P.O.V Allyson Parks. El fuerte viento estadounidense y la tormenta que se había formado en nuestros cielos hizo que el aterrizaje fuera algo dificultoso. Por suerte, nunca me había dado miedo este tipo de transporte. Quien sí pareció haberlo pasado mal fue Mike, pues nada más bajar las escaleras del avión tuvo que vomitar la bolsa de cacahuetes que había comido en las últimas horas de trayecto. No había mediado a penas palabras con ninguno de ellos desde que Logan quiso darme una lección moral. El agotamiento, tanto físico como psíquico, había logrado que la mayor parte de las horas del viaje las pasara dormida, sin enterarme de lo que sucedía en el exterior. Aunque estaba segura de que los chicos habían hablado de mí cuando yo no tuve conciencia para escucharles. Nueva York lloraba i

