POV COLE
Escucho los gritos antes de salir del auto, parece que mi padre ha empezado la fiesta sin mí. Bajo del auto tranquilamente y me adentro en el bosquecillo en las afueras de la ciudad.
- Llegas tarde – me reprende al verlo.
- No puedo llegar tarde a un lugar al que no sabía que iría – respondo intentando sonar neutral, pero la verdad es que mis sentimientos están a flor de piel – ¿Empezaste la fiesta sin mí? – veo a un hombre en el suelo, la sangre mancha las plantas a su alrededor; tiene una expresión aterrada y su mirada va de nosotros a su mano mutilada en donde le faltan varios dedos.
- Este pretende hacerse el duro – comenta mi padre – Pero, la verdad es que todos terminan hablando. De una forma u otra.
- ¿Dónde los encontraste? – pregunto a Mack.
- Escondidos en los barrios bajos de la frontera; lo que la chica dijo era cierto – mierda – Y no fueron las únicas, estos idiotas pensaron que podían hacer lo que quisieran.
- ¿Y los demás? – pregunto
- Muertos, como debe ser – responde con una sonrisa – Hubieras estado allí, varias de las chicas los mataron personalmente. Fue divertido.
- Esto no tiene nada de divertido – lo corta mi padre y luego dirige su furia a mi – Sabes perfectamente bien quien es el responsable de esto. Dime ¿Eres capaz de cargar con todas las muertes que se avecinan?
- Padre…
- Tu necedad se va a cobrar muchas vidas, de ambos bandos.
- ¡Si tanto deseas un enlace matrimonial, cásate tú! – me sujeta del cuello de la camisa, totalmente furioso.
- No piensas como un líder, pareces un niño perdido en el bosque en este momento. ¿Cómo mierda vas a solucionar esto sin la boda?
- Voy a matarlos – respondo tranquilamente, le sostengo la mirada – A todos – parece sorprendido por unos instantes. Me suelta lentamente y luego me toma de la nuca, obligándome a inclinarme un poco.
- Entonces espero que estes listo para perder todo lo que tienes – susurra – Incluso tu alma, hijo mío.
- No tengo nada que perder – me libera de su agarre y resopla.
- Tienes todo que perder – afirma – Te noto tenso, ¿quieres liberar un poco la presión? – me tiende una navaja
- Sí empiezo, voy a matarlo.
- ¿Y? – tomo la navaja de su mano y avanzo hacia el tipo que gimotea, llora y me ve aterrado.
- Libéralo – ordeno – No me gusta destazar ciervos atados – Mack deja salir esa risa burlona que tanto me irrita y se apresura a cumplir mi orden.
- No, no.. no, por favor – suplica
- Cuando ellas te dijeron eso ¿te detuviste? – pregunto – Lo dudo – No soy mucho de cortar extremidades, pero el filo de esta navaja es verdaderamente bueno. Tomo su muñeca e inserto la punta, para luego tirar hacia arriba, cortando todo su antebrazo de manera vertical. Su grito es ensordecedor, intenta liberarse, pero con el movimiento solo hace que el metal se introduzca más en su piel. La sangre caliente me corre por las manos y escucho como bañan las hojas cercanas a nosotros.
- Lo diré, dire.. lo que quieran, ¡deténganse! – su aspecto es patético. Termino de clavar la navaja en su piel, haciendo que casi le atraviese el brazo y el tipo parece desmayarse del dolor.
- ¿Cole? – todos nos ponemos de pie, alertas - ¡Soy yo, soy yo!
- ¡Artemis! – mis hombres bajan las armas inmediatamente - ¿Qué mierda haces aquí? ¡Te pudimos haber asesinado! Y además… ¿Cómo… llegaste aquí?
- Te seguí – responde inocentemente – Hola chicos – saluda con un movimiento de su mano y ellos le devuelven el saludo con el mismo gesto – Un gusto volver a verlos y lamento la interrupción – mi padre suspira, tomándose el puente de la nariz con resignación.
