía ir a casa, bueno ese era de hace dos horas y ahora ya me enviaba mensajes molesta, no me sentía muy cómodo con esas mujeres así que le hice una seña a Williams y nos partamos con delicadeza de la mesa. –Amigo, me voy a tener que ir, mamá esta furiosa y eso no es bueno. –Dale vamos, yo igual me quiero ir. Salimos del club y tomamos un taxi, tengo autos, pero cuando salgo y sé que voy a beber prefiero que me trasporten, como doctor tengo que cuidar de mí. A todo esto, ni siquiera sé que es lo que estudie la condenada de mi esposa. –No me simpatizaron esas mujeres–dice con una expresión que me da risa. –No a mí tampoco, pero las del otro día sí que te simpatizaron en especial la pelirroja–digo entre risas. –Estaban buenísimas, que quieres que te diga. Cuando nos separamos con Gabriela, con separarnos me refiero a esto de que ella se quedara en Chile y yo me viniera para acá, bueno nunca acordamos lo de si debíamos sernos fieles o no, yo creo que ella no lo fue y bueno yo tenía necesidades, al fin y al cabo, solo fue una firma de papel lo de nosotros. Cuando llegue acá comencé a ir al gimnasio, comencé a cuidar mi alimentación y fui al dermatólogo por los granos, el me receto unas cremas y listo, en un par de meses desaparecieron para no volver a aparecer, cambie mis lentes de marco por unos de contacto y hace dos años que ya no los necesito ya que me hice una cirugía, la cual me dejo en perfecto estado la visión. Cuando salgo o estoy en el hospital las chicas en la mayoría de los casos me coquetean incluso algunos hombres, pero a mí me gustan las mujeres, son mi debilidad, por eso necesito el vendito divorcio. –Amigo ya llegamos a tu casa– dice Williams pagándole al taxista. Él vive al frente, es por eso por lo que dice que nos conocemos desde hace tiempo, desde niños nos conocemos, él trabaja en la empresa de su padre y ya pronto se convertirá en el CEO de ella. –Espero que te vaya bien con tu esposa– me giña un ojo y cruza la calle. Doy un suspiro he ingreso a la casa, ya es super tarde y las luces están todas apagadas, así que voy directo a mi cuarto en silencio, llego a mi habitación y ni me molesto en prender las luces, me saco la ropa y quedo solo en bóxer. Me acuesto en el lado de mi cama y cierro de inmediato los ojos, estoy tan cansado, hoy Sali de un turno largo en el hospital y fue muy agotador, además mi amigo me invito a unos tragos y acepte para no llegar a casa y recibir a mi esposa. Inicio a escuchar un grito y alguien golpeándome el brazo, abro los ojos....
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