Capitulo 5: La tormenta interna

1040 Palabras
Las horas pasaron lentamente, pero Ana apenas las notaba. Cuando llegó a su oficina al día siguiente, todo le parecía irreal, como si estuviera caminando sobre una capa de niebla espesa que la envolvía, desdibujando todo a su alrededor. Tomás seguía en su mente, con su rostro tranquilo pero preocupado, la mirada que la había atravesado anoche, cuando finalmente confesó que algo en su vida había cambiado. El peso de sus palabras aún estaba sobre sus hombros, pero no podía evitar que su mente se deslizara hacia Javier, hacia la pasión de sus encuentros, hacia todo lo que sentía cuando él estaba cerca. Ana se levantó de su escritorio, tratando de disipar la nube de confusión que la rodeaba. Caminó hacia la ventana y miró hacia la ciudad que, por un momento, le pareció ajena, como si no perteneciera a ella. ¿Qué era lo que realmente quería? ¿A quién quería en su vida? La pregunta giraba en su mente, constante y estridente, como una campana que no dejaba de sonar. Todo parecía tan claro cuando estaba con Javier, cuando sentía sus labios cerca de los suyos y su cuerpo, tan fuerte y seguro, la rodeaba. Con él, Ana sentía una conexión única, algo que no había experimentado ni siquiera en los momentos más intensos de su matrimonio con Tomás. Cada vez que lo veía, el mundo desaparecía, y solo quedaba la chispa entre ellos, el deseo que la arrastraba sin piedad. Pero en el fondo de su corazón, había una voz que le susurraba el nombre de Tomás, que le recordaba lo que había sido su vida con él. Tomás había sido su compañero, su refugio durante tantos años, y aunque su amor ya no parecía ser lo que había sido, su lealtad hacia él la consumía. Había una historia, un compromiso, una vida juntos que no podía ignorar. ¿Cómo podía amar a dos personas de maneras tan diferentes? ¿Qué tipo de ser era ella para poder sentir tanto por dos hombres al mismo tiempo? Ana se dejó caer en la silla frente a su escritorio y cubrió su rostro con las manos. La culpa la estaba matando. No era la mujer que Tomás merecía, ni la persona que Javier pensaba que era. Pero, por otro lado, ¿qué haría si dejara ir a Javier? La sola idea de perder la chispa que lo conectaba con ella le rompía el corazón. Sin él, sentía que su vida se sumiría en una oscuridad vacía. Había momentos, como anoche, cuando Tomás había hablado con ella sobre la distancia que había crecido entre ellos, que Ana había sentido una punzada de miedo. La sinceridad de su voz la había hecho cuestionarse, y por primera vez en mucho tiempo, había sentido la presencia de su esposo de una manera diferente. Pero cuando esa sensación se desvaneció, cuando volvió a pensar en Javier, Ana sintió que todo lo que había compartido con Tomás ya no era suficiente para apagar el fuego que ardía en su pecho. Era un fuego que la consumía por dentro, uno que había nacido en un rincón oscuro de su corazón y que ahora se expandía, acaparando cada pensamiento, cada sentimiento. La pasión que Javier despertaba en ella no se podía comparar con la conexión que alguna vez tuvo con Tomás. Pero, por otro lado, el dolor de traicionar a su marido, el hombre que había elegido para pasar su vida, la desgarraba. ¿Era tan egoísta que estaba dispuesta a destruir su mundo por un amor que ni siquiera sabía si podía durar? El teléfono vibró sobre su escritorio, y Ana lo miró sin mucho interés. Era un mensaje de Javier. Solo leer su nombre le provocó una sensación de ansiedad y emoción, como si sus dedos ya supieran lo que iba a leer antes de que lo hiciera. “¿Nos vemos esta tarde? Necesito verte.” La invitación era clara, tentadora, imposible de rechazar. Ana cerró los ojos por un momento, tratando de encontrar una respuesta que no fuera solo un impulso. Sabía lo que quería, lo sentía en lo más profundo de su ser. Pero también sabía que lo que estaba a punto de hacer tendría consecuencias, consecuencias que la perseguirían, que la marcarían por siempre. ¿Qué tan lejos estaba dispuesta a llegar para seguir buscando la felicidad que Javier le daba? ¿Realmente era feliz con él, o solo se aferraba a una ilusión, a un escape de la rutina que la ahogaba? De repente, algo en su interior se quebró. La lucha interna que había estado sosteniendo se tornó demasiado pesada para soportarla. Ana se levantó de su silla y comenzó a caminar de un lado a otro, buscando algo de claridad. El amor por Tomás, aunque apagado, aún estaba presente en su corazón. El afecto que sentía por él, la historia compartida, el tiempo que habían pasado juntos, no podía ignorarlo. Pero la chispa, la vida, la energía que sentía con Javier… eso era algo completamente diferente. Era el viento fresco en su rostro, el sol de verano después de un largo invierno. Era la pasión que había estado esperando durante años. Ana se detuvo en medio de la oficina, respirando profundamente. No sabía si estaba tomando la decisión correcta, si lo que hacía era moralmente aceptable. ¿Era un error buscar en otro lo que ya no encontraba en su marido? ¿O simplemente estaba siendo honesta con lo que su corazón pedía, sin importarle las consecuencias? Con una mezcla de ansiedad y determinación, Ana tomó su teléfono y, sin pensarlo más, respondió al mensaje de Javier. “Te veré esta tarde. Necesito verte también.” El mensaje salió y Ana lo miró una vez más, como si buscara algo en las palabras que acababa de escribir. Pero ya no había marcha atrás. La tormenta interna había estallado, y ella se encontraba en el ojo del huracán. El dilema seguía intacto, pero por un breve momento, no le importó. Por fin, en ese preciso instante, sabía lo que quería hacer, aunque no comprendiera completamente las repercusiones de sus decisiones. Lo que quedaba era un deseo tan fuerte, tan indomable, que lo único que podía hacer era dejarse llevar.
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