Inútil...

1725 Palabras
POV SUE Mi mente se queda en blanco justo cuando estoy a punto de perder la conciencia, como si mi cerebro pensara que no vale la pena seguir trabajando. También dejo de luchar, lo único que logro es acelerar mi destino. Así que me quedo allí, sintiendo la fuerza aplastante en mi cuello, las ultimas fuerzas de mis pulmones (que arden como si tuviera una fogata dentro) es todo lo que tengo. Y luego, la presión se va; caigo al suelo del auto mientras mi cuerpo tiene arcadas en busca de aire. Mi mente logra procesar a personas corriendo a mi alrededor, pero no logro distinguir nada con la bolsa aun en mi cabeza. - ¡Señora! – alguien me sujeta de los hombros, intentando calmarme. Retira la bolsa de mi cabeza y la luz me ciega por varios segundos – Vamos… - tira de mi cuerpo, obligándome a salir del auto. Mi cuerpo tiembla y mis pulmones aun no se recuperan, por lo que me dedico a trastabillar y toser como loca - ¡Mierda! – el castaño que me sacó del auto me da tal empujón que caigo en el pavimento de manera estrepitosa; él saca su arma y nos defiende de varios tipos enemigos. Con cada disparo, mi cabeza siente romperse por la mitad - ¡Quédese en el suelo! – me grita, pero yo me arrastro como puedo en busca de mi hijo. - Ethan… - siento un golpe en las costillas que me obliga a detenerme; luego alguien se vuelve a abalanzar sobre mí; intentando terminar el trabajo que el otro no pudo. A este punto, estoy harta de que intenten ahorcarme ¿Por qué no solo me disparan de una buena vez? Lo miro al rostro, sus ojos negros me ven con una furia que solo puede ser alentada por la adrenalina del momento. Cuando sus manos por fin tocan mi cuello, noto a alguien más sobre nosotros. Se abalanza como una sombra sobre el tipo que intenta desesperadamente asesinarme. Una hoja que brilla con el sol de la tarde se desliza por el cuello del hombre y un borbollo de sangre empieza a fluir libremente, bañándome con el liquido rojo y tibio; el olor a hierro invade mis fosas nasales mientras lo observo llevar sus manos a su cuello, intentando sin éxito detener la hemorragia. Cae de justo a mi lado, sobre el pavimento; haciendo sonidos que hubiera preferido jamás escuchar. - Sue… - enfoco su voz al instante. Es como si de golpe, me regresara a mis sentidos – Mi amor… - me rodea con sus brazos y luego, me eleva; alejándome del pavimento. - Cole… - mi voz temblorosa apenas es entendible. - ¿Estas bien? ¿Te lastimaron? - Ethan… ¿Dónde está Ethan? – me aferro a su ropa, buscando desesperadamente una respuesta. - Él está bien, tranquila. Está a salvo – al escuchar sus palabras; el alivio me llega al alma. Pero también el llanto – Sssshh tranquila, estoy aquí… - me abraza fuertemente; me acuna en su regazo con tanta gentiliza que se siente extraño – Estas a salvo, ya estoy aquí – lloro sin control, como cuando era niña y no me dejaban salir a jugar. Me aferro a su cuello, aspiro su aroma para quitar el olor de la sangre que parece haberse quedado impregnado en mi olfato. - ¡Señor, debemos irnos! – Siento como se pone en movimiento, conmigo en sus brazos llorando como una magdalena. En nuestro camino al auto, visualizo la cantidad de muertos tirados en el pavimento, el castaño que me rescató no es nada menos que uno de los gemelos que siempre acompañan a Cole y… una mujer; creo que mi cerebro ha empezado a alucinar cosas. Pero antes que pueda verlo con mayor claridad, Cole ingresa al auto, impidiéndome ver nada más. - ¿Ethan? - Está en el otro auto, no quería que nos viera de esta manera – entiendo a lo que se refiere. Estoy bañada en sangre, al igual que él. - ¿Por qué tardaste tanto? – pregunto mientras me recuesto en su pecho; él me abraza nuevamente. - Lo siento. Perdóname por llegar tarde. – su tono delata impotencia y tristeza – Déjame ver tu cuello – pide. No respondo, pero tampoco me opongo cuando él, levanta mi mentón y me observa con detalle. Su mandíbula se tensa y puedo ver el fuego creciente en su mirada - ¿Te duele mucho? - Sí – declaro y luego, vuelvo a acurrucarme en su regazo. No vuelva a pronunciar palabra en todo el camino; se dedica a acariciar mi cabeza, me besa ocasionalmente la coronilla y gracias a todo eso, logro que mi cuerpo deje de temblar. Así que, para cuando llegamos a la guarida; ya no estoy llorando - ¡Ethan! – corro hacia nuestro hijo, quien duerme en brazos de uno de los mellizos - ¿Qué le sucede? ¿Por qué está dormido? - Tranquila mi amor – Cole me sujeta – Es solo un sedante, estaba un poco alterado. - Pero… - Un médico lo verá, para