Uno de ellos...

1472 Palabras
POV COLE Al entrar a la habitación de Charles, su mirada me atraviesa el cuerpo. Pero noto algo de miedo en sus ojos, aunque, claro, con su arrogancia, jamás va a admitir que me teme. Busco con la mirada el bolso de Sue, lo tomo y luego se lo entrego a Zack. —Llévaselo —ordeno, y él obedece, dejándome solo con Charles. —Luces bien, aunque algo patético con ese andador —en su rostro se dibuja una sonrisa desafiante. —¿Patético? —pregunta, enderezando su cuerpo tanto como puede—. No, yo creo que es más patético el pobre diablo inseguro que me golpeó por ayudar a su esposa. —¿En serio? —me acomodo en un sillón al lado de su cama—. Creí que te habían asaltado. Debes tener cuidado con a quién irritas con tu comportamiento, Charles. La calle es peligrosa. —No voy a denunciarte, así que deja de actuar inocentemente —pide—. Es asqueroso. - ¿Asqueroso? – pregunto sonriendo -.No tienes idea de lo asqueroso que puedo llegar a ser. - Claro que la tengo – asegura – Siempre la he tenido, a diferencia de la bola de tontos a los que manipulas bajo palabras de amistad. - Eso es lo que te ha dolido siempre ¿verdad? – deja ver un toque de debilidad en su mascara de orgullo – Sí, es eso – me pongo de pie, mientras mi expresión de alegría ahora es genuina – Aborreces que los Davies, De Santi y los demás te hayan apartado como si nada. Mientras que yo, soy uno de ellos. - ¡Jamás serás uno de ellos! – me asegura – No eres más que un simple matón jugando al gánster. Para ellos no eres más que un simple sirviente; no te engañes pensando en que te consideran igual a ellos. - Es por eso que siempre intentas fastidiarme ¿verdad? – me paro frente a él, observando su horrible rostro amoratado – Te mueres de envidia – veo su labio inferior temblar de ira - ¿Te mueres de envidia? —repito, más bajo, acercándome—. Siempre te ha devorado por dentro que yo esté en donde tú nunca pudiste encajar - Charles se ríe. No de verdad. Una risa hueca, seca, que le duele más a él que a mí. - Encajar —masculla—. No encajaste, Cole. Te infiltraste. Como una plaga. Como el tipo que nadie invita, pero que igual se cuela y arruina la fiesta. - Y aun así me quedé —respondo, sonriendo—. Eso es lo que no puedes perdonar. - Lo que no puedo perdonar —dice, mirándome con los ojos encendidos— es ver cómo un cobarde con cara de matón se roba lo que nunca fue suyo. - ¿Te refieres a Sue? —pregunto, más tranquilo de lo que me siento—. ¿O a tu lugar entre ellos? - Lo veo tensarse. Le di donde quería. - No te ama, Cole —escupe—. Te soporta. Te teme. Igual que todos los que te rodean. - ¿Y tú no? —inquiero, inclinándome hacia él—. ¿Tú no me temes? - No —dice, pero no suena como una verdad. - Mentira —susurro, y ahora mi sonrisa desaparece—. Estás muerto de miedo, Charles. No solo por mí. Por ti mismo. Porque sabes que todo lo que dijiste de mí... también es cierto para ti. - Él intenta replicar, pero levanto una mano. - No termines esa frase. Vas a arruinar la única parte honesta que has dicho desde que entré - Camino lentamente hacia el ventanal, fingiendo calma. Lo cierto es que sus palabras me siguen pesando en el pecho como piedras mojadas. No te ama. Solo te teme. No lo creo del todo. Pero una parte de mí sí. - ¿Sabes qué es lo que más te duele? —digo, sin girarme—. Que aún después de todo, sigues creyendo que Sue era tuya. - ¡Ella lo era! —ruge—. Antes de que tú la envenenaras. Antes de que aparecieras en su vida, ella y yo éramos inseparables - Me giro, despacio, y lo miro como si fuera algo patético. - ¿En serio crees eso? ¿Que alguien como tú podría haberla retenido? Aunque yo no existiera, Charles. Ella no iba a quedarse con un hombre que llora por respeto detrás de una sonrisa de