Buen chico...

1780 Palabras
POV SUE Inhalo su aroma en todo el camino hacia la habitación, hace mucho que no lo sentía así de cerca. Debido a que disfruto de esta posición, no siento el camino hasta que él me deposita suavemente en el suelo de mármol. - Descansa – besa mi frente y se gira, con toda intención de salir. - ¡Espera! – lo sujeto de la muñeca y él se detiene – Lo que dijo esa mujer ¿Es cierto? – Cole regresa su mirada y me examina con cuidado – Me refiero a tu herida. - Buscaré a alguien para eso y luego regresaré – promete. - No, lo haré yo – sentencio. - Suhelem, creí que este tema ya estaba claro – su voz es calmada, pero sé perfectamente bien que está enojado – No vas a mancharte las manos haciendo algo indigno de ti. - Siempre curas mis heridas cuando me lastimo – comento, cruzando mis brazos sobre mi pecho - ¿Por qué no puedo hacer lo mismo? - Sue… - ¡Dejas que ella lo haga! – alzo la voz, intentando que así logre entenderlo de una buena vez – Y de ahora en adelante, ella tiene prohibido tocarte – su expresión de sorpresa dura unos instantes, porque luego es reemplazada con una sonrisa. - ¿Estas celosa? - ¡Te estaba restregando el pecho! Dime ¿Acaso te gusta que ella te toque? - Sì, estas celosa - su sonrisa se ensancha con cada segundo que pasa - No quiero que ella se encargue de curarte, no quiero que te toque ¿has entendido bien? - Sì, entendido. - Bien, ahora siéntate – señalo el sofá - Voy a curar esa herida. - Suhelem, dije que no era necesa… - la rabia que he estado acumulando durante el día, se desborda y le propino una bofetada. Él acaricia su pómulo y me ve con incredulidad. - Siéntate, Carter – ordeno. De mala gana, avanza hacia el sillón y se deja caer sobre el, como un niño haciendo capricho. Abro el cajón del botiquín y regreso a su lado. - Mi amor, ¿podrías complacerme en esto? – pide, con su mirada fija en los medicamentos. - No lo entiendo. ¿Por qué no dejas que te cuide? ¿Crees que soy tan inútil? - ¡NO! – se apresura a decir – Jamás pensaría eso de ti; eres perfecta Sue – mi corazón se derrite. Había olvidado lo romántico que puede llegar a ser. - Entonces déjame curarte. - Pero… prometí que jamás dejaría que te rebajaras a esto – agacha la mirada – Pero sigo fallándote, solo parezco provocarte sufrimiento. - ¿Rebajarme? – me acerco a él, con todos los medicamentos necesarios para curarlo - ¿Cuidar de mi esposo es rebajarme? – él me ve fijamente mientras yo, me coloco a horcajadas sobre su regazo; uso mi propio cuerpo como anzuelo para evitar que se vaya - ¿Tu te rebajas cuando curas mis heridas? - No es lo mismo – susurra – Tu eres tu y, yo… - Tu eres mío – le aseguro. Quito su camiseta lentamente y luego los vendajes que colocó esa bruja. Su mirada atraviesa mi cuerpo con tal intensidad que, si fuera cera, ya me hubiera derretido. La herida es profunda y se me encoge el corazón al verlo. Tomo el algodón y empiezo a limpiar la sangre. - Sue… por favor, deja que otra persona lo haga. No manches tus manos – lo ignoro, trato de hacerlo gentilmente. Intentando no lastimarlo más – Sue… - le doy otra bofetada - Silencio – ordeno. Él suspira e intenta ponerse de pie, sé que puede hacerlo; incluso conmigo sobre él. Por lo que, presiono con fuerza el algodón sobre su herida. - ¡Mierda! – maldice al sentir el dolor repentino. Decido recurrir a otra estrategia. - Quédate quieto – con mi otra mano, sostengo su barbilla y lo atraigo hacia mi – Sé un buen chico y quédate quieto – susurro sobre sus labios y luego, lo beso. Meto mi lengua en su boca, saboreándolo. Sus manos aprietan mis caderas, lanzándome un rayo de electricidad por todo el cuerpo y encendiendo mi entrepierna. Antes que lleguemos más lejos, separo nuestros labios pese a sus protestas – Si te portas bien, te compensaré el dolor. Sé un buen chico - ¿Lo prometes? – su respiración acelerada es como música para mis oídos. - Lo prometo - Trato de no distraerme mientras continúo limpiando la herida, luego coloco el medicamento para luego empezar a vendarlo nuevamente. Él no despega la mirada de mì, como si quisiera memorizar mi cuerpo. Cuando voy a mitad de la venda; muevo mis caderas sobre su entrepierna, logrando que su cuerpo se tense. - Carajo, Sue… - no tardo mucho en sentir su erección bajo los pantalones. Sonrío ante su reacción; su rostro sonrojado, la manera en la que su respiración se acelera y la forma en la que me ve. Si tan solo no fuera tan complicado – Mi amor, date prisa – suplica. - ¿Con que? – pregunto inocentemente mientras restriego con más intensidad mi centro contra el suyo. Gracias a Dios, llevo falda. - Mi Rosa…- con su otra mano, desliza sus dedos sobre mi brazo hasta llegar a mi hombro y luego baja por mi clavícula izquierda; mete su dedo índice en el cuello de mi blusa y luego la desliza hacia