- La sangre Saint-Claire nunca cambia – comenta mientras avanza hacia el claro del bosquecillo.
- Un gusto verle de nuevo, señor – saluda Arte
- Igualmente, querida – le da un beso en la frente cuando pasa a su lado, luego se va a darle órdenes a los demás para que se lleven a los “invitados”
- Kaleb va a matarte y luego a mí.
- ¿Por qué lo mencionas a él? – pregunta mientras se tambalea para poder avanzar por la hierba alta del lugar – No hablas con ninguno de los chicos, ¿vas a decirle esto? – como siempre, no puedo llevarle la contraria.
- ¿Qué quiere su majestad?
- Golpearte – comenta – En cuanto llegue a ti – aparta con su bolso un par de ramas, da unos cuantos pasos más y con el mismo bolso; me da un par de golpes en el hombro.
- Auch – me quejo únicamente para que deje de golpearme.
- ¿Cómo mierda se te ocurre dispararle a Sue?
- No tengo humor ni tiempo para esto – intento alejarme, pero un nuevo golpe me llega; justo en las costilla.
- ¡Oye! ¡Ese si me dolió! – me quejo
- ¿Los otros no? – pregunta mientras levanta el bolso, lista para golpearme de nuevo.
- Sí, si me dolieron. Mucho… -afirmo mientras levanto mis manos en señal de rendición. Gracias al cielo, baja el bolso.
- Bien – acomoda su cabello y luego me mira fijamente – Tenemos que hablar.
- Estoy un poco ocupado por el momento, ¿no lo notaste? – su mirada se dirige a mis manos manchadas de carmesí. Varios pensamientos pasan por mi mente; miedo a su reproche, tal vez algo de asco u decepción, pero su mirada no se tambalea.
- ¿Vamos a la guarida?
- ¡No!
- Iremos a la guarida – sentencia. Intenta avanzar un paso, pero su tacón se queda atorado y casi cae.
- Mierda… ¿Por qué? ¿Por qué todo es tan difícil con ellas? – susurro para que no me escuche o va a golpearme de nuevo - ¡Chicos! – grito y todos a mi alrededor me observan, atentos a mis ordenes – Necesito que alguien la cuide y lleve a la guarida – ellos se limitan a verse unos a otros y luego desvían la mirada, como si tratasen de evitar que los note - ¿Algún voluntario? – pregunto, pero la respuesta es la misma. Uno incluso se esconde tras un arbusto - ¿Nadie?
- Gallinas… - susurra Arte a mi lado - ¿Qué les pasa? ¿Por qué actúan como niñitas? – suspiro en derrota
- Porque el ultimo que te cuidó, terminó en el hospital para que le pegaran dos dedos – le recuerdo – Por cierto, nunca explicaste lo que sucedió.
- Iré contigo – responde, evadiendo el tema – Que alguien se lleve mi auto – la veo tambalearse fuera del bosquecillo en dirección a los autos.
- Cobardes… - les digo a mis hombres antes de seguirla hacia el claro. Al llegar a los autos, noto que mi madre está allí: Arte y ella entablan conversación rápidamente. Pero, yo me acerco a mi padre - ¿Qué hace mamá aquí? – él levanta la mirada
- Tuvimos una pelea y amenazó con marcharse – responde
- ¿Y?
- Ahora no la pierdo de vista.
- ¿La obligas a ir contigo a todos lados? – pregunto incrédulo.
- Es mi mujer, su lugar es a mi lado – regresa su vista al móvil – Y, además, me evito el tiempo y trabajo de ir por ella.
- Ya están grandecitos como para seguir en las mismas – le reprocho
- Lo dice el hombre que le disparó a los neumáticos del auto de su mujer para evitar que se marchara.
- ¿Cómo te enteraste de eso?
