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1820 Palabras
Cada treinta minutos Kang preguntaba a Sullivan si había encontrado algo, pero la respuesta había sido negativa catorce veces después de haber salido. Solo restaba una hora para la reunión del Sargento Garren, una hora en la que debían encontrar algo, cualquier cosa. Los nervios quisieron tomar control de él, pero se mantendría en control. —Capitán, ya no tenemos suficiente tiempo y seguimos sin encontrar una señal — habló Sullivan —. Si encontramos algo, debe establecerme una prioridad. Kang había estado evadiendo la pregunta. —¿Entre los reportes y la señal para Darat? — Preguntó Seuneu — ¿Por qué no podrías con ambos? —Puedo intentarlo — respondió seguro —. Pero para ello necesitamos tiempo, debo localizar a Darat, dónde se encuentra exactamente y luego encontrar la manera de mover algo cerca de ella, al mismo tiempo tengo que buscar en los archivos por reportes, entonces necesito saber cuál es nuestra prioridad. —Darat es nuestra prioridad — afirmó Seuneu —, ¿cierto, Kang? Lo más importante aquí es hacerle saber que todo es real, que vamos por ella. Pero Kang se quedó en silencio, ella tenía razón. —¿Por qué te quedas callado? Vamos, Kang no puedes estarlo pensando realmente. —Darat en lo más importante aquí, de eso no hay ninguna duda — contestó girando a mirarla —, pero el caso está en que necesitamos las dos cosas, los reportes nos dirán qué tan en peligro está, porque si saben quién es ella para mí, querrán utilizarla en nuestra contra y será mucho más difícil alcanzarla… —Pero si tomas los reportes y no le haces saber la verdad, igual corre el riesgo de morir —replicó preocupada —. Kang, tu no sabes cómo es vivir a través de perspectivas, no sabes lo que es despertar luego de terminar una historia y volver a la realidad sabiendo que nada ocurrió, que cada lugar que viste, cada cosa que hiciste, solo estuvo en tu mente. No tienes ni la menor idea de lo que es ese sentimiento de perdida. Con el tiempo te acostumbras a eso y disminuyes la espera entre una perspectiva y otra solo para no pensar, para no sufrir por ser tan débil y vulnerable en la realidad, sin capacidad de hacer nada más que estar acostado. La voz de Seuneu expresó su angustia, rompiéndose a medio camino. —Tú la extrañas, pero al menos sabes que la tuviste, Kang  — continuó —. Ella en cambio… Kang — suspiró —… ella ni siquiera lo sabe. ¿Tienes idea de lo que eso significa? El sentimiento de perdida actúa diferente en los dos, Darat está sufriendo, ¿no lo viste? Puede perderse a sí misma, puede perder su cordura, su mente puede quebrarse en cualquier momento si es no lo ha hecho ya y de qué te serviría el maldito informe ¿ah? De qué sirve si al encontrarla, ella ya no es ella misma— Seuneu se movió en el asiento acercándose a él un poco —. Kang,  sé que piensas y confías en que Darat es fuerte, pero no tienes ni la menor idea de lo que las emociones y perspectivas pueden causarle a la mente. Kang se quedó en silencio solo observando su rostro lleno de frustración y angustia. No era como si no supiera lo que ella había expuesto, claro que lo sabía, estaba consciente de eso y le aterraba tomar una mala decisión. Si escogía primero darle una señal a Darat, corrían el riesgo de que la Orden la notase y luego la movieran de lugar o la usara en su contra y no sabría si ya sabían lo que ella significaba para él. Pero si en cambio escogía los reportes, Darat podría morir de dolor. —¡La tengo, la tengo! — exclamó Sullivan con entusiasmo — ¡Tengo una señal! —¿Qué? ¿En serio? — preguntó Seuneu regresando a su lado para observar la pantalla. —¡Tienes que moverte rápido! — pidió Kang aun más nervioso y preocupado. —¡Ah! ¡Espera! ¡No! —¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? — preguntó Kang. —Perdí la señal, hay que regresar, retrocede — pidió sin despegar los ojos y mover los dedos por la computadora. —Atrás, atrás, atrás — ordenó Kang al combatiente a su lado. —Entendido — respondió. Mientras el vehículo giraba, Kang supo que no podría con la intriga desde esa posición, por lo que decidió pasar al asiento trasero. —Cuidado — indicó pasando a través de los asientos. —Vamos, Sullivan, tienes que hacerlo — animó Seuneu. Kang se sentó al lado derecho de Sullivan. Observó la pantalla, realmente no entendía lo que había en ella, pero confiaba en que Sullivan sí. —¡Alto, alto! El vehículo frenó en seco tras la petición de Sullivan. —¡Auch! — exclamó Seuneu cubriéndose la frente. —¿Estás bien? — le preguntó Kang. —Sí, sí, sí, vamos con Darat, rápido. —Estoy entrando — indicó Sullivan —. Creo que encontré la base, está realmente lejos. —¿La tienes o no? — inquirió Seuneu frustrada. —La tengo. Eso alivió un poco, solo un poco a Kang. —Capitán, dígame cuál es nuestra prioridad. El alivió desapareció. —Kang, tienes que… —Darat — respondió inmediatamente —, primero Darat, encuéntrala y haz que sepa que es