abajo haciendo que mi seno izquierdo quede al descubierto. Intenta inclinarse para meterlo a su boca, pero de un leve empujón evito que se mueva. - ¿No quieres la recompensa? – pregunto - ¿Por qué te estas moviendo? - Lo siento – balbucea. Se recuesta en el sofá, pero no se da por vencido. Con su mano libre, se aventura hacia mi pezón, tomándolo entre sus dedos y tirando de el. Reprimo un gemido ante su toque, pero muevo mis caderas con más ímpetu, logrando sacarle un gemido suave. Coloco la ultima parte de la venda y luego la sostengo bien con el clip. - Listo ¿Te duele mucho? – en respuesta. Se abalanza sobre mí, mete sus manos en mi nuca y me besa apasionadamente. Aunque me tomó por sorpresa, respondo al instante. Estoy tan necesitada de sentir su piel, como él de sentir la mía. Nos besamos hasta que ni siquiera el aire puede pasar entre nosotros, tan hambrientos como animales. Me levanto levemente de su regazo, sin cortar la unión de nuestros besos. Quito su cinturón apresuradamente, bajo su cremallera para meter mi mano en el interior de sus pantalones y poder acariciar su falo directamente. Ante mi toque, gime tan grave que parece un gruñido; ese sonido eleva mi pulso y temperatura al máximo. Escucharlo gemir es lo más hermoso del mundo. En respuesta a mi osadía, él termina de bajar mi blusa de tal modo que mis dos pechos quedan expuestos para él. Siento como los acaricia y aprieta de tal modo que mi necesidad de tenerlo dentro se vuelva insoportable. Muevo mi mano sobre su falo, de arriba hacia abajo, intentando darle todo el placer posible. Sus manos bajan dibujando mi silueta, pasa por mi cadera, mi trasero, muslos y luego… llega a mi centro. Desliza sus dedos por mi humedad, haciéndome respingar de puro deseo. A través del beso, puedo sentir su sonrisa al descubrir lo mojada que estoy. Cuando aparta mis bragas y toca mi piel ardiente, empleo toda mi fuerza de voluntad para no desplomarme. Me apoyo sobre el respaldo del sillón con una mano mientras que, con la otra, sigo acariciando su hombría; puedo sentir cada una de su venas, siento como crece un poco más cada vez que acaricio la punta. Cole mete sus dedos en mi interior y empieza a moverlos con tanto ímpetu como el mío al acariciar su falo. Ambos gemimos descontroladamente mientras nos rehusamos a dejar de besarnos. Pero cuando utiliza su pulgar para acariciar mi clítoris mientras sus otros dos dedos están en mi interior, no puedo evitar correrme – ¡Hhhhmmm! – Con su otra mano, Cole me obliga a mantener mi boca sobre la suya; besándome con más fuerza mientras el orgasmo arrasa cada parte de mi cuerpo, tiemblo mientras me aferro a mantener mi posición; pierdo toda noción de tiempo, el espacio… de todo y cuando por fin me estoy recuperando. Cole suelta mis labios, aparta mi mano de su falo y lo guía a mi interior. Ante su movimiento, me dejo caer sin fuerza sobre su erecto deseo mientras siento como invade mi interior - ¡Ah, ah… Agh… ah! – Él se recuesta sobre el respaldo del sillón, me observa con esos preciosos ojos brillantes y sonríe radiantemente. - Es hora de mi recompensa, Mi Rosa. - Eres un aprovechado – logro decir. Pero sonrío, me acomodo sobre él y empiezo a mover mis caderas. Cole deja caer su cabeza sobre el respaldo del sillón, cierra los ojos y se dedica a disfrutar del momento. Sus fuertes manos sostienen mi cadera, ayudándome a saltar sobre él. - Carajo, sí… como te extrañé, mi amor – sus palabras me llenan de felicidad y me motivan a seguir. Coloco mis manos en su pecho, con cuidado de no lastimar su hombro. Aunque sospecho que ni siquiera sentiría si lo presiono con fuerza en la herida. El sonido de nuestra piel encontrándose llena la habitación, acompañado de nuestros gemidos. Acelero mis movimientos y noto como crece su erección en mi interior, su agarre de mis caderas se tensa y para mi sorpresa, me da un azote en el trasero que hace que me corra en ese instante; arrastrándolo conmigo. El orgasmo nos consume y no nos importa en lo más mínimo contener nuestros gemidos, solo estamos él y yo, tan unidos como nuestra humanidad nos lo permite. Cole se incorpora y me besa nuevamente, ambos tenemos la boca seca; pero el beso es igual de delicioso. Mientras nuestro pulso regresa a la normalidad, juntamos nuestras frentes y respiramos el mismo aire – Te Amo, te amo… - susurra, una y otra vez – Te Amo tanto ¿Me has escuchado? - Sì, lo sé – respondo entre jadeos – Te Amo, Cole – le doy un beso suave – Te amo – mete sus manos bajo mis muslos y me sostiene del trasero. Se pone de pie y camina en dirección a la cama. - Eres perfecta, Suhelem – susurra para luego tomar mis labios en un beso igual de hambriento que el primero. Supongo que hoy no dormiremos mucho… la idea me encanta.
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