Harvard. Eres débil. Siempre lo fuiste. Solo que antes lo tapabas mejor - Él está pálido. Pero no es dolor físico. Es otra cosa: es impotencia. - No eres uno de ellos, Cole —dice, en voz baja pero firme—. No importa cuánto dinero tengas. Ni cuántas fiestas te inviten. No te miran como a un igual. Eres un perro bien vestido, pero sigue siendo un perro - Eso me golpea. Porque lo sé. Lo sé desde hace años. Y nunca lo había escuchado dicho así, tan claro, tan sucio. - Puede ser —respondo, tragando más de lo que muestro—. Pero al menos este perro no está solo en una cama, esperando que alguien lo visite por lástima. - Sue va a dejarte —susurra, más cruel que nunca—. Solo es cuestión de tiempo. Porque tú no puedes sostener esa fachada de hombre bueno para siempre. Tarde o temprano, vas a mostrarle lo que realmente eres. Y ese día… vas a descubrir que yo tenía razón - Silencio. Esta vez no sé qué decir. No porque me haya vencido, sino porque sé que, en parte, tiene razón. Así que solo lo miro. Largo. Profundo. Y en ese silencio que pesa más que cualquier grito, le devuelvo la única verdad que tengo. - Quizá sí. Quizá me deje. Quizá no soy uno de ellos. Quizá nunca lo fui. - Entonces, ¿por qué sigues fingiendo? —pregunta, casi con lástima. Porque fingir me ha llevado más lejos que ser yo mismo, pienso. Pero no le voy a dar la satisfacción de escucharlo. Camino hacia la puerta, pero me detengo antes de salir. - Una ultima cosa, Charles… - digo sin mirarlo – No te acerques más a ella. No le escribas. No la llames. No la mires ¿entendido? – No espero su respuesta. La puerta se cierra detrás de mi con un clic seco. Y aunque no lo vea, se que esa mirada suya (mezcla de miedo y odio) me sigue hasta el final del pasillo en donde Zack me espera. - ¿Señor? - Vamos a casa – ordeno. Necesito ver a mi familia. Mi mente es una montaña rusa de pensamientos; las palabras de ese idiota me afectaron más de lo que me gustaría admitir, es como haber escuchado a mis propios pensamientos en un amplificador enorme. Al llegar a casa, me apresuro a entrar y poder ver a Ethan y Sue. Pero me detengo en seco cuando escucho a las chicas hablando ¿enserio tenían planes? Porque la actuación de Mar es pésima y creí que estaba mintiendo. - No quiero estar con alguien que podría morir de un día para otro - la voz de Sue me llega fuerte y clara – No quiero que Ethan corra el mismo destino. Estoy harta de sus estúpidos secretos, de que salga corriendo a media noche y desaparezca por días sin decir nada – cada palabra me cala en lo profundo del pecho – Harta de esperarlo como una tonta con el corazón en la mano, pensando en que lo pudieron haber matado, herido, torturado… y luego, regresa y lo único que obtengo es silencio - ¿Qué puedo decir? No es algo que quiero que ella sepa – No me deja siquiera curar sus heridas – No lo hago porque curar y limpiar la sangre de mi cuerpo es demasiado indigno para ti, mi amor – Es como sí.. si yo solo existiera cuando estamos solos – concluye. Pero ¿Qué hay de malo con desearla tan intensamente? - Sue… - Sus manos están manchadas de sangre inocente y eso es algo que no puedo tolerar – hubiera preferido un par de heridas de bala o de arma blanca, escucharla decir eso… ni siquiera puedo describir… lo que me hace sentir. - ¿Señor? - Sssshh – acallo a Zack, me recuesto sobre la pared intentando que el aire regrese a mis pulmones y luego, salgo rápidamente de la casa. Necesito pensar fríamente. -¡¿Señor?! - Zack me sigue de cerca -Ahora no, déjame solo un segundo... -Es su padre, desea verlo de inmediato- eso me exaspera - Creo que Mack regresó de su... trabajo y trae noticias. -Mierda... entonces, vamos- lo apresuro.
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