real. Sullivan lo miró con las cejas juntas. —Pero, capitán… —Ya escuchaste, primero Darat — Seuneu tomó su cabeza y lo obligó a mirar de nuevo la pantalla. ¿Había tomado la decisión correcta? Kang escuchó su reloj sonar, actuando como un disparo a su pecho. —No, no, no — Seuneu se precipitó —. No me digas que se acabó el tiempo. —No, solo comenzó la reunión — indicó colocándose más en alerta —. Vamos Sullivan, tu puedes — intentó animarlo —. Busca bien, ya no tenemos tiempo, tienes que lograrlo, solo cuatro minutos. No podían tardar mucho más, si ya el Sargento Garren estaba en la reunión con el Orden, estaban en la línea e fuego, si notaban que estaban ingresando al sistema justo cuando estaban hablando de dejar de espiar al otro, entonces podrían ver la reunión como un acto deshonesto. Le importaba poco lo que orden pensara, pero no tenía otra opción que mantener la diplomacia el mayor tiempo que se pudiera. —Capitán, no la encuentro — su voz se escuchó precipitada y temblorosa. —¿Cómo que no la encuentras? — Seuneu le robó la pregunta. —No la encuentro — siguió moviéndo los dedos con rapidez —, no puedo localizarla en ningún nivel. Kang llevó una mano a su cabeza. —Tiene que estar allí, no pueden haberla movido — su voz sonó temblorosa —. No pueden haberlo notado… pero… ¿Y si lo habían notado? ¿Y si Darat había mostrado sus recuerdos? No podía pensar de esa manera. Kang miró su reloj, restaban solo dos minutos. —¿Seguro estás revisando bien? — preguntó Seuneu. —Claro que lo hago. —No lo sé — continuó ella —. ¿No habrá habitaciones aisladas? —¿Aisladas? —Sí, en el reporte se pidió aislamiento porque tenía tendencias suicidas, ¿no lo recuerdan? Kang sintió como si le hubiese iluminado, tenía razón. —Deben estar en el tercer nivel subterráneo — indicó Kang —, las habitaciones aisladas estan allí. —Muy bien, tercer nivel subterráneo. Sullivan movía sus dedos y las pupilas de sus ojos con tanta rapidez que no parecía natural. Suponía que Sullivan estaba en su propia batalla. —Tengo las habitaciones — señaló Sullivan —, ahora debo encontrar a Darat. —Un minuto — indicó Kang mirando su reloj —, solo podemos seguir un minuto. —Oh, no, no puede ser — se precipitó Seuneu —. ¿No puedes solo cortar toda la electricidad? Ya no hay tiempo. —No — respondió Kang —, ellos nunca tienen cortes de energía, el sargento Garren está en este momento en la reunión, seguro tienen a muchos buscando cuaquier anomalía, si hacemos un apagón, será muy evidente, podríamos perderla definitivamente. —¿Si entonces buscas los archivos? — preguntó Seuneu angustiada. —Ya no hay tiempo para eso — respondió Sullivan. —Sigue buscando, Sullivan — pidió Kang. En la pantalla empezaron a ver imágenes del nivel, las habitaciones estaban especialmente diseñadas, de manera que solo parecían aterradoras. Le produjo escalofríos pensar en lo asustada y solitaria que podría sentirse Darat allí dentro. Entonces la imagen que se hizo visible mostró a un humanoide entrando al pasillo empujando una silla de ruedas. —Acércalo — se aceleró Kang. Sullivan mostró un acercamiento. Una sonrisa nerviosa se formó en el rostro de Kang. —Darat… Era ella, la habían encontrado, seguía allí. Peor un escalofrío recorrió su espalda y una angustia le inundó el pecho. Darat tenía la mirada perdida y un rostro sin expresión. Estaba traumada. Estaba perdida. —Rápido, habla a través de esa máquina — señaló Kang. —Estoy en eso. —Pues está más rápido. Entonces el reloj de Kang volvió a sonar. —Se acabó el tiempo — se preocupó Seuneu llevandose las manos a la cabeza. —No importa — Kang silenció el reloj —, está justo ahí, solo unos segundos más. Tienes que… La pantalla se quedó en n***o. —No, no, no — negó Sullivan nervioso y tocando la pantalla en diferentes puntos. —¿Qué? ¿Qué está pasando? — inquirió Seuneu. Kang lo supo, pero se quedó estático. No podía creerlo. —Me han sacado — explicó Sullivan —, me han notado y me han sacado por completo. —No — tembló la voz de Seuneu —, no me digas que no… pero estaba allí, ella estaba justo ahí. —Lo siento mucho — se disculpó nervioso —. Lo lamento, pero no pude hacerlo. —No — sollozó Seuneu. Kang abrió la puerta del vehículo y salió de golpe. Trotó por varios metros y entonces gritó con todas sus fuerzas intentando sacar de su sistema la frustración, la agonía y la ira. Llevó las manos a su cabeza. Todo había salido irremediablemente mal: No habían obtenido los reportes que les indicarían lo que sabían de Darat. Tampoco habían logrado darle una señal a Darat. Y los habían descubierto, poniéndolos en una situación delicada en la que cualquier cosa podría suceder. Pero lo peor de esto, era que podrían haberles indicado que estaban buscando a Darat. Una vez más, le había fallado a Darat. No había sido suficiente para ella. Darat, solo parecía escurrirse de sus manos. Cuanto más intentaba aferrarse a ella, más se desvanecía. 
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