- Eres mi hijo, tienes mi sangre – eso solo me provoca un escalofrío – Creí que después de eso, me entenderías un poco. Créeme, eres tan capaz de hacer esto como yo de dispararle a los neumáticos del auto de Grace – es oficial, ahora tengo nauseas – Es solo cuestión de tiempo.
- Jamás arrastraría a Sue contra su voluntad por todo el país. Ella corre peligro a tu lado, sobre todo en estos momentos.
- Es solo cuestión de tiempo – repite – Ya lo harás – Mi corazón se estruje y mi mente le da la razón, en contra de mi voluntad. Miro a mi madre, ojerosa y con aspecto de haber llorado; ¿Llegará Sue a verse igual?. Mi padre ajeno a la tormenta que acaba de desatar en mi interior, apaga la pantalla de su móvil y me ve nuevamente – Ya no te presionaré con la boda, eres leal a tu mujer. Entiendo eso; pero ante tal postura, debemos encargarnos de Jack por la fuerza. Prepara a tus hombres para sangrar – coloca una de sus manos en mi hombro – Y prepárate tú también para hacerlo - él avanza hacia mi madre y yo lo sigo de cerca.
- Madre - la abrazo suavemente- ¿Te encuentras bien? ¿Quieres irte conmigo?
- No te metas Cole - me corta mi padre y luego la sostiene de la muñeca.
-¿Quieres darle 5 minutos de tranquilidad?- le pido.
-Antonio... - ante la solicitud silenciosa de mi madre, él sede.
-Madre...
- Estoy bien, cariño - toma mi rostro entre sus manos- Mi bebé, luces cansado.
-Estoy bien - repito sus palabras, igual de falsas que las suyas. Pero ambos decidimos no mencionar nada al respecto. Ella me sonríe y me abraza; cierro los ojos, disfrutando de su calidez.
- Debemos irnos - tira de mi madre y la sujeta de la cintura - Desaparece la evidencia del auto - indica señalando el auto en donde seguramente Mack venia con los invitados - Vamos, amor.
- Suéltame- ella lo aparta de un manotazo
- Nos vemos, mi vida - se despide lanzándome un beso por el aire. Luego entra al auto con mi padre detrás y desaparecen en la carretera.
Observo el punto en donde desaparecieron, es como tener un espejo del futuro... mi futuro.
- Señor, ¿Cómo se va a encargar del auto?
- Hazlo tú, Mack - respondo molesto.
-Pero el Jefe dijo que lo hiciera usted- se queja
-¿Por que actúas como cuando teníamos 10 años?
-Porque siempre hago el trabajo pesado - mira a su hermano gemelo - Dígale a Zack - pide. Observo a mi mano derecha, está buscando señal con su teléfono en alto.
- El tronco... - intenta advertirle Mack. Pero su mellizo no lo escucha, se tropieza y cae de cara en el arbusto.
-¿Enserio quieres que le diga a él?
- Pero..
- Encárgate del auto... o cuidas a Arte.
-¿Dónde está el auto? - pregunta observando a su alrededor.
-¡CORRAN! - Artemis pasa corriendo a nuestro lado, moviendo su bolso en el aire y sorprendentemente, sin tropezar. Los otros hombres la siguen y por instinto, corro tras ellos. El estruendo, seguido por una ola de calor nos golpea segundos despues. Logro sujetarla y la abrazo, intentando protegerla de sea lo que sea que hizo esta vez. Con dolor en los tímpanos, giro mi rostro y veo el auto que acaba de explotar, ser consumido por las llamas.
-¡Artemis!
-¿Qué? - pregunta, como si nada hubiera pasado - Tu padre dijo que nos encargaramos - me trago las preguntas que tengo en la punta de la lengua.
-Es por esto que nadie quiere cuidarte - le suelto mientras la tomo del brazo y la guio al auto - Encargense de esto - ordeno a los mellizos antes de marcharme con ella.