asegurarse que todo esté bien con él ¿Okay? - Sí - Y una enfermera se encargará de limpiarlo y cuidarlo hasta que despierte. - No, quiero hacerlo… - Tu tienes que ducharte y recuperarte. No puedes permitir que te vea así – sé que tiene razón, si no tenemos cuidado. Este evento podría marcarlo para toda la vida. - Está bien, pero lo veré en cuanto despierte – accedo - Lo que tú quieras – con un movimiento de su mano. El mellizo se lleva a Ethan al interior del edificio. - Ven – Cole vuelve a tomarme en brazos y también nos adentramos en el lugar. Recorremos varios pasillos hasta llegar a la habitación que tiene designada para mi en este lugar. Su expresión es lúgubre, me prepara la ducha con esa expresión desolada. Pero no tengo fuerzas para consolarlo cuando ni siquiera yo me encuentro del todo bien – Primero lávate en la ducha y luego entra en la bañera; está aromatizada con rosas – acaricia mi rostro – Así podrás limpiar las impurezas de tu cuerpo. - Gracias – y tras decir eso, sale de la habitación. Quito mi ropa impregnada de carmesí, al verme al espejo me doy cuenta de la lamentable apariencia que tengo. Parezco un pollito que acaba de sobrevivir al matadero, frágil y lleno de sangre. Intento ignorar la hinchazón creciente de mi cuello y me meto a la ducha, cierro los ojos mientas en agua quita toda la suciedad de mi cuerpo; limpio lo mejor que puedo y luego me introduzco en la bañera que Cole preparó para mi. Pero no puedo relajarme, en cuanto vuelvo a cerrar los ojos, tengo la sensación de que alguien volverá y querrá ahorcarme de nuevo. Con el pánico creciente, salgo apresurada del agua, envuelvo mi cuerpo en una bata y salgo en busca de Cole o Ethan. Recorro los pasillos solitarios del lugar, maldiciendome por no haber estado aquí más veces. Me detengo en un pasillo, frente a una enorme puerta. - No debiste arriesgarte tanto... - es la voz de una chica -¿Estás bromeando?- es Cole. Me acerco lentamente y girando la manija, entreabro la puerta. Cole está sentado en un sillón, con un trago en la mano; a su lado, hay una bella mujer, se inclina sobre él y me sorprende ver que cura sus heridas ¿Quién diablos es ella? ¿Es la chica que vi esta tarde? -Lo siento, después de todo. Tuvieron un hijo juntos, debes apreciarla más de lo que imaginé. -Lo que haga y los motivos de mis acciones no te importan - espeta. Su tono me da tranquilidad, ella no debe ser tan cercana a él. -Sabes que su objetivo no era matarlos. -¿Esperas que eso me tranquilice? -Lo que digo es que... estás tomando el camino difícil ¿es por ella que no quieres aceptar el trato? -No te importa. -Claro que sí, mi futuro y el de Clay depende de tu decisión - la observo darse por vencida en el tema cuando él ya no responde. Mi paciencia se agota cuando la observo tomar un paño húmedo y empezar a frotar su torso. Sin tocar, abro la puerta de par en par. - Sue... - él se pone de pie, pese a las protestas de la chica para que no lo haga. Al ver su hombro, noto su herida -¿Te hirieron? - alzo mi mano y acaricio su hombro con la punta de mis dedos -¿Estas bien? ¿Es grave? - Tranquila, la bala me atravesó. No causó ningún daño - suspiro aliviada - ¿Qué haces aqui? Deberías estar descansando, el médico irá a verte pronto. -No quería estar sola - admito avergonzada. - Es normal - habla la chica - ¿Es tu primer atentado? - me giro para observarla. Lleva pantalones ajustados, con un arma a cada lado de su cadera, su piel blanca hace un bello contraste con su cabello oscuro. Parece frágil, pero la vi enfrentandose como una fiera a varios tipos esta tarde. -¿Quién es ella? - pregunto en lugar de responder a su propia pregunta. -Nadie importante - Cole me toma de la mano -Vamos, regresemos a tu habitación. -No, quiero ver a Ethan. -Él está dormido aún. No tiene caso verlo, mejor descansa un poco y luego lo ves ¿Si? - y tras decir eso, me arrastra de vuelta a los pasillos. No le importa que no lleve camisa o sus heridas, solo se apresura a llevarme de vuelta a la habitación - Trata de dormir, no tienes nada que temer - besa mi frente y se dispone a salir de la habitación. - Espera.. - observo su cuerpo - Yo... puedo curar tus heridas - él sonríe -No es necesario. -Pero... -No es algo que debas hacer, Suhelem - y tras decir eso, se marcha. ¿Qué significa eso? ¿Cree que soy tan inútil? ¿Por que ella puede y yo no? Una ola de rabia me llena el pecho, pero es reemplazada rápidamente con la tristeza. Por lo que rompo a llorar nuevamente, al parecer solo soy buena para eso.
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